10 de mayo de 2026

OPINIÓN. La Sanidad Pública española en la encrucijada entre, Resistencia, Privatización y Movilización Ciudadana.

 
INTRODUCCIÓN


La trayectoria profesional de miles de profesionales de la salud, dan fé de las transformaciones que ha experimentado el Sistema Nacional de Salud (SNS) español. Su visión crítica sobre la privatización sanitaria, en muchos casos forjada con años de práctica médica y compromiso con la defensa de lo público, ofrece una perspectiva valiosa para entender los retos actuales que enfrenta la Sanidad Pública en España. 
  Lejos de estar en un simple retroceso, la sanidad pública se encuentra en un punto de inflexión donde fuerzas poderosas, se disputan su gestión y su futuro, mientras la movilización ciudadana emerge como herramienta fundamental para su defensa.

Potencia Estructural versus Vulnerabilidad Política

Una de las paradojas más relevantes que emerge del análisis de estos profesionales, es que la Sanidad Pública española posee una estructura institucional y tecnológica, extraordinariamente sólida. Su organización en áreas sanitarias, la universalidad de la Atención Primaria, la dotación tecnológica hospitalaria y la formación de calidad de sus profesionales la convierten en lo que algunos califican, acertadamente, de una "perita en dulce" para la industria sanitaria internacional.

Sin embargo, esta fortaleza estructural convive con una fragilidad política evidente. La sanidad pública no está siendo derrotada por sus deficiencias intrínsecas, sino todo lo contrario porque se debe a la acción deliberada de gobiernos que permiten —cuando no facilitan activamente— la penetración de lógicas privatizadoras en su interior. 

A mi entender, los casos de Galicia, Madrid, Baleares, además de Valencia primero y Andalucía como último ejemplo, no son excepciones sino manifestaciones de una estrategia sistemática que muchos denominan "privatización interna" que básicamente sería, "la introducción de mecanismos de mercado, incentivos económicos perversos y concesiones progresivas" que van transformando gradualmente un sistema público desde dentro.

La estrategia del "capital sanitario privado"

El análisis de estos profesionales de la salud, identifica inequívocamente, que la amenaza a la sanidad Pública no proviene de gobiernos aislados, sino de "grandes corporaciones, multinacionales farmacéuticas y tecnológicas" que operan con estrategias sofisticadas de captura regulatoria. La "compra de voluntades" dentro de gobiernos autonómicos y administraciones sanitarias representan una forma de corrupción política que trasciende a la simple malversación, como es la "captura sistemática de instituciones públicas" para convertirlas en extractoras de valor privado.

El ejemplo de Isabel Díaz Ayuso "regando a Quirón con 5.000 millones de euros públicos en seis años, incluso con fondos destinados a residencias públicas" no es un dato aislado sino la demostración empírica  de una lógica donde el dinero público financia infraestructuras privadas que compiten deslealmente con la sanidad Pública, generando artificialmente las listas de espera que justifican la "huida" hacia lo privado.

El Papel de las "listas de espera" como "mecanismo de captura"

El análisis más profundo de los hechos,  permite responder a la función de las listas de espera en el proceso de privatización. No se trata simplemente de un problema de gestión o recursos insuficientes. Las propias administraciones públicas facilitan, mediante lo que coloquialmente llaman "permisividad o complicidad de los gestores", que los servicios de admisión de hospitales públicos canalicen a los pacientes hacia centros privados concertados. Cuando se pide cita para operarse y responden con la frase —"en Quirón le operamos la próxima semana; si usted lo rechaza, pasa al final de la lista de espera"— es una confesión implícita de que las listas de espera son estructuralmente creadas para alimentar la privatización.

Este mecanismo es particularmente perverso porque aprovecha la vulnerabilidad del ciudadano enfermo para legitimar la expansión de la sanidad privada. No es que la sanidad pública no funcione; es que deliberadamente, se le impide funcionar para crear la demanda de servicios privados.

