20 de mayo de 2026

ANÁLISIS y OPINIÓN. Expertos juristas analizan la imputación a Zapatero: "La judicatura pretende hacer caer al Gobierno”

Dos voces autorizadas  por su larga trayectoria jurídica analizan la investigación al expresidente del gobierno.

La imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en el marco del caso Plus Ultra ha reactivado una discusión que ya venía instalada en el debate público español: hasta qué punto la actuación judicial, más allá de ser estrictamente legal, responde a lógicas de confrontación política.

Dos juristas con amplia trayectoria —Ramiro García de Dios, magistrado durante más de tres décadas, y José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo— coinciden en el fondo de su preocupación: observan un patrón que, para ellos, se parece demasiado a lo que suele denominarse lawfare (el uso estratégico del Derecho y de las instituciones judiciales para producir efectos políticos).

Desde esa mirada, el problema no sería únicamente el contenido de un auto concreto, sino el contexto y la reiteración del fenómeno. García de Dios lo resume con una palabra: “cacería”. A su juicio, no se trata de un hecho aislado ni de una iniciativa puramente técnica, sino de una serie de actuaciones que encajan en una “utilización clarísima de las herramientas legales y los poderes del Estado”. El magistrado jubilado sostiene que la dinámica no se agota en el ámbito del Gobierno de España o en el PSOE, sino que alcanza a un círculo más amplio: “la esposa del presidente, el hermano y, ahora, un expresidente”, al que —dice— “le tienen muchas ganas” porque continúa siendo un “activo” político y un símbolo para la izquierda de este país.

Para reforzar su argumento, el jurista introduce tres elementos que, en su opinión, alimentan esa supuesta cacería. Primero, la existencia de jueces dispuestos a ir “más allá” con un “sentido autoritario”, convencidos de que están actuando con impunidad (y todo lo hacen por España). Segundo, la intervención de actores judiciales y mediáticos que, según él, funcionarían como “satélites” de una misma orientación política, amplificando la narrativa inicial. Y tercero, la influencia de colectivos como Manos Limpias, a los que califica como “asociaciones miserables ultras”, señalando que su papel ha sido central en la investigación que llega a la Audiencia Nacional.

En esta línea, García de Dios considera especialmente relevante la forma en la que se construye la imputación. En su lectura, el auto estaría redactado para “rellenar” y dar apariencia de gravedad indiscutible a una conducta que, en el fondo, parte de dudas. La clave sería la transformación de la sospecha en indicio: “Convierten sospechas en indicios”. Esa frase sintetiza el temor de quien observa el proceso penal no como un mecanismo neutral, sino como un procedimiento que puede terminar “forzando” conclusiones a partir de elementos débiles, mientras se consolida mediáticamente una idea de culpabilidad previa.

La segunda voz, Martín Pallín, no comparte el tono acusatorio con la misma intensidad, pero sí formula una advertencia de fondo. Acepta que “todo juez puede admitir una denuncia o querella” y recuerda que, especialmente si el denunciante o la persona afectada tienen relevancia política, procede primero verificar los hechos. Para él, el paso decisivo no es solo admitir una investigación, sino realizar las “averiguaciones pertinentes” que permitan comprobar los puntos de la denuncia y, en ciertos casos, valorar medidas como comisiones rogatorias. En definitiva: lo decisivo es si el sistema actúa con rigor o si, por el contrario, habilita un proceso que avanza por inercia.

Martín Pallín insiste además en una idea que sirve como freno a la especulación: conviene esperar a ver “qué pasa de aquí a unos días”. Su lógica es jurídica y prudente. Si las acusaciones carecen de sustento, el procedimiento debería desmontarse; si se sostienen en términos consistentes, la investigación podría continuar. 

Sin embargo, su alerta reaparece con fuerza al mencionar que “puede pasar” lo contrario y que se repita el tipo de dinámica observada en otros episodios, como el caso Neurona, donde durante años se investigó y finalmente “no se llegó a nada”. Para el jurista, ese historial es una señal de que el sistema puede ser usado para mantener en vilo reputaciones políticas durante el tiempo suficiente como para producir daño, incluso cuando el resultado final no sea condenatorio.

El punto más crítico de su intervención está en la consecuencia institucional de este tipo de procesos. Martín Pallín advierte que el modus operandi que ve en esta causa es “peligrosísimo”, porque en un país donde “cualquiera puede poner patas arriba un gobierno”, se abre la puerta a una inestabilidad permanente. Además, compara el tratamiento de casos: señala que “todos los denunciantes han sido contra personas de izquierdas” y menciona ejemplos en los que, dice, determinados episodios vinculados a la derecha no habrían derivado en imputaciones posteriores pese a la existencia de conversaciones con Villarejo. Su conclusión es que la selectividad —real o percibida— puede convertirse en una herida para la confianza ciudadana en la justicia.

La preocupación se completa con un argumento adicional que pretende situar el debate en una dimensión europea. Martín Pallín recuerda un antecedente en el que Europa habría autorizado a los Estados (Francia, Alemania y Portugal) a subvencionar a aerolíneas afectadas por el coronavirus y donde la justicia europea habría declarado que el rescate de Air Europa se hizo conforme a la legalidad. Con ese ejemplo, sugiere que cuando existe un marco normativo validado por instancias supranacionales, las imputaciones basadas en interpretaciones severas o descontextualizadas deberían manejarse con más cautela.

En suma, de este resumen se desprende que  estas dos voces no se limita a discutir si Zapatero “lo hizo” o “no lo hizo”. Su foco es el modo en que se produce el proceso penal y el impacto que tiene la combinación entre decisiones judiciales, presiones mediáticas y la intervención de actores con agenda propia. 

García de Dios habla de “cacería” y de un sistema “desatado” que “permite barbaridades”; Martín Pallín subraya el carácter “lamentable” y “peligroso” de repetir patrones en los que se investiga durante años sin llegar a conclusiones, mientras se altera el equilibrio político y se cuestiona el principio de neutralidad.

