10 de mayo de 2026

POLITICA. La Salud Pública como campo de batalla en la política española

PP, Vox y Junts, miserablemente tumbaron en el Congreso la Agencia Estatal de Salud Pública que hipócritamente ahora reclaman por el hantavirus.

La llegada del crucero de lujo MV Hondius a Tenerife tras detectarse un brote de hantavirus entre pasajeros y tripulación ha reabierto un debate que parecía latente desde la pandemia de coronavirus: la necesidad de contar con una Agencia Estatal de Salud Pública en España. Sin embargo, más allá de la preocupación sanitaria y de la activación de protocolos de emergencia, el episodio ha evidenciado cómo las crisis sanitarias continúan siendo utilizadas como herramientas de confrontación política entre Gobierno y oposición.

La vicesecretaria de Regeneración Institucional del Partido Popular, Cuca Gamarra, ha criticado duramente al Ejecutivo central por la inexistencia de dicha agencia, asegurando que “con Feijóo en La Moncloa ya estaría en marcha”. Esta declaración sitúa nuevamente al Partido Popular como defensor de una estructura estatal de coordinación sanitaria que, según su discurso actual, habría permitido responder con mayor eficacia ante emergencias como la del hantavirus. No obstante, esta posición ha sido rápidamente cuestionada por el propio historial parlamentario del partido.

Resulta paradójico que el PP reclame ahora una institución cuya creación contribuyó a bloquear en el Congreso de los Diputados. En marzo de 2025, el proyecto de la Agencia Estatal de Salud Pública fue rechazado tras una votación en la que Partido Popular, Vox y Junts sumaron 176 votos en contra frente a 167 favorables. La propuesta pretendía crear un organismo independiente, compuesto por especialistas y técnicos, capaz de coordinar políticas sanitarias, anticiparse a futuras pandemias y mejorar la capacidad de respuesta del sistema sanitario español.

El rechazo del PP no respondió únicamente a discrepancias técnicas o ideológicas respecto al funcionamiento de la agencia. Según el contexto parlamentario del momento, el cambio de postura de populares y neoconvergentes estuvo ligado a tensiones políticas derivadas de la Ley del Desperdicio Alimentario impulsada por el Ministerio de Agricultura. Al negarse el PSOE a aplazar dicha normativa, PP y Junts utilizaron la votación de la agencia como instrumento de presión política. 

Este episodio demuestra hasta qué punto decisiones fundamentales para la salud pública que afecta a todos los españoles, se venden por un plato de lentejas o un puñado de votos, al verse condicionadas por estrategias partidistas ajenas al interés sanitario del conjunto de toda la ciudadanía española.

Durante el debate parlamentario, algunas voces del PP llegaron incluso a descalificar el futuro organismo calificándolo de “chiringuito”. La diputada popular María del Mar Vázquez criticó especialmente la posible influencia del epidemiólogo Fernando Simón, figura muy conocida por su papel durante la pandemia de COVID-19, al que definió como “la marioneta del Gobierno que disfrazaba de ciencia las órdenes que recibía”. Este tipo de declaraciones reflejan un fenómeno preocupante: la creciente politización de la ciencia y de los expertos sanitarios, cuya credibilidad queda atrapada entre narrativas partidistas.

Con el brote de hantavirus, el nombre de Fernando Simón ha vuelto al centro del debate. Desde sectores del PP se ha cuestionado nuevamente su presencia en la gestión de la crisis sanitaria, argumentando que “no genera la tranquilidad que debería”. Tales afirmaciones ponen de manifiesto cómo determinadas figuras técnicas continúan siendo utilizadas como símbolos políticos más que como profesionales de salud pública.

Por su parte, el PSOE y otras formaciones progresistas han reaccionado acusando al PP de oportunismo político. La portavoz socialista Montse Mínguez reprochó a los populares haber votado en contra de una medida que previamente consideraban positiva en comisión parlamentaria. En la misma línea, la portavoz de Más Madrid, Rita Maestre, calificó la actitud de Génova como un “manual de estilo clásico”, denunciando que primero bloquearan la creación de la agencia y ahora culpen al Gobierno por su ausencia.

Más allá de las acusaciones cruzadas, el caso revela una realidad estructural: España sigue arrastrando algunas de las lecciones no resueltas de la pandemia. La COVID-19 puso de manifiesto la necesidad de reforzar los mecanismos de coordinación sanitaria, mejorar la prevención epidemiológica y construir instituciones técnicas capaces de actuar con autonomía y rapidez. La propuesta de una Agencia Estatal de Salud Pública surgió precisamente de ese consenso inicial alcanzado durante las comisiones de reconstrucción posteriores a la pandemia. Sin embargo, seis años después, el proyecto continúa paralizado por cálculos políticos.

La crisis del hantavirus demuestra que las amenazas sanitarias globales no han desaparecido. En un mundo marcado por la movilidad internacional, el turismo masivo y el riesgo constante de enfermedades emergentes, la existencia de organismos especializados ya no debería entenderse como una cuestión ideológica, sino como una necesidad estratégica de Estado. La salud pública requiere estabilidad institucional, inversión científica y cooperación política, elementos difíciles de alcanzar cuando cada emergencia se convierte en una oportunidad para desgastar al adversario.

En conclusión, el debate sobre la Agencia Estatal de Salud Pública refleja la profunda polarización política existente en España. Tanto Gobierno como oposición utilizan las crisis sanitarias como espacios de confrontación, relegando en ocasiones el consenso técnico y el interés general. El brote de hantavirus en el MV Hondius no solo ha activado protocolos médicos, sino también una batalla narrativa sobre responsabilidades, liderazgo y credibilidad. Mientras tanto, la ausencia de la agencia continúa siendo un símbolo de las dificultades del sistema político español para transformar las lecciones de la pandemia en reformas duraderas.

Fuente: El Plural.com