El Enigma de la Ineficiencia

Incremento del Gasto sin mejora de resultados 

El argumento central del discurso de estos profesionales rebate la narrativa de la "infrafinanciación". El Gasto Sanitario Público ha aumentado significativamente: de 75.000 millones en 2019 a más de 150.000 en 2025, hasta tal punto llega, que el Gobierno Central, en los últimos 7 años, ha transferido a las autonomías 300.000 millones de euros por encima de lo aportado a las autonomías en mismos 7 años entre 2011 y 2018  por  el gobierno anterior del PP de Rajoy. Sin embargo, este incremento no se traduce en mejora de acceso o reducción de listas de espera. ¿Dónde va ese dinero?

La respuesta apunta a que la privatización es "ineficiente" no porque no funcione como privatización, sino porque funciona perfectamente como transferencia de fondos públicos a manos privadas. El gasto en medicamentos (32.000 millones anuales) y en concertaciones crecientes drenan recursos que deberían fortalecer el sistema público. La "carga de enfermedad" que aumenta año tras año refleja que un sistema orientado al diagnóstico y tratamiento (modelo privatizado) abandona la promoción de la salud y la prevención (modelo público).

La dimensión política. Gobiernos cómplices

El análisis de estos profesionales, identifica sin ambigüedad que la privatización sanitaria es un proyecto político, no una necesidad económica. Los gobiernos del PP y Vox no son administradores neutrales que gestionan crisis; son actores políticos que toman decisiones deliberadas para privatizar servicios públicos

Resulta significativo el caso de Alberto Núñez Feijóo en Galicia, cuando en 2008 promulgó la Lei Galega de Saúde con el objetivo de transformar el Servizo Galego de Saúde en un “motor empresarial” o "fábrica de patentes para la industria sanitaria" que ilustra el modo que se aplica esta ideología a la privatización.

La crítica de algunos profesionales de que "gobiernos patriotas viven como marqueses gracias a multinacionales extranjeras" toca una cuestión fundamental, como es la evidencia que, "el nacionalismo político autonómico coexiste cómodamente con la venta de recursos estratégicos nacionales al capital internacional". 

Esto revela la falsedad de la dicotomía entre "patriotismo" y neoliberalismo que domina el debate público.

La Respuesta Ciudadana

Movilización y límites de la participación

La experiencia de los profesionales de Madrid, donde la movilización ciudadana logró frenar la externalización de seis hospitales, y más recientemente con la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) gallega, ofrece lecciones matizadas sobre el poder y los límites de la acción colectiva. La ILP demostró capacidad de movilización —especialmente entre mujeres— y presentó una propuesta alternativa coherente (una Atención Primaria de calidad que redujera la medicalización).

Sin embargo, su rechazo parlamentario también expone la brecha entre la capacidad de movilización de la sociedad civil y el poder real de decisión de instituciones capturadas por intereses privatizadores. En ese sentido, estos profesionales tienen razón cuando plantean que "la movilización y el voto son nuestras mejores armas", pero también está implícito en su análisis que estas armas están debilitadas cuando los gobiernos actúan con "descaro e impunidad" en defensa de intereses corporativos.

El conflicto entre la compatibilidad Público-Privada como síntoma de degradación ética

El debate sobre la compatibilidad público-privada en los contratos médicos es sintomático del modo que la privatización ha penetrado las instituciones desde dentro. Cuando los jefes de servicio pueden tener intereses privados, la gestión del sistema público se orienta naturalmente hacia la generación de demanda privada. La introducción del "complemento específico" para médicos compatibles representa una "invitación directa" a abandonar el compromiso público.

Pero el análisis de los profesionales va más allá de la mera ineficiencia: identifica la ilegalidad. Muchos médicos violan la Ley de Incompatibilidades cuando atienden en centros concertados a pacientes de su área sanitaria. Esta violación sistemática, tolerada por administraciones públicas cómplices, representa la degradación del Estado de Derecho, al servicio de intereses privatizadores.

El Seguro Privado como "síntoma"  no como "causa"

El dato de que el 26,4% de los hogares españoles tenga seguro médico privado es frecuentemente interpretado como evidencia de que los ciudadanos desconfían de la sanidad pública. Desde este análisis se invierte esa interpretación con precisión: los ciudadanos no "huyen" de lo público por desconfianza, sino porque son expulsados mediante listas de espera artificialmente generadas y un discurso público permanente sobre la "crisis" de la sanidad pública.