Más allá del desenlace procesal que finalmente determine si hay o no delito, ambas posturas denuncian un mismo riesgo: que la justicia penal, en vez de ser un instrumento para esclarecer hechos, se convierta en un mecanismo capaz de reconfigurar la vida pública con efectos irreversibles, erosionando la confianza en el Estado de Derecho. Y ese es, precisamente, el núcleo de la polémica: no solo el caso Plus Ultra, sino la sospecha —para ellos fundada— de que se está usando el Derecho para perseguir fines que van mucho más allá de la verdad jurídica, como bien pudiera ser, conseguir que el Gobierno progresista actual dimitiese en pleno. Lo cual no dejaría de ser un golpe de estado judicial.

CONCLUSIÓN

Espero que estos artículos que aquí resumo, dejen más tranquilos hoy a los progresistas que ayer tuvieron dudas sobre Zapatero, porque la verdad, desde mi modesta opinión, el juez José Luis Calama redacta muy bien los autos, pero de escaso contenido jurídico relevante, pero tampoco imaginaba que careciese totalmente de ello, pues desde el punto de vista penal, según los magistrados, que analizaron este auto, confunden las sospechas con indicios, para luego seguramente convertir las indicios en pruebas, en el juicio que muy probablemente llegará después. 

Es es el mismo modus operandi, que ocurrió durante la instrucción  del juicio en el Tribunal Supremo, contra el exfiscal general del Estado, que como todos recordarán,  terminó  con la condena del exfiscal, Álvaro García Ortiz, por acumulación de indicios aunque sin pruebas verificables.

Y ahora la historia se repite con el expresidente Zapatero. Y la jauría fascista del PP y Vox, pretenden cargarse la democracia en este país con tal de llegar al gobierno, moviendo sus peones en la judicatura. Malditos sean todos ellos.

POSDATA

Ver siguiente "ANEXO I" sobre las actividades lobistas de otros expresidentes del gobierno español, que demuestran lo hipócritas que son y las diferentes varas de medir que tienen, los iliberales fascistas del PP y Vox.

Fuente: El Plural.com


ANEXO I

Resumen del artículo publicado por  El Diario.es

Expresidentes, puertas giratorias y capital privado en España. Relato de la trayectoria empresarial de los expresidentes José María Aznar y Felipe González

Los dos predecesores de Zapatero, (primer expresidente imputado en democracia) tienen un bagaje empresarial mucho más extenso que el político leonés, en especial Aznar.

En los últimos años, el debate sobre la “puerta giratoria” en España —la transición desde el poder público a la asesoría privada— ha dejado de ser un mero tema moral para convertirse en una cuestión de transparencia, control democrático y confianza social. Lo que antes se describía como “experiencia aprovechable” hoy se discute como un posible circuito de influencia donde participan grandes grupos económicos, despachos de abogados y fondos de inversión, y donde la figura del expresidente puede operar como puente: político, institucional y reputacional. Los datos reunidos sobre José María Aznar y Felipe González permiten observar dos trayectorias diferentes en intensidad y volumen, pero cercanas en su lógica: el paso del liderazgo gubernamental a la consultoría estratégica y al lobby para actores económicos con intereses concretos.

1. Aznar: un perfil empresarial de alta exposición y remuneración

El caso de Aznar aparece descrito como el de un expresidente con un “bagaje empresarial” especialmente dilatado. No se trata solo de que haya ocupado puestos en consejos de administración o participado como asesor; el eje del relato es la magnitud del intercambio económico y la continuidad durante décadas. Destaca, por ejemplo, su relación con News Corp, el conglomerado mediático vinculado a Rupert Murdoch: en junio cumpliría 20 años como consejero y, según los datos aportados, la empresa le habría pagado alrededor de cinco millones de dólares en total por sus servicios. Además, se menciona que el sueldo publicado para el ejercicio fue de 341.565 dólares, y que se suman 10.000 euros mensuales pagados desde 2004 hasta 2006 mediante su sociedad familiar Famaztella, en concepto de “servicios de asesoría”.

Este punto es relevante porque permite conectar tres capas:

  1. la existencia de contratos con empresas de enorme poder;
  2. la remuneración cuantificada (lo que reduce la ambigüedad sobre si “solo era asesoramiento”);
  3. la utilización de estructuras societarias propias (Famaztella y otras) para la gestión de ingresos.

El artículo añade un elemento adicional: esa sociedad habría sido sancionada por Hacienda tras una inspección. Independientemente de los detalles jurídicos específicos, el dato tensiona el argumento de “aprovechar conocimientos” y lo acerca al terreno de “cómo se gestiona el beneficio” y bajo qué criterios fiscales o regulatorios.

Más allá del ámbito mediático, el relato ubica a Aznar en sectores energéticos y financieros de alto impacto. Su papel como asesor de Endesa (privatizada durante su primer gobierno) y su eventual conexión con Afiniti, compañía de inteligencia artificial ligada a call centers, muestran una continuidad de relaciones con grandes actores. Se menciona incluso que Afiniti habría tanteado vender su tecnología a empresas españolas, incluida Endesa, y que Enel (dueña de Endesa) figuraría en listados asociados a clientes. Aquí el problema no es la asesoría en sí, sino la proximidad temporal e institucional: cuando un expresidente interviene en ámbitos donde el Estado estuvo implicado de forma intensa —como la privatización energética— la frontera entre experiencia y ventaja es más frágil.

Asimismo, el artículo sitúa a Aznar en un ecosistema de consultoría y lobby internacional: hedge funds como Centaurus Capital, minería como Barrick Gold, consultoras como KPMG (con encargos geopolíticos y macroeconómicos), y despachos como DLA Piper o Latham Watkins. En paralelo, aparece un componente de lobby sectorial en Latinoamérica: la relación con Philip Morris en torno al cigarrillo electrónico en las gestiones que se le atribuyen.

