30 de marzo de 2026

OPINIÓN. De la polarización afectiva y asimétrica a nivel global. Y de las consecuencias para la democracia española

La confrontación política es parte inherente de cualquier sistema democrático.

 

Desde los orígenes de la democracia, la política ha sido un espacio de disputa entre proyectos, valores e intereses divergentes.
 
Sin embargo, en democracias contemporáneas, y particularmente en el caso español, ha emergido un fenómeno más profundo y preocupante, la polarización afectiva (ver Anexo I)

  En donde dicha polarización, no se limita a la discrepancia ideológica, sino que implica una transformación del adversario político en enemigo moralmente ilegítimo. 

En este contexto, el análisis de la polarización no debe centrarse exclusivamente en el comportamiento de los líderes políticos, sino en la actitud de los electorados, donde se manifiesta con mayor intensidad.

  Cuando en España se interpela a los polarizadores conservadores y ultraconservadores, respecto los  responsables de la polarización en este país, con carácter general, se suelen obtener una de las dos respuestas de manual, más habituales, a cual más cínica cada una de ellas. 

  • La primera, atribuye la polarización exclusivamente al adversario: son “ellos” quienes crispan, quienes dividen y quienes son corruptos.
  • La segunda, algo más elegante pero no menos repugnante, reparte la culpa entre todos: todos tensan, todos son responsables por igual. Esta equidistancia a menudo encierra, cierta pereza intelectual y mucha maldad, aunque se presente como  una ecuanimidad.

Uno de los elementos más relevantes para comprender este fenómeno es su carácter asimétrico. A menudo se sostiene que la polarización es un proceso bilateral en el que todas las partes contribuyen por igual. Esta interpretación, que pretende ser equilibrada, incurre con frecuencia en una falsa equidistancia que dificulta un diagnóstico riguroso. 

Si la polarización fuera realmente simétrica (ver Anexo IV) cabría esperar que el rechazo a los líderes políticos fuese equivalente entre los votantes de los principales partidos. Si ese fuese el escenario, podría estar anticipando graves enfrentamientos y próximos conflictos sociales. Afortunadamente, los datos de este país, todavía demuestran una realidad distinta, menos sombría, pero igualmente preocupante.

Tomando como referencia las valoraciones recogidas por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se observa que el rechazo extremo hacia el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por parte de los votantes del Partido Popular y Vox, alcanzan más del doble del porcentaje de rechazo que los votantes del Partido Socialista Obrero Español manifiestan hacia los líderes de ambos partidos (Alberto Núñez Feijóo por parte del PP y Santiago Abascal por parte de Vox). Esta diferencia no es trivial y sugiere, que mientras una parte del electorado percibe al adversario como un competidor legítimo, la otra lo interpreta como una amenaza moral o incluso como un actor ilegítimo dentro del sistema democrático.

Este fenómeno no surge de manera espontánea ni responde únicamente a hechos objetivos. Por el contrario, está profundamente influido por los marcos interpretativos a través de los cuales se construye la percepción política. 

La manera de presentar las acciones del adversario —como errores y discrepancias legítimas o  como pruebas de maldad condiciona decisivamente la reacción de los ciudadanos. 

En este sentido, la retórica política desempeña un papel fundamental. Cuando el adversario político deja de ser alguien equivocado, para convertirse en alguien merecedor de castigo, se erosiona el fundamento mismo de la convivencia democrática.

La polarización asimétrica (ver Anexo III) también se refleja en la forma en que los electorados se relacionan con sus propios líderes. 

Así, mientras que en el caso del electorado socialista se observa  mayor grado de entusiasmo hacia su líder, en el electorado conservador y ultraconservador este entusiasmo es considerablemente menor. 

Este contraste sugiere que la cohesión política puede construirse a partir de dos lógicas distintas: la "afirmación positiva" de un proyecto o la "negación del adversario"

La primera se basa en la identificación, la esperanza y la propuesta; la segunda, en el rechazo, el miedo y la deslegitimación.

