4 de marzo de 2026

Del lucrativo negocio de las guerras de Trump y de sus inconveniencias.

 En la actual guerra contra Irán (al igual que en ataques anteriores a otros países. Ver Anexo I), el botín que busca Trump en su batalla por los recursos del planeta, principalmente es el petróleo, además de gas y uranio en este caso.

A lo largo de las últimas décadas, la política exterior de Estados Unidos en Oriente Próximo ha estado marcada por una constante: la focalización en la energía. 

Los recientes ataques de Washington contra Teherán, en coordinación con Israel, se insertan en esta lógica histórica. Lejos de responder exclusivamente a un supuesto impulso democratizador o a la contención de una amenaza nuclear inminente, estos movimientos parecen formar parte de una estrategia geopolítica más amplia orientada a garantizar el acceso privilegiado a recursos energéticos estratégicos, en un contexto de declive progresivo del modelo energético estadounidense basado en el fracking.

El precedente venezolano resulta ilustrativo. Antes en Caracas, ahora en Teherán, Washington ha intensificado su presión sobre gobiernos que controlan vastas reservas de hidrocarburos. En el caso iraní, el interés es evidente: el país posee algunas de las mayores reservas de petróleo y gas natural del mundo y ejerce control sobre el estratégico estrecho de Ormuz, enclave clave para el transporte global de crudo. Según el informe Statistical Review of World Energy del Energy Institute, Irán produjo el 5,2% del petróleo mundial, situándose como el quinto mayor productor tras Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudí y Canadá. En gas natural, ocupa el cuarto lugar con un 5,1% de la producción global en 2024.

Sin embargo, como señala el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Antonio Turiel, la relevancia gasística iraní es más limitada de lo que sugieren las cifras brutas. La mayoría de sus exportaciones se canalizan por gasoducto hacia Turquía, y su capacidad de exportación de gas natural licuado es reducida debido a infraestructuras insuficientes. A ello se suman las sanciones estadounidenses, que han dificultado el cumplimiento de contratos con Armenia, Turquía e Irak y han obligado a aplicar descuentos crecientes —hasta nueve dólares por barril en enero de 2026— en las exportaciones destinadas principalmente a China, según un análisis del Real Instituto Elcano.

Estas sanciones no son un instrumento aislado, sino parte de una pugna más amplia por el control de los recursos. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025, la política exterior estadounidense ha reforzado su sesgo abiertamente extractivista y competitivo. Las aspiraciones sobre Groenlandia, rica en minerales estratégicos y tierras raras, o la presión sobre Venezuela —territorio con enormes reservas de crudo, coltán y oro— forman parte de un mismo patrón: asegurar suministros críticos y, simultáneamente, limitar el acceso de potencias rivales.

En el trasfondo de esta ofensiva se encuentra el declive energético estadounidense. Durante años, el fracking permitió a Estados Unidos incrementar su producción de petróleo y gas hasta niveles históricos, situándolo como primer productor mundial. La fracturación hidráulica, basada en perforaciones profundas y la ruptura de formaciones de shale, sostuvo la autosuficiencia relativa del país y reforzó su posición internacional. No obstante, los pozos de fracking presentan tasas de declive aceleradas. La Administración de Información Energética (EIA) prevé una reducción moderada de la producción para 2026, con una media estimada de 13,5 millones de barriles diarios, 100.000 menos que en 2025. Firmas de inversión especializadas en recursos naturales advierten incluso de un posible “crepúsculo” de la industria.

En este escenario, la competencia con China adquiere una dimensión decisiva. El gigante asiático es altamente dependiente de las importaciones de hidrocarburos, lo que convierte el acceso a fuentes externas en un factor estratégico crucial. La estrategia estadounidense no se limita a acumular recursos, sino que busca obstaculizar el acceso de Pekín a suministros clave. Irán, sometido a sanciones y obligado a vender crudo con descuentos, ha encontrado en China uno de sus principales compradores. Controlar o desestabilizar esa relación impacta directamente en el equilibrio geopolítico global.

