1 de junio de 2026

ANÁLISIS Y OPINIÓN. ¿Acaso los jueces del caso Zapatero y del caso Leire, incumplen la ley?

 La periodista Silvia Intxaurrondo, expone que la jurisprudencia comunitaria prohíbe taxativamente atribuir delitos en las etapas preliminares de una investigación penal/criminal

La controversia que ha abierto la presentadora de televisión, Silvia Intxaurrondo en el programa informativo de, "La Hora de La 1" gira en torno a un punto neurálgico del proceso penal: cuándo, cómo y con qué lenguaje se puede hablar de delitos y de culpabilidad durante las fases preliminares de una investigación. A partir del contraste entre los “últimos autos” dictados en los presuntos procedimientos conocidos como caso Leire y caso Zapatero, Intxaurrondo plantea que ciertas decisiones judiciales podrían estar chocando con estándares jurídicos europeos diseñados, precisamente, para evitar que el investigado sea tratado como culpable antes de tiempo.

En su intervención, la periodista recordó su revisión de la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), subrayando que la doctrina europea “dice que no se puede atribuir la comisión de un delito en una etapa preliminar del procedimiento penal”. Lo decisivo, en su argumentación, no es el hecho de que la investigación avance: es lógico que en una instrucción existan sospechas, indicios y diligencias. El problema surge cuando el relato jurídico o mediático transforma esa fase indiciaria en una afirmación de culpabilidad con apariencia de certeza. Intxaurrondo interpreta que tal práctica “pervertiría el procedimiento penal” y, sobre todo, incrementaría “el riesgo de estigmatización del investigado”.

A continuación, la presentadora conectó esa regla europea con lo que entiende que ocurre en dos resoluciones judiciales recientes: las del juez Santiago Pedraz y las del juez José Luis Calama, citadas por el programa como relevantes para los procedimientos denominados Leire y Zapatero. En su conclusión, formulada con tono tajante, sostuvo que “no es legal hacer esto”. Más que una crítica meramente retórica, el núcleo de su postura es jurídico: si el estándar europeo prohíbe atribuir delitos en etapas preliminares, entonces cualquier formulación que, en autos, parezca dar por cometidos los hechos con una certeza incompatible con la fase procesal estaría comprometiendo derechos fundamentales.

El magistrado Ignacio González Vega, invitado al espacio, reforzó el planteamiento desde una perspectiva institucional. Según explicó, estas garantías no son simples criterios orientativos, sino mandatos vinculantes que obligan a todos los operadores judiciales. El experto amplió el argumento al recordar que no se trata únicamente de jurisprudencia: también existe una directiva comunitaria “que precisamente habla de los derechos de defensa del investigado en el juicio y habla de la presunción de inocencia”. Con ello, González Vega introduce una idea clave: la presunción de inocencia no es un adorno del sistema, sino un principio rector que condiciona el modo en que se construye la argumentación judicial y, por extensión, la comunicación pública de lo que ocurre en los tribunales.

En ese marco, el magistrado hizo una distinción pedagógica: lo que se presume es la inocencia de las personas, y, por tanto, “es la acusación —por ejemplo el fiscal— quien debe de acreditar su culpabilidad”. Hasta entonces, no deben presentarse los hechos como probados. La fase de investigación se nutre de indicios y verosimilitud, no de condena. Por eso insistió en que “no se presumen los delitos o los hechos, los hechos están todavía en una fase indiciaria” y que “hasta que no haya una sentencia condenatoria, esa persona es inocente”. La lógica es clara: cualquier lenguaje que desdibuje esa frontera entre sospecha e imputación probada reduce el espacio de defensa, favorece el prejuicio y puede contaminar la percepción social del caso.