De este análisis se desprenden varias conclusiones relevantes 

  • Primero. La polarización no es un fenómeno inevitable, sino una estrategia política que en la coyuntura actual española, puede ser incentivada (caso de las derechas) o contenida (caso de las izquierdas) por los actores implicados, los partidos políticos. 
  • Segundo. La utilización política de la polarización suele estar asociada a una debilidad en la confianza en el propio proyecto político. Cuando se recurre sistemáticamente a la descalificación del adversario, evidentemente se utiliza como tapadera para ocultar una incapacidad manifiesta para movilizar mediante propuestas propias. 
  • Tercero. Finalmente, se plantea una incógnita fundamental sobre el futuro de la democracia, si la política basada en el rechazo resulta más eficaz a corto plazo, ¿existe todavía espacio para la política constructiva que no dependa de la deslegitimación del adversario político?

En última instancia, la polarización plantea un desafío que va más allá de la competencia electoral, pues afecta a la calidad del vínculo político que sostiene a la sociedad democrática

Una ciudadanía movilizada por el entusiasmo hacia proyectos compartidos contribuye a fortalecer el vínculo democrático.  

Por el contrario, una movilización basada en el rechazo, erosiona la confianza mutua y debilita las bases de la convivencia. 

La cuestión, por tanto, no es solo quién gane las elecciones, sino también el tipo de comunidad política que se quiere construir en el proceso y que se pretende dejar para la posteridad.


EDITORIAL

Del voto como escudo a la responsabilidad de no volver al pasado

¿La ciudadanía puede actuar al respecto? Por supuesto que sí.

La democracia no es un estado permanente, sino un ejercicio diario que encuentra su máxima expresión en el derecho y en el deber moral, de votar.

 En el contexto actual, acudir a las urnas no es solo una opción política, sino un acto de resistencia frente a la polarización que amenaza con fracturar la convivencia social. 

Como bien advertía Antonio Machado, "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.... al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar"; sin embargo, ese camino corre el riesgo de desandarse si permitimos que la historia se repita por omisión o indiferencia.

El verdadero peligro de las democracias modernas no es solo el conflicto de ideas, sino la manipulación afectiva del electorado. 

Hoy en España, asistimos a una deriva reaccionaria, donde el partido popular y Vox, bajo retóricas de confrontación, parece han trazado a su alrededor, un "muro de Adriano" simbólico, que divide al Estado en dos bandos: ellos y el resto. 

Esta estrategia de guetos ideológicos, bebe directamente de corrientes populistas internacionales, que busca aislar al discrepante y deslegitimar las instituciones.

 Cuando la política se reduce a un juego de "buenos y malos", la democracia se vacía de contenido y se acerca peligrosamente a los tiempos en blanco y negro que este país ya superó con sangre, sudor y lágrimas.

Ante la amenaza de quedar "huérfanos políticamente", la respuesta debe ser la movilización masiva. 

Y como la soberanía, reside en los 49 millones de españolas/es,  obliga a toda la ciudadanía, a como en Fuenteovejuna, actuar todos a una, en defensa  de sus derechos y libertades. 

Ya no se trata solo de elegir una sigla política, sino de votar en conciencia por opciones que, como históricamente ha representado el PSOE, apuesten por la cohesión social en lugar de, por la división, el sectarismo y las dos españas. 

El objetivo salta a la vista. Se trata de evitar que la antidemocracia del fascismo actualizado, que vemos en otras partes del mundo, eche raíces definitivas en nuestro país, por medio de mensajes tóxicos, corrosivos y manipuladores hacia el electorado e Instituciones, de parte del PP y Vox, salidos de los apuntes de Ayuso y Abascal, obtenidos a su vez, de los viajes de estos al reino de Trump.

