12 de marzo de 2026

Guerra, poder, petróleo y cálculo político en Oriente Medio.

 La escalada bélica en Oriente Medio revela una dinámica de poder en la que la política interna, los intereses geoestratégicos, el petróleo y las rivalidades regionales se combinan de forma explosiva.


En el centro de esta crisis se sitúan las tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán, un triángulo de poder donde las decisiones contradictorias de Donald Trump han contribuido a que Benjamín Netanyahu marque el ritmo de la confrontación. 

El resultado es un conflicto que amenaza no solo con transformar el equilibrio político de Oriente Medio, sino también con desestabilizar la economía mundial.

La guerra contra Irán se desarrolla en un contexto de creciente inseguridad marítima y energética. El estrecho de Estrecho de Ormuz, paso estratégico por donde transita aproximadamente el 20 % del petróleo mundial, se ha convertido en un punto crítico de la confrontación. Los ataques a petroleros y cargueros, así como la amenaza iraní de considerar objetivos legítimos a buques vinculados con Estados Unidos, Israel o sus aliados, han generado un clima de incertidumbre global. El riesgo de un cierre efectivo de esta vía marítima, sumado al minado de la zona y a las operaciones militares en curso, plantea la posibilidad de una crisis energética de alcance global, con el precio del petróleo disparándose y el comercio internacional amenazado. Hoy mismo, en respuesta a la amenaza incluida en el discurso del líder supremo iraní en el sentido de cerrar el estrecho de Ormut y estrangular la economía mundial, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha restado importancia a la actual subida exponencial de los precios de la gasolina, considerando incluso que benefician a su país, asegurando que son “el mayor productor de petróleo del mundo de lejos, así que cuando los precios suben, ganamos un montón de dinero” que quizás para EE.UU. sea ése el motivo de esta guerra.

En este escenario, la política estadounidense aparece marcada por la ambigüedad. Las declaraciones de Trump sobre el final inminente de la guerra contrastan con la realidad sobre el terreno. Mientras el presidente afirma que el conflicto terminará cuando él lo decida, los hechos indican que la capacidad militar y política de Irán está lejos de haber sido derrotada. Esta contradicción debilita la posición estratégica de Washington y deja espacio para que Israel actúe con una autonomía cada vez mayor.

Netanyahu ha sabido aprovechar este margen de maniobra. Su gobierno ha intensificado los ataques contra objetivos en Irán y ha abierto simultáneamente un segundo frente en el Líbano. Con ello persigue varios objetivos: debilitar decisivamente al régimen iraní, neutralizar a sus aliados regionales y consolidar la posición estratégica de Israel. Sin embargo, estas metas geopolíticas se mezclan con cálculos políticos internos. El líder israelí enfrenta procesos judiciales por corrupción y unas elecciones parlamentarias decisivas; una guerra prolongada puede reforzar su liderazgo y consolidar el apoyo de un electorado que percibe el conflicto como una lucha existencial.

La ofensiva en el Líbano ilustra esta estrategia de expansión del conflicto. Bajo el argumento de destruir a las milicias de Hezbollah, Israel ha llevado a cabo bombardeos masivos en el sur del país, en el valle de la Bekaa y en los suburbios de Beirut. La presencia de bases de la milicia en áreas urbanas ha provocado que numerosos ataques afecten directamente a zonas residenciales, generando una grave crisis humanitaria con cientos de muertos y cientos de miles de desplazados. Este patrón recuerda al que se produjo en la devastación de la Franja de Gaza, tras la ofensiva iniciada después del ataque de Hamas contra Israel en 2023.

El riesgo de replicar el “modelo Gaza” en el Líbano preocupa a muchos analistas y gobiernos de la región. A diferencia de Gaza, el Líbano es un Estado con múltiples fracturas internas y con instituciones debilitadas, lo que lo hace particularmente vulnerable a una desestabilización profunda. La posibilidad de que parte de su territorio sea ocupado o controlado indirectamente por Israel alimenta los temores de una transformación radical del mapa político regional.

En paralelo, la guerra contra Irán también planteaba incertidumbres sobre el futuro del liderazgo iraní. El asesinato del líder supremo Ali Jamenei, abrió dudas sobre una disputa por la sucesión que podría reforzar a sectores más radicales del régimen, especialmente a aquellos vinculados con los Guardianes de la Revolución. La llegada al poder de Mojtaba Jameneí —hijo del anterior líder supremo fallecido al ser considerado del sector duro, en teoría, podría prolongar el ciclo de confrontación y dificultar cualquier intento de negociación.

En conclusión, el conflicto actual refleja cómo las guerras contemporáneas no se explican únicamente por rivalidades militares y económicas, sino también por cálculos políticos internos y disputas por la hegemonía regional.

 Las contradicciones de la política estadounidense han permitido a Israel ampliar su margen de acción, mientras que la estrategia de Netanyahu combina ambiciones geopolíticas con necesidades electorales.

 En medio de estas maniobras de poder, el mayor costo lo pagan las poblaciones civiles de Irán, el Líbano y Palestina, atrapadas en una guerra que amenaza con extenderse y redefinir el equilibrio de Oriente Medio durante las próximas décadas.

Fuente: Publico.es

11 de marzo de 2026

DESUNIÓN EUROPEA. Del eje francoalemán frente a la alianza ibérica. Tensiones en la política europea contemporánea.

En el escenario geopolítico actual, la Unión Europea parece atravesar una nueva fase de tensiones internas respecto a su posicionamiento en el orden internacional.

  

Por un lado, el tradicional eje francoalemán, representado por la presidenta alemana de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente francés, Emmanuel Macron, aparece alineado con la estrategia internacional de Estados Unidos. 

Por otro lado, la denominada alianza ibérica, encarnada por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el portugués António Costa, presidente del Consejo Europeo, se presenta como un contrapeso que reivindica el respeto al derecho internacional y una mayor autonomía estratégica europea.

Del alineamiento del eje francoalemán con Washington

La actuación de Ursula von der Leyen ha sido interpretada por algunos sectores como una muestra de cercanía con la política exterior estadounidense. En diversas declaraciones, la presidenta de la Comisión Europea ha sugerido que el sistema internacional basado en normas podría no ser suficiente para afrontar la realidad geopolítica actual. Al afirmar que “ya no podemos confiar plenamente en un sistema basado en reglas”, abrió un debate dentro de la propia Unión Europea sobre el papel del derecho internacional en la política exterior comunitaria.

