
Ver los
costes de una guerra, implica siempre, definir primero sobre quien repercuten los mismos, si para países
agresores o para los agredidos o bien para el resto de países del mundo. Y a que concepto se refieren, económicos o humanos.
COSTES EN TÉRMINOS
ECONÓMICOS PARA PAÍSES AGRESORES
Resultados de los Costes de Israel en su guerra en Oriente Medio: destrucción inmediata,
reconstrucción imposible.
Desde
los inicios de la historia humana, la guerra ha tenido un precio. No solo en
vidas humanas y en destrucción social, sino también en términos económicos. Sin
embargo, en el mundo contemporáneo ese costo ha alcanzado dimensiones
extraordinarias. El conflicto que comenzó en 2023 en la Franja de Gaza y la
posterior escalada militar entre Israel, Irán y Estados Unidos representan uno
de los ejemplos más claros de cómo la guerra puede convertirse en un abismo
financiero capaz de absorber recursos que, en otras circunstancias, podrían
destinarse al desarrollo y la reconstrucción.
En el
caso del conflicto entre Israel y Hamás, los costos económicos ya han alcanzado
cifras históricas. Según estimaciones del Banco de Israel, la guerra iniciada
tras los ataques del 7 de octubre de 2023 ha superado los 352.000 millones de
shekels, equivalentes a más de 110.000 millones de dólares, una suma que
representa aproximadamente una quinta parte de la economía israelí. Esta cifra
incluye no solo los gastos militares directos —que rondan los 243.000 millones
de shekels— sino también compensaciones a la población civil, intereses
derivados del aumento de la deuda pública y diversas intervenciones económicas
destinadas a sostener el funcionamiento del país en un contexto de movilización
permanente.
El
ritmo del gasto ha sido especialmente elevado. Durante las fases más intensas
del conflicto, el costo promedio de las operaciones militares se ha estimado en
unos 300 millones de shekels diarios, cerca de 100 millones de dólares al día.
Cada elemento de la maquinaria bélica —desde la intercepción de cohetes hasta
el lanzamiento de misiles o las horas de vuelo de los cazas— tiene un costo
específico que se acumula rápidamente en los presupuestos estatales.
A esta
dimensión financiera se suma una movilización militar sin precedentes en la
historia reciente del país. Durante el primer año de guerra, más de 300.000
reservistas israelíes fueron convocados, a los que se añaden alrededor de
170.000 militares en servicio permanente. El impacto económico de esta
movilización no se limita al gasto militar directo. La retirada de cientos de
miles de trabajadores del mercado laboral implica fábricas paralizadas,
oficinas vacías y una reducción significativa de la producción. El propio Banco
Central israelí estima que cada reservista movilizado supone una pérdida
mensual de alrededor de 38.000 shekels en producción económica, lo que equivale
a algo más de 10.000 euros. Este impacto se agrava con la reciente ampliación del
conflicto regional, que ha llevado al Ministerio de Defensa a convocar otros
100.000 reservistas.
El
peso financiero del conflicto tampoco recae únicamente sobre Israel. Estados
Unidos, principal aliado militar del país, ha asumido también costos
considerables. Según el proyecto de investigación Costs of War, desarrollado
por la Watson School of International and Public Affairs de la Universidad de
Brown, Washington ha proporcionado más de 21.000 millones de dólares en ayuda
militar a Israel desde 2023, además de entre 9.000 y 12.000 millones de dólares
adicionales destinados a operaciones militares en la región, particularmente en
el Mar Rojo y el Golfo Pérsico.
Si se
analiza la situación desde la perspectiva de la destrucción sobre el terreno,
las cifras adquieren una dimensión aún más dramática. En la Franja de Gaza, las
estimaciones conjuntas de Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Unión Europea
indican que la reconstrucción costará al menos 70.000 millones de dólares y
podría requerir varias décadas. Actualmente viven en el enclave más de dos
millones de personas, y aproximadamente el 84 % de los edificios e
infraestructuras —incluidos hospitales, escuelas y sistemas de agua y energía—
han sido dañados o destruidos. Además, se calcula que unas 425.000 viviendas
han resultado afectadas y que 55 millones de toneladas de escombros deben ser
retiradas antes de iniciar cualquier proceso serio de reconstrucción.