De forma especialmente contundente, el relato incluye un contrato con Befesa (filial de Abengoa) para facilitar adjudicaciones de proyectos de desalación en Libia, bajo Gadafi, con supuesta “comisión de éxito del 1%” sobre los contratos obtenidos. Este dato, al estar ligado a un régimen político autoritario, eleva el nivel de exigencia ética y también el de la verificación pública: si la asesoría se traduce en acceso a adjudicaciones y se pactan porcentajes, la pregunta democrática ya no es “qué saben”, sino “qué influencia compran” y “quién gana” a través de esa mediación.

En conjunto, los datos describen a Aznar menos como “figura institucional” y más como operador profesional dentro del mercado de la influencia global: consejos, asesores, despachos, fundaciones y sociedades. La conclusión lógica es que su trayectoria refuerza la percepción de una carrera posterior al cargo público orientada a captar valor económico a través de su capital político.

2. Felipe González: menor volumen, pero misma lógica de influencia y redes

El artículo presenta a Felipe González con un perfil empresarial “mucho menos extenso” que el de Aznar. Aun así, no lo describe como ajeno al circuito: su actividad como asesor incluye el cargo de consejero de Naturgy (antes Gas Natural Fenosa) entre 2010 y 2014, con un ingreso declarado de más de 400.000 euros (126.500 euros anuales). Se añade que compatibilizó ese puesto con el consejo rector de Doñana mientras la gasista tramitaba un almacén de gas en un entorno protegido. Este cruce temporal introduce una sospecha clásica: la coexistencia de responsabilidades públicas o ambientales con intereses privados de un mismo grupo, aunque el texto califique el trabajo como “muy aburrido” por parte del propio González.

También aparecen datos sobre posibles actuaciones internacionales con actores problemáticos. En 2009 se menciona una carta escrita por González a Omar Al-Bashir, entonces presidente de Sudán del Norte, para favorecer a Massoud Zandi, socio vinculado a PRISA, que posteriormente fue denunciado por defraudar a Hacienda. El relato destaca elogios públicos hacia Zandi y la caracterización de su “capacidad emprendedora”. La lectura crítica aquí es doble: por un lado, se observa el uso de reputación política para influir; por otro, se conecta esa influencia con un resultado posterior de fraude fiscal, lo que deja la duda sobre el criterio de selección de intereses.

Además, se menciona la creación en 2011 de Tagua Capital, un vehículo de inversión con objetivos elevados (120 a 150 millones) centrado en tecnología. El texto lo califica como “un fiasco”, y ello sirve como recordatorio de que la influencia política no solo se traduce en ganancias por gestión: también puede transformarse en apuestas privadas con riesgo reputacional.

En paralelo, el texto aporta un ejemplo de relación con grandes fortunas. González afirma que asesora a Carlos Slim y que la amistad “no es incompatible” con el asesoramiento de negocios. Aquí el dato es revelador porque insiste en que el rol del expresidente se ubica simultáneamente en dos planos: el personal y el profesional. Y cuando ambos se mezclan, la separación entre “amistad” e “interés” se vuelve difícil de auditar.

Por último, se detallan movimientos patrimoniales e instrumentales: la existencia de una empresa creada por González en 2001 (Ialcon Consultoría SL) con actividad profesional técnica, administrada por su hija, y con facturación registrada en 2024 (aprox. 43.000 euros según el texto). El valor de estos detalles está en que muestran que el circuito no es solo de consejos, sino también de sociedades y estructuras privadas vinculadas a rentas, asesorías y gestión empresarial.

3. Un patrón común: reputación política como activo transferible

Aunque el texto contrasta los currículos —Aznar aparece como más extenso y mejor remunerado; González, como más limitado— el patrón de fondo es compartido. En ambos casos, el expresidente opera como activo reputacional que reduce costes de negociación y amplía credibilidad ante grandes empresas:

  • los consejos de administración y asesorías funcionan como canales de acceso a decisiones empresariales;
  • el lobby internacional o sectorial se apoya en la credibilidad institucional;
  • las fundaciones o centros formativos (como el Instituto Atlántico) se presentan como plataformas donde confluyen política y financiación privada.

El punto clave es que, desde la perspectiva democrática, la magnitud no es el único problema: también lo es la asimetría de información. Un ciudadano puede desconocer cuánto se pacta, qué se espera y qué mecanismos convierten “contactos” en contratos. Cuando el expresidente presta servicios y a la vez conserva una influencia derivada de su paso por el poder, el sistema corre el riesgo de no ser plenamente neutral, sino favorable a quienes pueden contratar su capital político.

4. ¿Competencia o influencia? La dificultad de la frontera

Una defensa habitual sería: “son profesionales, tienen experiencia y su asesoría puede ser útil”. El texto, sin embargo, empuja a otra lectura: cuando se acumulan señales como comisiones por adjudicaciones, relaciones con empresas que estaban vinculadas a decisiones privatizadoras o tramas asociadas a ayudas y contratos públicos, la frontera entre competencia y captura se vuelve borrosa.

La discusión esencial es institucional:

  • ¿cómo se regulan estos tránsitos?; 
  • ¿qué límites existen?; 
  • ¿qué mecanismos de control y de transparencia se exigen?; 
  • ¿cómo se garantiza que no haya conflictos de interés?. 

En este escrito aparecen indicios que —sin necesidad de afirmar culpabilidades penales— sí muestran tensiones y percepciones persistentes: incentivos económicos, proximidad a decisiones del pasado y uso de redes para gestionar resultados favorables a empresas.

CONCLUSIÓN

Los datos aportados construyen dos historias complementarias. La de José María Aznar dibuja un recorrido de asesoría y lobby con gran exposición internacional, remuneraciones públicas relevantes y vínculos con sectores estratégicos como energía, medios, finanzas y empresas reguladas. La de Felipe González, aunque menos extensa, revela que la lógica también existe: asesoría en grandes grupos, influencia en escenarios internacionales delicados, relación con fortunas y utilización de vehículos patrimoniales y consultoras.

