Introducción
Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial y, especialmente, de ChatGPT en 2022, ha desplazado los focos mediáticos hacia nuevos horizontes.
En este contexto de expectativas
fluctuantes y realidades complejas, la voz de Aram Harrow, investigador del MIT
con 25 años de experiencia en computación cuántica, ofrece una perspectiva
refrescante: ni catastrofista ni utópica, sino pragmática y científicamente
honesta. Su reflexión nos invita a replantearnos qué significa realmente que
una tecnología "esté lista" y cuál será su impacto verdadero en
nuestras vidas.
La Paradoja del
Optimismo Tardío
Resulta irónico que un
científico tradicionalmente escéptico como Harrow sea ahora quien sostiene que
la computación cuántica podría llegar antes de lo imaginado. Durante 25 años,
ha mantenido una postura conservadora, afirmando que faltaban entre 10 y 15
años para su realización. Hoy reconoce que esa fue "la peor
predicción" que ha hecho, pero no porque la computación cuántica esté aquí
mañana, sino porque está más cerca de lo que él mismo creía hace poco.
Esta admisión es
profundamente reveladora. Sugiere que los avances en hardware
cuántico—particularmente en la creación de ordenadores con miles de cúbits—son
reales y tangibles. Sin embargo, Harrow es cuidadoso al definir qué significa
que la computación cuántica "haya llegado": no es simplemente la
existencia de máquinas cuánticas pequeñas, sino su capacidad de resolver
problemas útiles que los ordenadores clásicos no pueden abordar eficientemente.
Es una distinción crucial que muchos medios de comunicación olvidan.
El "Día
Cuántico" que Pasó Sin Notarse
Cuando Google ejecutó su
ordenador cuántico hace unos años, realizó un cálculo que ningún ordenador
clásico podía simular. Fue un hito histórico, pero también un síntoma de la
desconexión entre los logros científicos y la percepción pública. Harrow lo describe
con una metáfora perfecta: el "día cuántico" ya llegó y pasó, sin que
casi nadie se diera cuenta.
Este fenómeno refleja
una verdad incómoda sobre la innovación tecnológica: sus momentos cruciales
rara vez coinciden con los titulares. La revolución digital no comenzó con un
evento mediático único, sino con décadas de mejoras incrementales. De manera similar,
la computación cuántica probablemente no tendrá su "momento
ChatGPT"—ese instante en que la sociedad entera repentinamente entiende su
valor—sino un proceso gradual de mejora y aplicación.
El Cambio Silencioso:
Cúbits Mejores y Menos Ruido
La realidad actual de la
computación cuántica es menos glamorosa pero más esperanzadora que los
titulares sugieren. Los avances ocurren en dos frentes simultáneamente: la
mejora en la calidad de los cúbits individuales y la integración de más cúbits
en una sola máquina. La mencionada "Ley de Schölkopf" propone que la
calidad de los cúbits mejora cada año—un ritmo sostenido y predecible.
Lo crucial aquí es que
la calidad se mide en términos de ruido. Un cúbit es efectivo solo si puede
realizar múltiples operaciones antes de que el ruido cuántico corrompa sus
datos. Esta métrica concreta—la tasa de error decreciendo año tras año—es la
verdadera historia de la computación cuántica. No es espectacular, pero es
sólido. Es la Ley de Moore de la era cuántica.
Los Algoritmos, esperando
al Hardware
Una de las observaciones
más perspicaces de Harrow es que, durante dos décadas, los teóricos han estado
"construyendo carreteras, aparcamientos e incluso autolavados" para
un coche que aún no existe. Los algoritmos cuánticos han sido desarrollados
sobre papel, esperando pacientemente que los ordenadores cuánticos prácticos
los hagan realidad.
Esto recuerda a la
historia de la inteligencia artificial: muchos de sus algoritmos fueron
concebidos en los años 60, pero no demostraron su utilidad hasta que dispusimos
de datos masivos y potencia computacional sin precedentes. No fue posible
predecir su éxito; simplemente hubo que probar y observar. Con la computación
cuántica ocurrirá algo similar. Sabemos teóricamente que la simulación de
moléculas funcionará, pero solo descubriremos el verdadero alcance de sus
aplicaciones cuando las máquinas existan.
Aplicaciones concretas:
Moléculas y Cifrado
Harrow reconoce que
siempre menciona los mismos dos casos de uso: la simulación molecular para
química y ciencia de materiales, y el cifrado. Aunque pareciera una limitación,
es también una fortaleza. Estas no son especulaciones vagas, sino problemas fundamentales
donde la ventaja cuántica es teóricamente demostrable.
La simulación molecular
es particularmente significativa. Los ordenadores cuánticos podrían diseñar
nuevos medicamentos, mejorar materiales y acelererar descubrimientos
científicos de manera exponencial. Respecto al cifrado, Harrow es claro: no
debemos esperar 10 años para actualizar nuestros códigos de seguridad. La
amenaza cuántica es real y presente, aunque su impacto económico aún no se
sienta completamente.
El Impacto económico,
limitado pero real
Aquí radica una de las
conclusiones más honestas del investigador: la computación cuántica nunca será
tan ubicua como la inteligencia artificial. No todas las personas verán
directamente cómo la computación cuántica mejora su vida cotidiana. En cambio,
funcionará como los superordenadores actuales: herramientas especializadas para
problemas específicos.