Estas
cifras revelan una paradoja profundamente inquietante: destruir resulta mucho
más rápido y, en términos políticos, aparentemente más sencillo que
reconstruir. Mientras que una ciudad puede ser devastada en cuestión de días o
semanas, su reconstrucción requiere décadas de inversión sostenida, estabilidad
política y cooperación internacional.
La
escalada reciente entre Israel e Irán ha agravado aún más esta dinámica. Los
intercambios de ataques y represalias, con la participación directa o indirecta
de Estados Unidos, están transformando el conflicto en una confrontación
regional cada vez más costosa. Las operaciones militares han golpeado miles de
objetivos en múltiples oleadas de ataques, mientras que Irán ha respondido con
misiles balísticos y drones dirigidos contra territorio israelí y contra
intereses estadounidenses en la región. Esta confrontación ha involucrado,
directa o indirectamente, a varios países de Oriente Medio, entre ellos Irak,
Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Azerbaiyán, Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin y
Chipre.
Según
estimaciones citadas por la agencia Reuters, una guerra abierta con Irán podría
costar a Israel varios miles de millones de dólares cada semana, considerando
los gastos de movilización militar, defensa antimisiles y la ralentización de
la actividad económica. Al mismo tiempo, el conflicto ha reactivado otros
frentes regionales, como el del Líbano con los restos de Hezbolá y las acciones
de los hutíes yemeníes en el Golfo Pérsico.
En
este contexto, Gaza corre el riesgo de desaparecer del centro de la atención
internacional o de convertirse simplemente en el trágico preludio de una
confrontación geopolítica más amplia. Detrás de la guerra se entrelazan
intereses estratégicos relacionados con rutas energéticas, corredores
comerciales y el control de territorios clave en una de las regiones más
sensibles del planeta.
La
paradoja final es tan evidente como inquietante. Mientras cientos de miles de
millones de dólares se destinan a la guerra, los recursos disponibles para la
reconstrucción y el desarrollo resultan mínimos en comparación. Con una
fracción de esas sumas sería posible financiar infraestructuras, sistemas
sanitarios, programas educativos y proyectos de desarrollo económico que
beneficiarían a millones de personas.
Sin
embargo, Oriente Medio continúa siendo uno de los mayores mercados mundiales
para la industria armamentística. En este escenario, los conflictos tienden a
prolongarse y a retroalimentarse, beneficiando a quienes encuentran en la
guerra una fuente permanente de poder e ingresos. Para ellos, el conflicto no
es una tragedia que deba terminar, sino un sistema que se perpetúa más allá de
cualquier solución política posible. Mientras tanto, las poblaciones civiles
—huérfanos, mutilados, ancianos y víctimas de traumas de guerra— seguirán
cargando durante décadas con el verdadero costo de un conflicto que el mundo
parece incapaz de detener.
Fuente:
AsiNews.it
Costes para Estados Unidos de la guerra contra Irán
En 100 horas la ofensiva Epic Fury de EE.UU. contra Irán ya costó más de 5.800 millones de dólares
Los primeros cuatro días de la operación militar estadounidense implicaron gastos estimados en 5.820 millones de dólares. Mientras Irán habría causado daños por valor de unos 2.520 millones de dólares a activos militares de EE.UU. en la región.
El consumo acelerado de misiles interceptores y municiones explica gran parte del aumento de costos operativos.
El Grupo de Ataque del Portaaviones Gerald R. Ford continúa sus operaciones ininterrumpidas en apoyo de la Operación Epic Fury desde el mar Mediterráneo. Con otro Grupo de Ataque del Portaaviones en Oriente Medio, las fuerzas estadounidenses están presionando a Irán desde el mar.
Las primeras 100 horas de la Operación “Epic Fury”, la ofensiva militar de Estados Unidos contra Irán, han generado un costo estimado de 5.820 millones de dólares, según cálculos recopilados por la agencia Anadolu. La cifra representa aproximadamente el 0,69 % del presupuesto de defensa estadounidense para 2026.