En ambos casos, lo que queda en evidencia no es solo que los expresidentes trabajen después de dejar el cargo, sino que su trayectoria sugiere una transferencia del capital político hacia el mercado privado. Y cuando esa transferencia ocurre sin transparencia suficiente y con conexiones sensibles con sectores privatizados o regulados, el resultado es una democracia percibida como permeable a quienes tienen capacidad de contratar influencia. 

La verdadera pregunta, por tanto, no es si pueden trabajar: es cómo se controla el impacto de su influencia, para que el interés público no dependa de la capacidad de pagar asesoría a quienes antes decidían las reglas del juego.

Fuente: El Diario.es

19 de mayo de 2026

ANALISIS Y OPINIÓN. De la política, de la presunción de inocencia, y del presunto tráfico de influencias en el caso Plus Ultra


El caso Plus Ultra se ha convertido, con el paso de los meses, en algo más que una investigación penal, puesto que, ya es un espejo de tensiones profundas entre la búsqueda judicial de la verdad, la instrumentalización mediática y el modo que ciertas acusaciones —especialmente cuando alcanzan a figuras políticas de primer nivel— pueden dañar la percepción pública incluso antes de que exista una condena.

En el centro de la controversia aparece la figura del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, al que el juez José Luis Calama cita como investigado por presunto liderazgo de una “estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias”.

Según el auto, la imputación se apoya en un conjunto de indicios: una red supuestamente organizada para obtener beneficios económicos mediante la intermediación y el ejercicio de influencias ante instancias públicas, favoreciendo principalmente a la aerolínea Plus Ultra en el marco del rescate aprobado durante la pandemia. El juez considera que el entramado utilizó sociedades instrumentales, documentación simulada y canales financieros opacos con el fin de ocultar el origen y destino de fondos. En este relato judicial se describe una supuesta secuencia temporal de reuniones y contactos, incluyendo presuntamente acceso anticipado a información relevante sobre la concesión de la ayuda pública.

Sin embargo, lo que vuelve particularmente delicado este caso no es solo la complejidad técnica del presunto funcionamiento de la red, sino el contexto en el que ciertas acusaciones se han difundido, amplificado y reordenado en el espacio público. 

En la información facilitada aparece una querella promovida por Manos Limpias, sustentada —al menos en parte— en declaraciones de Víctor de Aldama en programas televisivos de entretenimiento y entrevistas difundidas por plataformas digitales. Ahí surge un elemento decisivo para el análisis: cuando una investigación penal se cruza con relatos mediáticos, y cuando éstos llegan a formar parte del andamiaje de una querella, el debate sobre el rigor probatorio y el riesgo de distorsión se vuelve inevitable.

1. El relato judicial: de los contactos a la influencia concreta

En el auto, el juez Calama atribuye a Zapatero la intervención en operaciones internacionales de alto valor económico, incluyendo referencias a oro y transacciones financieras. Además, se apunta que la influencia no habría buscado un resultado genérico, sino una resolución administrativa específica: la aprobación y desembolso de la ayuda pública solicitada por Plus Ultra en el marco del Fondo de Apoyo a la Solvencia. El juez vincula esta finalidad concreta con una supuesta coordinación entre actores: intermediarios directos con clientes, participación operativa de una secretaria adscrita a la oficina del expresidente, y un reparto funcional de tareas orientado —siempre según los indicios judiciales— a maximizar la eficacia.

El auto también señala que habría existido una canalización de contraprestaciones económicas mediante contratos de asesoría elaborados “ad hoc”, así como pagos directos e indirectos procedentes de Plus Ultra y de sociedades vinculadas. En esa misma lógica se mencionan sociedades instrumentales —como Caletón Consultores y Summer Wind— y la atribución de papeles de “testaferros” dentro del entramado. Todo ello se presenta como un intento de reforzar la apariencia formal y ocultar el recorrido del dinero.

En términos estrictamente jurídicos, el problema no es que existan versiones alternativas o que haya controversia: el problema aparece cuando el relato mediático o político pretende funcionar como sustituto de la prueba.

Por ello se debe recordar que a mayor gravedad de las imputaciones exige máxima prudencia, porque la presunción de inocencia  es un principio constitucional y el punto de partida de cualquier proceso judicial que pretenda ser democrático.

2. La dimensión societaria y la figura del offshore

Otro eje del auto es la supuesta creación de una sociedad offshore en Dubai (Landside Dubai Fzco o Landside Middle East Fzco), participada por una sociedad relacionada (Idella). Se describe un plan de negocio y, sobre todo, una proximidad temporal entre el inicio de gestiones para constituir la sociedad y la ausencia de pagos en España, lo que llevaría —según el juez— a sospechar que aquella sociedad habría servido para canalizar un cobro vinculado al rescate.

Esta parte del relato tiene una doble lectura. Por un lado, es coherente con un patrón clásico del fraude financiero: usar estructuras societarias para separar formalmente la relación económica del resultado político o administrativo que se pretende obtener. Por otro lado, el caso muestra cómo la “complejidad” puede volverse un arma de opacidad argumentativa: cuanto más técnicas y sofisticadas sean las operaciones descritas, mayor es el riesgo de que el debate público sustituya la comprensión real del asunto por la acumulación de indicios narrativos.

3. La presunta “gestión cotidiana” y el papel de las personas cercanas

También se detalla en el auto, una jerarquía interna: un nivel encargado de intermediaciones y órdenes, un nivel de “gestión cotidiana” atribuido a la secretaria de la oficina de Zapatero, y otro rol operativo vinculado a un interlocutor con los clientes y con el entorno societario.

 Además, se menciona el presunto papel de las hijas del expresidente a través de Whathefav SL, como beneficiarias finales, reforzando la idea de que se habrían usado contratos para justificar el trasvase de fondos.

