La expansión de la inteligencia artificial está transformando numerosos sectores de la economía mundial, pero sus efectos no se limitan al desarrollo de nuevas aplicaciones y servicios digitales.
El crecimiento de esta tecnología también está generando una
fuerte demanda de semiconductores y componentes electrónicos, especialmente de
memorias, lo que está provocando un aumento significativo de sus precios. Esta
situación afecta directamente a la industria de los teléfonos inteligentes y
podría tener consecuencias especialmente graves para las personas con menores
ingresos.
Según el informe The
State of Mobile Internet Connectivity 2026, publicado por la GSMA, el
fuerte incremento del precio de las memorias y la presión sobre el suministro
de componentes podrían provocar en 2026 la mayor caída de envíos de smartphones
registrada hasta el momento. La situación resulta especialmente preocupante
porque los teléfonos móviles constituyen una herramienta fundamental para
acceder a internet, a la educación, a los servicios financieros y a numerosas
oportunidades económicas. Por ello, el encarecimiento de los dispositivos no
representa únicamente un problema para la industria tecnológica, sino también
un posible obstáculo para la reducción de la brecha digital mundial.
El impacto de la
inteligencia artificial sobre los componentes
Uno de los principales
factores detrás del aumento de los precios es el crecimiento de la demanda de
semiconductores destinados a centros de datos y sistemas de inteligencia
artificial. Los fabricantes están destinando una proporción cada vez mayor de
su capacidad productiva a componentes de alto rendimiento utilizados en estas
aplicaciones. Como consecuencia, disminuye la disponibilidad de componentes
para otros mercados, entre ellos el de los teléfonos móviles.
Las memorias tienen una
importancia fundamental en el funcionamiento de un smartphone. Por un lado, las
memorias DRAM permiten ejecutar aplicaciones y procesos, mientras que las
memorias NAND se utilizan para almacenar fotografías, vídeos, aplicaciones y
otros archivos. En los dispositivos actuales, tecnologías como LPDDR5X se
emplean como memoria RAM y UFS 4.0 como almacenamiento interno.
El problema no se limita
a las tecnologías más modernas. La presión sobre la capacidad de fabricación
también está afectando a componentes anteriores que todavía son esenciales para
los teléfonos económicos. Un ejemplo es la memoria LPDDR4, utilizada en numerosos
dispositivos de gama de entrada. Aunque se trata de una tecnología más antigua,
su encarecimiento resulta especialmente problemático porque estos componentes
se utilizan precisamente en teléfonos cuyo objetivo es mantener precios
reducidos.
Durante el segundo
trimestre de 2026, los precios de las memorias para teléfonos aumentaron entre
un 80% y un 90%, después de haberse duplicado ya entre el tercer trimestre de
2025 y el primero de 2026. En consecuencia, la memoria representa actualmente casi
el 50% del coste total de fabricación de los smartphones cuyo precio mayorista
es inferior a 200 dólares, aproximadamente el doble que anteriormente.
El aumento de los
precios y la caída de los envíos
El incremento de los
costes de producción está comenzando a trasladarse a los consumidores. Algunos
smartphones comercializados en mercados emergentes han aumentado su precio
hasta un 40% respecto a sus versiones anteriores. En otros casos, los precios en
las tiendas han llegado a incrementarse hasta un 70% apenas unos meses después
del lanzamiento, debido a la necesidad de los fabricantes de compensar el
encarecimiento de los componentes.
Esta situación podría
tener un impacto considerable sobre el mercado mundial. La GSMA y Counterpoint
Research prevén que los envíos de smartphones disminuyan un 14% durante 2026.
Esto supondría una reducción aproximada de 174 millones de dispositivos respecto
a 2025 y constituiría la mayor caída anual registrada hasta ahora.
El segmento más afectado
sería el de los teléfonos cuyo precio es inferior a 100 dólares, con una caída
prevista del 36%, equivalente a unos 90 millones de unidades menos. Esta
disminución resulta especialmente significativa porque los teléfonos económicos
desempeñan un papel fundamental en los países de ingresos bajos y medios, donde
el precio del dispositivo representa una de las principales barreras para
acceder a internet móvil.
La brecha digital
como consecuencia social
El problema adquiere una
dimensión todavía mayor cuando se analiza desde la perspectiva de la brecha
digital. La falta de acceso a internet no depende exclusivamente de la
existencia de redes móviles. También es necesario que las personas puedan
adquirir dispositivos compatibles y asumir los costes asociados a su
utilización.
La GSMA calcula que
aproximadamente 3.400 millones de personas no utilizaban internet móvil a
finales de 2025. De ellas, alrededor de 3.100 millones vivían en zonas donde ya
existía cobertura de banda ancha móvil, pero no utilizaban el servicio. Una
parte importante de esta población se encuentra, por tanto, ante una denominada
brecha de uso: existe infraestructura disponible, pero las personas no pueden o
no quieren utilizarla.