No obstante, ante las críticas generadas por estas palabras, Von der Leyen matizó posteriormente su posición ante el Parlamento Europeo, reafirmando el “compromiso inquebrantable” de la Unión Europea con el derecho internacional y asegurando que la UE continuará defendiendo los principios recogidos en la Carta de las Naciones Unidas. Este giro refleja las tensiones entre una visión más pragmática o realista de las relaciones internacionales y la tradición europea de defensa del multilateralismo.

En paralelo, Emmanuel Macron ha tratado de proyectar una imagen de liderazgo estratégico europeo, especialmente en el ámbito militar y de la disuasión nuclear. Sin embargo, sus gestos simbólicos y su intento de mantener una interlocución privilegiada con el expresidente estadounidense Donald Trump han sido interpretados por algunos críticos como intentos poco efectivos de reforzar la influencia francesa en el contexto transatlántico.

Históricamente, Francia ha defendido una relativa independencia estratégica respecto a Estados Unidos, especialmente desde la decisión del presidente Charles de Gaulle de distanciarse parcialmente de la estructura militar de la OTAN durante la Guerra Fría. Por ello, el actual posicionamiento francés es visto por algunos analistas como una evolución o reinterpretación de esa tradición.

La alianza ibérica como contrapeso político

Frente a esta orientación, España y Portugal han tratado de articular un discurso alternativo dentro de la Unión Europea. Pedro Sánchez ha mantenido una postura crítica frente a las intervenciones militares consideradas contrarias al derecho internacional, insistiendo en la necesidad de soluciones diplomáticas y de preservar los principios multilaterales.

En este contexto, Sánchez ha defendido que la política exterior debe basarse en el respeto entre naciones y en el diálogo, rechazando la idea de que la violencia o la presión militar puedan ser herramientas legítimas para resolver conflictos internacionales. Sus declaraciones también han subrayado la importancia de la autonomía de los Estados a la hora de definir su política exterior.

Por su parte, António Costa ha reforzado esta línea argumental desde su posición en el Consejo Europeo. El dirigente portugués ha insistido en que la Unión Europea debe defender los principios recogidos en la Carta de Naciones Unidas y evitar un escenario internacional dominado por esferas de influencia o por el unilateralismo de las grandes potencias. En su visión, el mundo actual exige soluciones multilaterales que eviten una mayor fragmentación global.

 La cooperación entre España y Portugal no es nueva. Durante los años en los que Costa fue primer ministro portugués, ambos gobiernos ya impulsaron iniciativas conjuntas dentro de la Unión Europea, como la llamada “excepción ibérica” en materia energética, que buscaba mitigar el impacto de la crisis energética en la península.

CONCLUSIÓN

Las posiciones divergentes entre el eje francoalemán y la alianza ibérica reflejan un debate más profundo sobre el papel de Europa en el mundo. Mientras algunos líderes apuestan por una política exterior más pragmática y alineada con los intereses estratégicos de Estados Unidos, otros defienden una mayor autonomía europea basada en el multilateralismo y el respeto al derecho internacional.

Estas tensiones no solo muestran la pluralidad de visiones dentro de la Unión Europea, sino también las dificultades del bloque para articular una política exterior verdaderamente común. En un contexto internacional cada vez más multipolar, el desafío para Europa será encontrar un equilibrio entre sus alianzas tradicionales y la defensa de los principios que han definido su proyecto político desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Fuente: El Pural.com


POSDATA

Sabidas las consecuencias de los conflictos armados, es de suponer, no quede nadie a favor de los mismos, excepto algún seguidor o usuario del reverso tenebroso de la fuerza.

Por ello considero, que la Presidenta de la Comisión Europea, tanto sino se retracta de lo manifestado a favor de países agresores, como si  lo hiciese, y luego volviese a reincidir sobre dicho asunto en el mismo sentido, en ese caso, mejor sería dimitiese de su cargo, porque como ciudadano europeo y en mi modesta opinión, entiendo no está preparada para desempeñar tal alto cargo en la Unión Europea. 

Puesto que, no es lo mismo que se pronuncien en esos términos, jarrones chinos ya jubillados y políticos sin responsabilidades de gobierno, que altos cargos políticos que en el ejercicio de sus funciones, tengan tan poco respeto por los derechos humanos.


OTRO POSDATA

De las bases de EE.UU. en España: entre la estrategia militar y la tensión diplomática

La presencia militar de Estados Unidos en España ha sido durante décadas uno de los pilares de la cooperación entre ambos países dentro del marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Sin embargo, en los últimos años esta relación se ha visto sometida a tensiones políticas y a debates sobre la utilidad estratégica de determinadas instalaciones militares. En particular, la base naval de Rota y la base aérea de Morón se han convertido en puntos clave tanto para la estrategia estadounidense en el Mediterráneo como para el posicionamiento internacional de España.

Importancia estratégica de Rota para EE.UU.

  • La base de Rota es considerada por expertos como imprescindible para el control del Mediterráneo occidental y el acceso al canal de Suez.
  • Es una pieza clave para las operaciones navales y logísticas estadounidenses en Europa, África y Oriente Medio.

Contexto histórico y político

  • España aprobó su permanencia en la OTAN en 1986, lo que abrió la puerta a una cooperación militar más estrecha con EE.UU.
  • En 1988 se firmó el Convenio de Cooperación para la Defensa, que regulaba el uso de bases españolas por parte de EE.UU. (Torrejón, Zaragoza, Rota y Morón).
  • Con el tiempo, EE.UU. redujo su presencia en Torrejón y Zaragoza, concentrándose en Rota y Morón por su mayor valor estratégico.

Tensiones y renegociación futura

  • Las relaciones entre España y EE.UU. se han deteriorado recientemente, y las bases vuelven a aparecer como moneda de cambio diplomática.
  • Sectores conservadores en EE.UU. buscan cuestionar la utilidad de Rota para presionar en futuras negociaciones.
  • El artículo plantea que Donald Trump, si sigue en el poder en 2028, podría intentar renegociar el acuerdo usando como amenaza un traslado a Marruecos, aunque los expertos consideran esta opción irrealista.

CONCLUSIÓN FINAL (a ese respecto) 

  • Rota es demasiado estratégica para que EE.UU. renuncie a ella.
  • La retórica sobre un posible traslado sería más una herramienta de presión política que una posibilidad real.
  • En lo concerniente a la guerra con Irán y en mi opinión, la primera potencia del mundo bien haría en asumir sus propios errores de cálculo, y dejar de culpabilizar al resto de países  que ya tenemos suficiente con aguantar la crisis global que se nos viene encima— a consecuencia de esta guerra ilegal y del seguidismo de la actual Administración de EEUU, a las ansias de poder y venganza de  Netanyahu, primer ministro  de Israel.