Aquí se toca un punto especialmente sensible: cuando la investigación penal se centra en personas allegadas y se introducen con fuerza elementos de “entorno” familiar, la carga emocional y mediática crece.

En esos escenarios, el daño reputacional puede expandirse más rápido que el esclarecimiento judicial. La presunción de inocencia exige precisamente lo contrario: que el debate público no corra más que el proceso.

4. El “arranque” mediático y la querella instrumental

En referencia a los antecedentes procesales, aquí se presenta una crítica central, como es que la querella de Manos Limpias, se habría basado en una entrevista de Aldama en un programa televisivo (Horizonte, con Iker Jiménez) y por referencias a contenidos en redes y medios digitales. Se subraya que el comisionista hizo acusaciones sin aportar prueba alguna, que es lo que mejor sabe hacer, faltaría más.

Aquí aparece una cuestión crucial: en justicia penal, que se acuse a alguien, bien por medio de un programa de televisión o bien por otros medios no tiene valor probatorio. Aunque el autor de la declaración no estuviera investigado o colaborara con la justicia, el valor de lo dicho en un espacio mediático no puede equipararse mecánicamente al valor de una evidencia verificable. Dicho de otro modo: una cosa es que una declaración sea el origen de una línea de investigación y otra bien distinta que se convierta en elemento sustitutivo de la prueba.

Por ello, la intervención de la magistrada Vicky Rosell —cuando alerta de “acciones judiciales abusivas” y de la distorsión que pueden provocar querellas que se mezclan con investigaciones efectivas— apunta a un riesgo institucional: la justicia debe investigar con rigor, pero no puede convertirse en un campo de batalla ideológico donde se acumulan demandas para presionar, desgastar y generar narrativas.

5. Más prudencia con el “primer paso”. Imputar no es Condenar.

Finalmente insistir en una idea esencial: en delitos como el blanqueo, el proceso puede comenzar imputando y solo después —si las personas aportan explicaciones o se desvanecen indicios— “se desinfla” el relato.

Ese mecanismo procesal, aunque exista en la práctica jurídica, debe leerse siempre con una conciencia de sus efectos: imputar a una figura relevante, incluso antes de que se pruebe el delito, genera un impacto social irreversible. Y ese daño puede operar tanto en la reputación personal como en el clima democrático. Y eso PP y Vox, bien que lo saben, y mueven los hilos en la judicatura para que la democracia en este país tenga los días contados, porque semanas antes de la imputación a Zapatero, estando el proceso bajo secreto de sumario,  ya lo anunció Feijóo en el Congreso de Diputados, lo cual nos recuerda que los casos de “lawfare” siguen ahí.

La pregunta de fondo, por tanto, no es únicamente “qué pasó” —porque solo el juicio puede confirmarlo—, sino “cómo se comunica y se tramita” lo que todavía es incierto.

Cuando se combinan investigaciones policiales con querellas de origen mediático o ideológico, la ciudadanía no solo recibe información: recibe una interpretación del conflicto. Y la interpretación en política (es decir el relato) suele correr más rápido que la prueba. Siendo también que las mentiras tienen las patas bien cortas.

CONCLUSIÓN. La justicia siempre debe resistir la presión

El caso Plus Ultra, tal como se describe, reúne todos los elementos que ponen a prueba a un Estado de derecho: presuntas maniobras de influencia, operaciones financieras complejas, uso de sociedades instrumentales, supuestas jerarquías internas y una fuerte dimensión mediática previa a la fase plena de prueba.

Frente a ello, la lección democrática es clara: la justicia debe avanzar con rigor, sin dejarse arrastrar por narrativas, y el debate público debe mantener la prudencia necesaria para no convertir lo presunto en condena social.

Porque si algo enseña la historia —dentro y fuera de España— es que el daño a la presunción de inocencia no se repara fácilmente. Y cuando la imputación alcanza a figuras de gran relevancia política, el Estado no solo investiga hechos: también protege la credibilidad del propio sistema.

En ese equilibrio, la prueba, el proceso y la cautela deberían pesar más que la indignación y el ruido.

Pues desde PP y Vox, nunca pierden la oportunidad de destrozar la reputación de partidos políticos de izquierdas, y la de sus dirigentes y allegados también, como bien dice el manual de Goebbels y que los buenos fascistas siguen a rajatabla (como ya pasó antes con Podemos y ahora le toca al PSOE)

Ya decía el exasesor de Trump, Steve Bannon, “hay que regar la zona de mierda” (aunque sea sacándola de su propia casa) pues PP y Vox, tienen mierda dentro del partido para dar y tomar, que todavía les sobra para regalar. Y para mafia, ya está el partido popular y los ultras de Vox.

Además dice el refrán, "cuando las barbas de tu vecino veas cortar echa las tuyas a remojar" puesto que si hay un par de profesionales del lobby son los expresidentes del gobierno Aznar y Rajoy, pero si ahora está penado ejercer de lobista, supongo será para todos por igual, y un siglo de estos les tocará pasar por los juzgados a estos expresidentes del partido popular. Si  bien es cierto que jueces y magistrados, por lo que sea, suelen preferir dejar los casos judiciales  que conciernen a los expresidentes del  PP, para el siglo XXII.

Un apunte final. En el auto donde el juez José Luis Calama cita como investigado por presunto liderazgo de una “estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias”, no existen mensajes de autoinculpación de éste, bueno en realidad no existe que se sepa ningún mensaje referido a la trama de la que el juez supone que el expresidente es el líder. 

Y solo recordar que en derecho penal, para que haya delito de tráfico de influencias, debe existir pruebas verificables, de un influenciador y de un influenciado, que no constan en el auto. Igualmente, un juez instructor nunca puede emitir en un auto una acusación contra un investigado, además sin pruebas directas, como le ha ocurrido al expresidente Zapatero.  

