4 de febrero de 2026

OPINIÓN. De la instrumentalización del odio en las redes sociales. Poder corporativo y conflicto con la Soberanía Estatal

Las redes sociales digitales se consolidan como principales espacios de deliberación pública del siglo XXI.  


Sin embargo, lejos de constituir foros neutrales de intercambio democrático, estas plataformas están controladas por un reducido grupo de corporaciones privadas cuyos propietarios concentran un poder económico, comunicacional y político sin precedentes.

  En este contexto, resulta necesario analizar de manera crítica por qué algunos multimillonarios dueños de redes sociales permiten —y en ciertos casos fomentan— la difusión de mensajes de odio, así como las razones por las cuales reaccionan de forma hostil frente a los gobiernos que intentan regular dichas prácticas.

  Este artículo sostiene que el odio cumple una función económica y política dentro del modelo de negocio de las plataformas, y que la confrontación con los Estados revela una disputa estructural entre el poder corporativo transnacional y la soberanía democrática.

El modelo económico de las plataformas y la rentabilidad del conflicto

  El funcionamiento de las redes sociales se inscribe en la denominada economía de la atención, donde el objetivo central es maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios para aumentar la rentabilidad publicitaria y la extracción de datos.

 

Diversos estudios han demostrado que los contenidos que generan emociones intensas —como el miedo, la indignación o el resentimiento— tienden a propagarse con mayor rapidez que aquellos de carácter informativo o reflexivo. En este sentido, los mensajes de odio y la polarización extrema no son anomalías del sistema, sino elementos funcionales a su lógica de acumulación.

  La tolerancia hacia este tipo de discursos se justifica habitualmente mediante una apelación abstracta a la libertad de expresión. No obstante, esta defensa resulta selectiva y contradictoria, ya que las mismas plataformas censuran contenidos que afectan intereses comerciales o políticos específicos. De este modo, la libertad invocada no es la del debate democrático, sino la del capital para operar sin restricciones éticas ni sociales, incluso cuando ello implica la normalización de la violencia simbólica y la discriminación.

Redes sociales como actores políticos no democráticos

  Más allá de su dimensión económica, las redes sociales actúan como actores políticos de facto. Cuando a través del control de algoritmos opacos, deciden qué contenidos se visibilizan, cuáles se silencian y qué narrativas adquieren centralidad en el espacio público. Esta capacidad de intervención tiene efectos directos sobre procesos electorales, movimientos sociales y la estabilidad institucional de los Estados.

  Sin embargo, a diferencia de los gobiernos, los dueños de estas plataformas no están sujetos a mecanismos democráticos de control ni a responsabilidades políticas ante la ciudadanía. Esta asimetría configura una forma de poder profundamente antidemocrática, en la que decisiones de enorme impacto colectivo se toman en función de intereses privados y transnacionales. La difusión del odio, en este marco, puede funcionar como una herramienta de desestabilización social y de debilitamiento del tejido democrático.

Regulación estatal y criminalización discursiva de los gobiernos

  El conflicto entre las plataformas digitales y los Estados se intensifica cuando estos últimos intentan ejercer su función reguladora, ya sea para proteger a grupos vulnerables, combatir la desinformación o exigir responsabilidad sobre los contenidos difundidos. Frente a estas iniciativas, los propietarios de las redes sociales suelen reaccionar mediante una estrategia discursiva que presenta a los gobiernos como autoritarios, censores o incluso criminales.

  Esta criminalización simbólica cumple un objetivo político preciso: deslegitimar la intervención estatal y consolidar la idea de que las corporaciones tecnológicas deben operar por encima de las leyes nacionales

  Al invertir los roles —empresas privadas como defensoras de la libertad y Estados democráticos como amenazasse erosiona la soberanía popular y se refuerza una lógica en la cual el poder económico se impone sobre el poder político.