ANEXO I

DATOS ACTUALIZAZOS, DEL COSTE DE LA GUERRA CON IRÁN, PARA EE.UU.

Hasta el 12 de marzo de 2026, la guerra de Estados Unidos contra Irán (denominada "Operación Epic Fury") ha tenido un coste masivo en sus primeros días de combate directo: 

  • Primera semana (6-7 días).- El Pentágono estima que el coste ha superado los 11.300 millones de dólares.
  • Coste diario.- Los analistas calculan un gasto promedio de entre 890 millones y 1.000 millones de dólares al día.
  • Gasto en municiones.- Solo en los dos primeros días, el Departamento de Defensa informó de un gasto de 5.600 millones de dólares en armamento.
  • Primeras 100 horas.- El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) situó el coste inicial en 3.700 millones de dólares.
  • Pérdidas de activos.- Se estima que Irán ha destruido o dañado equipo militar estadounidense valorado en unos 2.550 millones de dólares, incluyendo un sistema de radar avanzado en Qatar. 

 

DESGLOSE DE GASTOS (estimaciones iniciales)

CONCEPTO

COSTE ESTIMADO

Reposición de municiones

3.100 millones de dólares

Pérdidas en combate y reparaciones

350 millones de dólares

Costes operativos

196 millones de dólares

 

Este gasto debería añadirse a lo que Estados Unidos ya había destinado a operaciones anteriores relacionadas con Oriente Medio (incluyendo ayuda a Israel y tensiones previas con Irán) entre finales de 2023 y 2025, que aproximadamente serían, entre 31.350 y 33.770 millones de dólares.

 Fuente: The New York Thimes

CONFLICTOS BÉLICOS. ¿Cuánto cuestan las guerras actuales, a las puertas de Unión Europea? Similitudes y diferencias entre ellas

  

Ver los costes de una guerra, implica siempre, definir primero sobre quien repercuten los mismos, si para países agresores o para los agredidos o bien para el resto de países del mundo. Y a que concepto se refieren, económicos o humanos.


COSTES EN TÉRMINOS ECONÓMICOS PARA PAÍSES AGRESORES

Resultados de los Costes de Israel en su guerra en Oriente Medio: destrucción inmediata, reconstrucción imposible.

Desde los inicios de la historia humana, la guerra ha tenido un precio. No solo en vidas humanas y en destrucción social, sino también en términos económicos. Sin embargo, en el mundo contemporáneo ese costo ha alcanzado dimensiones extraordinarias. El conflicto que comenzó en 2023 en la Franja de Gaza y la posterior escalada militar entre Israel, Irán y Estados Unidos representan uno de los ejemplos más claros de cómo la guerra puede convertirse en un abismo financiero capaz de absorber recursos que, en otras circunstancias, podrían destinarse al desarrollo y la reconstrucción.

En el caso del conflicto entre Israel y Hamás, los costos económicos ya han alcanzado cifras históricas. Según estimaciones del Banco de Israel, la guerra iniciada tras los ataques del 7 de octubre de 2023 ha superado los 352.000 millones de shekels, equivalentes a más de 110.000 millones de dólares, una suma que representa aproximadamente una quinta parte de la economía israelí. Esta cifra incluye no solo los gastos militares directos —que rondan los 243.000 millones de shekels— sino también compensaciones a la población civil, intereses derivados del aumento de la deuda pública y diversas intervenciones económicas destinadas a sostener el funcionamiento del país en un contexto de movilización permanente.

El ritmo del gasto ha sido especialmente elevado. Durante las fases más intensas del conflicto, el costo promedio de las operaciones militares se ha estimado en unos 300 millones de shekels diarios, cerca de 100 millones de dólares al día. Cada elemento de la maquinaria bélica —desde la intercepción de cohetes hasta el lanzamiento de misiles o las horas de vuelo de los cazas— tiene un costo específico que se acumula rápidamente en los presupuestos estatales.

A esta dimensión financiera se suma una movilización militar sin precedentes en la historia reciente del país. Durante el primer año de guerra, más de 300.000 reservistas israelíes fueron convocados, a los que se añaden alrededor de 170.000 militares en servicio permanente. El impacto económico de esta movilización no se limita al gasto militar directo. La retirada de cientos de miles de trabajadores del mercado laboral implica fábricas paralizadas, oficinas vacías y una reducción significativa de la producción. El propio Banco Central israelí estima que cada reservista movilizado supone una pérdida mensual de alrededor de 38.000 shekels en producción económica, lo que equivale a algo más de 10.000 euros. Este impacto se agrava con la reciente ampliación del conflicto regional, que ha llevado al Ministerio de Defensa a convocar otros 100.000 reservistas.

El peso financiero del conflicto tampoco recae únicamente sobre Israel. Estados Unidos, principal aliado militar del país, ha asumido también costos considerables. Según el proyecto de investigación Costs of War, desarrollado por la Watson School of International and Public Affairs de la Universidad de Brown, Washington ha proporcionado más de 21.000 millones de dólares en ayuda militar a Israel desde 2023, además de entre 9.000 y 12.000 millones de dólares adicionales destinados a operaciones militares en la región, particularmente en el Mar Rojo y el Golfo Pérsico.

Si se analiza la situación desde la perspectiva de la destrucción sobre el terreno, las cifras adquieren una dimensión aún más dramática. En la Franja de Gaza, las estimaciones conjuntas de Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Unión Europea indican que la reconstrucción costará al menos 70.000 millones de dólares y podría requerir varias décadas. Actualmente viven en el enclave más de dos millones de personas, y aproximadamente el 84 % de los edificios e infraestructuras —incluidos hospitales, escuelas y sistemas de agua y energía— han sido dañados o destruidos. Además, se calcula que unas 425.000 viviendas han resultado afectadas y que 55 millones de toneladas de escombros deben ser retiradas antes de iniciar cualquier proceso serio de reconstrucción.

Estas cifras revelan una paradoja profundamente inquietante: destruir resulta mucho más rápido y, en términos políticos, aparentemente más sencillo que reconstruir. Mientras que una ciudad puede ser devastada en cuestión de días o semanas, su reconstrucción requiere décadas de inversión sostenida, estabilidad política y cooperación internacional.

La escalada reciente entre Israel e Irán ha agravado aún más esta dinámica. Los intercambios de ataques y represalias, con la participación directa o indirecta de Estados Unidos, están transformando el conflicto en una confrontación regional cada vez más costosa. Las operaciones militares han golpeado miles de objetivos en múltiples oleadas de ataques, mientras que Irán ha respondido con misiles balísticos y drones dirigidos contra territorio israelí y contra intereses estadounidenses en la región. Esta confrontación ha involucrado, directa o indirectamente, a varios países de Oriente Medio, entre ellos Irak, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Azerbaiyán, Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin y Chipre.

