La propuesta abierta anunciada por Gabriel Rufián, en sintonía con el llamamiento de Yolanda Díaz a construir un “programa de mínimos” en la izquierda, ha reactivado un debate central en la política española contemporánea: la necesidad de articular un espacio político unitario a la izquierda del PSOE.
Y
más allá de nombres, listas o liderazgos personales, el planteamiento apunta a
una cuestión estructural: cómo maximizar la
representación política de un electorado, porque pese a contar con millones de
votos, se ve sistemáticamente penalizado por el sistema electoral español.
Las
elecciones generales del 23 de julio de 2023 dejaron una paradoja evidente. Las
fuerzas situadas a la izquierda del PSOE —Sumar y las formaciones que la
integraron, junto a ERC, Bildu, BNG o Adelante Andalucía— obtuvieron alrededor
de cuatro millones de votos, uno de cada seis sufragios válidos emitidos. Sin
embargo, esa base electoral se tradujo únicamente en 45 escaños, una
representación claramente inferior a su peso real en votos. La causa principal
fue el llamado efecto D’Hondt (ver abajo Anexo I), un sistema proporcional imperfecto que
castiga especialmente a las candidaturas fragmentadas en provincias pequeñas y
medianas, donde los restos de voto acaban beneficiando, de facto, al Partido
Popular o a VOX.
Desde
esta constatación, la hipótesis de un Frente Amplio —aunque todavía sin una
marca política definida— abre tres escenarios posibles, todos ellos positivos
desde la lógica de la eficiencia electoral.
El
primero, el escenario mínimo, parte de una premisa sencilla pero
contundente: no sumar nuevos votos, sino concurrir
unidos. Solo con los cuatro millones de votos ya existentes, la
superación de las barreras provinciales permitiría transformar los restos en
entre 10 y 14 escaños adicionales, elevando la representación hasta una
horquilla de 55 a 59 diputados. Este resultado convertiría
automáticamente a este espacio en la tercera fuerza política del país, incluso
teniendo en cuenta el crecimiento que las encuestas auguran a VOX.
El
segundo escenario, considerado conservador pero realista, contempla una movilización adicional del 10 al 12% del
electorado. Este crecimiento podría provenir de la abstención juvenil,
de votantes desencantados del PSOE o de antiguos apoyos de Podemos que no
acudieron a las urnas en 2023. Alcanzar entre 4,9 y 5 millones de votos
supondría obtener entre 61 y 68 escaños, consolidando un bloque de
izquierdas estructural en la política española. En términos de gobernabilidad,
este escenario permitiría revalidar un gobierno de coalición progresista sin
necesidad de depender de fuerzas nacionalistas como Junts o Coalición Canaria,
e incluso sin una movilización extraordinaria del voto socialista.
Más
aún, una izquierda unificada y con vocación federal facilitaría una legislatura
más estable. La posibilidad de acuerdos a largo plazo entre el PSOE y este
nuevo bloque permitiría abordar cuestiones enquistadas, como la financiación
autonómica o las tensiones territoriales, desde una perspectiva menos
coyuntural y más estructural.
El
tercer escenario, el de fuerte movilización, exige un esfuerzo político
mayor: una campaña clara, un liderazgo coral y la
superación de las desavenencias internas entre las fuerzas que hoy conforman
Sumar y su relación con Podemos. En este caso, el Frente Amplio podría
crecer hasta los 5,3 o 5,5 millones de votos, un 20% más que su base
actual, traduciéndose en entre 70 y 75 escaños. El crecimiento sería
especialmente significativo en territorios como Andalucía, la Comunidad
Valenciana o Madrid, mientras que en Cataluña y el País Vasco el aumento sería
más moderado, aunque reforzaría la solidez del espacio.
Un
elemento clave del análisis es identificar quién pierde los escaños que gana
esta izquierda unificada. Los datos del 23J muestran que el principal
beneficiario de la fragmentación fue el Partido Popular, que obtuvo
entre 7 y 9 escaños gracias a los restos de voto
de la izquierda. VOX también se benefició, al igual que el propio PSOE
en menor medida. En los escenarios de movilización moderada o fuerte, el ajuste
mecánico del sistema electoral revertiría esta situación: el PP perdería
hasta 19 escaños, VOX hasta 9 y el PSOE hasta 13, sin que medie un trasvase
ideológico, sino simplemente una corrección de la distorsión representativa.