CONCLUSIÓN  

La difusión de mensajes de odio en las redes sociales no puede entenderse como un fenómeno accidental ni exclusivamente tecnológico. Se trata de una consecuencia directa de un modelo económico y político que prioriza la rentabilidad y la concentración de poder por encima del bienestar social y la calidad democrática

La resistencia de los multimillonarios dueños de estas plataformas a la regulación estatal revela una disputa de fondo entre la democracia y una emergente oligarquía digital.

  En este escenario, la defensa genuina de la libertad de expresión exige repensar, el rol del Estado, la responsabilidad social de las plataformas y la necesidad de mecanismos de control democrático sobre los espacios digitales. De lo contrario, el odio continuará siendo utilizado como recurso económico y político, profundizando la desigualdad, la fragmentación social y la subordinación de la voluntad popular a los intereses de unos pocos (milmillonarios).

Fuente: Redacción.

MEDICINA Y SALUD. Avances médicos en la lucha contra el cáncer y la búsqueda de la vacuna

Decir que hoy, día mundial contra el cáncer, se viene a homenajear a  investigadores/as, como también a doctoras/doctores y enfermeras/os, que gracias a ellos disponemos, de mejores diagnósticos, tratamientos más eficaces y tasas de supervivencia que hace décadas parecían imposibles. 
Por que la inmunoterapia y las terapias celulares han revolucionado el campo, y la detección temprana está salvando miles de vidas cada año.

I. Introducción

El cáncer ha sido durante décadas uno de los mayores desafíos de la medicina moderna. A diferencia de muchas enfermedades infecciosas, no es causado por un solo agente externo, sino por el crecimiento descontrolado de las propias células del cuerpo. Esto lo convierte en un enemigo complejo y con múltiples formas, lo que exige estrategias terapéuticas y preventivas diversas.

En las últimas décadas hemos visto avances impresionantes que han mejorado la supervivencia, la calidad de vida y la detección temprana de muchos tipos de cáncer, aunque aún queda camino por recorrer.

II. Grandes avances médicos en la lucha contra el cáncer

1. Incrementos sustanciales en la supervivencia

Gracias a años de investigación y mejoras terapéuticas, las tasas de supervivencia han aumentado notablemente. Por ejemplo, en algunas regiones europeas y españolas se ha observado que la supervivencia a los cinco años se ha más que duplicado en las últimas cuatro décadas — lo que refleja el impacto de tratamientos más eficaces y una detección más temprana.

Estas cifras no solo son números: representan miles de personas que viven más tiempo, con mejor calidad de vida y menos sufrimiento.

2. Diagnóstico más temprano y preciso

La detección temprana es uno de los pilares para mejorar los resultados en cáncer. Tecnologías como la inteligencia artificial aplicada a mamografías han demostrado mejorar la detección de tumores sin aumentar falsos positivos, lo que permite diagnósticos antes de que la enfermedad se complique.

Además, técnicas de “biopsia líquida”, escáneres más sensibles y enfoques moleculares están expandiendo nuestra capacidad para identificar cánceres en fases iniciales o incluso antes de que causen síntomas.

3. Tratamientos más efectivos y menos invasivos

El desarrollo de nuevas terapias ha revolucionado la oncología moderna:

  • Inmunoterapia — tratamientos que “enseñan” al sistema inmune a reconocer y atacar las células cancerosas — han cambiado el pronóstico de muchas enfermedades que antes tenían muy mal desenlace.
  • Terapias celulares avanzadas (como CAR-T) han recibido aprobación y están beneficiando a pacientes con ciertos tipos de leucemia resistentes a tratamientos tradicionales.
  • Cirugías de alta precisión, apoyadas por tecnología robótica, permiten resecciones menos destructivas y mejores resultados funcionales.

Estos enfoques han disminuido la necesidad de tratamientos mutilantes y han mejorado la supervivencia global.

III. El sueño de una “vacuna contra el cáncer”

La idea de una vacuna que prevenga o cure todos los cánceres ha capturado la imaginación de investigadores y público general. Pero ¿qué significa realmente?