Según estimaciones citadas por la agencia Reuters, una guerra abierta con Irán podría costar a Israel varios miles de millones de dólares cada semana, considerando los gastos de movilización militar, defensa antimisiles y la ralentización de la actividad económica. Al mismo tiempo, el conflicto ha reactivado otros frentes regionales, como el del Líbano con los restos de Hezbolá y las acciones de los hutíes yemeníes en el Golfo Pérsico.

En este contexto, Gaza corre el riesgo de desaparecer del centro de la atención internacional o de convertirse simplemente en el trágico preludio de una confrontación geopolítica más amplia. Detrás de la guerra se entrelazan intereses estratégicos relacionados con rutas energéticas, corredores comerciales y el control de territorios clave en una de las regiones más sensibles del planeta.

La paradoja final es tan evidente como inquietante. Mientras cientos de miles de millones de dólares se destinan a la guerra, los recursos disponibles para la reconstrucción y el desarrollo resultan mínimos en comparación. Con una fracción de esas sumas sería posible financiar infraestructuras, sistemas sanitarios, programas educativos y proyectos de desarrollo económico que beneficiarían a millones de personas.

Sin embargo, Oriente Medio continúa siendo uno de los mayores mercados mundiales para la industria armamentística. En este escenario, los conflictos tienden a prolongarse y a retroalimentarse, beneficiando a quienes encuentran en la guerra una fuente permanente de poder e ingresos. Para ellos, el conflicto no es una tragedia que deba terminar, sino un sistema que se perpetúa más allá de cualquier solución política posible. Mientras tanto, las poblaciones civiles —huérfanos, mutilados, ancianos y víctimas de traumas de guerra— seguirán cargando durante décadas con el verdadero costo de un conflicto que el mundo parece incapaz de detener.

Fuente: AsiNews.it

Costes para Estados Unidos de la guerra contra Irán

En 100 horas la ofensiva Epic Fury de EE.UU. contra Irán ya costó más de 5.800 millones de dólares

Los primeros cuatro días de la operación militar estadounidense implicaron gastos estimados en 5.820 millones de dólares. Mientras Irán habría causado daños por valor de unos 2.520 millones de dólares a activos militares de EE.UU. en la región.

El consumo acelerado de misiles interceptores y municiones explica gran parte del aumento de costos operativos.

El Grupo de Ataque del Portaaviones Gerald R. Ford continúa sus operaciones ininterrumpidas en apoyo de la Operación Epic Fury desde el mar Mediterráneo. Con otro Grupo de Ataque del Portaaviones en Oriente Medio, las fuerzas estadounidenses están presionando a Irán desde el mar.

Las primeras 100 horas de la Operación “Epic Fury”, la ofensiva militar de Estados Unidos contra Irán, han generado un costo estimado de 5.820 millones de dólares, según cálculos recopilados por la agencia Anadolu. La cifra representa aproximadamente el 0,69 % del presupuesto de defensa estadounidense para 2026.

De ese total, cerca de 3.300 millones de dólares corresponden a gastos operativos, incluyendo el uso intensivo de municiones, operaciones navales y despliegue aéreo. Los primeros cálculos indican que solo las primeras 24 horas de la ofensiva costaron unos 779 millones de dólares, una cifra que, de acuerdo con análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS), se mantiene como referencia aproximada del gasto diario.

A estos costos se suman pérdidas de activos militares valoradas en unos 2.520 millones de dólares, producto de ataques de represalia iraníes contra instalaciones y equipos estadounidenses en Medio Oriente. Entre los daños más costosos figura un radar de alerta temprana AN/FPS-132 en la base aérea Al-Udeid, en Qatar, valorado en 1.100 millones de dólares, que fue alcanzado por un misil iraní.

También se registraron tres cazas F-15E Strike Eagle destruidos en un incidente de fuego amigo con defensas aéreas kuwaitíes, con un costo estimado de 282 millones de dólares, además del derribo de tres drones MQ-9 Reaper pertenecientes a la Fuerza Aérea estadounidense, valorados en unos 90 millones de dólares.

Instalaciones militares estadounidenses en la región también han sufrido daños. Un ataque iraní contra la sede de la Quinta Flota de EE.UU. en Bahréin destruyó dos terminales satelitales AN/GSC-52B, mientras que imágenes satelitales mostraron tres radomos destruidos en Camp Arifjan, Kuwait, lo que suma decenas de millones de dólares en pérdidas adicionales.

El uso intensivo de sistemas defensivos también ha elevado el costo de la operación. Estimaciones del Payne Institute indican que Estados Unidos ha disparado aproximadamente 180 interceptores navales SM-2, SM-3 y SM-6, además de 90 misiles Patriot y 40 interceptores THAAD, mientras que los grupos de combate de los portaaviones USS Abraham Lincoln y USS Gerald R. Ford continúan operando en la región con un gasto estimado de 15 millones de dólares diarios.

Fuente: Escenario mundial

El coste de la guerra de Rusia desde 2022 contra Ucrania asciende a 2,5 billones de dólares.

Un estudio realizado por dos investigadores estadounidenses sitúa el coste de la guerra de Rusia contra Ucrania en 2,5 billones de dólares en cuatro años de conflicto, basándose en las pérdidas humanas, materiales y económicas.

Así, el Kremlin habría gastado cerca de 35 millones de dólares por cada kilómetro cuadrado de territorio conquistado en Ucrania desde 2022.

Tras más de cuatro años de guerra a gran escala contra Ucrania, el ejército ruso ocupa hoy menos de una quinta parte del territorio del país (19,3% a 6 de marzo). Esta conquista se ha logrado a costa de más de un millón de bajas humanas, 12.000 carros de combate, cerca de 25.000 vehículos blindados y unos 400 aviones.

Según un estudio de David R. Henderson, investigador de la Hoover Institution, y Ryan Sullivan, de la Naval Postgraduate School, publicado el martes 3 de marzo, el coste total de la guerra para Moscú ascendería a 2,5 billones de dólares .

Para llegar a esta cifra, los autores han estimado el «coste de vida» de cada soldado ruso muerto y herido en Ucrania desde febrero de 2022, valorado en 2,6 millones de dólares por cada muerto y 270.000 dólares por cada herido.