Desde
el punto de vista de la dinámica de campaña, la aparición de un Frente Amplio
tendría además un efecto bilateral claro. VOX tendería a replegarse en un
discurso nacionalista español centralista frente a un bloque de izquierdas de
carácter federal, mientras que el PSOE concentraría su confrontación directa
con el PP, poniendo el foco en los logros económicos, sociales e
internacionales del gobierno. Esta polarización doble ha demostrado
históricamente beneficiar al PSOE, al tiempo que permite a su izquierda
defender posiciones más avanzadas en materia social y territorial.
En
definitiva, la propuesta de unificar el espacio a la izquierda del PSOE no es
solo una cuestión de aritmética electoral, aunque los números sean elocuentes.
Se trata de una oportunidad política para corregir una anomalía representativa,
fortalecer la estabilidad institucional y redefinir el eje del debate político
en España. En un contexto de crecimiento de la extrema derecha y de
fragmentación del sistema de partidos, la unidad de la izquierda federal
aparece no como una aspiración idealista, sino como una estrategia racional y
necesaria para sostener y profundizar un proyecto progresista de país.
EDITORIAL
En mi opinión, el PP trabaja activamente en favor de los intereses de Vox, para ambos, acabar con la democracia española, empleándose a fondo para ello, dentro y fuera de España, con denuncias contra Gobierno de España ante Instituciones españolas y de la UE, por medio de su arsenal ideológico fascista.
Pero
en el pecado está la penitencia, y de seguir así, el partido popular desaparecerá
o bien se convertirá en un partido político residual, al ser fagocitado por Vox.
Y además toda España, muy probablemente se convierta en una Autocracia, a no ser que se aproveche la oportunidad histórica aquí expuesta, que a mi entender es la única que queda. Ésta tiene la peculiaridad que los partidos que formen parte de esta coalición bien sea, política o electoral, servirá para presentarse así a las elecciones generales, con la diferencia que si la coalición es electoral, ésta desaparecerá una vez celebrados los comicios electorales correspondientes, recuperando los partidos que conformaban dicha coalición, todos sus derechos de representatividad a todos los niveles.
POSDATA
Por cierto, ahora los jarrones chinos hablan y por lo que se entiende, más parece que, o bien no dicen lo que piensan o bien no piensan lo que dicen, a juzgar por la terminología fascista empleada para defender sus ideas, que insulta a los votantes de sus respectivos partidos.
Más
información
El Plural.es Frente amplio propuesto por Rufián sería tercera fuerza política en España (análisis)
Fuente: Redacción y El Plural.es
ANEXO I
¿Cómo se reparten los escaños o concejales
según el método D'Hondt?
El
método D’Hondt es el sistema que se utiliza para repartir los escaños o
concejales entre las candidaturas de forma proporcional al número de votos
obtenidos.
Como
ejemplo vamos a simular un Parlamento o Ayuntamiento de 8 escaños o
concejales a, repartir entre 6 candidaturas que llamaremos A, B, C , D, E y F.
En
primer lugar ordenamos los resultados electorales de mayor a menor y se calcula
el porcentaje de cada uno sobre el total de votos válidos, teniendo en cuenta
los votos en blanco.
Para
evitar una excesiva fragmentación de la cámara o la corporación, se descartan
las candidaturas que no lleguen a un porcentaje mínimo de votos. En el caso de
las elecciones generales este umbral es el 3% de los votos. En las elecciones
locales, el porcentaje mínimo es el 5%.
Se
construye una tabla con tantas columnas como número de escaños o concejales a
distribuir, completando cada columna con el número de votos de cada candidatura
dividido por 1, 2, 3… hasta completarla.
Los
escaños o concejales se asignan a los 8 coeficientes más altos, en orden
decreciente.
En caso
de empate, el escaño o concejal se asignará a la candidatura con mayor número
de votos totales. Si estos también coinciden, se asignará por sorteo, y el
resto de empates de forma alternativa.
El
reparto de escaños o concejales queda de la siguiente forma:
- Candidatura A. 4 escaños o concejales
- Candidatura B. 2 escaños o concejales
- Candidatura C. 1 escaño o concejal
- Candidatura D. 1 escaño o concejal
EJEMPLO DEL FUNCIONAMIENTO DEL MÉTODO D´HONDT