La adquisición de seguros privados no es una elección libre sino una respuesta adaptativa a un sistema público que ha sido deliberadamente dañado. El fraude de muchos seguros privados —que no ofrecen en realidad la cobertura que prometen— sugiere que incluso los ciudadanos son conscientes de que están comprando un fantasma, una ilusión de protección en un contexto donde lo público ha sido erosionado.

Perspectivas y desafíos futuros

El análisis finalmente plantea un escenario donde la sanidad pública española se enfrenta a una "inflexión" crítica. Los mecanismos identificados —privatización interna, listas de espera como herramienta de mercado, gobiernos cómplices, captura regulatoria por capital multinacional— están activos y en expansión, no en retroceso. La pandemia, lejos de revertir esta tendencia, fue "utilizada para este objetivo" según el estudio, generando miedo que facilita la penetración comercial privada.

Sin embargo, la existencia misma de excelentes profesionales de la salud, de asociaciones como la FADSP y de iniciativas como la ILP gallega indica que hay resistencia. El desafío es transformar la resistencia defensiva en propuestas ofensivas que reconquisten la dirección política del sistema sanitario.

CONCLUSIONES

La sanidad pública española se encuentra en un punto de inflexión porque su potencia estructural es simultáneamente su vulnerabilidad: un sistema bien diseñado, universalista y de calidad constituye un activo estratégico demasiado valioso para que el capital privado lo abandone. La "perita en dulce" está siendo devorada lentamente, no mediante el colapso abrupto sino mediante la captura gradual de sus instituciones.

La privatización no es el resultado inevitable de crisis económicas o de demandas ciudadanas auténticas. Es un proyecto político sostenido por gobiernos cómplices y facilitado por la captura regulatoria de capital multinacional. En este contexto, la defensa de la sanidad pública exige no solo movilización ciudadana sino también una clara identificación de responsables y consecuencias políticas.

La trayectoria profesional de miles de profesionales de la salud, avalan y son  recordatorio que, la Sanidad Pública no es un regalo de gobiernos benevolentes sino una conquista social que debe ser permanentemente defendida y respetada. Y que esa defensa, fundamentalmente es, una lucha por la democracia y la justicia social en una de sus manifestaciones más concretas: el acceso universal a la salud, sin restricciones como la prioridad nacional.

Fuente:  Publico.es

POLITICA. La Salud Pública como campo de batalla en la política española

PP, Vox y Junts, miserablemente tumbaron en el Congreso la Agencia Estatal de Salud Pública que hipócritamente ahora reclaman por el hantavirus.

La llegada del crucero de lujo MV Hondius a Tenerife tras detectarse un brote de hantavirus entre pasajeros y tripulación ha reabierto un debate que parecía latente desde la pandemia de coronavirus: la necesidad de contar con una Agencia Estatal de Salud Pública en España. Sin embargo, más allá de la preocupación sanitaria y de la activación de protocolos de emergencia, el episodio ha evidenciado cómo las crisis sanitarias continúan siendo utilizadas como herramientas de confrontación política entre Gobierno y oposición.

La vicesecretaria de Regeneración Institucional del Partido Popular, Cuca Gamarra, ha criticado duramente al Ejecutivo central por la inexistencia de dicha agencia, asegurando que “con Feijóo en La Moncloa ya estaría en marcha”. Esta declaración sitúa nuevamente al Partido Popular como defensor de una estructura estatal de coordinación sanitaria que, según su discurso actual, habría permitido responder con mayor eficacia ante emergencias como la del hantavirus. No obstante, esta posición ha sido rápidamente cuestionada por el propio historial parlamentario del partido.

Resulta paradójico que el PP reclame ahora una institución cuya creación contribuyó a bloquear en el Congreso de los Diputados. En marzo de 2025, el proyecto de la Agencia Estatal de Salud Pública fue rechazado tras una votación en la que Partido Popular, Vox y Junts sumaron 176 votos en contra frente a 167 favorables. La propuesta pretendía crear un organismo independiente, compuesto por especialistas y técnicos, capaz de coordinar políticas sanitarias, anticiparse a futuras pandemias y mejorar la capacidad de respuesta del sistema sanitario español.