El debate, sin embargo, no se limita al contenido estrictamente jurídico de los autos. Intxaurrondo introdujo un factor contemporáneo: la repercusión mediática que acompaña a los sumarios desde el momento en que se levanta el secreto de las actuaciones. En una “sociedad hiperconectada”, donde las noticias circulan “al minuto”, la periodista cuestiona que, incluso en contextos sensibles, los tribunales no sean capaces de sostener un nivel adecuado de discreción y de control sobre el impacto público de sus resoluciones. Su crítica es especialmente severa cuando afirma que “cuando se levantan nos encontramos con culpabilidades aseguradas en un auto judicial”, lo cual —en su visión— sería “lo contrario de lo que dice el Tribunal de Justicia de la Unión Europea”. De ahí la tesis final: “aquí algo falla”.

Llegados a este punto, González Vega aportó un matiz relevante: los jueces “hablan a través de sus resoluciones”, pero con frecuencia “la distorsión suele venir de la forma de expresar titulares de prensa o noticias”. Es decir, no siempre el problema radica en lo que literalmente dice el órgano judicial, sino en cómo se traduce, simplifica o incluso se sensacionaliza el contenido para captar atención. En esa transformación mediática, una sospecha puede convertirse en un “delito cometido” para el público, o una formulación condicional puede aparecer como un veredicto. El magistrado señaló que esa información a veces se vuelve “sesgada” y que no refleja “justamente la que está transmitiendo el órgano judicial”.

A partir de ahí, el debate se desplaza hacia la responsabilidad de la prensa. González Vega citó la idea del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre los medios como “perro guardián de la democracia”, pero incluyó una exigencia ética-jurídica: el periodismo debe procurar que en las noticias “quede reflejada la inocencia de estas personas mientras no haya una sentencia condenatoria”. La protección no se agota en los tribunales: también se juega en el lenguaje con el que la sociedad aprende lo que ocurre ante la justicia. Titulares que afirman culpabilidades sin condena pueden contribuir a un juicio paralelo; y ese juicio paralelo, aunque no tenga efectos penales formales, puede tener efectos materiales en la reputación, en la capacidad de defensa y en la confianza pública.

En síntesis, el análisis del programa expone un conflicto de fondo entre tres planos que deberían ser coherentes entre sí:

  • (1) la garantía europea de que no se atribuya la comisión de un delito en fases preliminares; 
  • (2) el principio interno y supranacional de presunción de inocencia y de carga probatoria sobre la acusación;
  • (3) la comunicación pública, donde los límites entre sospecha judicial y certeza mediática pueden difuminarse.

La advertencia de Intxaurrondo y el marco aportado por González Vega apuntan a una misma conclusión:

  1. Cuando la investigación se convierte —por autos o por titulares— en una narrativa de culpabilidad anticipada, se vulnera el diseño garantista del proceso penal y se pone en riesgo un derecho fundamental que no es negociable.
  2. Puesto que, mientras no exista sentencia condenatoria, la regla europea y la ética democrática exigen, ante todo, cautela: los hechos pueden estar en fase indiciaria, pero la inocencia no debería convertirse en una etiqueta provisional, sino en un punto de partida firme.

Fuente: El Plural.com

POSDATA

Quiero creer que los jueces citados desconocían que el marco legal de la Unión Europea, prohibe acusar en autos en fase de instrucción  a investigados sin pruebas  (lo cual ya de por sí es grave) y también, prefiero no pensar que eran conocedores de dicha prohibición, pues en ese supuesto, estarían dañando a propósito la reputación de los investigados, que entiendo, en ese caso sería denunciable, al menos ante las altas instancias judiciales europeas. Ya que por intereses políticos los carroñeros de PP y Vox, no han perdido la ocasión de mancillar el buen nombre de los investigados y de no respetar su presunción de inocencia. Lo cual da cuenta, de la baja estatura moral y de la evidente  ignorancia en derecho europeo, de los dirigentes y abogados de dichos partidos políticos, a no ser que fuesen conocedores y por tanto conscientes, de que estaban incumpliendo la ley, que en ese  supuesto sería un hecho denunciable.