1. Tipos de vacunas relacionadas con el cáncer

·       Vacunas preventivas (indirectas):

Estas vacunas no atacan directamente el cáncer, sino que previenen infecciones que aumentan el riesgo de desarrollarlo. Los ejemplos más claros son las vacunas contra:

    • Virus del Papiloma Humano (VPH) — previene infecciones que pueden causar cáncer de cuello uterino y otros tumores relacionados.
    • Virus de la hepatitis B — previene la infección crónica que puede llevar a cáncer de hígado.

Estas vacunas ya están aprobadas y ampliamente utilizadas, y han demostrado reducir la incidencia de ciertos cánceres prevenibles.

·       Vacunas terapéuticas (dirigidas a personas con cáncer):

Estas se diseñan para fortalecer el sistema inmunitario del paciente ya diagnosticado y ayudarlo a combatir su propio tumor. Algunos ejemplos incluyen:

    • Sipuleucel-T: primera vacuna terapéutica aprobada para cáncer de próstata avanzado.
    • CimaVax-EGF: utilizada para carcinoma pulmonar no microcítico, muestra prolongación de supervivencia.

Además, existen vacunas experimentales como Racotumomab o candidatos de ARNm combinados con otros tratamientos inmunológicos.

2. Vacunas “universales” en investigación: ¿cuando podrían llegar?

La investigación más reciente explora vacunas que activen al sistema inmunológico contra señales comunes de las células cancerosas. Por ejemplo, equipos en EE. UU. investigan vacunas de ARNm que podrían aplicarse a muchos tipos de cáncer, usando exitosamente tecnologías aceleradas durante la pandemia de COVID-19.

Además, en 2025 había alrededor de 78 ensayos clínicos de vacunas contra el cáncer en distintas fases, lo que demuestra que estas investigaciones están avanzando rápidamente.

3. ¿Tendremos una vacuna contra el cáncer pronto?

Aquí hay varios puntos clave:

Ya existen vacunas que previenen tipos de cáncer causados por infecciones.

Hay vacunas terapéuticas aprobadas para algunos cánceres.

La ciencia está probando vacunas más amplias y eficaces, pero estas aún están en ensayos clínicos (fases 1–3) y siguen necesitando tiempo para demostrar seguridad y eficacia definitiva.

La mayoría de expertas coinciden en que una vacuna universal que prevenga todos los cánceres no llegará de la noche a la mañana. Aunque hay enfoques prometedores, aún es probable que pasen varios años — quizá una década o más — antes de ver versiones ampliamente aprobadas y accesibles de vacunas terapéuticas avanzadas.

Esto se debe a que:

  • El cáncer no es una única enfermedad, sino muchas con biología distinta.
  • Las vacunas deben demostrar eficacia en grandes poblaciones con distintos perfiles genéticos y de salud.
  • Garantizar que una vacuna no cause efectos secundarios graves lleva tiempo.

IV. Conclusión

En cuanto a las vacunas, la ciencia ha logrado avances reales y continuos: desde vacunas preventivas que reducen el riesgo de ciertos cánceres, hasta terapias innovadoras que ayudan al cuerpo a combatir tumores existentes. Sin embargo, una vacuna universal preventiva contra todos los cánceres sigue siendo un objetivo ambicioso que probablemente requiera más tiempo de investigación y validación clínica.

La buena noticia es que "la esperanza está más viva que nunca", porque cada año trae nuevos descubrimientos, nuevos ensayos clínicos y una comprensión más profunda de cómo el sistema inmunitario puede ser aliado de la humanidad en esta lucha.

Fuente: Redacción

INVESTIGACIÓN. Nuevas esperanzas frente al cáncer de páncreas: avances, límites y futuro de la investigación.

El cáncer de páncreas representa hoy uno de los mayores retos de la oncología moderna. 