El coste representado por las pérdidas de material militar se estima en 125.000 millones de dólares, los costes operativos asociados a la conducción de la guerra en 3.100 millones de dólares al mes y las pérdidas de riqueza (es decir, el PIB «perdido» debido a la guerra) en 1,124 billones de dólares.

El total asciende a cerca de 2,5 billones de dólares, lo que representa el 115% del PIB ruso para 2024, según cifras del Banco Mundial.

Es muy difícil estimar los costes de un conflicto en curso. Esto es aún más cierto en el caso de Rusia, que desde 2022 está retirando sistemáticamente del espacio público varios cientos de series estadísticas relativas a la salud, la educación, los salarios de los funcionarios y el coste de la vivienda 2.

Estas podrían utilizarse para intentar estimar con mayor precisión el impacto de la guerra en el nivel de vida de la población, pero también las consecuencias a largo plazo del conflicto.

Si bien el gasto militar ruso parece disminuir gradualmente tras alcanzar un pico a finales de 2024, según las estimaciones del economista alemán Janis Kluge, habría superado los 24.600.000 millones de rublos (270.000 millones de euros) en los tres primeros trimestres de 2025.

Esta cifra corresponde al cuádruple de la cantidad de 2021, es decir, el año anterior al inicio de la invasión a gran escala, durante el mismo periodo: 6,2 billones de rublos (68.000 millones de euros).

Esta estimación del coste de la guerra para Moscú debe compararse con el escaso avance del ejército durante estos cuatro años de guerra. Según el estudio de Henderson y Sullivan, y tomando las cifras del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), el Kremlin habría gastado cerca de 35 millones de dólares por cada kilómetro cuadrado de territorio conquistado en Ucrania desde 2022.

GUERRA UCRANIANA. Alto coste territorial y humano, además de económico.

La guerra de desgaste en Ucrania, provoca que Territorio, Poder y Geopolítica esté en  constante transformación

Casi cuatro años después del inicio de la invasión rusa a Ucrania, el conflicto se ha transformado en una guerra de desgaste que ha redefinido no solo el mapa del país, sino también su economía, su estructura política y la vida cotidiana de millones de ciudadanos. Lo que comenzó el 24 de febrero de 2022 como una ofensiva militar a gran escala ordenada por el presidente ruso Vladimir Putin, se ha convertido en un enfrentamiento prolongado con profundas consecuencias para Europa y para el equilibrio geopolítico global. A pesar de los avances territoriales limitados de Moscú y de la resistencia sostenida de Kiev, el conflicto continúa generando enormes pérdidas humanas, presiones económicas severas y nuevas tensiones diplomáticas que podrían marcar precedentes para futuras disputas internacionales.

Desde el comienzo de la invasión, Europa ha presenciado el retorno de un tipo de guerra que parecía relegado al pasado: enfrentamientos convencionales entre ejércitos regulares, con líneas de frente relativamente estáticas, artillería masiva y disputas territoriales directas. Sin embargo, detrás de esta apariencia de guerra “clásica” se esconde un conflicto profundamente geopolítico. El Kremlin ha justificado la invasión argumentando que Ucrania forma parte de los “territorios históricos” rusos, una narrativa que apela a la memoria de la desaparecida Unión Soviética y que, según varios analistas, refleja una visión imperial del espacio postsoviético. Esta postura choca con el orden internacional consolidado después de la Segunda Guerra Mundial, basado en el principio de autodeterminación de los pueblos y el respeto a la soberanía territorial de los Estados.

El conflicto también se alimenta de la percepción rusa de una amenaza estratégica proveniente de la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte hacia Europa oriental. Para Moscú, el avance de esta alianza militar hacia sus fronteras representa un riesgo existencial; para Ucrania y sus aliados occidentales, en cambio, el acercamiento a la OTAN constituye un mecanismo de seguridad frente a la presión rusa. Esta confrontación entre visiones geopolíticas opuestas —autoritarismo versus soberanía nacional— ha intensificado el enfrentamiento y ha contribuido a su prolongación.

Uno de los aspectos más tangibles del conflicto es la transformación territorial de Ucrania. Actualmente, Rusia controla aproximadamente el 20 % del territorio ucraniano, incluyendo regiones estratégicas del este y sur del país. Entre ellas se encuentran Donetsk y Lugansk, que conforman gran parte del Donbass, así como Jersón y Zaporizhia, donde se ubica la mayor central nuclear de Europa. A estas zonas se suma Crimea, anexada por Rusia en 2014, y los territorios que desde entonces ya estaban bajo control de separatistas prorrusos.

A pesar de estas conquistas, los avances rusos han sido lentos y costosos. Durante 2025, las fuerzas de Moscú lograron expandir gradualmente su control territorial, capturando varios miles de kilómetros cuadrados y decenas de localidades, principalmente en el este de Ucrania. Sin embargo, estas ganancias han estado lejos de producir un colapso militar ucraniano. Ciudades como Pokrovsk se han convertido en escenarios de intensos combates, mientras que el llamado “Cinturón de la Fortaleza”, una línea defensiva clave en la región de Donetsk, continúa obstaculizando un avance ruso más decisivo.

El costo humano de esta guerra ha sido devastador para ambos bandos. La opacidad de los gobiernos dificulta obtener cifras precisas, pero diferentes estimaciones sugieren que cientos de miles de soldados han muerto o resultado heridos desde el inicio de la invasión. Informes basados en datos filtrados indican que las fuerzas rusas han sufrido pérdidas particularmente elevadas en sectores como Pokrovsk, Kupyansk y Lyman, reflejando la intensidad de las ofensivas en esas zonas. Del lado ucraniano, las cifras oficiales señalan decenas de miles de muertos y cientos de miles de heridos. Este tipo de guerra de posiciones recuerda, en cierta medida, a la dinámica de la Primera Guerra Mundial, donde los frentes estancados y las ofensivas limitadas generaban enormes costos humanos sin cambios territoriales significativos.

En el ámbito económico, el conflicto también ha transformado profundamente a ambos países. Rusia ha intentado mantener la estabilidad mediante un modelo económico cada vez más orientado hacia el esfuerzo militar. Cerca del 40 % del presupuesto federal ruso está destinado a la defensa, lo que refleja el peso creciente de la guerra en la economía nacional. Aunque el Kremlin sostiene que el país ha resistido con éxito las sanciones occidentales, diversos indicadores muestran señales de tensión: crecimiento económico más lento, inflación persistente y una creciente dependencia de los ingresos energéticos, que además podrían reducirse significativamente en los próximos años.