De ese total, cerca de 3.300 millones de dólares corresponden a gastos operativos, incluyendo el uso intensivo de municiones, operaciones navales y despliegue aéreo. Los primeros cálculos indican que solo las primeras 24 horas de la ofensiva costaron unos 779 millones de dólares, una cifra que, de acuerdo con análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS), se mantiene como referencia aproximada del gasto diario.
A estos costos se suman pérdidas de activos militares valoradas en unos 2.520 millones de dólares, producto de ataques de represalia iraníes contra instalaciones y equipos estadounidenses en Medio Oriente. Entre los daños más costosos figura un radar de alerta temprana AN/FPS-132 en la base aérea Al-Udeid, en Qatar, valorado en 1.100 millones de dólares, que fue alcanzado por un misil iraní.
También se registraron tres cazas F-15E Strike Eagle destruidos en un incidente de fuego amigo con defensas aéreas kuwaitíes, con un costo estimado de 282 millones de dólares, además del derribo de tres drones MQ-9 Reaper pertenecientes a la Fuerza Aérea estadounidense, valorados en unos 90 millones de dólares.
Instalaciones militares estadounidenses en la región también han sufrido daños. Un ataque iraní contra la sede de la Quinta Flota de EE.UU. en Bahréin destruyó dos terminales satelitales AN/GSC-52B, mientras que imágenes satelitales mostraron tres radomos destruidos en Camp Arifjan, Kuwait, lo que suma decenas de millones de dólares en pérdidas adicionales.
El uso intensivo de sistemas defensivos también ha elevado el costo de la operación. Estimaciones del Payne Institute indican que Estados Unidos ha disparado aproximadamente 180 interceptores navales SM-2, SM-3 y SM-6, además de 90 misiles Patriot y 40 interceptores THAAD, mientras que los grupos de combate de los portaaviones USS Abraham Lincoln y USS Gerald R. Ford continúan operando en la región con un gasto estimado de 15 millones de dólares diarios.
Fuente: Escenario mundial
El coste de la guerra de Rusia desde 2022 contra Ucrania asciende a 2,5 billones de dólares.
Un
estudio realizado por dos investigadores estadounidenses sitúa el coste de la
guerra de Rusia contra Ucrania en 2,5 billones de dólares en cuatro años de
conflicto, basándose en las pérdidas humanas, materiales y económicas.
Así,
el Kremlin habría gastado cerca de 35 millones de dólares por cada kilómetro
cuadrado de territorio conquistado en Ucrania desde 2022.
Tras
más de cuatro años de guerra a gran escala contra Ucrania, el ejército ruso
ocupa hoy menos de una quinta parte del territorio del país (19,3% a 6 de
marzo). Esta conquista se ha logrado a costa de más de un millón de bajas
humanas, 12.000 carros de combate, cerca de 25.000 vehículos blindados y unos
400 aviones.
Según
un estudio de David R. Henderson, investigador de la Hoover Institution, y Ryan
Sullivan, de la Naval Postgraduate School, publicado el martes 3 de marzo, el
coste total de la guerra para Moscú ascendería a 2,5 billones de dólares .
Para
llegar a esta cifra, los autores han estimado el «coste de vida» de cada
soldado ruso muerto y herido en Ucrania desde febrero de 2022, valorado en 2,6
millones de dólares por cada muerto y 270.000 dólares por cada herido.
El
coste representado por las pérdidas de material militar se estima en 125.000
millones de dólares, los costes operativos asociados a la conducción de la
guerra en 3.100 millones de dólares al mes y las pérdidas de riqueza (es decir,
el PIB «perdido» debido a la guerra) en 1,124 billones de dólares.
El
total asciende a cerca de 2,5 billones de dólares, lo que representa el 115%
del PIB ruso para 2024, según cifras del Banco Mundial.
Es muy
difícil estimar los costes de un conflicto en curso. Esto es aún más cierto en
el caso de Rusia, que desde 2022 está retirando sistemáticamente del espacio
público varios cientos de series estadísticas relativas a la salud, la
educación, los salarios de los funcionarios y el coste de la vivienda 2.
