Hace más de tres años que
Elon Musk adquirió la red social entonces conocida como Twitter, rebautizándola
como X.
La
introducción de la pestaña “Para ti” en enero de 2023, que prioriza contenidos
según criterios algorítmicos en lugar de un orden cronológico, marcó un punto
de inflexión en la forma en que se distribuye y consume la información política
en la plataforma.
Un estudio publicado en Nature sugiere que
esta modificación no es neutral: el feed algorítmico(*) empuja a los
usuarios hacia posturas políticas más conservadoras.
El
hallazgo no puede analizarse de manera aislada. Las redes sociales han
transformado radicalmente la vida pública contemporánea. Según datos del Pew
Research Center, la cuarta parte de los adultos estadounidenses declara que
las redes sociales constituyen su principal fuente de noticias.
En
una democracia de más de 330 millones de habitantes, esto implica que decenas
de millones de ciudadanos construyen su percepción del mundo político a partir
de contenidos mediados por algoritmos. En este contexto, la arquitectura
digital deja de ser una cuestión técnica para convertirse en un asunto
político de primer orden.
El
estudio liderado por Ekaterina Zhuravskaya, de la Escuela de Estudios
Superiores en Ciencias Sociales (EHESS), se basó en un experimento de campo con
casi cinco mil usuarios estadounidenses activos en 2023. Durante siete semanas,
los participantes fueron asignados aleatoriamente a utilizar el feed cronológico(**)
o el algorítmico. Los resultados muestran que quienes usaron el sistema
algorítmico no solo interactuaron más con la plataforma, sino que también
adoptaron prioridades políticas más conservadoras y tendieron a seguir más
cuentas de activistas de derecha.
Es
significativo que los cambios no supusieran una alteración radical de la
identidad partidista —los demócratas siguieron considerándose demócratas y los
republicanos, republicanos—, sino un desplazamiento en las prioridades y
percepciones dentro de ese marco ideológico. Se observaron variaciones en
actitudes hacia investigaciones penales relacionadas con Donald Trump y en
opiniones sobre la guerra en Ucrania. El efecto, por tanto, no fue una
conversión política abrupta, sino una modulación gradual de la agenda mental de
los usuarios.
Uno de los hallazgos más relevantes es que la exposición inicial al algoritmo tiene efectos persistentes. Cambiar posteriormente al feed cronológico apenas modificó las actitudes ya moldeadas. Esto sugiere que los algoritmos no solo organizan la información presente, sino que contribuyen a estructurar marcos interpretativos duraderos.
En términos democráticos, la implicación es
profunda: la infraestructura digital puede intervenir en la formación de
preferencias políticas con una eficacia sostenida y silenciosa.
Además,
el impacto de X no se limita a sus usuarios directos. La plataforma funciona
como un nodo central donde interactúan periodistas, líderes políticos y
responsables institucionales. Lo que se debate en ella se amplifica en medios
tradicionales, debates parlamentarios y otras redes. De esta manera, el sesgo algorítmico se proyecta sobre la agenda pública general, incluso entre quienes no
utilizan la red social. La influencia es cuantitativa y cualitativa pues afecta a la definición de qué temas importan y cómo se
interpretan.
El estudio también apunta a un fenómeno inquietante: el algoritmo tiende a relegar a medios de comunicación tradicionales mientras amplifica voces más activistas y polarizadas.
En un contexto de alta crispación política —como el vivido en
Estados Unidos en 2023—, este sesgo puede intensificar dinámicas de
confrontación. Si las voces más activas y polarizadoras pertenecen a un
determinado espectro ideológico, el algoritmo, orientado a maximizar
interacción, tenderá a potenciarlas. La lógica comercial de la atención se
entrelaza así con la lógica política de la polarización.
No
obstante, los propios investigadores advierten que los resultados dependen del
contexto específico en que se realizó el experimento. En otros sistemas
políticos o en periodos menos polarizados, la dirección del efecto podría
variar. Sin embargo, la constante identificada —la capacidad del diseño
algorítmico para moldear actitudes y prioridades— parece trascender el caso
concreto.
En última instancia, el estudio ofrece una advertencia rigurosa sobre la plasticidad de las actitudes políticas frente a la arquitectura digital. Los algoritmos no son meros intermediarios neutrales pues configuran el entorno informativo en el que se forman las opiniones.
En la era de las plataformas, el
poder no solo reside en quién habla, sino en cómo se distribuyen las voces. Y
ese “cómo” —codificado en líneas de programación invisibles para el usuario—
puede tener consecuencias políticas de largo alcance.
La transformación de Twitter en X simboliza, así, un cambio más amplio en la ecología de la información pública. El debate ya no se limita a la libertad de expresión o la moderación de contenidos, sino que se extiende al diseño mismo de los sistemas que organizan la conversación colectiva.
En ese terreno técnico
y aparentemente neutral e inofensivo, se juega una parte decisiva del futuro democrático.
(*)
Un feed algorítmico.- Es un flujo de contenido personalizado
que utiliza sistemas de inteligencia artificial para determinar qué
publicaciones ves y en qué orden aparecen.
(**)
Un feed cronológico.- Muestra el contenido simplemente por hora de
publicación, el algorítmico prioriza lo que considera más relevante para ti
basándose en miles de señales.
Más información
Ekaterina Zhuravskaya et al. "The political effects of X’s feed
algorithm". Nature (2026).
https://www.nature.com/articles/s41586-026-10098-2
Fuente: Publico.es
