5 de julio de 2026

JONATHAN HAIDT, Y LA CRISIS DIGITAL. Análisis sobre Tecnología, Juventud y Bienestar

El ensayista neoyorquino dice que en los países desarrollados impera el descontento hacia las redes y advierte que las empresas no deberían tener acceso a enganchar a los niños.


 Introducción

 Jonathan Haidt representa una voz significativa en el debate contemporáneo sobre el impacto de la tecnología en la sociedad. Como psicólogo moral y catedrático de la Universidad de Nueva York, su trayectoria intelectual refleja una evolución desde el optimismo tecnológico hacia el escepticismo fundamentado en evidencia empírica. 

Su reciente obra La generación ansiosa (2024) sintetiza décadas de investigación en psicología social para alertar sobre cómo las redes sociales están generando una epidemia de enfermedades mentales entre los jóvenes. Este artículo analiza sus principales preocupaciones y sus implicaciones para la sociedad contemporánea.

Del optimismo al escepticismo: Una Transformación Intelectual

La trayectoria de Haidt ilustra un cambio de perspectiva comprensible y bien documentado. Producto del siglo XX, creció en un contexto donde la tecnología representaba progreso inequívoco: la carrera espacial, la llegada a la Luna, la promesa de un futuro mejor. Como psicólogo social, observó cómo la tecnología transformaba nuestras formas de vida, pensamiento y relación, pero también cómo la humanidad había demostrado capacidad de adaptarse y resolver los problemas surgidos.

Sin embargo, esta apertura inicial al potencial transformador de la tecnología ha sido matizada por la observación de fenómenos que escapan a nuestra capacidad adaptativa. Haidt argumenta que tecnologías como las redes sociales y la inteligencia artificial poseen efectos tan profundos que quizás no seamos capaces de asimilarlos. Esta transición desde el tecnoptimismo hacia el tecnoescepticismo no representa un rechazo dogmático de la innovación, sino una evaluación pragmática basada en evidencia.

La Captura de la Voluntad: De herramienta a servidumbre

Uno de los análisis más penetrantes de Haidt concierne la transformación del dispositivo móvil. El iPhone, cuando fue lanzado, era una herramienta versátil comparable a una navaja suiza: útil, eficiente, bajo el control del usuario. No obstante, la introducción de las redes sociales y los sistemas de notificaciones convirtió una herramienta neutral en el epicentro de lo que él denomina "la economía de la atención".

Esta transición es crucial para comprender la naturaleza del problema. No se trata simplemente de que las personas utilicen excesivamente la tecnología, sino de que la tecnología ha sido deliberadamente diseñada para capturar y mantener la atención de manera compulsiva. Como Haidt señala, la tecnología se ha convertido en algo de lo que resulta imposible alejarse, incluso cuando se lo intenta, porque su arquitectura está pensada para generar dependencia. Esto recuerda más a una forma de control que a una herramienta democrática.

La deconstrucción de una promesa: Internet y sus promesas incumplidas

Internet fue vendido como liberación. Las primaveras árabes parecían confirmar que la tecnología podría derribar sistemas autoritarios. Sin embargo, la emergencia del "lado oscuro" fue igualmente rápida. Cambridge Analytica demostró que estas mismas plataformas podían ser utilizadas para manipulación política a escala masiva.

Este giro es especialmente relevante porque representa el momento en que la inocencia fue perdida. Ya no se trataba de ignorancia sobre los posibles daños, sino de evidencia clara de que los sistemas diseñados para conectar podían ser pervertidos para controlar. La pregunta que surgió entonces —"¿qué les hemos hecho a los jóvenes y a nosotros mismos?"— sigue siendo la pregunta central que articula el pensamiento de Haidt.

La Reprogramación de la Infancia: Un cambio evolutivo

Haidt ofrece una perspectiva biológica y evolutiva que merece atención cuidadosa. Los seres humanos evolucionaron durante cientos de miles de años en entornos naturales, donde el desarrollo infantil implicaba exploración física, interacción social directa, contacto con la naturaleza y aprendizaje experiencial. El crecimiento típico requería trepar árboles, correr, mirar a otros a los ojos, experimentar con el mundo material.

La infancia contemporánea ha sido "reprogramada" por la pantalla. Este cambio no es marginal, sino fundamental en sus consecuencias neurobiológicas. El cerebro en desarrollo requiere ciertos tipos de estimulación y experiencia para desarrollarse correctamente. La sustitución de estas experiencias naturales por interacción mediada digitalmente afecta no solo a comportamientos, sino a la arquitectura neuronal misma. Los niños crecen normalizando la adicción a los dispositivos móviles como forma natural de existencia, desconociendo otras posibilidades.

La Asimetría Moral: proteger a los niños, responsabilidad de los adultos

Un aspecto ético fundamental del pensamiento de Haidt concierne la asimetría moral entre adultos y menores. Mientras que es legítimo permitir que los adultos tomen decisiones autodestructivas —fumar, apostar, consumir sustancias— no lo es permitir que las corporaciones tecnológicas tengan acceso sin restricciones a los niños.