Al igual que han hecho, algunos periodistas de las principales caberas conservadoras de este país, justificándose con la idea que lo había dicho un juez. 

¿O es que quizás estén todos de acuerdo para dañar la reputación de los investigados? 

Por qué, a decir verdad, a todos los que viven de la carroña no les viene mal, con el fin de medrar en sus propios intereses, para unos de tipo político (PP y Vox) y para otros de tipo profesional y/o empresarial (quienes inventan y/o distribuyen la  carroña, respectivamente) 

Y lo peor está por venir, porque imagínense que Feijóo pierda las generales, y entonces, ¿como va a devolver los favores debidos?

 Me parece que este año es el último que le va a salir gratis, el turrón y los insultos a sus rivales políticos, al presunto líder del PP.

Por cierto, y hablando de todo un poco. Por qué será que solo Vox confía en el PP para la moción de censura. Quizás sea porque ambos dos, son tal para cual.

Fuente: Redacción

NVIDIA. Reinventa el ordenador personal con un chip de IA con el que reta a Intel y AMD

El gigante crea un procesador diseñado conjuntamente con Microsoft. Fabricantes como Dell, HP y Asus se unen al proyecto.

Nvidia ha decidido enfrentarse al “último bastión” tecnológico que hasta ahora parecía dominado por otros, el ordenador personal.

Si en los centros de datos la empresa ya es una referencia casi obligada para los sistemas de inteligencia artificial, su próximo desafío es trasladar esa ventaja al ámbito cotidiano del PC. No se trata solo de lanzar un nuevo chip para portátiles, sino de proponer una reinvención completa de cómo se usa el ordenador: de una máquina que “ejecuta” órdenes a otra que responde a peticiones y realiza tareas con autonomía apoyada por IA.

El anuncio llega con una señal clara: Nvidia quiere extender su dominio en el ecosistema de chips de IA, y lo hace con un movimiento estratégico que busca reducir fricciones con el software y la integración industrial. En esta ocasión, la compañía presenta el RTX Spark, un procesador diseñado en colaboración con Microsoft para equipos con Windows, pensado para portátiles (la mayoría del mercado) y también para sobremesas compactos. Los socios industriales se alinean desde el inicio: fabricantes como Asus, Dell Technologies y HP se incorporaron al proyecto en otoño, lo que sugiere que la oferta no quedará en una promesa técnica, sino que buscará aterrizar rápidamente en productos reales.

La reacción del mercado confirma que la operación ha sido entendida como relevante por los inversores. En las primeras horas de negociación, las acciones de Nvidia suben más de un 4%, recuperando la marca de 220 dólares tras jornadas recientes de caída. En paralelo, se observa un efecto comparativo: Intel retrocede alrededor de un 3%, AMD también cae, mientras Microsoft rebota con fuerza. Este contraste sugiere que el mercado interpreta el anuncio como una potencial reasignación de protagonismo en el hardware, pero también como una reafirmación del papel de Microsoft como plataforma clave para habilitar la IA en el “lado cliente”.

En el centro del mensaje de Nvidia está la idea de que el PC está dejando de ser solo un dispositivo de interacción tradicional. Jensen Huang, CEO de Nvidia, lo expresa con una narrativa de cambio generacional: durante décadas, el usuario “abre aplicaciones” con clics o tecleo; con RTX Spark y Windows, el paradigma pasa a ser el de pedir y que el equipo haga el trabajo. Para reforzar esa tesis, Huang describe el procesador como un “superchip” que integra tecnologías que Nvidia ya conoce en el mundo de la IA y la computación acelerada: CUDA, RTX y su plataforma de IA en un único componente. La consecuencia buscada es doble: mejorar el rendimiento en tareas exigentes y, sobre todo, acercar capacidades que antes requerían centros de datos a un formato que quepa en un portátil.