La dimensión nuclear añade complejidad al conflicto. Irán desarrolla un programa atómico desde los años cincuenta y es, junto con Emiratos Árabes Unidos, uno de los pocos países de Oriente Próximo con generación de energía nuclear, aunque esta represente apenas el 0,6% de la producción mundial. El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha confirmado que Irán ha declarado 22 instalaciones nucleares y ha expresado preocupación por la acumulación de uranio enriquecido al 60%, un nivel cercano al necesario para uso militar. Sin embargo, también ha señalado que no existen indicios creíbles de un programa estructurado no declarado orientado a la fabricación de armas.

Así, la amenaza nuclear funciona simultáneamente como factor real de tensión y como justificación política. Los ataques de 2025 dañaron instalaciones en Natanz e Isfahán, pero no provocaron accidentes radiológicos. Más allá del debate técnico, el programa nuclear iraní se convierte en una pieza más dentro de una disputa mayor: impedir que Teherán alcance capacidades estratégicas comparables a las de potencias como Israel o Estados Unidos y, al mismo tiempo, condicionar su soberanía energética.

En conclusión, los ataques de Washington sobre Teherán no pueden entenderse únicamente en clave ideológica o de protección a la democracia. Se inscriben en una estrategia geopolítica marcada por el declive del fracking, la competencia con China y la necesidad de asegurar recursos energéticos en un mundo en transición. La energía, lejos de ser un elemento secundario, continúa siendo eje fundamental de las relaciones internacionales. En ese tablero, Irán no es solo un adversario político, sino un nodo estratégico en la disputa global por el control de los recursos naturales.

EDITORIAL

El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en declaración institucional de hoy mismo, se declara fiel seguidor del derecho internacional y del "no a la guerra", en el caso de la guerra de Irán.

En mi opinión y sobre el mismo caso, solo hay dos opciones, elegir situarse, bien a favor del cumplimiento de la legislación internacional y por tanto en el "no a la guerra" o bien en contra del derecho internacional y por tanto, favorable al "sí a la guerra"

La oposición política española  ya ha elegido. Y se ve, que siguen imbuidos del espíritu guerrero del "sí a la guerra" de los tiempos del "trio de los Azores" durante, la también, guerra ilegal contra Irak y que por tanto, desde entonces, continúan posicionados en contra de la legislación internacional. Ese posicionamiento habla bastante mal del sentimiento de patriotismo que dicen albergar desde siempre, los partidos conservadores y ultraconservadores de este país, dado que piden al gobierno español que incumpla el derecho internacional, lo que convertiría a España en un país fuera de ley. A mi entender, eso demuestra que tanto en el PP como en Vox, no hay hombres de Estado, solo peleles  serviles, que se arrodillan ante los poderosos por un plato de lentejas. 

Señoras y Señores del Partido Popular y de los ultras de Vox, ante todo, hay que tener dignidad y valores.

Por cierto, los beneficios del negocio de la guerra de Donald Trump, se ven incrementados por las subidas estratosféricas en bolsa de compañías armamentistas y petroleras estadounidenses, que a la postre, resultan las más beneficiadas por las ganancias sobrevenidas de derechos de explotación de los nuevos recursos energéticos conquistados gracias al ejército de Trump y a la sangre de las víctimas civiles de sus guerras. Y dado además, que se obliga a los aliados de la OTAN a reinvertir sus beneficios en comprar armas a las empresas de armamento estadounidense (bajo amenaza de embargo en caso contrario) en este contexto, el negocio de guerra para la primera potencia del mundo, marchan bien, pues casi siempre da beneficios y salen ganando, y el resto países, son los que pierden. 

Pero en el caso de la guerra de Irán, no tengo claro si Estados Unidos volverá a ganar o por el contrario, se habrán metido en otro Vietnam. O quien sabe si el mundo se irá a la mierda con otra guerra mundial, pues a mi modo de ver, no es descartable que China aproveche las circunstancias actuales, para reclamar sus presuntos derechos sobre Taiwán de manera poco amigable, con la ayuda de Rusia, por supuesto. 

Es lo que hay.

Fuente: Publico.com


ANEXO I

De los 7 países atacados por EE.UU durante el  segundo mandato de Trump, lejos de ser una casualidad que los siete tengan petróleo, a mi modo de ver, es el nexo en común que guía la política del "Departamento de Guerra" del actual gobierno de EE.UU. Antes de la era Trump se llamaba  "Departamento de Defensa" lo cual no es baladí. 