Fruto de lo anterior y como ejemplo, podríamos citar discursos de incitación al odio, racistas y xenófobos, (al criminalizar a migrantes señalándoles como terroristas) de la semana pasada en las Cámaras Legislativas, por parte del Partido Popular y Vox.

En conclusión, el voto es la herramienta más poderosa para evitar que el progreso democrático se detenga. 

Defender la Constitución y la democracia es tan sencillo, y a la vez tan crucial, como ejercer el derecho al sufragio universal.

Solo a través de una participación consciente y masiva, podremos asegurar que la senda que hoy pisamos, no sea la misma a la que en el pasado, juramos nunca regresar.


POSDATA

Por cierto, no puedo estar más de acuerdo con los conservadores populares, con la idea de rebajar los impuestos por  IRPF —solo a los declarantes con ingresos más bajos, por supuesto— siempre y cuando estos, se compensen subiendo la tributación a los que tienen las rentas más altas, naturalmente.
Incluso no estaría de más, subir el impuesto de sociedades o al menos eliminar deducciones del mismo, porque en 2025, por este concepto, se recaudó algo más de 40.000 millones de euros con un PIB de 1,5 billones de euros, frente a los 45.000 millones de euros recaudados en 2007 por el mismo concepto, pero con un PIB de un billón de euros. 
¿Qué ha pasado desde entonces? Casi dos legislaturas del PP de Rajoy, que teniendo en cuenta que su  ministro de Hacienda hacía legislación a la carta para que las empresas pagasen menos impuestos, es de entender la bajada de la recaudación por tributación en sociedades.
Por ello,  en 2025, en pleno  crecimiento económico y con un PIB medio billón de euros superior al PIB de 2007, los  impuestos por sociedades no solo no ha subido la recaudación, que sería lo lógico, sino que se ha reducido. De lo cual se deduce que o bien han bajado los tipos impositivos para sociedades, o bien han subido demasiado las deducciones o desgravaciones, lo que obliga a cubrir con impuestos por IRPF, la menor recaudación por impuestos societarios.
Esto implica más beneficio para los empresarios y que con el IRPF, donde mayoritariamente tributa toda la clase trabajadora,  se pague la Seguridad Social, la Educación, las Pensiones y el resto de Servicios Públicos, que ya no está cubierto por los impuestos societarios.

Fuente: El País.com 


ANEXO I

POLARIZACIÓN AFECTIVA

Consiste en el aumento de la animadversión y desconfianza hacia quienes tienen ideas políticas distintas, priorizando el rechazo emocional sobre la discrepancia ideológica. Se caracteriza por considerar al "otro" (adversario político) como una amenaza o enemigo, mientras se ensalza al  grupo propio, provocando rupturas en la convivencia social y deslegitimando al adversario.

Características clave de la polarización afectiva

  • Identidad tribal.- Se asocia la identidad política con la identidad social, viendo al otro grupo como intrínsecamente malo.
  • Emociones sobre razones.- Es un fenómeno más emocional y de identidad, que racional.
  • Ruptura de lazos sociales.-  Afecta a relaciones personales, laborales y familiares, reduciendo la tolerancia y la empatía.
  • Tribalismo político.- Fomenta la creación de "nosotros" contra "ellos".
  • Consecuencias democráticas.- Genera parálisis institucional, desconfianza hacia las instituciones y aceptación de comportamientos antidemocráticos para neutralizar al bando opuesto. 

Contexto y causas

  • Aumento en España.- Según estudios, la polarización afectiva en España ha crecido significativamente, con los bloques ideológicos cada vez más cerrados.
  • Uso de medios.- El consumo de redes sociales y ciertos medios informativos intensifica este sentimiento de rechazo, ya que refuerza burbujas ideológicas.
  • Populismo.- Las actitudes populistas suelen estar correlacionadas con mayores niveles de polarización afectiva.

Este fenómeno se diferencia de la polarización ideológica, ya que las personas pueden no estar muy alejadas en ideas, pero sienten una fuerte repulsión emocional hacia otros grupos.