Dicho de forma más directa, Nvidia propone el “ordenador personal con IA”: un sistema capaz de ejecutar agentes locales, correr modelos de vanguardia, soportar flujos de trabajo creativos y ofrecer también juegos con tecnologías RTX. La intención de apuntar “especialmente” a jugadores no es casual: el mercado del gaming suele ser un motor de adopción de hardware avanzado, y además sirve como demostración tangible de potencia gráfica y eficiencia. Sin embargo, el enfoque también se dirige a creadores de contenido y usuarios que ejecuten aplicaciones de IA, sectores donde la latencia, la disponibilidad del modelo y el rendimiento local tienen impacto real en la productividad.

En cuanto a especificaciones, el RTX Spark promete cifras llamativas. Se menciona que el chip trabajará con más de 128 GB de memoria, una cantidad enorme para un portátil. La comparación es elocuente: la mayoría de ordenadores portátiles se mueve en torno a 16 GB, mientras que configuraciones de 128 GB son excepcionales y suelen tener un coste elevado. En un escenario similar, Nvidia señala un ejemplo de coste de alrededor de 5.100 dólares para equipos equivalentes con memoria alta. Aunque la compañía no ha comunicado precios de los primeros modelos, sí apunta que los primeros sistemas se orientarán al segmento premium; no obstante, también se anuncia que existirán versiones menos potentes del RTX Spark con menor memoria para equipos de menor precio, lo que abre la puerta a una expansión más masiva con el tiempo.

El diseño físico y la experiencia de usuario también aparecen en la estrategia. Nvidia no ha mostrado portátiles concretos, pero adelanta pistas: un grosor aproximado de 14 milímetros, cámaras web HD y una batería que durará todo el día. En términos prácticos, estas afirmaciones buscan disipar un temor recurrente del usuario: que la IA en local implique máquinas voluminosas o con autonomía limitada. Si Nvidia consigue sostener esas promesas, el “nuevo PC” podría dejar de ser una curiosidad técnica para convertirse en una compra aspiracional y, posteriormente, en una opción común.

Sin embargo, la reinvención del PC no se entiende aislada del movimiento paralelo que Nvidia impulsa en los centros de datos. La compañía también anuncia que su CPU Vera, orientada a servidores para IA, ya está en producción, con disponibilidad de servidores en rack este otoño. Entre los clientes que exploran Vera se citan nombres del ecosistema de IA y computación a escala: Anthropic, OpenAI, SpaceXAI, ByteDance (matriz de TikTok), Coreweave y Oracle. En un contexto donde los centros de datos se vuelven el motor de los agentes de inteligencia artificial, las CPU adquieren un peso creciente. Nvidia parece querer abarcar ambas puntas del sistema: el “cerebro” masivo en servidores y la ejecución local en el dispositivo del usuario.

En conjunto, el anuncio de RTX Spark es más que un lanzamiento de hardware. Es una declaración de intenciones sobre el futuro de la computación: los agentes y modelos de IA dejan de ser algo que ocurre exclusivamente en la nube para trasladarse al borde (edge), al dispositivo personal, donde la interacción puede volverse más inmediata y eficiente.

Si Nvidia logra que fabricantes y ecosistemas como Windows consoliden esta transición, el PC podría experimentar una transformación tan profunda como la que supuso la expansión de internet o el salto a la computación acelerada.

Así, la estrategia de Nvidia combina tres elementos decisivos: 

  1. Alianza con software (Microsoft Windows);
  2. Cooperación industrial (Asus, Dell, HP y otros integradores); 
  3. Capacidad técnica integrada (GPU Blackwell + CPU Grace dentro de un superchip). 

La respuesta del mercado indica que el sector ve en ello una oportunidad real, no solo una campaña mediática. La pregunta, a partir de ahora, será si el “ordenador personal con IA” pasará de la gama premium a una adopción amplia, y si esa transición redefine el estándar del PC durante los próximos años.

Fuente: El Pais.com