Según el profesor Arshin
Adib-Moghaddam, Irán está preparado para un conflicto de larga duración,
Estados Unidos e Israel no.
Catedrático de Pensamiento Global en la School of
Oriental and African Studies de la Universidad de Londres, es considerado uno
de los principales especialistas en política iraní y geopolítica de Asia
occidental. Su trayectoria académica incluye siete libros publicados por
Cambridge University Press y frecuentes análisis en medios internacionales como
CNN y BBC. Su propia historia familiar también conecta con la tradición
política persa, ya que su linaje materno está vinculado a Karim Khan-e Zand,
gobernante del siglo XVIII que logró unificar el país durante el período de la
dinastía Zand.
En una
entrevista reciente concedida al diario La Razón mediante intercambio de
correos electrónicos, Adib-Moghaddam ofreció un análisis contundente sobre el
conflicto y las perspectivas estratégicas de la región. Sus respuestas plantean
una visión crítica sobre las expectativas occidentales respecto al
debilitamiento del sistema político iraní y auguran, en cambio, dificultades
para la coalición israelí-estadounidense.
Uno de
los temas centrales abordados en la entrevista fue el impacto que tendría la
muerte del líder supremo iraní, Ali Jamenei, sobre la influencia de la Guardia
Revolucionaria en la estrategia militar del país. Según el profesor, la
estructura de mando iraní es mucho más compleja de lo que suele percibirse
desde el exterior. Tanto el Artesh —las fuerzas armadas regulares— como el
Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica poseen cadenas de mando
diferenciadas. Aunque el Líder Supremo establece las grandes líneas
estratégicas, el sistema de gobernanza iraní se caracteriza por una estructura
amplia, intrincada y profundamente institucionalizada. Esto implica que la
continuidad estratégica no depende exclusivamente de una sola figura política.
Otro
punto relevante de la conversación fue la posibilidad de que la guerra generara
una oportunidad de cambio interno en Irán. Frente a esa hipótesis,
Adib-Moghaddam rechazó tajantemente la idea de que los conflictos armados
puedan servir como mecanismo de transformación política legítima. A su juicio,
la premisa del “cambio de régimen” defendida por líderes como Benjamin
Netanyahu o Donald Trump se basa en una interpretación errónea de la historia.
Según el académico, pretender que un pueblo modifique su sistema político bajo
la presión de la violencia externa no solo carece de precedentes sólidos, sino
que también ignora un factor fundamental: la fuerte resiliencia histórica de la
sociedad iraní frente a las agresiones extranjeras.
En la
misma línea, el profesor analizó la posibilidad de que el sistema clerical
iraní colapsara tras los ataques y que surgiera un golpe de Estado interno.
Para comprender esta cuestión, explicó que el sistema religioso-político de
Irán no es una estructura aislada. Por el contrario, forma parte de una red
transnacional que conecta seminarios y autoridades religiosas chiíes en
distintas regiones del mundo musulmán, especialmente en el sur de Irak. Estas
redes se han desarrollado durante siglos y mantienen vínculos ideológicos y
políticos que trascienden las fronteras nacionales. De acuerdo con esta
perspectiva, las manifestaciones de apoyo a Irán en países como Pakistán, así
como la participación de aliados regionales como Hezbolá o el movimiento Ansar
Allah en Yemen, reflejan precisamente esa dimensión transnacional. Para
Adib-Moghaddam, la insistencia occidental en el cambio de régimen evidencia una
profunda desinformación sobre la naturaleza del sistema iraní.
El
profesor también abordó la posibilidad de que, tras el conflicto, surgiera en
Irán un liderazgo más dispuesto a negociar con Washington. En su respuesta
subrayó que la diplomacia entre ambos países ha sido históricamente frágil y
vulnerable a presiones externas. Recordó que Irán llegó a firmar el acuerdo
nuclear conocido como Plan de Acción Integral Conjunto durante la presidencia
de Barack Obama, acuerdo que limitaba el programa nuclear iraní y sometía sus
instalaciones al control del Organismo Internacional de Energía Atómica. Sin
embargo, la decisión posterior de Donald Trump de abandonar el pacto —según el
académico— estuvo influida tanto por la presión política de Netanyahu como por
cálculos políticos internos en Estados Unidos. Desde esta perspectiva,
cualquier futuro líder iraní podría optar nuevamente por la diplomacia si
existiera un compromiso real por parte de Washington para resolver la cuestión
nuclear.
En
cuanto a la posibilidad de un conflicto prolongado, Adib-Moghaddam sostuvo que
Irán posee tanto la moral nacional como las capacidades militares necesarias
para sostener una guerra de larga duración. En su opinión, esa preparación
estratégica podría no estar igualmente presente en las sociedades de Estados
Unidos o Israel, donde el apoyo social a conflictos prolongados suele ser más
limitado.
Finalmente,
el académico rechazó la hipótesis de una guerra civil en Irán tras el
conflicto. A diferencia de casos como los de Irak o Siria, sostiene que Irán
posee una identidad nacional profundamente arraigada que actúa como factor de
cohesión en momentos de crisis. Esa psicología colectiva, argumenta, se vincula
con una continuidad histórica excepcional: el país ha logrado preservar el
núcleo territorial y cultural del antiguo imperio persa durante más de 5.000 años.
En
conjunto, las reflexiones de Arshin Adib-Moghaddam ofrecen una perspectiva
crítica sobre las estrategias occidentales en Oriente Medio. Su análisis
subraya que las dinámicas internas de Irán, su red de alianzas regionales y su
fuerte identidad histórica hacen improbable que la presión militar externa
conduzca al colapso del sistema político. Por el contrario, según su visión,
dichas presiones podrían reforzar la cohesión interna y prolongar un conflicto
cuyas consecuencias estratégicas serían inciertas para quienes lo impulsan.
Fuente: La Razón.com