En términos estrictos de poseer el recurso, todos los países de esa lista tienen petróleo, aunque su situación es muy distinta:

  • Los gigantes.- Venezuela, Irak, Irán y Nigeria son potencias petroleras mundiales con reservas probadas masivas. Venezuela, de hecho, posee las mayores reservas del mundo.
  • Productores menores o en conflicto.- Siria y Yemen tienen reservas y producen petróleo, aunque sus niveles han caído drásticamente debido a años de guerra civil e inestabilidad política.
  • El caso especial de Somalia- Podría ser la excepción que confirma la regla, pero no es verdad. Pues si bien es cierto, que hasta hace poco se consideraba que no tenía reservas comerciales, estudios recientes han confirmado un potencial de hasta 30.000 millones de barriles. Actualmente, el país se prepara para iniciar sus primeras perforaciones directas en 2026 con ayuda de tecnología turca para pasar de ser un país con potencial a un productor real.
Fuente: Redacción

2 de marzo de 2026

Respecto del papel de Estados Unidos e Israel en el escenario internacional, especialmente tras el ataque contra Irán.

Y de las merecidas críticas (tanto internas como externas) a la política exterior del presidente estadounidense.

   
Por contextualizar, se tratará de lo referido a la actuación de Donald Trump en cooperación con Benjamín Netanyahu en el conflicto que involucra a Irán. Así como también, de la relación entre Israel y Estados Unidos con la situación actual de la Franja de Gaza. E incluso de las cuestionables razones para anteriormente lanzarse ataques contra otros países durante el mandato actual de Trump.
 

A partir de estos hechos, es de destacar tres ejes fundamentales: la legitimidad democrática interna, el respeto al derecho internacional y las consecuencias geopolíticas de una doctrina basada en la fuerza.

En primer lugar, es de subrayar la fragilidad del respaldo interno a la operación militar. El dato de que solo el 27% de los estadounidenses aprueba el ataque revela una desconexión entre el liderazgo presidencial y una parte significativa de la ciudadanía. Más aún, la crítica proviene no solo de la oposición demócrata, sino también de figuras asociadas al movimiento que llevó a Trump al poder bajo la consigna “America First”. La acusación de incoherencia —haber prometido evitar nuevas guerras y terminar impulsando una intervención directa— apunta a una tensión central: la contradicción entre el aislacionismo retórico y el intervencionismo práctico. En democracia, la legitimidad de la acción exterior no depende únicamente de la legalidad formal, sino también del consentimiento político y social. Cuando ese consenso se erosiona, la autoridad del líder se debilita.

En segundo lugar, es cuestionable el marco jurídico de la operación. La crítica al ninguneo de la ONU y del derecho internacional plantea un debate clásico en las relaciones internacionales: ¿puede una potencia nuclear actuar unilateralmente invocando su propia “moralidad” como límite? La arquitectura jurídica surgida tras la Segunda Guerra Mundial, con la Carta de las Naciones Unidas como pilar, establece restricciones claras al uso de la fuerza, salvo en casos de legítima defensa o con autorización del Consejo de Seguridad. Ignorar estos principios no solo afecta a la legalidad de una acción concreta, sino que erosiona el sistema multilateral en su conjunto. Cuando los Estados más poderosos desatienden las normas, envían el mensaje de que el derecho es opcional, debilitando la credibilidad de las instituciones globales.

El tercer eje es el geopolítico, que no hace comparable la operación en Irán con intervenciones previas, como la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, de donde surge la idea, de que no todos los escenarios son equivalentes. 

Irán ocupa una posición estratégica en Oriente Medio, con capacidad de influencia regional y potencial para desestabilizar rutas energéticas clave. Un conflicto prolongado podría tener repercusiones económicas globales y aumentar la polarización internacional. Además, la muerte de soldados estadounidenses introduce un elemento emocional y político que históricamente ha condicionado el apoyo interno a las guerras.

En cuanto a la dimensión europea, es de señalar que la mayoría de gobiernos del continente se alinean con Washington y Tel Aviv —unos abiertamente y otros no lo desmienten— mientras que el Ejecutivo español es el único que reclama el cumplimiento del derecho internacional, no así la oposición política española del PP y Vox, que como no podría ser de otra manera, se ponen de parte de los genocidas y por tanto, a favor de la crisis global venidera

Más allá de la valoración ideológica, esta observación refleja una tensión estructural en la política exterior europea: la dependencia estratégica respecto a Estados Unidos frente a la aspiración de autonomía y defensa del multilateralismo. La posición que adopten los partidos políticos nacionales ante este escenario revela sus prioridades en materia de alianzas, seguridad y valores.

