27 de febrero de 2026

INVESTIGACION. Fármaco viviente, elimina tumores en ratones con cáncer de páncreas, ovario o riñón

La historia reciente de la medicina oncológica puede dividirse en un antes y un después de las terapias CAR-T.

 

Desde su primera aplicación experimental en 2010, este “fármaco viviente” ha transformado el pronóstico de miles de pacientes con leucemias, linfomas y mielomas, ofreciendo remisiones completas allí donde antes solo había tratamientos paliativos. 

Hoy, un nuevo avance sugiere que esa revolución podría extenderse, por fin, a los tumores sólidos, responsables de más del 90% de los cánceres.

La terapia CAR-T —siglas en inglés de Chimeric Antigen Receptor T-cell— (ver Anexo I) consiste en extraer células T del propio paciente, modificarlas genéticamente para que reconozcan una proteína específica presente en las células cancerosas y reintroducirlas en el organismo con una capacidad amplificada de destrucción tumoral. Este enfoque alcanzó notoriedad gracias a los trabajos pioneros del inmunólogo francocanadiense Michel Sadelain y del estadounidense Carl June, quienes sentaron las bases de una estrategia que cambiaría la hematología moderna. Ambos fueron reconocidos recientemente con el Premio Fronteras de la Fundación BBVA por su contribución decisiva al desarrollo de estas terapias.

El éxito inicial se debió, en gran medida, a la identificación de una diana clara: la proteína CD19, presente en la superficie de muchas células malignas de la sangre. Sin embargo, esta precisión se convirtió en una limitación cuando los investigadores intentaron trasladar la estrategia a tumores sólidos como los de mama, pulmón, colon o páncreas. Estos cánceres no expresan CD19 y, además, presentan una complejidad biológica mayor: son heterogéneos, generan barreras físicas que impiden la entrada de las células T y pueden incluso inactivarlas dentro del microambiente tumoral. Durante dos décadas, estos obstáculos frustraron los intentos de replicar en tumores sólidos el éxito alcanzado en la sangre.

El nuevo estudio liderado por Sadelain en la Columbia University propone un cambio de enfoque. En lugar de la proteína CD19, el equipo ha dirigido su atención hacia CD70, una molécula presente en más de 20 tipos de tumores sólidos. Aunque CD70 ya era conocida por la comunidad científica, los ensayos previos habían fracasado porque parecía expresarse solo en una fracción de las células tumorales. La hipótesis que cambió el rumbo surgió de la investigadora Sophie Hanina: quizá CD70 estaba en todas las células cancerosas, pero en niveles tan bajos que escapaban a la detección de los CAR-T convencionales.

Para poner a prueba esta intuición, el equipo desarrolló en 2022 una versión ultrasensible de la terapia, denominada HIT, capaz de reconocer cantidades ínfimas de CD70. Los resultados, publicados en la revista Science, son contundentes en modelos animales: erradicación completa de tumores humanos de páncreas, ovario y riñón implantados en ratones de laboratorio. Se trata de una demostración de concepto robusta, realizada con células T humanas frente a injertos tumorales derivados de pacientes, lo que refuerza su relevancia preclínica.

No obstante, la prudencia sigue siendo obligada. “Nunca se puede predecir la eficacia que tendrá en humanos”, advierte Sadelain. El salto del ratón al paciente requiere ensayos clínicos costosos y complejos, para los cuales aún no se ha conseguido la financiación necesaria. Además, persisten interrogantes fundamentales. 1)¿Podría esta estrategia afectar a células sanas que expresen CD70 en niveles bajos?; 2)¿Se mantendrá la eficacia en el entorno biológico mucho más complejo del cuerpo humano? 

El inmunólogo Manel Juan, del Hospital Clínic de Barcelona, ha calificado el estudio como “excelente”, aunque subraya la necesidad de analizar con detalle posibles efectos adversos fuera del tumor.

La dimensión económica añade otra capa de complejidad. Un tratamiento CAR-T industrial puede alcanzar los 300.000 euros por paciente. 

En España, el Sistema Nacional de Salud financia cinco CAR-T comerciales para tumores hematológicos, desarrollados por compañías como Gilead Sciences, Novartis, Janssen Pharmaceuticals y Bristol Myers Squibb, además de dos alternativas académicas impulsadas por la sanidad pública. Extender estas terapias a tumores sólidos implicaría no solo un reto científico, sino también financiero y organizativo.