Los menores carecen de la capacidad de toma de decisiones completamente desarrollada. Su juicio crítico, su capacidad de resistir a la manipulación, su comprensión de las consecuencias a largo plazo aún están en formación. Permitir que empresas diseñadas para maximizar el compromiso mediante principios de neurociencia y análisis de datos masivos se dirijan específicamente a este público vulnerable constituye una vulneración de derechos.

Haidt propone un umbral de edad de 16 años como punto de entrada a las redes sociales, una recomendación que ha encontrado respaldo bipartidista en España, donde tanto el presidente del Gobierno como el líder de la oposición han expresado acuerdo con la necesidad de elevar esta edad mínima.

El fenómeno de la IA y el rechazo tecnológico

La inteligencia artificial presenta un caso de estudio interesante sobre cómo la sociedad contemporánea ha cambiado su relación con la tecnología. Lo que comienza como curiosidad —ChatGPT inicialmente era percibido como un novedad que escribía de manera imperfecta— se transforma rápidamente en inquietud cuando se observa que la tasa de mejora se acelera exponencialmente, doblando capacidades cada tres o cuatro meses. Pudiendo a corto plazo, llegar a sustituir al ser humano en múltiples actividades y tareas laborales o profesionales. "La posibilidad de que se ocupe de la mayoría de los trabajos es muy real. Por eso causa rechazo (la IA)"

Esto genera rechazo precisamente en contextos que tradicionalmente habían sido pro-tecnología. Estados Unidos, que ha sostenido históricamente una fe casi religiosa en la innovación tecnológica, ha evolucionado hacia un tecno-escepticismo generalizado. Incluso entre universitarios, población típicamente favorable a nuevas tecnologías, donde ahora predomina la desconfianza. Esta transformación sugiere que las preocupaciones de Haidt resuenan porque están ancladas en observaciones empíricas reales sobre daño tangible.

Primacía de la Emoción sobre la Razón

Haidt aborda una cuestión epistemológica profunda: la relación entre emoción y razón en la toma de decisiones humana. Contrario a la visión ilustrada que privilegia la razón, Haidt sostiene que históricamente las emociones han primado, con excepciones muy específicas donde contextos especiales (laboratorios de física, universidades, fondos de inversión) logran priorizar el pensamiento racional.

Esta observación tiene implicaciones directas para entender el presente. Si las emociones mueven el mundo, entonces una sociedad donde las plataformas digitales han sido diseñadas explícitamente para capturar y amplificar reacciones emocionales es una sociedad particularmente vulnerable a la manipulación.

La búsqueda del sentido de la vida y  el retorno a lo Espiritual

Quizás uno de los diagnósticos más penetrantes de Haidt concierne lo que denomina "anomia" (ausencia de norma o ley al respecto) de la pérdida de sentido y orientación moral. Entre la población joven, especialmente entre hombres, se observa un retorno hacia formas religiosas y espirituales más estructuradas. No se trata del protestantismo progresista sino del catolicismo o la ortodoxia: religiones que ofrecen estructura, sacrificio, exigencia y, crucialmente, sentido.

Este fenómeno revela una verdad incómoda: los jóvenes están "perdidos en un pozo de anomia", desesperados por una brújula moral que oriente su existencia. Las redes sociales y la cultura digital no han proporcionado alternativas de sentido comparables. Por el contrario, han generado vacío. Los jóvenes recurren a formas antiguas de significado porque las alternativas contemporáneas se han mostrado insuficientes.

CONCLUSIÓN

El pensamiento de Jonathan Haidt articula un diagnóstico profundo de la condición contemporánea: hemos creado sistemas tecnológicos que capturan nuestra voluntad, reprograman el desarrollo infantil, amplifican nuestros sesgos emocionales y erosionan las fuentes tradicionales de significado. No se trata de una crítica nostálgica del pasado, sino de una evaluación basada en evidencia del presente.

Sus recomendaciones —elevar la edad de acceso a las redes sociales a los 16 años, implementar regulaciones, desarrollar campañas de salud pública, establecer límites corporativos sobre el acceso infantil— son relativamente modestas comparadas con la magnitud del problema. Lo que Haidt exige es, esencialmente, que recuperemos la capacidad de dirigir la tecnología en lugar de ser dirigidos por ella.

La convergencia de su análisis con observaciones bipartidistas (PSOE y PP) en España sugiere que su mensaje ha trascendido la polarización política. Cuando líderes de izquierda y derecha acuerdan en la necesidad de proteger a los menores de la tecnología predatoria, esto refleja no una imposición ideológica, sino un reconocimiento compartido del daño empírico. La pregunta fundamental que Haidt invita a formular es simple pero crucial:¿queremos continuar permitiendo que corporaciones diseñen la infancia, o recuperamos la agencia para hacerlo nosotros mismos?

Fuente: El País.com