En España, cada año se diagnostican más de 10.300 nuevos casos, una cifra que refleja no solo su incidencia, sino también la gravedad de una enfermedad que continúa teniendo un pronóstico especialmente desfavorable. En este contexto, los recientes avances anunciados por el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han despertado una notable expectación social y mediática, al sugerir la posibilidad de un cambio de paradigma en el tratamiento de uno de los tumores más agresivos conocidos: el adenocarcinoma ductal pancreático (PDAC).

La atención pública se intensificó tras la aparición del investigador Mariano Barbacid en un programa televisivo de gran audiencia, donde calificó como un “hito histórico” el desarrollo de una nueva diana terapéutica capaz de eliminar tumores de páncreas en modelos animales de forma completa y duradera. Sin embargo, más allá del impacto mediático, es necesario situar estos hallazgos en su contexto científico real. La investigación, publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se encuentra aún en fases iniciales, aunque ofrece resultados prometedores que podrían orientar futuras estrategias terapéuticas.

El PDAC es responsable de la mayoría de los cánceres de páncreas y se caracteriza por una supervivencia a cinco años que apenas alcanza el 10%. Esta baja tasa se debe principalmente a dos factores: su diagnóstico tardío y la limitada eficacia de los tratamientos disponibles. En los últimos años, la investigación se ha centrado en el gen KRAS, mutado en aproximadamente el 90% de los pacientes con este tipo de cáncer. Aunque los inhibidores de KRAS han supuesto un avance frente a la quimioterapia tradicional, su beneficio ha sido restringido por la rápida aparición de resistencia tumoral.

La aportación clave del estudio del CNIO reside precisamente en abordar este problema de resistencia. En lugar de bloquear un único punto de la vía de señalización de KRAS, el equipo liderado por Barbacid y la doctora Carmen Guerra diseñó una terapia de triple combinación que actúa simultáneamente sobre tres componentes distintos de dicha vía. Al aplicar esta estrategia en modelos de ratón, los investigadores lograron no solo una regresión significativa de los tumores, sino también evitar su reaparición, sin provocar toxicidades relevantes. Este enfoque sugiere que atacar el cáncer desde múltiples frentes puede ser una vía eficaz para superar uno de sus mecanismos de defensa más persistentes.

No obstante, el propio equipo científico advierte de que estos resultados, aunque alentadores, no implican una aplicación clínica inmediata. El paso de los modelos animales a los ensayos en humanos es complejo y requiere optimizar tanto la seguridad como la eficacia del tratamiento. Aun así, el estudio sienta las bases para el diseño de futuros ensayos clínicos y abre la puerta a nuevas opciones terapéuticas que podrían mejorar el pronóstico de los pacientes con PDAC en un horizonte no demasiado lejano.

Paralelamente a los avances terapéuticos, la investigación del CNIO también está contribuyendo de manera significativa al conocimiento de la predisposición genética al cáncer de páncreas. Un segundo estudio, publicado en Nature Communications, ha identificado conjuntos de genes relacionados tanto con el riesgo de desarrollar la enfermedad como con su evolución clínica. Este tipo de hallazgos resulta fundamental para el desarrollo de programas de cribado poblacional, que permitirían detectar el cáncer en fases más tempranas, cuando las posibilidades de tratamiento eficaz son considerablemente mayores.

En conclusión, los recientes avances del CNIO representan un ejemplo claro del papel crucial de la investigación biomédica en la lucha contra enfermedades de alta mortalidad. Aunque aún es pronto para hablar de curación o aplicación clínica generalizada, los resultados obtenidos apuntan a un cambio de enfoque en el tratamiento del cáncer de páncreas, combinando terapias más sofisticadas con estrategias de detección precoz. En un escenario donde el pronóstico ha sido históricamente desalentador, estos avances renuevan la esperanza y refuerzan la idea de que la ciencia, aun con cautela, sigue avanzando hacia soluciones cada vez más eficaces.

Fuente: Redacción y  Público