En conjunto, se dibuja un panorama de creciente militarización de la política exterior estadounidense, con múltiples frentes abiertos y una disposición explícita a utilizar la fuerza como instrumento principal de disuasión y reconfiguración del orden global. 

Desde una perspectiva crítica, la cuestión de fondo no es solo la conveniencia táctica de una operación concreta, sino el modelo de liderazgo internacional que se está consolidando basado en: la unilateralidad, la rapidez de acción y el desprecio por los mecanismos colectivos de gobernanza.

En resumen, esta conclusión invita a reflexionar sobre la relación entre poder y derecho en el sistema internacional contemporáneo. La eficacia militar puede producir resultados inmediatos, pero si se percibe como ilegítima o ilegal, sus efectos a largo plazo pueden ser desestabilizadores.

El desafío no es únicamente estratégico, sino normativo: preservar un orden internacional en el que incluso las grandes potencias se sientan obligadas por las reglas comunes.

Sin ese compromiso, el riesgo no es solo el desgaste de un presidente, sino la erosión de los principios que sostienen la convivencia global.

EDITORIAL

Por cierto, veo muy difícil que ningún político o medio de comunicación —bien sea nacional o internacional— pueda convencerme de que estar en el lado correcto de la historia es estar con quienes provocan o causan genocidios y atacan países indiscriminadamente. Y que además,  son favorables o estúpidamente indiferentes, a la generación de: Crisis globales; Apocalipsis energéticos; o Guerras (locales, regionales, continentales o mundiales). 

Fuente: Público.es; elcolombiano.com


ANEXO I

ESQUEMA COMPARATIVO

DIMENSIÓN

DATOS CLAVE

ELEMENTOS PRINCIPALES

RIESGOS / CONSECUENCIAS

1. Datos Políticos (EE.UU.)

Presidente: Donald Trump

- No consultó al Congreso.

- No compareció públicamente tras el ataque.

- Prometió no iniciar nuevas guerras.

- Críticas dentro del movimiento MAGA.

- Desgaste electoral.

- Posible pérdida de control del Congreso.

- Ruptura parcial de su base política.

Encuesta Reuters/Ipsos

- 27% aprueba los ataques.

- 43% en contra.

- 29% indecisos.

- 55% de republicanos a favor.

- 32% republicanos en contra.

- Polarización creciente.

- Cuestionamiento del liderazgo.

- Debate sobre uso excesivo de la fuerza.

Críticas internas

- Señalamientos de incoherencia con “America First”.

- Rechazo por muertes de soldados estadounidenses.

- Fractura ideológica en el Partido Republicano.


DIMENSIÓN

DATOS CLAVE

ELEMENTOS PRINCIPALES

RIESGOS / CONSECUENCIAS

2. Datos Militares

Ataque conjunto de Estados Unidos y Israel contra Irán

- Muerte del líder supremo iraní.

- 4 soldados estadounidenses muertos.

- Bombardeos en territorio iraní.

- Escalada regional.

- Represalias iraníes.

- Conflicto prolongado.

Otros frentes activos

- Siria (infraestructura militar).

- Irak (milicias pro-iraníes).

- Yemen (hutíes).

- Nigeria (grupos insurgentes).

- Somalia (Al-Shabaab).

- Venezuela (captura de Maduro).

- Multiplicación de escenarios bélicos.

- Sobrecarga estratégica.

- Mayor exposición militar global.

Doctrina militar

- Uso directo de la fuerza como herramienta central.

- Intervenciones preventivas y ofensivas.

- Aumento del intervencionismo.

- Costes humanos y económicos.


DIMENSIÓN

DATOS CLAVE

ELEMENTOS PRINCIPALES

RIESGOS / CONSECUENCIAS

3. Impacto Internacional

Derecho internacional y ONU

- Acusaciones de actuación sin respaldo legal.

- Desprecio hacia el multilateralismo.

- Erosión del sistema internacional basado en normas.

- Debilitamiento de la ONU.

Situación en Gaza

- 75.000 civiles muertos en Gaza..

- Acusaciones de genocidio.

- Crisis humanitaria prolongada.