ANEXO II

POLARIZACIÓN IDEOLÓGICA

Se trata de un fenómeno político y social donde la opinión pública y los partidos se dividen en dos bloques contrapuestos, distanciándose de posturas moderadas hacia extremos antagonistas. Implica una radicalización de creencias, donde el adversario se percibe como enemigo, dificultando el consenso y fragmentando la sociedad. 

Características y Causas

  • División en bloques.- La sociedad se agrupa en dos bandos con visiones distantes en temas políticos, económicos o sociales.
  • Efecto "Hooligan".- Los seguidores se vuelven incondicionales y los mensajes se polarizan más que las políticas concretas.
  • Aumento de la volatilidad.- Alta movilidad electoral y la aparición de nuevos partidos intensifican la competencia.
  • Redes sociales.-  A menudo fomentan burbujas de información, aislando a las personas en sus propias posturas.

Consecuencias de la Polarización

  • Parálisis democrática.- Se inhabilitan los pactos y acuerdos entre partidos políticos.
  • Conflictividad social.- La polarización afecta las relaciones interpersonales y sociales.
  • Aumento de la polarización afectiva.- No solo se discrepa en ideas, sino que se percibe al otro bando con aversión, lo que libros consultados lo analizan como un riesgo para la democracia.

Ejemplos y Contexto

  • España.- Se observa un aumento continuo desde principios de siglo, configurando bloques claros y aumentando la brecha en temas fiscales y económicos.
  • América y Europa.- El fenómeno es notable en diversas democracias occidentales, a menudo ligado a discursos populistas.

En resumen, la polarización ideológica conlleva al abandono del centro político, adoptando una dinámica centrífuga donde las posturas se tornan inamovibles.


ANEXO III

POLARIZACIÓN ASIMÉTRICA

Es un fenómeno político que ocurre cuando uno de los polos o partidos de un sistema se desplaza hacia posiciones más extremas o ideologizadas de manera mucho más pronunciada que el otro.

A diferencia de la polarización convencional, donde ambos bandos se alejan del centro por igual, aquí existe un desequilibrio en la radicalización.

Características clave

  • Desplazamiento desigual.- Un sector político se vuelve significativamente más radical, mientras que el otro permanece más cerca del centro o se mueve de forma marginal.
  • Alteración del consenso.- Al radicalizarse un bando, el "punto medio" de la discusión se desplaza. Esto obliga al bando moderado a ceder posiciones o a negociar en terrenos que antes se consideraban extremos.
  • Naturaleza distinta de los partidos.- Algunos autores sugieren que esto ocurre porque un partido funciona como un movimiento ideológico rígido, mientras que el otro actúa como una coalición de grupos sociales con intereses diversos.

Ejemplos destacados

  • Estados Unidos.- Diversos estudios de centros como Pew Research Center, señalan que desde la década de 1970, los republicanos en el Congreso se han movido mucho más hacia la derecha que los demócratas hacia la izquierda.
  • España.-  El concepto ha sido utilizado recientemente en el debate público para describir situaciones donde se percibe como parte del espectro político (conservadores y ultraconservadores) defienden agendas sin complejos, mientras la otra parte intenta mantener marcos institucionales tradicionales (el centro político y la izquierda).

Impacto en la democracia

Este fenómeno suele dificultar la formación de acuerdos, ya que la distancia ideológica no es recíproca, lo que puede llevar al bloqueo legislativo y a una mayor hostilidad social (polarización afectiva)


ANEXO IV

POLARIZACIÓN SIMÉTRICA

A. Definición

La polarización simétrica política es un fenómeno en el que dos (o más) grupos políticos se radicalizan en direcciones opuestas de manera similar, aumentando la distancia ideológica entre ellos.