Ucrania enfrenta una situación aún más crítica. La guerra ha paralizado sectores fundamentales de su economía, desde la industria y la logística hasta el comercio de cereales, uno de los pilares de su economía. La pérdida de Crimea en 2014 ya había supuesto un golpe importante para la infraestructura portuaria y estratégica del país, y la actual guerra ha agravado ese deterioro. Hoy, la supervivencia económica del Estado ucraniano depende en gran medida del apoyo financiero y militar de Occidente. Sin esa ayuda, Kiev tendría enormes dificultades para sostener tanto su estructura estatal como su esfuerzo bélico.

Finalmente, el conflicto ha generado nuevas dinámicas geopolíticas que trascienden la región. La posibilidad de que la Unión Europea utilice activos rusos congelados para financiar la reconstrucción y defensa de Ucrania representa un precedente diplomático significativo: la idea de responsabilizar económicamente al agresor por los daños causados. Sin embargo, Moscú ha advertido que consideraría una medida de este tipo como una provocación grave, lo que podría aumentar las tensiones internacionales.

En este contexto, Ucrania se ha convertido en un símbolo de resistencia frente a la agresión territorial y en un defensor del orden internacional basado en reglas. Este papel ha reforzado su legitimidad en la arena global, pero también ha incrementado su dependencia de los aliados occidentales. Si el apoyo político o financiero de estos países disminuyera, la capacidad de Kiev para sostener la guerra podría verse seriamente comprometida.

En conclusión, la guerra en Ucrania ha evolucionado hacia un conflicto prolongado que combina desgaste militar, presión económica y rivalidad geopolítica. Aunque Rusia ha logrado avances territoriales limitados, estos han tenido un costo humano y económico considerable. Ucrania, por su parte, continúa resistiendo gracias al apoyo internacional, pero enfrenta una fragilidad estructural creciente. Más allá de sus resultados inmediatos, este conflicto ya está redefiniendo la arquitectura de seguridad europea y estableciendo nuevos precedentes sobre cómo el mundo responde a las guerras de conquista en el siglo XXI.

Fuente: France 24

 

COSTE DE LA GUERRA EN TÉRMINOS HUMANOS (países agresores y agredidos). 

Costes Civiles en guerra de EE.UU e Israel contra Irán

En el undécimo día de la guerra iniciada el 28 de febrero de 2026, las cifras de bajas reportadas varían significativamente según la fuente, en medio de una estricta censura militar impuesta por los países involucrados. 

A continuación se detallan las bajas confirmadas y estimadas hasta el 11 de marzo de 2026:

Bajas en Irán

Irán ha sido el país más afectado debido a la intensa campaña de bombardeos aéreos de la coalición:

  • Muertos.- Los medios estatales iraníes cifran los fallecidos en más de 1.300 personas.
  • Civiles.- Organizaciones de derechos humanos han documentado al menos 1.114 civiles muertos, incluyendo a 183 niños. Un solo ataque contra una escuela en el sur del país dejó más de 170 víctimas.
  • Liderazgo.- Se ha confirmado la muerte del líder supremo, Alí Jameneí, durante los ataques iniciales.
  • Heridos.- Se estiman más de 4.700 heridos en territorio iraní.

Bajas de Estados Unidos

Las fuerzas estadounidenses han sufrido bajas principalmente por ataques de represalia con drones y misiles contra sus bases en la región: 

  • Muertos.- El Pentágono ha confirmado la muerte de 9 militare  hasta la fecha. Entre los identificados se encuentran el capitán Cody Khork y los sargentos Noah Tietjens, Nicole Amor y Declan Coady.
  • Heridos.- Aproximadamente 150 militares han resultado heridos, de los cuales al menos ocho se encuentran en estado grave.

Bajas de Israel

Israel ha recibido impactos de misiles balísticos y drones lanzados desde Irán y por sus aliados regionales:

  • Muertos.- Se han reportado oficialmente 11 israelíes fallecidos como consecuencia de ataques directos de Irán.

Otros frentes y aliados

El conflicto se ha extendido rápidamente a países vecinos:

  • Líbano.- Se informa de al menos 394 muertos tras la apertura de un nuevo frente y los bombardeos israelíes en su territorio.
  • Países del Golfo.- Al menos 9 personas han muerto en instalaciones de países como Kuwait, Catar y Emiratos Árabes Unidos que albergan tropas estadounidense

Costes humanos en la guerra de Rusia contra Ucrania

A marzo de 2026, las estimaciones internacionales indican que las bajas militares combinadas de Rusia y Ucrania se aproximan a los 2 millones de personas, incluyendo muertos y heridos. Esta cifra refleja el conflicto más costoso en vidas humanas para una gran potencia desde la Segunda Guerra Mundial.

A continuación se detallan las cifras estimadas por diversas fuentes oficiales y centros de estudio:

Bajas Militares de Rusia

Rusia mantiene un estricto hermetismo sobre sus pérdidas, pero diversas fuentes proporcionan las siguientes estimaciones:

  • Estado Mayor de Ucrania.- Informa que las bajas rusas ascienden a aproximadamente 1,274,040 personas al 9 de marzo de 2026.
  • CSIS (EE. UU.).- Estima cerca de 1,2 millones de bajas rusas, con un rango de muertos confirmado por inteligencia de entre 275.000 y 325.000 soldados.
  • Mediazona y BBC.- Han logrado confirmar por nombre la muerte de al menos 200.000 soldados rusos mediante datos estatales filtrados y registros públicos hasta febrero de 2026.
  • OTAN.- Estima que el número total de muertos y heridos rusos ronda los 1,1 millones.

Bajas Militares de Ucrania

Ucrania también limita la difusión de sus datos oficiales por seguridad nacional, pero las estimaciones externas indican:

  • RTVE / CSIS.- Sitúan las bajas ucranianas entre 500.000 y 600.000 (incluyendo heridos), con un número de fallecidos estimado entre 100.000 y 140.000 militares.
  • Fuentes Occidentales (RM).- Informan de una cifra más conservadora de entre 250.000 y 300.000 bajas totales (muertos y heridos).
  • Reportes Internos (Butusov).- Mencionan 70.000 muertos y 35.000 desaparecidos confirmados hasta finales de 2024, cifra que ha aumentado significativamente en los últimos meses de combate intenso.