Entre las principales
causas se encuentra el precio de los dispositivos. Según las estimaciones de la
GSMA, alrededor del 70% de las personas que forman parte de esta brecha de uso
no acceden a internet móvil porque no disponen de un teléfono compatible o
porque no pueden asumir su coste.
La situación es
particularmente preocupante en el África subsahariana. La GSMA estima que los
envíos de smartphones en esta región disminuirán más de un 25% durante 2026,
con unos 16 millones de dispositivos menos. Además, incluso antes del último
incremento de los precios de las memorias, adquirir un smartphone básico
representaba a finales de 2025 un esfuerzo económico considerable. Para el 20%
más pobre de la población de los países de ingresos bajos y medios, el coste de
un teléfono básico equivalía de media al 44% de sus ingresos mensuales. En el
África subsahariana, esta proporción alcanzaba el 76%.
Estas cifras muestran
que un incremento relativamente pequeño del precio de un dispositivo puede
tener consecuencias muy diferentes dependiendo del nivel de ingresos de los
consumidores. Para una persona con ingresos elevados, un aumento del precio
puede significar simplemente retrasar la compra o elegir otro modelo. Para una
persona con recursos limitados, puede significar directamente quedar excluida
del acceso a internet móvil.
El desafío de los
smartphones ultrabaratos
La situación también
pone en peligro los esfuerzos realizados por fabricantes y operadores para
desarrollar teléfonos inteligentes especialmente económicos. Durante los
últimos años se han impulsado dispositivos 4G con precios situados
aproximadamente entre los 20 y los 40 dólares, con el objetivo de facilitar la
incorporación de nuevos usuarios a internet.
Sin embargo, mantener
estos precios se vuelve cada vez más difícil cuando aumenta el coste de los
componentes. El problema es especialmente importante porque reducir el precio
de los dispositivos puede tener un efecto considerable sobre la incorporación de
nuevos usuarios al mundo digital.
Los cálculos de la GSMA
muestran precisamente esta relación entre precio y acceso. Según sus modelos,
un smartphone de 30 dólares podría permitir que alrededor de 1.600 millones de
personas adicionales se incorporasen al mercado digital. Si el precio descendiera
hasta los 20 dólares, el potencial aumentaría hasta aproximadamente 2.200
millones de personas que actualmente viven en zonas con cobertura de banda
ancha móvil.
Estas estimaciones
permiten comprender que el precio de un smartphone no es únicamente una
cuestión comercial. También puede convertirse en un factor determinante para el
acceso a la educación, la información, los servicios bancarios, las
oportunidades laborales y otros recursos disponibles a través de internet.
Un problema que
requiere respuestas coordinadas
La ralentización del
acceso a internet móvil ya comenzó a observarse durante 2025. Ese año se
incorporaron aproximadamente 160 millones de nuevos usuarios únicos de internet
móvil en todo el mundo, frente a los 190 millones registrados en 2024. Si el
precio de los dispositivos continúa aumentando, existe el riesgo de que esta
desaceleración se prolongue.
Ante esta situación, la
GSMA plantea la necesidad de establecer conversaciones entre fabricantes de
chips, entidades financieras multilaterales y organismos reguladores. El
objetivo sería encontrar mecanismos que permitan reducir el impacto del
encarecimiento de los componentes sobre los teléfonos de menor precio.
La dificultad consiste
en encontrar un equilibrio entre dos procesos tecnológicos importantes. Por un
lado, la inteligencia artificial requiere enormes cantidades de capacidad
informática y de componentes avanzados. Por otro, la expansión de la conectividad
móvil necesita dispositivos asequibles que puedan llegar a personas que todavía
no utilizan internet. El crecimiento de un sector tecnológico no debería
convertirse involuntariamente en un obstáculo para la inclusión digital de
otros sectores de la población.
CONCLUSIÓN
El aumento del precio de
los componentes de los smartphones demuestra que los cambios tecnológicos
pueden producir consecuencias que van mucho más allá del sector en el que se
originan. El crecimiento de la inteligencia artificial está impulsando una demanda
extraordinaria de semiconductores y memorias, pero esta situación está
generando tensiones en el suministro que afectan también a los teléfonos
móviles.
El problema adquiere una
dimensión especialmente relevante en los dispositivos económicos, donde el
coste de la memoria representa actualmente una parte mucho mayor del precio de
fabricación. El encarecimiento de estos teléfonos puede reducir sus ventas y
dificultar el acceso a internet de millones de personas, especialmente en
países de ingresos bajos y medios y, de manera destacada, en el África
subsahariana.
Por tanto, la posible
caída de los envíos de smartphones en 2026 no debe analizarse únicamente como
una cuestión relacionada con el mercado tecnológico. También representa un
desafío para la inclusión digital. Mientras millones de personas todavía viven en
zonas con cobertura móvil pero no utilizan internet, el precio del dispositivo
continúa siendo una barrera fundamental. Mantener smartphones accesibles será,
en consecuencia, una cuestión importante para evitar que la expansión de nuevas
tecnologías como la inteligencia artificial contribuya indirectamente a ampliar
las desigualdades existentes en el acceso al mundo digital.
Fuente: Cinco Dias