Estas
podrían utilizarse para intentar estimar con mayor precisión el impacto de la
guerra en el nivel de vida de la población, pero también las consecuencias a
largo plazo del conflicto.
Si
bien el gasto militar ruso parece disminuir gradualmente tras alcanzar un pico
a finales de 2024, según las estimaciones del economista alemán Janis Kluge,
habría superado los 24.600.000 millones de rublos (270.000 millones de euros)
en los tres primeros trimestres de 2025.
Esta
cifra corresponde al cuádruple de la cantidad de 2021, es decir, el año
anterior al inicio de la invasión a gran escala, durante el mismo periodo: 6,2
billones de rublos (68.000 millones de euros).
Esta
estimación del coste de la guerra para Moscú debe compararse con el escaso
avance del ejército durante estos cuatro años de guerra. Según el estudio de
Henderson y Sullivan, y tomando las cifras del Instituto para el Estudio de la
Guerra (ISW), el Kremlin habría gastado cerca de 35 millones de dólares por
cada kilómetro cuadrado de territorio conquistado en Ucrania desde 2022.
GUERRA
UCRANIANA. Alto coste territorial y humano, además de económico.
La guerra de desgaste
en Ucrania, provoca que Territorio, Poder y Geopolítica esté en constante transformación
Casi cuatro años después
del inicio de la invasión rusa a Ucrania, el conflicto se ha transformado en
una guerra de desgaste que ha redefinido no solo el mapa del país, sino también
su economía, su estructura política y la vida cotidiana de millones de ciudadanos.
Lo que comenzó el 24 de febrero de 2022 como una ofensiva militar a gran escala
ordenada por el presidente ruso Vladimir Putin, se ha convertido en un
enfrentamiento prolongado con profundas consecuencias para Europa y para el
equilibrio geopolítico global. A pesar de los avances territoriales limitados
de Moscú y de la resistencia sostenida de Kiev, el conflicto continúa generando
enormes pérdidas humanas, presiones económicas severas y nuevas tensiones
diplomáticas que podrían marcar precedentes para futuras disputas
internacionales.
Desde el comienzo de la
invasión, Europa ha presenciado el retorno de un tipo de guerra que parecía
relegado al pasado: enfrentamientos convencionales entre ejércitos regulares,
con líneas de frente relativamente estáticas, artillería masiva y disputas territoriales
directas. Sin embargo, detrás de esta apariencia de guerra “clásica” se esconde
un conflicto profundamente geopolítico. El Kremlin ha justificado la invasión
argumentando que Ucrania forma parte de los “territorios históricos” rusos, una
narrativa que apela a la memoria de la desaparecida Unión Soviética y que,
según varios analistas, refleja una visión imperial del espacio postsoviético.
Esta postura choca con el orden internacional consolidado después de la Segunda
Guerra Mundial, basado en el principio de autodeterminación de los pueblos y el
respeto a la soberanía territorial de los Estados.
El conflicto también se
alimenta de la percepción rusa de una amenaza estratégica proveniente de la
expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte hacia Europa
oriental. Para Moscú, el avance de esta alianza militar hacia sus fronteras
representa un riesgo existencial; para Ucrania y sus aliados occidentales, en
cambio, el acercamiento a la OTAN constituye un mecanismo de seguridad frente a
la presión rusa. Esta confrontación entre visiones geopolíticas opuestas
—autoritarismo versus soberanía nacional— ha intensificado el enfrentamiento y
ha contribuido a su prolongación.
Uno de los aspectos más
tangibles del conflicto es la transformación territorial de Ucrania.
Actualmente, Rusia controla aproximadamente el 20 % del territorio ucraniano,
incluyendo regiones estratégicas del este y sur del país. Entre ellas se
encuentran Donetsk y Lugansk, que conforman gran parte del Donbass, así como
Jersón y Zaporizhia, donde se ubica la mayor central nuclear de Europa. A estas
zonas se suma Crimea, anexada por Rusia en 2014, y los territorios que desde
entonces ya estaban bajo control de separatistas prorrusos.