  • Ambos lados se vuelven más extremos al mismo ritmo o intensidad comparable
  • No hay un único grupo que se radicalice más: el proceso es “espejo”

B. Características principales

a) Radicalización paralela

  • Los grupos se alejan del centro político
  • Refuerzan posturas más ideológicas y menos moderadas

b) Rechazo mutuo creciente

  • Aumenta la desconfianza hacia el otro grupo
  • Se intensifica el fenómeno de “ellos vs. nosotros”

c) Homogeneización interna

  • Dentro de cada grupo hay menos diversidad de opiniones
  • Mayor presión para alinearse con la ideología dominante

d) Percepción distorsionada

  • Cada grupo percibe al otro como más extremo de lo que realmente es

C. Causas principales

a) Medios de comunicación y redes sociales

  • Cámaras de eco (solo se consumen ideas afines)
  • Algoritmos que refuerzan creencias previas

b) Identidad grupal

  • La política se convierte en parte de la identidad personal
  • Se prioriza “ganar al otro” sobre buscar soluciones

c) Liderazgo político

  • Discursos que enfatizan la confrontación
  • Incentivos electorales para movilizar a bases más radicales

d) Factores sociales y económicos

  • Crisis económicas
  • Desigualdad
  • Cambios culturales rápidos

D. Consecuencias

a) Bloqueo institucional

  • Dificultad para llegar a acuerdos
  • Parálisis legislativa

b) Aumento del conflicto social

  • Más protestas y tensiones
  • Posible radicalización violenta (en casos extremos)

c) Desinformación

  • Circulación de noticias falsas
  • Mayor credulidad hacia narrativas sesgadas

d) Erosión democrática

  • Menor confianza en instituciones
  • Cuestionamiento de procesos electorales

E. Diferencia con otros tipos de polarización

Tipo

Descripción

Simétrica

Ambos lados se radicalizan de forma similar

Asimétrica

Un lado se radicaliza más que el otro

Afectiva

Rechazo emocional al otro grupo, más allá de ideas

Ideológica

Diferencias en políticas y valores concretos

F. Ejemplo conceptual

  • Dos partidos políticos comienzan en posiciones moderadas
  • Con el tiempo, ambos:
  1. Adoptan discursos más extremos
  2. Rechazan cualquier acuerdo
  3. Movilizan a sus bases en contra del otro

ANEXO V

GUERRA CULTURAL

La guerra cultural es un conflicto ideológico y social constante en el que diferentes grupos luchan por imponer sus valores, creencias y cosmovisiones (como la identidad, la moral o la política) para determinar el rumbo de la sociedad. Se manifiesta a través de medios, arte y redes sociales, convirtiéndose en una "lucha por el relato".

Conceptos Clave de la Guerra Cultural

  • Definición y Objetivo.- Es una lucha por la hegemonía cultural, utilizando relatos, propaganda y manipulación del lenguaje para desplazar visiones contrarias e imponer una narrativa dominante.
  • Temas de Conflicto.- Abarca debates sobre leyes, políticas públicas, educación, moralidad, la estructura familiar, el feminismo, y la libertad de expresión, a menudo entre posturas tradicionales y progresistas
  • Herramientas y Medios.- Las nuevas tecnologías y redes sociales son fundamentales para masificar discursos, fragmentar la sociedad y moldear los imaginarios colectivos, especialmente entre los jóvenes.
  • Contexto Actual.- Se considera parte de las "guerras de cuarta generación", donde el ataque es cognitivo y cultural, a veces descrito como "cancelación" o batalla ideológica.
  • Origen y Evolución.- No es un fenómeno reciente; refleja tensiones históricas entre diferentes visiones del mundo. Hoy en día, se observa una lucha por la identidad nacional, donde algunos sectores buscan preservar valores tradicionales. 

En resumen, la guerra cultural implica que el arte, la comunicación y la educación se convierten en campos de batalla para definir lo que se considera correcto o aceptable en una sociedad. Y se caracteriza por intentar cambiar o eliminar, las reglas, normas o leyes que obstaculizan sus objetivos ideológicos, aún correspondiendo a la Constitución, si fuera el caso.