Y una cosa más, un imputado o acusado en un proceso judicial, no tiene que demostrar su inocencia, puesto que por ley, cualquier persona lo es, mientras no se demuestre lo contario.

Fuente: Publico.es ; El Plural.com

16 de mayo de 2026

ESTUDIO Y OPINIÓN. De los aportes positivos y negativos de la extrema derecha a la democracia europea en general y a la española en particular. Y de las consecuencias derivadas de los riesgos extremos.

1. INTRODUCCIÓN

¿Qué se entiende por extrema derecha y por qué importa para la democracia?

La extrema derecha suele caracterizarse por un nacionalismo excluyente, una visión jerárquica (a veces étnico-cultural) de la identidad nacional, una desconfianza hacia el pluralismo y, con frecuencia, una aproximación instrumental a la democracia: acepta elecciones, pero tiende a cuestionar límites liberales —como la independencia judicial, la libertad de prensa o la igualdad ante la ley— cuando esos límites obstaculizan su agenda.

En Europa y, específicamente, en España, la presencia de estos movimientos plantean una cuestión democrática central, ¿pueden integrarse sin erosionar garantías fundamentales? ¿o tienden, por su lógica política, a empujar la democracia hacia formas de “mayoría sin contrapesos”, o incluso hacia regímenes autoritarios?

2. APORTES POSITIVOS. ¿Qué seguro algún beneficio aportarán a la democracia, o no?

Aunque los efectos globales y los riesgos suelen ser más preocupantes que los beneficios, es razonable reconocer ciertos aportes que, en algunos casos, pueden interactuar de forma indirecta con los mecanismos democráticos.

2.1. Forzar debates sobre inmigración, identidad y seguridad (y hacerlos más visibles)

En muchos países europeos, la extrema derecha ha presionado para que temas como inmigración irregular, crimen, seguridad y el impacto cultural de la globalización pasen a primer plano. En una democracia, que un tema exista en la agenda política no es en sí un problema; lo cuestionable es el marco con el que se discute, si este consiste en deshumanizar,  estigmatizar y no proponer soluciones compatibles con la Constitución.

Posible aporte positivo.- Ampliar el debate público sobre políticas de frontera y seguridad, siempre que se aborden con datos, legalidad y enfocado a derechos y libertades .

2.2. Competencia política y señalización de malestar social

Cuando crecen estos partidos, suele haber señales de frustración: desigualdad percibida, desafección institucional, problemas de vivienda o precariedad, o sensación de pérdida de soberanía cultural/económica. La extrema derecha puede actuar como “termómetro” de tensiones reales.

Posible aporte positivo.- Obligar a gobiernos y partidos tradicionales a responder a problemas que, por miedo o conveniencia, se trataban con menor intensidad.

2.3. Participación electoral y movilización (como parte del pluralismo)

La participación masiva de electores en elecciones puede considerarse una forma de pluralismo político, incluso si el ideario de un movimiento es problemático.

Posible aporte positivo.- Si se mantiene la contienda competitiva con reglas iguales para todos, la democracia formal puede seguir viva (elecciones, oposición, etc.).

3. APORTES NEGATIVOS. Los mecanismos de erosión democrática

Aquí es donde la extrema derecha suele mostrar patrones más consistentes. Los riesgos no son solo “morales”, sino institucionales: afectan a reglas del juego democrático.

3.1. Erosión del pluralismo.  “Enemigo interno” y deslegitimación del adversario.

Una característica frecuente es tratar a opositores, minorías o instituciones como “enemigos de la nación”. Esto debilita el consenso democrático mínimo: si el adversario no es legítimo, los límites dejan de funcionar.

Consecuencia negativa.- Polarización intensa y normalización de la deslegitimación política (“no son como nosotros”, “no merecen representación”, etc.), que facilita escaladas.

3.2. Ataque a derechos y libertades, como libertad de prensa, legalidad y garantías.

En algunos contextos europeos, la extrema derecha promueve restricciones a la libertad de expresión (especialmente contra medios o activistas), endurecimiento punitivo o políticas que socavan garantías.

Consecuencia negativa.- Retroceso gradual e injustificable por razones esgrimidas como “por seguridad” o “por defensa de la identidad”, que puede volverse permanente.

3.3. Instituciones bajo presión como  independencia judicial, control democrático y cultura del “todo vale”

Cuando un movimiento crece, suele presionar cambios para reducir controles: fiscalización, contrapesos, regulaciones sobre nombramientos o límites a la acción gubernamental.

Consecuencia negativa.- Debilitamiento del Estado de derecho; cuando los contrapesos caen, la democracia se vuelve “electoral” pero pierde su sustancia liberal.

3.4. Política de identidad excluyente,  desigualdad de ciudadanía

El núcleo de muchos programas de extrema derecha es la idea de una “comunidad nacional” definida por origen, cultura o “pureza”. Eso puede traducirse en ciudadanía condicionada, trato diferencial o "prioridad nacional".

Consecuencia negativa.- Creación de ciudadanos de “segunda categoría” y aumento de discriminación estructural (laboral, educativa, policial o administrativa).

3.5. Normalización de violencia política e intolerancia

Aunque no siempre sea “directa”, la tolerancia social hacia discursos de odio puede aumentar. En ciertos lugares, la radicalización en calles y redes alimenta un clima de miedo.

Consecuencia negativa.- En el extremo, se facilita la intimidación y el silenciamiento de la oposición y de minorías.

4. EUROPA. Panorama de efectos probables

En Europa, el gran patrón es el siguiente: incluso cuando la extrema derecha no alcanza el poder, puede influir en gobiernos de coalición o en agendas mediante “efecto desplazamiento” (mueve el centro del debate hacia posturas más duras). Cuando participa en gobiernos o controla ministerios, los riesgos se amplifican: se normaliza la excepcionalidad y se endurecen políticas con impacto en derechos y libertades.