Posición europea

- Mayoría de gobiernos alineados con EE.UU. e Israel.

- Gobierno español reclama cumplimiento del derecho internacional.

- Tensiones diplomáticas dentro de Europa.

- Debate sobre autonomía estratégica europea.

Impacto económico

- Riesgo sobre rutas energéticas y comerciales (Mar Rojo y Golfo de Adén).

- Aumento del precio del petróleo.

- Inestabilidad en mercados globales.


CONCLUSIÓN COMPARATIVA

  • Políticamente, el ataque genera desgaste interno y fractura dentro del propio electorado republicano.
  • Militarmente, amplía un mapa ya extenso de intervenciones y aumenta el riesgo de escalada regional.
  • Internacionalmente, cuestiona el respeto al derecho internacional y tensiona el orden multilateral.


De las motivaciones del ataque a Irán por parte de EEUU e Israel.

El ataque conjunto de EE.UU. e Israel contra Irán entre febrero y marzo de 2026 no habría respondido a amenaza inminente.

 

Desde esa perspectiva, la decisión de Trump y Netanyahu no sería el resultado de una necesidad defensiva, sino de un cálculo político y estratégico propio de una “guerra por elección”.

De la premisa anterior se deriva una crítica en cuatro ejes, 1) disimulo político; 2) desprecio al derecho internacional; 3) lógica de guerras interestatales; 4) dimensión ideológica

En primer lugar, en el argumento del disimulo apunta a la contradicción entre discurso y hechos. Mientras se hablaba de negociación, se desplegaba el mayor contingente militar estadounidense en la región desde la invasión de Irak en 2003, ordenada por George W. Bush. Dos grupos de combate aeronaval, centenares de aeronaves y decenas de miles de efectivos no encajan fácilmente con una mera estrategia de presión diplomática. La alusión a la mediación de Omán, cuyo ministro de Exteriores habría afirmado que el acuerdo estaba prácticamente cerrado, refuerza la idea de que la vía negociadora pudo haber sido instrumentalizada como cobertura para una decisión ya tomada. De ser así, la negociación no habría sido un camino hacia la paz, sino un recurso táctico dentro de una estrategia belicista previamente definida.

En segundo lugar, está el problema jurídico. Desde la creación de la Organización de las Naciones Unidas, el uso legítimo de la fuerza se restringe a la legítima defensa o a la autorización expresa del Consejo de Seguridad. La doctrina del “ataque preventivo” no ha sido reconocida como tercera vía válida, pese a intentos anteriores como el de la invasión de Irak. En consecuencia, el ataque a Irán quedaría fuera del marco normativo internacional. La crítica no ignora el carácter represivo del régimen iraní, pero insiste en que la naturaleza de un gobierno no habilita por sí sola una intervención armada. La erosión de estas reglas, contribuye al colapso del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial.

En el tercer eje sería el analítico que nos remite a la tipología de las guerras. Donde se distinguen las guerras existenciales —aquellas libradas ante amenazas graves e inminentes a la supervivencia del Estado— de las guerras por elección, decididas sin que estén en juego intereses vitales inmediatos. Según esta diferenciación, Irán, liderado por figuras como Alí Jamenei y Masud Pezeshkian, actuaría en clave defensiva, buscando garantizar su supervivencia mediante estrategias de disuasión asimétrica: programa nuclear y alianzas con actores regionales como Hizbulá, Hamás o Ansar Allah. Desde esta óptica, Teherán estaría en “modo supervivencia”, compensando su inferioridad frente a potencias superiores

Por el contrario, para Washington y Tel Aviv la guerra sería opcional. La percepción de un Irán debilitado —por sanciones, malestar social interno y el desgaste de sus aliados regionales— habría alimentado la convicción de que era el momento oportuno para asestar un golpe definitivo. A ello se añadirían incentivos políticos internos: la necesidad de reforzar liderazgos cuestionados y movilizar bases electorales mediante una demostración de firmeza.

Además, incluso puede sugerirse una dimensión ideológica en la política exterior estadounidense, marcada por una selectividad interesada frente a regímenes autoritarios con recursos estratégicos, como el petróleo, que también tiene incidencia en aislar a otros actores políticos como Rusia, China, e incluso, indirectamente, a Europa también.