A pesar de estas
conquistas, los avances rusos han sido lentos y costosos. Durante 2025, las
fuerzas de Moscú lograron expandir gradualmente su control territorial,
capturando varios miles de kilómetros cuadrados y decenas de localidades,
principalmente en el este de Ucrania. Sin embargo, estas ganancias han estado
lejos de producir un colapso militar ucraniano. Ciudades como Pokrovsk se han
convertido en escenarios de intensos combates, mientras que el llamado
“Cinturón de la Fortaleza”, una línea defensiva clave en la región de Donetsk,
continúa obstaculizando un avance ruso más decisivo.
El costo humano de esta
guerra ha sido devastador para ambos bandos. La opacidad de los gobiernos
dificulta obtener cifras precisas, pero diferentes estimaciones sugieren que
cientos de miles de soldados han muerto o resultado heridos desde el inicio de la
invasión. Informes basados en datos filtrados indican que las fuerzas rusas han
sufrido pérdidas particularmente elevadas en sectores como Pokrovsk, Kupyansk y
Lyman, reflejando la intensidad de las ofensivas en esas zonas. Del lado
ucraniano, las cifras oficiales señalan decenas de miles de muertos y cientos
de miles de heridos. Este tipo de guerra de posiciones recuerda, en cierta
medida, a la dinámica de la Primera Guerra Mundial, donde los frentes
estancados y las ofensivas limitadas generaban enormes costos humanos sin
cambios territoriales significativos.
En el ámbito económico,
el conflicto también ha transformado profundamente a ambos países. Rusia ha
intentado mantener la estabilidad mediante un modelo económico cada vez más
orientado hacia el esfuerzo militar. Cerca del 40 % del presupuesto federal ruso
está destinado a la defensa, lo que refleja el peso creciente de la guerra en
la economía nacional. Aunque el Kremlin sostiene que el país ha resistido con
éxito las sanciones occidentales, diversos indicadores muestran señales de
tensión: crecimiento económico más lento, inflación persistente y una creciente
dependencia de los ingresos energéticos, que además podrían reducirse
significativamente en los próximos años.
Ucrania enfrenta una
situación aún más crítica. La guerra ha paralizado sectores fundamentales de su
economía, desde la industria y la logística hasta el comercio de cereales, uno
de los pilares de su economía. La pérdida de Crimea en 2014 ya había supuesto
un golpe importante para la infraestructura portuaria y estratégica del país, y
la actual guerra ha agravado ese deterioro. Hoy, la supervivencia económica del
Estado ucraniano depende en gran medida del apoyo financiero y militar de
Occidente. Sin esa ayuda, Kiev tendría enormes dificultades para sostener tanto
su estructura estatal como su esfuerzo bélico.
Finalmente, el conflicto
ha generado nuevas dinámicas geopolíticas que trascienden la región. La
posibilidad de que la Unión Europea utilice activos rusos congelados para
financiar la reconstrucción y defensa de Ucrania representa un precedente
diplomático significativo: la idea de responsabilizar económicamente al agresor
por los daños causados. Sin embargo, Moscú ha advertido que consideraría una
medida de este tipo como una provocación grave, lo que podría aumentar las
tensiones internacionales.
En este contexto,
Ucrania se ha convertido en un símbolo de resistencia frente a la agresión
territorial y en un defensor del orden internacional basado en reglas. Este
papel ha reforzado su legitimidad en la arena global, pero también ha
incrementado su dependencia de los aliados occidentales. Si el apoyo político o
financiero de estos países disminuyera, la capacidad de Kiev para sostener la
guerra podría verse seriamente comprometida.
En conclusión, la guerra
en Ucrania ha evolucionado hacia un conflicto prolongado que combina desgaste
militar, presión económica y rivalidad geopolítica. Aunque Rusia ha logrado
avances territoriales limitados, estos han tenido un costo humano y económico
considerable. Ucrania, por su parte, continúa resistiendo gracias al apoyo
internacional, pero enfrenta una fragilidad estructural creciente. Más allá de
sus resultados inmediatos, este conflicto ya está redefiniendo la arquitectura
de seguridad europea y estableciendo nuevos precedentes sobre cómo el mundo
responde a las guerras de conquista en el siglo XXI.