4.1 Probables consecuencias en Europa de los riesgos extremos de la ultraderecha

Si la tendencia se radicaliza o se consolida en el poder con debilidad institucional, las consecuencias extremas podrían incluir:

  1. Desmantelamiento progresivo del Estado de derecho (reducción de independencia judicial, manipulación de organismos de control).
  2. Restricciones severas a la libertad de prensa y a la oposición, con persecución o campañas de acoso.
  3. Escalada de violencia política y debilitamiento de la convivencia civil.
  4. Políticas migratorias y antidiscriminatorias que pasen de ser restrictivas a abiertamente inhumanas o incompatibles con el marco internacional de derechos.

No todas estas derivas ocurren en todos los países; pero la historia reciente europea muestra que, cuando coinciden polarización, crisis económica, debilidad de contrapesos y alta tolerancia social al autoritarismo, el riesgo crece.

5. ESPAÑA. Aportes y riesgos en el contexto específico

España tiene un marco institucional relativamente robusto (aunque tensionable) y una cultura democrática consolidada desde la Transición. Aun así, la extrema derecha puede afectar el ecosistema democrático por la vía de la agenda, la movilización y el marco cultural del conflicto.

5.1. Aportes positivos potenciales en España

  1. Obligar a tratar el malestar social.- Problemas de inseguridad percibida, desempleo en determinados territorios, disfunciones institucionales o la gestión de la inmigración.
  2. Introducir presión sobre políticas públicas, en áreas concretas, como seguridad, orden público, frontera y cohesión social.

Límite crucial.- Que dichas políticas se formulen dentro del Estado de derecho y con enfoque constitucional; si no, se convierten en riesgos en lugar de aportaciones positivas.

5.2. Aportes negativos. Riesgos concretos para la democracia española

En España, el mayor peligro suele ser menos “golpista” que “de erosión gradual”:

  • Normalización del discurso identitario excluyente que pone en cuestión la igualdad de derechos y libertades.
  • Tensión con el pluralismo territorial y cultural, si el nacionalismo excluyente se combina con una lectura rígida de la identidad.
  • Instrumentalización de la política contra instituciones (jueces, organismos de control, medios) cuando no se dan los resultados deseados.

5.3 Probables consecuencias extremas en España (por el lado negativo)

En el peor de los casos extremos por el lado negativo, si la extrema derecha logra consolidar poder o influir decisivamente:

  1. Ataques a garantías de igualdad ante la ley (políticas discriminatorias o arbitrariedad administrativa).
  2. Restricción del espacio cívico.- Dificultades para protestas, asociaciones o medios críticos.
  3. Erosión del pluralismo político y territorial.- Polarización con consecuencias sobre convivencia.
  4. Clima social de intimidación, y aumento de incidentes de odio, que termine justificando medidas excepcionales.

El riesgo “extremo” no es solo normativo (lo que se aprueba en leyes), sino cultural e institucional, es decir , cambiar la “normalidad democrática” hasta que el desacuerdo se convierta en amenaza.

6. CONCLUSIÓN. El dilema democrático y cómo minimizar el peor escenario

La extrema derecha puede ofrecer, al menos de forma indirecta, un canal de expresión de problemas reales (agenda, malestar, percepción de inseguridad). Pero su contribución positiva es frágil: suele venir acompañada de marcos que tratan la pluralidad como amenaza y los derechos como obstáculo.

Por ello, el punto decisivo no es únicamente si obtiene votos, sino qué se hace con el poder o con la influencia

El riesgo extremo, tanto en Europa como en España, aparece cuando se combinan tres factores:

  1. Polarización social (les suena que en España hay familias que ni siquiera se hablan entre sí sus miembros por discrepancias políticas) 
  2. Erosión de contrapesos (les suena que el Tribunal de Garantías o el Congreso de Diputados son poco constitucionales según la ultraderecha) No así el Senado o el Tribunal Supremo que son más favorables a los intereses de la derecha radical.
  3. Normalización del “enemigo interno” (recuerdan lo del sanchismo).

La respuesta democrática más efectiva —más que la simple descalificación— consiste en:

  • fortalecer el Estado de derecho y los controles,
  • sostener políticas públicas basadas en evidencia y legalidad,
  • proteger la libertad de prensa y la igualdad ante la ley,
  • y atender causas sociales del malestar sin ceder al marco identitario excluyente.
Fuente: Medios digitales.

ANEXO I

RESUMEN ESTRUCTURADO. De los Aportes positivos y negativos de la extrema derecha a la democracia en Europa y en España

1. Introducción

La “extrema derecha” incluye movimientos y partidos nacionalistas, identitarios, ultraconservadores o autoritarios que suelen defender:

  • fuerte soberanía nacional,
  • control de inmigración,
  • valores tradicionales,
  • crítica a las élites políticas y a la globalización,
  • euroescepticismo (en algunos casos).

No todos los partidos de extrema derecha son iguales: algunos participan plenamente dentro de sistemas democráticos, mientras otros muestran tendencias iliberales o autoritarias.

EUROPA

1. Aportes positivos señalados por sus defensores o por algunos analistas

A. Representación de sectores descontentos

Partidos como Rassemblement National, Alternative für Deutschland o Fratelli d'Italia han canalizado:

  • malestar económico,
  • desconfianza hacia las élites,
  • preocupación por inmigración y seguridad,
  • sensación de pérdida cultural.

Impacto democrático positivo posible:

  • incorporan al debate público demandas ignoradas,
  • aumentan la participación política de votantes desencantados,
  • fuerzan a partidos tradicionales a responder a problemas sociales reales.

B. Crítica a la burocracia y al déficit democrático europeo

Muchos movimientos de extrema derecha cuestionan instituciones como la Unión Europea por:

  • exceso de centralización,
  • tecnocracia,
  • distancia respecto al ciudadano.

Aspectos positivos señalados:

  • promueven debates sobre soberanía,
  • exigen mayor transparencia institucional,
  • impulsan discusión sobre límites de integración europea.