En suma, es posible sostener que el ataque no se explica por el temor a una agresión inminente, sino por la oportunidad estratégica de golpear a un adversario percibido como vulnerable. Esta interpretación lleva cuestionarse tanto la coherencia moral como la legalidad de la acción, y alerta sobre un patrón histórico: cuando las grandes potencias emprenden guerras por elección, el orden internacional se resiente y la lógica de la fuerza desplaza a la del derecho.

El caso de Irán, tal y como aquí se expone, sería una nueva manifestación de esa tendencia, en la que la percepción de debilidad del adversario se convierte en el verdadero detonante del conflicto.

Fuente: El Diario.es


ANEXO I

Consecuencias económicas de dicha guerra a nivel global

El reciente ataque conjunto de Israel y Estados Unidos contra Irán (febrero-marzo de 2026) ha generado una sacudida inmediata en la economía global, centrada en la energía y los mercados financieros.

Estas son las consecuencias principales:

1.   Crisis Energética y Precios del Petróleo

·  Subida inmediata.- El precio del crudo se disparó más de un 8% tras el inicio de las hostilidades.

· Estrecho de Ormuz.- El cierre o bloqueo de este paso estratégico, por donde circula el 20% del petróleo mundial, ha llevado a analistas de Reuters y Goldman Sachs a predecir que el barril podría superar los 100 dólares si la interrupción se prolonga.

·  Impacto en gas.- Los precios del gas natural amenazan con registrar aumentos de hasta el 50%

2.   Mercados Financieros y "Refugios Seguros"

·  Caídas en Bolsas.- Los principales índices europeos (Milán, Frankfurt, París) abrieron con pérdidas de entre el 1,9% y el 2,2%. En EE. UU., los futuros del S&P 500 y el Nasdaq cayeron más del 1%.
·  Activos refugio.- El valor del oro subió casi un 3% mientras los inversores buscan seguridad ante la incertidumbre bélica. El dólar estadounidense también se ha fortalecido frente a otras divisas.

3.   Comercio Global y Logística

·  Suspensión de rutas.- Navieras globales como MSC y Maersk ya han anunciado la suspensión de operaciones en el Estrecho de Ormuz, lo que anticipa retrasos masivos y un aumento en los costes de transporte.

·  Inflación.- Se estima que cada aumento del 10% en el petróleo añade un 0.4% a los precios al consumo a nivel global en el año siguiente, agravando las presiones inflacionarias actuales.

4.   Costes Directos para los Beligerantes

·  Israel.- El gasto militar diario se estima en 200 millones de dólares, con costes de intercepción de misiles que oscilan entre 0.7 y 4 millones de dólares por unidad.

· Irán.- Además de la destrucción de infraestructura crítica (refinerías y centros científicos), el país enfrenta una devaluación acelerada de su moneda y la pérdida total de ingresos petroleros por el bloqueo

5.   Otros Factores

Algunos medios han alertado de otras consecuencias del ataque.

·  Las desalinizadoras.- "La mayor vulnerabilidad de los árabes no es el petróleo, son las desalinizadoras de las que dependen las fuentes de agua de los países del golfo", ha señalado alertando que un ataque contra ellas pondría en jaque el agua potable en toda la región.

·  Los fertilizantes.- Dado que "Irán tiene un papel muy importante en la exportación de fertilizantes". Aunque muchos de ellos pasan después por Turquía antes de ser enviados a diferentes puntos, como España, ha alertado de que este conflicto "va a tener efectos sobre la producción agrícola".


ANEXO II

Posibilidades, que ataque a Irán derive en crisis inflacionaria mundial.

El ataque militar contra Irán podría derivar, indirectamente, en una crisis inflacionaria mundial, por sus efectos en los mercados de energía y en la economía mundial en general.

Estas serían, las razones principales

1. Subida de los precios del petróleo y energía

  • El conflicto —especialmente si afecta al estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca del 20 % del petróleo mundial— está presionando al alza los precios del crudo, que han subido ya alrededor de un 10-13 % tras los primeros ataques.
  • Analistas señalan que si la guerra se prolonga y el suministro se interrumpe, el precio del petróleo podría llegar a los 80$ o 100$ USA  por barril o más, un nivel que históricamente se asocia con tensiones inflacionarias.

