6 de junio de 2026

COMPUTACIÓN CUÁNTICA. Entre la Promesa y la Realidad

Introducción

 Durante años, la computación cuántica ha sido presentada como la próxima frontera tecnológica que revolucionaría nuestro mundo.

 Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial y, especialmente, de ChatGPT en 2022, ha desplazado los focos mediáticos hacia nuevos horizontes. 

En este contexto de expectativas fluctuantes y realidades complejas, la voz de Aram Harrow, investigador del MIT con 25 años de experiencia en computación cuántica, ofrece una perspectiva refrescante: ni catastrofista ni utópica, sino pragmática y científicamente honesta. Su reflexión nos invita a replantearnos qué significa realmente que una tecnología "esté lista" y cuál será su impacto verdadero en nuestras vidas.

La Paradoja del Optimismo Tardío

Resulta irónico que un científico tradicionalmente escéptico como Harrow sea ahora quien sostiene que la computación cuántica podría llegar antes de lo imaginado. Durante 25 años, ha mantenido una postura conservadora, afirmando que faltaban entre 10 y 15 años para su realización. Hoy reconoce que esa fue "la peor predicción" que ha hecho, pero no porque la computación cuántica esté aquí mañana, sino porque está más cerca de lo que él mismo creía hace poco.

Esta admisión es profundamente reveladora. Sugiere que los avances en hardware cuántico—particularmente en la creación de ordenadores con miles de cúbits—son reales y tangibles. Sin embargo, Harrow es cuidadoso al definir qué significa que la computación cuántica "haya llegado": no es simplemente la existencia de máquinas cuánticas pequeñas, sino su capacidad de resolver problemas útiles que los ordenadores clásicos no pueden abordar eficientemente. Es una distinción crucial que muchos medios de comunicación olvidan.

El "Día Cuántico" que Pasó Sin Notarse

Cuando Google ejecutó su ordenador cuántico hace unos años, realizó un cálculo que ningún ordenador clásico podía simular. Fue un hito histórico, pero también un síntoma de la desconexión entre los logros científicos y la percepción pública. Harrow lo describe con una metáfora perfecta: el "día cuántico" ya llegó y pasó, sin que casi nadie se diera cuenta.

Este fenómeno refleja una verdad incómoda sobre la innovación tecnológica: sus momentos cruciales rara vez coinciden con los titulares. La revolución digital no comenzó con un evento mediático único, sino con décadas de mejoras incrementales. De manera similar, la computación cuántica probablemente no tendrá su "momento ChatGPT"—ese instante en que la sociedad entera repentinamente entiende su valor—sino un proceso gradual de mejora y aplicación.

El Cambio Silencioso: Cúbits Mejores y Menos Ruido

La realidad actual de la computación cuántica es menos glamorosa pero más esperanzadora que los titulares sugieren. Los avances ocurren en dos frentes simultáneamente: la mejora en la calidad de los cúbits individuales y la integración de más cúbits en una sola máquina. La mencionada "Ley de Schölkopf" propone que la calidad de los cúbits mejora cada año—un ritmo sostenido y predecible.

Lo crucial aquí es que la calidad se mide en términos de ruido. Un cúbit es efectivo solo si puede realizar múltiples operaciones antes de que el ruido cuántico corrompa sus datos. Esta métrica concreta—la tasa de error decreciendo año tras año—es la verdadera historia de la computación cuántica. No es espectacular, pero es sólido. Es la Ley de Moore de la era cuántica.

Los Algoritmos, esperando al Hardware

Una de las observaciones más perspicaces de Harrow es que, durante dos décadas, los teóricos han estado "construyendo carreteras, aparcamientos e incluso autolavados" para un coche que aún no existe. Los algoritmos cuánticos han sido desarrollados sobre papel, esperando pacientemente que los ordenadores cuánticos prácticos los hagan realidad.

Esto recuerda a la historia de la inteligencia artificial: muchos de sus algoritmos fueron concebidos en los años 60, pero no demostraron su utilidad hasta que dispusimos de datos masivos y potencia computacional sin precedentes. No fue posible predecir su éxito; simplemente hubo que probar y observar. Con la computación cuántica ocurrirá algo similar. Sabemos teóricamente que la simulación de moléculas funcionará, pero solo descubriremos el verdadero alcance de sus aplicaciones cuando las máquinas existan.

Aplicaciones concretas: Moléculas y Cifrado

Harrow reconoce que siempre menciona los mismos dos casos de uso: la simulación molecular para química y ciencia de materiales, y el cifrado. Aunque pareciera una limitación, es también una fortaleza. Estas no son especulaciones vagas, sino problemas fundamentales donde la ventaja cuántica es teóricamente demostrable.

La simulación molecular es particularmente significativa. Los ordenadores cuánticos podrían diseñar nuevos medicamentos, mejorar materiales y acelererar descubrimientos científicos de manera exponencial. Respecto al cifrado, Harrow es claro: no debemos esperar 10 años para actualizar nuestros códigos de seguridad. La amenaza cuántica es real y presente, aunque su impacto económico aún no se sienta completamente.