Comparativa de Pérdidas de Equipo (Rusia)

Según el Ministerio de Defensa de Ucrania, las pérdidas materiales rusas hasta marzo de 2026 incluyen:

  • Tanques.- 11.734 unidades.
  • Sistemas de artillería.-  más de 37.800.
  • Aeronaves.- 435 aviones y 348 helicópteros.
  • Drones (UAV).- Más de 154.000 unidades derribadas

BAJAS CIVILES EN RUSIA

Determinar con exactitud las bajas civiles rusas es extremadamente complejo debido a la falta de informes oficiales exhaustivos por parte del Kremlin y la naturaleza del conflicto. Sin embargo, se pueden identificar tres categorías principales de víctimas civiles rusas o residentes en territorios controlados por Rusia:

1. Civiles en regiones fronterizas de Rusia

Las regiones rusas limítrofes con Ucrania (como Bélgorod, Briansk y Kursk) han sufrido ataques frecuentes con drones, artillería y misiles. 

  • Víctimas recientes.- Tan recientemente como ayer, 10 de marzo de 2026, se reportaron 6 civiles muertos en la región de Briansk tras un ataque con misiles.
  • Incursiones terrestres.- La ofensiva ucraniana en la región de Kursk iniciada en 2024 también ha provocado muertes civiles y el desplazamiento de decenas de miles de personas, aunque las cifras totales de fallecidos en esta zona no se publican regularmente de forma consolidada.

2. Civiles en territorios ocupados (Donbás y otros)

La mayoría de las bajas civiles en el bando prorruso ocurren en las zonas de Ucrania bajo control ruso (como Donetsk y Lugansk).

  • Dificultad de conteo.- Aunque la ONU realiza un seguimiento de las bajas civiles en Ucrania, a menudo tiene un acceso limitado para verificar de forma independiente las muertes en las áreas ocupadas por Rusia.
  • Impacto.-  Las ciudades en estas regiones sufren bombardeos constantes que afectan a la población local que Rusia considera como propia tras las anexiones de 2022.

3. Contexto comparativo y limitaciones

  • Bajas militares vs. Civiles.- La inmensa mayoría de las pérdidas humanas rusas en este conflicto son militares. Las estimaciones de bajas militares rusas (muertos y heridos) superan ya los 1,2 millones según informes de inteligencia occidental de principios de 2026.
  • Opacidad oficial.- El gobierno ruso rara vez publica cifras actualizadas de sus propios civiles fallecidos, utilizándolas principalmente de forma propagandística para denunciar ataques ucranianos sin ofrecer un registro civil centralizado y público

BAJAS CIVILES EN UCRANIA POR REGIONES

A marzo de 2026, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) ha verificado 15,172 civiles fallecidos y 41,378 heridos desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022. El 87% de estas bajas se han producido en territorio controlado por el gobierno ucranian.

Es importante destacar que la ONU reconoce que las cifras reales son considerablemente mayores, especialmente en zonas de acceso restringido bajo ocupación rusa donde no se han podido verificar los datos de manera independiente.

Bajas Civiles por Regiones (Óblasts)

La violencia del conflicto ha afectado a 26 de las 27 regiones administrativas de Ucrania. Las zonas con mayor número de víctimas se concentran en el este y sur del país debido a la proximidad de la línea del frente y la intensidad de los bombardeos:

  • Donetsk.- Es la región con más bajas documentadas. Hasta marzo de 2026, se han registrado oficialmente 4.081 muertos y 9.018 heridos (estas cifras excluyen a Mariúpol y Volnovaja, donde se estiman decenas de miles de víctimas adicionales aún no verificadas por la ONU).
  • Járkov.- Sufre un impacto severo por su cercanía a la frontera rusa; se han reportado ataques sistemáticos contra infraestructuras civiles y hospitales durante 2025 y principios de 2026.
  • Jersón.- Solo en ataques recientes (marzo de 2026), se han reportado víctimas diarias debido a drones y artillería que cruzan el río Dniéper.
  • Zaporiyia.- Registra cientos de ataques diarios (más de 700 en una sola jornada de marzo de 2026) que afectan a decenas de asentamientos civiles.
  • Otras regiones afectadas.- Dnipropetrovsk (especialmente Kryvyi Rih y Dnipro), Sumy y Odesa han experimentado un aumento de bajas civiles durante 2025 y el inicio de 2026 debido a campañas de bombardeos contra la infraestructura energética.

Factores del Aumento de Bajas en 2025-2026

Durante el último año, la letalidad para los civiles ha aumentado un 31% respecto a 2024 debido a:

  • Armamento de área amplia.-  El uso de bombas planeadoras, misiles y artillería pesada en zonas densamente pobladas.
  • Ataques con drones.- Un incremento sustancial en el uso de municiones merodeadoras (drones suicidas) contra objetivos civiles.
  • Infraestructura energética.- Los ataques sistemáticos han dejado a millones de personas sin calefacción ni electricidad en invierno, exacerbando la vulnerabilidad de la población

CONSECUENCIAS ECONOMICAS PARA EL RESTO DEL MUNDO DE LA GUERRA DE UCRANIA Y DE LA ACTUAL GUERRA DE IRÁN (SIMILITUDES Y DIFERENCIAS)

Tanto la guerra en Ucrania como el conflicto actual con Irán (marzo de 2026) han generado ondas de choque en la economía global, aunque sus mecanismos de impacto presentan matices distintivos.

Similitudes: El Choque Inflacionario Global

  • Aumento de los Precios de la Energía- Ambos conflictos han disparado los precios del petróleo. En marzo de 2026, el crudo ha superado los 100 USD por barril, un nivel de volatilidad similar al visto tras la invasión de Ucrania en 2022.
  • Presión Inflacionaria.- El encarecimiento del combustible se traslada directamente a los costes de transporte y producción, elevando el precio de los alimentos y otros bienes básicos.
  • Incertidumbre en los Mercados.- Ambas crisis han provocado caídas en las bolsas internacionales y un refugio de los inversores en activos seguros como el dólar o el oro.
  • Dilema de los Bancos Centrales.- La inflación persistente obliga a las instituciones financieras a retrasar las bajadas de tipos de interés o incluso considerar nuevas subidas para frenar el consumo. 

Diferencias: Puntos Críticos y Ganadores Geopolíticos

  • El Estrecho de Ormuz vs. Graneros de Europa:
    • Ucrania.- El impacto principal fue en la seguridad alimentaria (trigo, maíz) y los fertilizantes, además del gas natural hacia Europa.
    • Irán.- El riesgo crítico es el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial. Un cierre o bloqueo aquí tendría consecuencias "devastadoras" para el suministro global, especialmente hacia Asia.

  • Impacto Regional vs. Sectorial:
    • La guerra de Ucrania rompió formalmente los lazos comerciales entre Europa y Rusia.
    • El conflicto iraní afecta de manera desproporcionada a los costes de flete de los supertanquers, cuyos precios de transporte a China se han disparado hasta los 480.000 $/diarios, en marzo de 2026.