C. Defensa de identidad nacional y cohesión cultural

Sus defensores argumentan que:

  • fortalecen el sentido de pertenencia nacional,
  • preservan tradiciones culturales,
  • favorecen políticas de integración más estrictas.

En algunos países esto ha influido en:

  • políticas migratorias más ordenadas,
  • debates sobre integración y multiculturalismo.

D. Reacción frente a inseguridad y terrorismo

Tras atentados y crisis migratorias, varios partidos propusieron:

  • controles fronterizos,
  • refuerzo policial,
  • medidas antiterroristas.

Parte de la población percibe estas políticas como una respuesta más firme frente a amenazas de seguridad.

2. Aportes negativos y riesgos para la democracia en Europa

A. Riesgo de erosión institucional

Algunos gobiernos asociados a la derecha radical han sido acusados de:

  • debilitar independencia judicial,
  • presionar medios de comunicación,
  • concentrar poder ejecutivo.

Ejemplos frecuentes en el debate europeo:

  • Hungría bajo Viktor Orbán,
  • tensiones institucionales en Polonia durante gobiernos del Ley y Justicia.

Riesgo democrático:

  • reducción de contrapesos,
  • debilitamiento del pluralismo político.

B. Discurso xenófobo o excluyente

Críticos sostienen que ciertos movimientos:

  • estigmatizan inmigrantes,
  • alimentan islamofobia,
  • fomentan polarización social.

Consecuencias posibles:

  • aumento de tensión social,
  • debilitamiento de convivencia multicultural,
  • normalización de discursos discriminatorios.

C. Nacionalismo extremo y debilitamiento de cooperación europea

El euroescepticismo radical puede:

  • dificultar acuerdos internacionales,
  • reducir cooperación entre estados,
  • debilitar proyectos comunes europeos.

Algunos analistas consideran que esto afecta:

  • estabilidad económica,
  • política climática,
  • gestión migratoria conjunta.

D. Simplificación populista

Se acusa a ciertos partidos de:

  • presentar soluciones simples a problemas complejos,
  • desacreditar expertos e instituciones,
  • fomentar desconfianza sistemática hacia prensa o parlamentos.

Esto puede deteriorar:

  • cultura democrática,
  • confianza institucional,
  • calidad del debate público.

ESPAÑA

1. Contexto español

La extrema derecha contemporánea en España se asocia principalmente a Vox, aunque existen grupos extraparlamentarios más radicales.

Su crecimiento se relaciona con:

  • crisis económica,
  • conflicto territorial catalán,
  • inmigración,
  • descontento con partidos tradicionales.

2. Aportes positivos señalados por sus defensores

A. Defensa de la unidad territorial

Uno de sus principales ejes ha sido:

  • oposición al independentismo,
  • defensa de la unidad del Estado.

Sus votantes consideran que:

  • ha reforzado el debate constitucional,
  • ha representado sectores preocupados por la cohesión nacional.

B. Mayor pluralidad política

La aparición de nuevas fuerzas ha roto el bipartidismo tradicional entre:

  • Partido Popular,
  • Partido Socialista Obrero Español.

Esto ha:

  • ampliado opciones electorales,
  • aumentado competencia política,
  • movilizado nuevos votantes.

C. Debate sobre inmigración y seguridad

La extrema derecha española ha impulsado:

  • discusión sobre fronteras,
  • control migratorio,
  • ocupación ilegal,
  • seguridad ciudadana.

Incluso partidos rivales han endurecido parcialmente algunos discursos o políticas.

D. Crítica a consensos políticos establecidos

Ha cuestionado:

  • políticas de memoria histórica,
  • legislación de género,
  • descentralización autonómica.

Sus seguidores consideran positivo que:

  • existan debates más amplios,
  • se cuestionen consensos considerados intocables.

3. Aspectos negativos y riesgos en España

A. Polarización política

Muchos analistas consideran que:

  • ha aumentado la confrontación ideológica,
  • endurecido el lenguaje político,
  • y favorecido un clima más agresivo.

Esto puede dificultar:

  • pactos institucionales,
  • consensos democráticos,
  • estabilidad parlamentaria.

B. Tensiones respecto a derechos de minorías

Críticos señalan posiciones controvertidas sobre:

  • inmigración,
  • feminismo,
  • derechos LGTBI,
  • memoria histórica.

El riesgo señalado es:

  • retroceso en protección de minorías,
  • incremento de discursos excluyentes.

C. Centralización y conflicto territorial

Su propuesta de recentralización del Estado genera preocupación en sectores que defienden:

  • autonomías,
  • pluralidad territorial,
  • diversidad lingüística y cultural.

D. Riesgo de desinformación y populismo

Como otros movimientos populistas europeos, se les acusa de:

  • uso intensivo de redes sociales polarizantes,
  • simplificación política,
  • confrontación emocional.

Esto puede:

  • aumentar la desconfianza institucional,
  • deteriorar la deliberación democrática.

4. Balance general

Elementos potencialmente positivos

  • representación de sectores descontentos,
  • ampliación del pluralismo político,
  • presión para debatir temas ignorados,
  • revisión crítica de instituciones y políticas públicas.

Riesgos y efectos negativos

  • polarización extrema,
  • debilitamiento institucional,
  • discursos excluyentes,
  • erosión de derechos y consensos democráticos,
  • populismo y desconfianza hacia instituciones.

8. Conclusión

La relación entre extrema derecha y democracia es compleja. En sistemas democráticos europeos y españoles, estos partidos pueden:

  • actuar como canales legítimos de representación política,
  • introducir debates relevantes,
  • movilizar votantes descontentos.

Pero también pueden:

  • tensionar normas democráticas,
  • fomentar polarización,
  • debilitar derechos o instituciones si adoptan prácticas autoritarias.

El impacto final depende de factores como:

  • fortaleza institucional,
  • cultura democrática,
  • independencia judicial,
  • libertad de prensa,
  • capacidad de diálogo político.
Fuente: Medios digitales.