El Impacto económico, limitado pero real

Aquí radica una de las conclusiones más honestas del investigador: la computación cuántica nunca será tan ubicua como la inteligencia artificial. No todas las personas verán directamente cómo la computación cuántica mejora su vida cotidiana. En cambio, funcionará como los superordenadores actuales: herramientas especializadas para problemas específicos.

El consumidor promedio probablemente nunca "usará" directamente un ordenador cuántico. Pero podría beneficiarse indirectamente de sus aplicaciones: a través de nuevos medicamentos descubiertos más rápidamente, de materiales superiores, de fuentes de energía más eficientes. Es un impacto real pero indirecto.

Esta realidad económica también explica por qué no veremos una "explosión" de inversión cuántica comparable a la de la IA. Los capitalistas ven con claridad que el mercado cuántico será más pequeño, aunque profundo. Las aplicaciones serán transformadoras para quienes las necesiten, pero no omnipresentes.

Bombo Mediático y expectativas realistas

Harrow toca un tema delicado: el daño potencial que causa el exceso de entusiasmo mediático. Cuando se promete que una tecnología resolverá "todos los problemas", el desencanto inevitable es corrosivo para la investigación científica seria.

Sin embargo, su conclusión es equilibrada: que la computación cuántica exista es, por sí mismo, un logro intelectualmente extraordinario. Durante milenios, desde los antiguos griegos, hemos concebido la computación como un proceso lineal y secuencial: sigue estas instrucciones paso a paso. El descubrimiento de que el universo puede procesar información de manera radicalmente diferente—aprovechando la superposición y el entrelazamiento cuánticos—es revolucionario, aunque sus aplicaciones prácticas sean limitadas.

La metáfora de Harrow es reveladora: la computación cuántica es como "un mago que sigue reglas precisas". Hay cosas que puede hacer de manera única, pero también cosas que no puede hacer, sin importar cuán poderosa sea. No es una panacea cósmica, sino una herramienta con capacidades y limitaciones específicas.

Beneficios Indirectos: La Fusión Nuclear como ejemplo

Para ilustrar cómo la computación cuántica podría impactar de manera inesperada, Harrow propone un camino fascinante hacia la fusión nuclear. Los reactores de fusión requieren superconductores más potentes. La superconductividad es un fenómeno cuántico poco comprendido. Los ordenadores cuánticos podrían desentrañar sus misterios, permitiendo el desarrollo de superconductores mejorados, que a su vez harían posibles reactores de fusión más prácticos.

Este ejemplo es particularmente iluminador porque no es una aplicación "obvia" de la computación cuántica. Surgió de pensar creativamente sobre cómo la capacidad de simular sistemas cuánticos podría resolver problemas secundarios en cadenas causales complejas. Estos tipos de aplicaciones indirectas son probablemente donde reside el verdadero potencial transformador de la tecnología.

La Competencia por el Talento

Finalmente, Harrow reconoce que la explosión de la inteligencia artificial ha alterado el panorama del talento científico. Doctorandos en física que hace una década habrían sido contratados por Google o instituciones financieras hoy se orientan hacia empresas de IA. Aunque Harrow no sugiere que esto sea necesariamente negativo, sí reconoce una realidad: los recursos, el talento y la atención pública son finitos, y tienden a fluir hacia donde se perciba el mayor potencial económico inmediato.

Sin embargo, el campo de la computación cuántica sigue creciendo. No está muriendo, solo creciendo más lentamente de lo que habría crecido en una era donde la IA no hubiera capturado tanta atención.

RESUMEN (la verdad incómoda)

Aram Harrow nos presenta una verdad incómoda para aquellos acostumbrados a narrativas binarias de éxito o fracaso. La computación cuántica no es ni la tecnología salvadora del futuro ni una promesa vacía. Es una herramienta en desarrollo que llegará a ser útil en áreas específicas, probablemente antes de lo que muchos esperaban hace una década, pero también de manera menos espectacular de lo que los titulares sugerirían.

Su honestidad es refrescante en una era de hype tecnológico desenfrenado. Al redefinir lo que significa que una tecnología "haya llegado"—no por su existencia, sino por su capacidad de resolver problemas reales que otros no pueden—nos proporciona un marco más útil para evaluar innovaciones futuras.

La computación cuántica ya está aquí, en sentido científico. Su impacto en el mundo real seguirá siendo gradual, profundo en campos específicos, e indirecto para la mayoría. Eso no es menor. Es, simplemente, la realidad.

CONCLUSIÓN (opinión)

Ahora ya colaboran entre sí la IA y el BIG DATA, en sistemas inteligentes de diferentes sectores de la sociedad civil y también militar. Pero el problema para la sociedad vendrá, cuando se les una a esos sistemas, sobre todo el militar, la computación cuántica. Puesto que, aunque los avances para la humanidad se multiplicarán por un millón (el número de veces que como mínimo es más rápido un ordenador cuántico respecto a un superordenador), también se multiplicarán por un millón la potencia y por tanto la peligrosidad de los sistemas inteligentes militares que añadan la computación cuántica a sus sistemas militares actuales, que calculo que dentro de entre 10 y 15 años, ya estarán aquí.

Fuente: El Pais.com