La historia del primer paciente tratado con CAR-T, Bill Ludwig, en 2010, simboliza la dimensión humana de esta revolución. Desahuciado por una leucemia avanzada, recibió el tratamiento experimental como último recurso y logró una remisión completa que marcó un hito en la medicina contemporánea. Ese precedente demuestra que lo que hoy es experimental puede convertirse mañana en estándar terapéutico.

El avance hacia una CAR-T ultrasensible dirigida contra CD70 no garantiza aún una cura para los tumores sólidos, pero sí redefine los límites de lo posible. 

Si los resultados en humanos replicaran siquiera una parte de la eficacia observada en ratones, la oncología podría enfrentarse a una nueva transformación histórica. 

Como toda innovación disruptiva, el camino estará lleno de incertidumbres científicas, riesgos clínicos y debates éticos. 

Sin embargo, el principio que guía esta línea de investigación es claro. "Convertir las propias defensas del paciente en el arma más precisa contra el cáncer".

Fuente: El País.com

ANEXO I

 ¿En qué consiste la terapia CAR-T? 


La terapia CAR-T (siglas de Chimeric Antigen Receptor T-cell) es un tratamiento de inmunoterapia personalizado que utiliza las propias defensas del paciente para combatir el cáncer.

Fue desarrollada por investigadores como Michel Sadelain y Carl June, y ha revolucionado el tratamiento de algunas leucemias y linfomas.

Paso a paso:

  1. Extracción de células T.- Se extrae sangre del paciente y se aíslan las células T (un tipo de glóbulo blanco).
  2. Modificación genética.- En el laboratorio, se modifican para que expresen un receptor artificial (CAR) que reconoce una proteína específica del tumor.
  3. Multiplicación.- Estas células modificadas se expanden hasta obtener millones.
  4. Reinfusión.- Se vuelven a introducir en el paciente por vía intravenosa, como si fuera una transfusión.
  5. Ataque al tumor.- Las células CAR-T reconocen y destruyen las células cancerosas.

Es un tratamiento “viviente” porque las células modificadas pueden seguir activas dentro del cuerpo durante meses o incluso años.

¿Es doloroso?

En general, no es un tratamiento doloroso en sí.

  • La extracción de sangre puede ser algo incómoda, similar a una donación.
  • La infusión es como un suero intravenoso.
  • No implica cirugía.

Sin embargo, pueden aparecer síntomas físicos importantes después de la infusión, que pueden ser molestos o intensos.

¿Es peligroso?

Puede serlo, por eso se administra en hospitales especializados.

Posibles Efectos Secundarios

  1. Síndrome de liberación de citoquinas (SLC).- Es el efecto adverso más frecuente.
Puede provocar:
      1. Fiebre alta
      2. Bajadas de tensión
      3. Dificultad respiratoria

En casos graves puede requerir UCI, aunque hoy se controla mejor que hace años.

        2.Toxicidad neurológica

Puede causar:
      1. Confusión
      2. Dificultad para hablar
      3. Convulsiones (raro)
  1. Riesgo de infecciones.- Como afecta al sistema inmunitario, puede debilitar las defensas temporalmente.

Entonces… ¿vale la pena?

En muchos casos sí. Para algunos pacientes con leucemias o linfomas resistentes a todo lo demás, ha supuesto la diferencia entre la vida y la muerte.

Eso sí:

  • Se usa principalmente en cánceres de la sangre.
  • Aún se está investigando para tumores sólidos.
  • Requiere selección cuidadosa del paciente.

Fuente: Clínica Mayo

TRIBUNALES. La denuncia de Julio Iglesias a Yolanda Díaz, que puede volverse en su contra.

 “Exceptio veritatis” o por qué la denuncia de Julio Iglesias a Yolanda Díaz no es muy astuta.“Las acosadas podrían ser citadas”


A raíz del conflicto entre Julio Iglesias y Yolanda Díaz, se reactualiza un viejo principio jurídico que atraviesa siglos de tradición occidental: “Exceptio Veritatis”. 


Lo que en apariencia es una disputa por el honor y la reputación puede convertirse, paradójicamente, en un escenario donde la verdad —si logra probarse— opera como escudo para quien ha realizado la acusación. La advertencia del profesor Joaquín Urias apunta precisamente a ese posible “efecto boomerang” que podría transformar una estrategia defensiva en un riesgo procesal mayor.