El rechazo del PP no respondió únicamente a discrepancias técnicas o ideológicas respecto al funcionamiento de la agencia. Según el contexto parlamentario del momento, el cambio de postura de populares y neoconvergentes estuvo ligado a tensiones políticas derivadas de la Ley del Desperdicio Alimentario impulsada por el Ministerio de Agricultura. Al negarse el PSOE a aplazar dicha normativa, PP y Junts utilizaron la votación de la agencia como instrumento de presión política. 

Este episodio demuestra hasta qué punto decisiones fundamentales para la salud pública que afecta a todos los españoles, se venden por un plato de lentejas o un puñado de votos, al verse condicionadas por estrategias partidistas ajenas al interés sanitario del conjunto de toda la ciudadanía española.

Durante el debate parlamentario, algunas voces del PP llegaron incluso a descalificar el futuro organismo calificándolo de “chiringuito”. La diputada popular María del Mar Vázquez criticó especialmente la posible influencia del epidemiólogo Fernando Simón, figura muy conocida por su papel durante la pandemia de COVID-19, al que definió como “la marioneta del Gobierno que disfrazaba de ciencia las órdenes que recibía”. Este tipo de declaraciones reflejan un fenómeno preocupante: la creciente politización de la ciencia y de los expertos sanitarios, cuya credibilidad queda atrapada entre narrativas partidistas.

Con el brote de hantavirus, el nombre de Fernando Simón ha vuelto al centro del debate. Desde sectores del PP se ha cuestionado nuevamente su presencia en la gestión de la crisis sanitaria, argumentando que “no genera la tranquilidad que debería”. Tales afirmaciones ponen de manifiesto cómo determinadas figuras técnicas continúan siendo utilizadas como símbolos políticos más que como profesionales de salud pública.

Por su parte, el PSOE y otras formaciones progresistas han reaccionado acusando al PP de oportunismo político. La portavoz socialista Montse Mínguez reprochó a los populares haber votado en contra de una medida que previamente consideraban positiva en comisión parlamentaria. En la misma línea, la portavoz de Más Madrid, Rita Maestre, calificó la actitud de Génova como un “manual de estilo clásico”, denunciando que primero bloquearan la creación de la agencia y ahora culpen al Gobierno por su ausencia.

Más allá de las acusaciones cruzadas, el caso revela una realidad estructural: España sigue arrastrando algunas de las lecciones no resueltas de la pandemia. La COVID-19 puso de manifiesto la necesidad de reforzar los mecanismos de coordinación sanitaria, mejorar la prevención epidemiológica y construir instituciones técnicas capaces de actuar con autonomía y rapidez. La propuesta de una Agencia Estatal de Salud Pública surgió precisamente de ese consenso inicial alcanzado durante las comisiones de reconstrucción posteriores a la pandemia. Sin embargo, seis años después, el proyecto continúa paralizado por cálculos políticos.

La crisis del hantavirus demuestra que las amenazas sanitarias globales no han desaparecido. En un mundo marcado por la movilidad internacional, el turismo masivo y el riesgo constante de enfermedades emergentes, la existencia de organismos especializados ya no debería entenderse como una cuestión ideológica, sino como una necesidad estratégica de Estado. La salud pública requiere estabilidad institucional, inversión científica y cooperación política, elementos difíciles de alcanzar cuando cada emergencia se convierte en una oportunidad para desgastar al adversario.

En conclusión, el debate sobre la Agencia Estatal de Salud Pública refleja la profunda polarización política existente en España. Tanto Gobierno como oposición utilizan las crisis sanitarias como espacios de confrontación, relegando en ocasiones el consenso técnico y el interés general. El brote de hantavirus en el MV Hondius no solo ha activado protocolos médicos, sino también una batalla narrativa sobre responsabilidades, liderazgo y credibilidad. Mientras tanto, la ausencia de la agencia continúa siendo un símbolo de las dificultades del sistema político español para transformar las lecciones de la pandemia en reformas duraderas.

Fuente: El Plural.com