2. El encarecimiento de la energía impulsa la inflación

  • Los precios del petróleo son un factor clave de los índices de precios al consumo porque afectan directamente los costos de electricidad, transporte, producción industrial y bienes básicos.
  • Un aumento sostenido de los precios energéticos se traduce en mayores costes para empresas y consumidores, lo que puede arrastrar al alza la inflación generalizada en muchos países.

3. Efectos secundarios en materias primas y mercados

  • El conflicto ha generado ya volatilidad en los mercados bursátiles, aumento de precios de materias primas (gas, metales) y movimientos hacia activos refugio como el oro.
  • Estos movimientos reflejan que los mercados temen no solo un choque inmediato del petróleo, sino una incertidumbre más prolongada que puede alimentar presiones inflacionarias más amplias.

4. Impacto en política monetaria

  • Si la inflación sube por un choque energético, los bancos centrales podrían verse obligados a frenar o incluso aumentar tipos de interés, complicando la recuperación económica post-pandemia y elevando los costes de financiación.
  • Ese escenario es lo que algunos economistas describen como “estanflación” (crecimiento lento + inflación alta), un fenómeno peligroso para economías avanzadas y emergentes.

5. Condiciones necesarias para que se convierta en crisis inflacionaria

El riesgo aumenta sustancialmente si:

  • La guerra se extiende y afecta la producción y transporte de energía desde Oriente Medio.
  • El estrecho de Ormuz queda bloqueado o inseguro durante semanas o más.
  • Se desatan represalias que perjudican a otros productores de petróleo o interrupciones de suministro.

RESUMEN

Un ataque a Irán puede desencadenar un aumento de los precios del petróleo y la energía, que a su vez puede alimentar la inflación global y presionar a bancos centrales. Que esto se transforme en una crisis inflacionaria realizada dependerá de la duración y la escala del conflicto, y cómo afecte a los suministros globales de energía y a la confianza económica.


ANEXO III

Posibilidades del escalado a nivel global, del ataque  contra Irán.

El ataque contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel, si que podría escalar, pero que llegue a convertirse en una guerra mundial dependería de varios factores políticos y estratégicos.

Actores clave involucrados

  • Irán
  • Estados Unidos
  • Israel
  • Rusia
  • China

CAUSAS POSIBLES DEL ESCALADO

  1. Alianzas internacionales
    • Irán mantiene cooperación militar y estratégica con Rusia.
    • China tiene fuertes intereses económicos y energéticos en Irán.
    • Israel es aliado estratégico clave de Estados Unidos.

Si Rusia o China decidieran intervenir militarmente (no solo diplomáticamente), el conflicto podría ampliarse.

  1. Ubicación estratégica
    • Irán controla el acceso al Estrecho de Ormuz, por donde pasa una gran parte del petróleo mundial.
    • Un cierre del estrecho podría provocar crisis energética global y presiones militares internacionales.
  2. Grupos aliados en la región
    Irán tiene influencia sobre actores como:
    • Hezbolá en Líbano
    • Milicias en Irak
    • Hutíes en Yemen

Esto podría convertir el conflicto en una guerra regional amplia en Medio Oriente.

  1. Riesgo nuclear
    • Israel posee capacidad nuclear no declarada oficialmente.
    • Irán ha desarrollado su programa nuclear con fines civiles según declara, pero Occidente sospecha intenciones militares.

Una escalada nuclear cambiaría totalmente el escenario.

FACTORES QUE LIMITAN LA ESCALADA

  • Ninguna gran potencia quiere una guerra directa entre potencias nucleares.
  • El costo económico global sería enorme.
  • Las guerras modernas suelen mantenerse en el ámbito regional o mediante conflictos indirectos (guerra proxy).

ESCENARIOS POSIBLES

  1. Escalada limitada → ataques puntuales, represalias controladas.
  2. Guerra regional amplia → participación de actores en Líbano, Siria, Irak y Yemen.
  3. Conflicto global indirecto → tensiones entre bloques (EE.UU.-Israel vs. Irán con apoyo ruso/chino), pero sin enfrentamiento directo entre superpotencias.
  4. Escenario extremo (menos probable) → enfrentamiento directo entre potencias nucleares.

CONCLUSIÓN

Existe riesgo real de escalada, pero una guerra mundial, aunque posible, es poco probable, porque las grandes potencias tienden a evitar enfrentamientos directos que puedan derivar en destrucción masiva.