El consumidor promedio
probablemente nunca "usará" directamente un ordenador cuántico. Pero
podría beneficiarse indirectamente de sus aplicaciones: a través de nuevos
medicamentos descubiertos más rápidamente, de materiales superiores, de fuentes
de energía más eficientes. Es un impacto real pero indirecto.
Esta realidad económica
también explica por qué no veremos una "explosión" de inversión
cuántica comparable a la de la IA. Los capitalistas ven con claridad que el
mercado cuántico será más pequeño, aunque profundo. Las aplicaciones serán
transformadoras para quienes las necesiten, pero no omnipresentes.
Bombo Mediático y expectativas
realistas
Harrow toca un tema
delicado: el daño potencial que causa el exceso de entusiasmo mediático. Cuando
se promete que una tecnología resolverá "todos los problemas", el
desencanto inevitable es corrosivo para la investigación científica seria.
Sin embargo, su
conclusión es equilibrada: que la computación cuántica exista es, por sí mismo,
un logro intelectualmente extraordinario. Durante milenios, desde los antiguos
griegos, hemos concebido la computación como un proceso lineal y secuencial: sigue
estas instrucciones paso a paso. El descubrimiento de que el universo puede
procesar información de manera radicalmente diferente—aprovechando la
superposición y el entrelazamiento cuánticos—es revolucionario, aunque sus
aplicaciones prácticas sean limitadas.
La metáfora de Harrow es
reveladora: la computación cuántica es como "un mago que sigue reglas
precisas". Hay cosas que puede hacer de manera única, pero también cosas
que no puede hacer, sin importar cuán poderosa sea. No es una panacea cósmica,
sino una herramienta con capacidades y limitaciones específicas.
Beneficios
Indirectos: La Fusión Nuclear como ejemplo
Para ilustrar cómo la
computación cuántica podría impactar de manera inesperada, Harrow propone un
camino fascinante hacia la fusión nuclear. Los reactores de fusión requieren
superconductores más potentes. La superconductividad es un fenómeno cuántico poco
comprendido. Los ordenadores cuánticos podrían desentrañar sus misterios,
permitiendo el desarrollo de superconductores mejorados, que a su vez harían
posibles reactores de fusión más prácticos.
Este ejemplo es
particularmente iluminador porque no es una aplicación "obvia" de la
computación cuántica. Surgió de pensar creativamente sobre cómo la capacidad de
simular sistemas cuánticos podría resolver problemas secundarios en cadenas causales
complejas. Estos tipos de aplicaciones indirectas son probablemente donde
reside el verdadero potencial transformador de la tecnología.
La Competencia por el
Talento
Finalmente, Harrow
reconoce que la explosión de la inteligencia artificial ha alterado el panorama
del talento científico. Doctorandos en física que hace una década habrían sido
contratados por Google o instituciones financieras hoy se orientan hacia empresas
de IA. Aunque Harrow no sugiere que esto sea necesariamente negativo, sí
reconoce una realidad: los recursos, el talento y la atención pública son
finitos, y tienden a fluir hacia donde se perciba el mayor potencial económico
inmediato.
Sin embargo, el campo de
la computación cuántica sigue creciendo. No está muriendo, solo creciendo más
lentamente de lo que habría crecido en una era donde la IA no hubiera capturado
tanta atención.
RESUMEN (la verdad incómoda)
Aram Harrow nos presenta
una verdad incómoda para aquellos acostumbrados a narrativas binarias de éxito
o fracaso. La computación cuántica no es ni la tecnología salvadora del futuro
ni una promesa vacía. Es una herramienta en desarrollo que llegará a ser útil
en áreas específicas, probablemente antes de lo que muchos esperaban hace una
década, pero también de manera menos espectacular de lo que los titulares
sugerirían.
Su honestidad es
refrescante en una era de hype tecnológico desenfrenado. Al redefinir lo que
significa que una tecnología "haya llegado"—no por su existencia,
sino por su capacidad de resolver problemas reales que otros no pueden—nos
proporciona un marco más útil para evaluar innovaciones futuras.
La computación cuántica
ya está aquí, en sentido científico. Su impacto en el mundo real seguirá siendo
gradual, profundo en campos específicos, e indirecto para la mayoría. Eso no es
menor. Es, simplemente, la realidad.
CONCLUSIÓN (opinión)
Ahora ya colaboran entre
sí la IA y el BIG DATA, en sistemas inteligentes de diferentes sectores de la
sociedad civil y también militar. Pero el problema para la sociedad vendrá, cuando
se les una a esos sistemas, sobre todo el militar, la computación cuántica. Puesto
que, aunque los avances para la humanidad se multiplicarán por un millón (el número
de veces que como mínimo es más rápido un ordenador cuántico respecto a un superordenador),
también se multiplicarán por un millón la potencia y por tanto la peligrosidad de
los sistemas inteligentes militares que añadan la computación cuántica a sus sistemas
militares actuales, que calculo que dentro de entre 10 y 15 años, ya estarán aquí.
Fuente: El
Pais.com