  • Rusia como "Ganador" Económico.- Irónicamente, el conflicto en Irán ha beneficiado a Rusia. Al reducirse la oferta global, Moscú ha pasado de vender su petróleo con descuento a hacerlo con prima de entre 4 a 5 $ por barril, oxigenando su presupuesto federal.
  • Dependencia del Gas.- Mientras que la crisis de Ucrania forzó a Europa a buscar alternativas al gas ruso, el conflicto con Irán ha vuelto a duplicar los precios del gas en mercados como el de Reino Unido en apenas una semana.


9 de marzo de 2026

Irán, bajo presión externa, entre la resiliencia histórica y los límites de la estrategia del cambio de régimen

Según el profesor Arshin Adib-Moghaddam, Irán está preparado para un conflicto de larga duración, Estados Unidos e Israel no.

El académico iraní Arshin Adib-Moghaddam se ha consolidado como una de las voces más críticas frente a los ataques y la presión estratégica ejercida por Israel y Estados Unidos sobre Irán.

Catedrático de Pensamiento Global en la School of Oriental and African Studies de la Universidad de Londres, es considerado uno de los principales especialistas en política iraní y geopolítica de Asia occidental. Su trayectoria académica incluye siete libros publicados por Cambridge University Press y frecuentes análisis en medios internacionales como CNN y BBC. Su propia historia familiar también conecta con la tradición política persa, ya que su linaje materno está vinculado a Karim Khan-e Zand, gobernante del siglo XVIII que logró unificar el país durante el período de la dinastía Zand.

En una entrevista reciente concedida al diario La Razón mediante intercambio de correos electrónicos, Adib-Moghaddam ofreció un análisis contundente sobre el conflicto y las perspectivas estratégicas de la región. Sus respuestas plantean una visión crítica sobre las expectativas occidentales respecto al debilitamiento del sistema político iraní y auguran, en cambio, dificultades para la coalición israelí-estadounidense.

Uno de los temas centrales abordados en la entrevista fue el impacto que tendría la muerte del líder supremo iraní, Ali Jamenei, sobre la influencia de la Guardia Revolucionaria en la estrategia militar del país. Según el profesor, la estructura de mando iraní es mucho más compleja de lo que suele percibirse desde el exterior. Tanto el Artesh —las fuerzas armadas regulares— como el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica poseen cadenas de mando diferenciadas. Aunque el Líder Supremo establece las grandes líneas estratégicas, el sistema de gobernanza iraní se caracteriza por una estructura amplia, intrincada y profundamente institucionalizada. Esto implica que la continuidad estratégica no depende exclusivamente de una sola figura política.

Otro punto relevante de la conversación fue la posibilidad de que la guerra generara una oportunidad de cambio interno en Irán. Frente a esa hipótesis, Adib-Moghaddam rechazó tajantemente la idea de que los conflictos armados puedan servir como mecanismo de transformación política legítima. A su juicio, la premisa del “cambio de régimen” defendida por líderes como Benjamin Netanyahu o Donald Trump se basa en una interpretación errónea de la historia. Según el académico, pretender que un pueblo modifique su sistema político bajo la presión de la violencia externa no solo carece de precedentes sólidos, sino que también ignora un factor fundamental: la fuerte resiliencia histórica de la sociedad iraní frente a las agresiones extranjeras.

En la misma línea, el profesor analizó la posibilidad de que el sistema clerical iraní colapsara tras los ataques y que surgiera un golpe de Estado interno. Para comprender esta cuestión, explicó que el sistema religioso-político de Irán no es una estructura aislada. Por el contrario, forma parte de una red transnacional que conecta seminarios y autoridades religiosas chiíes en distintas regiones del mundo musulmán, especialmente en el sur de Irak. Estas redes se han desarrollado durante siglos y mantienen vínculos ideológicos y políticos que trascienden las fronteras nacionales. De acuerdo con esta perspectiva, las manifestaciones de apoyo a Irán en países como Pakistán, así como la participación de aliados regionales como Hezbolá o el movimiento Ansar Allah en Yemen, reflejan precisamente esa dimensión transnacional. Para Adib-Moghaddam, la insistencia occidental en el cambio de régimen evidencia una profunda desinformación sobre la naturaleza del sistema iraní.

El profesor también abordó la posibilidad de que, tras el conflicto, surgiera en Irán un liderazgo más dispuesto a negociar con Washington. En su respuesta subrayó que la diplomacia entre ambos países ha sido históricamente frágil y vulnerable a presiones externas. Recordó que Irán llegó a firmar el acuerdo nuclear conocido como Plan de Acción Integral Conjunto durante la presidencia de Barack Obama, acuerdo que limitaba el programa nuclear iraní y sometía sus instalaciones al control del Organismo Internacional de Energía Atómica. Sin embargo, la decisión posterior de Donald Trump de abandonar el pacto —según el académico— estuvo influida tanto por la presión política de Netanyahu como por cálculos políticos internos en Estados Unidos. Desde esta perspectiva, cualquier futuro líder iraní podría optar nuevamente por la diplomacia si existiera un compromiso real por parte de Washington para resolver la cuestión nuclear.

En cuanto a la posibilidad de un conflicto prolongado, Adib-Moghaddam sostuvo que Irán posee tanto la moral nacional como las capacidades militares necesarias para sostener una guerra de larga duración. En su opinión, esa preparación estratégica podría no estar igualmente presente en las sociedades de Estados Unidos o Israel, donde el apoyo social a conflictos prolongados suele ser más limitado.

Finalmente, el académico rechazó la hipótesis de una guerra civil en Irán tras el conflicto. A diferencia de casos como los de Irak o Siria, sostiene que Irán posee una identidad nacional profundamente arraigada que actúa como factor de cohesión en momentos de crisis. Esa psicología colectiva, argumenta, se vincula con una continuidad histórica excepcional: el país ha logrado preservar el núcleo territorial y cultural del antiguo imperio persa durante más de 5.000 años.

En conjunto, las reflexiones de Arshin Adib-Moghaddam ofrecen una perspectiva crítica sobre las estrategias occidentales en Oriente Medio. Su análisis subraya que las dinámicas internas de Irán, su red de alianzas regionales y su fuerte identidad histórica hacen improbable que la presión militar externa conduzca al colapso del sistema político. Por el contrario, según su visión, dichas presiones podrían reforzar la cohesión interna y prolongar un conflicto cuyas consecuencias estratégicas serían inciertas para quienes lo impulsan.

Fuente: La Razón.com