La tensión entre honor y libertad de expresión

El núcleo del conflicto reside en la colisión entre dos derechos fundamentales: el derecho al honor y la presunción de inocencia, por un lado; y la libertad de expresión e información, por otro. Iglesias sostiene que las declaraciones públicas de Díaz —en las que lo habría señalado como “abusador sexual” y vinculado a situaciones de “esclavitud” laboral— constituyen injurias y calumnias con publicidad. Desde su perspectiva, la acusación vulnera su reputación y lo expone a un descrédito público irreparable.

Sin embargo, el derecho no se limita a proteger la imagen de las personas; también protege la posibilidad de denunciar hechos que puedan ser ciertos y de relevancia pública. Aquí es donde entra en juego la exceptio veritatis: en los delitos de injurias y calumnias, quien realiza la acusación puede quedar exento de responsabilidad si demuestra que lo dicho es verdadero. Este principio, heredado del derecho romano, sigue vigente en el ordenamiento jurídico español.

Exceptio veritatis: la verdad como defensa

La exceptio veritatis no es simplemente un tecnicismo procesal; es una manifestación de un principio más profundo: el derecho no castiga la verdad. Si alguien acusa a otra persona de un hecho grave y logra probarlo, el sistema jurídico entiende que no existe injuria, porque la reputación no puede construirse sobre la ocultación de conductas ilícitas.

La paradoja en este caso es evidente. Para que prospere la demanda de Iglesias, un tribunal tendría que concluir que las acusaciones son falsas. Pero el proceso judicial abriría la puerta a que la parte demandada aporte pruebas, testimonios y documentación orientados a demostrar que los hechos denunciados sí ocurrieron. Es decir, el procedimiento por injurias podría convertirse en un juicio indirecto sobre los presuntos abusos.

De ahí la advertencia de Urias: demandar en estas circunstancias podría no ser “muy astuto”, porque obliga a judicializar nuevamente unas acusaciones que, hasta ahora, no habían sido investigadas en España por cuestiones de competencia territorial. El pleito, lejos de cerrar el debate público, lo intensificaría y lo trasladaría al terreno probatorio.

El riesgo procesal y el efecto boomerang

El llamado “efecto boomerang” tiene varias dimensiones. En primer lugar, la reapertura del debate mediático: cada trámite judicial reavivaría el interés público sobre los hechos denunciados. En segundo lugar, la posible citación de las extrabajadoras como testigos. Aunque la Fiscalía hubiera rechazado investigar los hechos por no ser competencia española, en un proceso por injurias las declaraciones podrían adquirir relevancia para esclarecer la veracidad de las afirmaciones.

Así, la estrategia legal de defensa del honor podría transformarse en una vía indirecta para examinar judicialmente las acusaciones. Incluso si el procedimiento no equivaliera a un proceso penal por abusos, sí implicaría una evaluación judicial de los testimonios y pruebas disponibles. En términos jurídicos, la carga simbólica es significativa: el demandante quedaría expuesto a un escrutinio que inicialmente no existía en sede judicial española.

Dimensión política y simbólica

No puede ignorarse el contexto político. Díaz, como vicepresidenta y ministra, no habló en un ámbito privado sino desde una posición institucional. Sus palabras tienen una proyección pública mayor y, por tanto, una responsabilidad también más exigente. Pero al mismo tiempo, el interés general en conocer posibles abusos laborales o sexuales por parte de figuras públicas es indiscutible. La relevancia pública del cantante y la gravedad de las acusaciones elevan el estándar de debate.

El caso refleja una tensión característica de las democracias contemporáneas: cómo equilibrar la protección de la reputación con el derecho a denunciar comportamientos presuntamente abusivos. La exceptio veritatis opera como un mecanismo de equilibrio, recordando que la protección del honor no puede convertirse en un instrumento para silenciar la verdad.

Conclusión

La decisión de demandar por injurias puede parecer, en principio, un acto de defensa legítima frente a acusaciones graves. Sin embargo, cuando existe la posibilidad de que la parte demandada invoque la exceptio veritatis, la estrategia adquiere un componente de riesgo. El proceso judicial podría obligar a examinar con mayor profundidad aquello que se pretendía desmentir.

En este sentido, la observación de Joaquín Urias no se limita a un comentario jurídico técnico, sino que señala una lección más amplia: en determinados contextos, acudir a los tribunales no solo implica reclamar justicia, sino también aceptar que la verdad —si logra acreditarse— será el criterio definitivo. Y cuando la verdad entra en juego, el resultado puede no ser el esperado por quien inició la acción.

Fuente: El Plural.com