Fuente: France
24
COSTE DE LA GUERRA EN TÉRMINOS HUMANOS (países agresores y agredidos).
Costes Civiles en guerra de EE.UU e Israel contra Irán
En el
undécimo día de la guerra iniciada el 28 de febrero de 2026, las cifras
de bajas reportadas varían significativamente según la fuente, en medio de una
estricta censura militar impuesta por los países involucrados.
A
continuación se detallan las bajas confirmadas y estimadas hasta el 11 de
marzo de 2026:
Bajas
en Irán
Irán
ha sido el país más afectado debido a la intensa campaña de bombardeos aéreos
de la coalición:
- Muertos.- Los medios estatales iraníes cifran
los fallecidos en más de 1.300 personas.
- Civiles.- Organizaciones de derechos humanos han
documentado al menos 1.114 civiles muertos, incluyendo a 183 niños.
Un solo ataque contra una escuela en el sur del país dejó más de 170 víctimas.
- Liderazgo.- Se ha confirmado la muerte del líder
supremo, Alí Jameneí, durante los ataques iniciales.
- Heridos.- Se estiman más de 4.700 heridos
en territorio iraní.
Bajas
de Estados Unidos
Las
fuerzas estadounidenses han sufrido bajas principalmente por ataques de
represalia con drones y misiles contra sus bases en la región:
- Muertos.- El Pentágono ha confirmado la muerte
de 9 militare hasta la fecha. Entre los identificados se
encuentran el capitán Cody Khork y los sargentos Noah Tietjens, Nicole Amor y
Declan Coady.
- Heridos.- Aproximadamente 150 militares han
resultado heridos, de los cuales al menos ocho se encuentran en estado grave.
Bajas
de Israel
Israel
ha recibido impactos de misiles balísticos y drones lanzados desde Irán y por
sus aliados regionales:
- Muertos.- Se han reportado oficialmente 11
israelíes fallecidos como consecuencia de ataques directos de Irán.
Otros
frentes y aliados
El
conflicto se ha extendido rápidamente a países vecinos:
- Líbano.- Se informa de al menos 394 muertos
tras la apertura de un nuevo frente y los bombardeos israelíes en su
territorio.
- Países del Golfo.- Al menos 9 personas han muerto en
instalaciones de países como Kuwait, Catar y Emiratos Árabes Unidos que
albergan tropas estadounidense
Costes humanos en la guerra de Rusia contra Ucrania
A
marzo de 2026, las estimaciones internacionales indican que las bajas militares
combinadas de Rusia y Ucrania se aproximan a los 2 millones de personas,
incluyendo muertos y heridos. Esta cifra refleja el conflicto más costoso en
vidas humanas para una gran potencia desde la Segunda Guerra Mundial.
A
continuación se detallan las cifras estimadas por diversas fuentes oficiales y
centros de estudio:
Bajas
Militares de Rusia
Rusia
mantiene un estricto hermetismo sobre sus pérdidas, pero diversas fuentes
proporcionan las siguientes estimaciones:
- Estado Mayor de
Ucrania.- Informa que
las bajas rusas ascienden a aproximadamente 1,274,040 personas al 9 de
marzo de 2026.
- CSIS (EE. UU.).- Estima cerca de 1,2 millones de
bajas rusas, con un rango de muertos confirmado por inteligencia de entre
275.000 y 325.000 soldados.
- Mediazona y BBC.- Han logrado confirmar por nombre la
muerte de al menos 200.000 soldados rusos mediante datos estatales
filtrados y registros públicos hasta febrero de 2026.
- OTAN.- Estima que el número total de muertos
y heridos rusos ronda los 1,1 millones.
Bajas
Militares de Ucrania
Ucrania
también limita la difusión de sus datos oficiales por seguridad nacional, pero
las estimaciones externas indican:
- RTVE / CSIS.- Sitúan las bajas ucranianas entre 500.000
y 600.000 (incluyendo heridos), con un número de fallecidos estimado entre
100.000 y 140.000 militares.
- Fuentes Occidentales
(RM).- Informan de
una cifra más conservadora de entre 250.000 y 300.000 bajas totales
(muertos y heridos).
- Reportes Internos
(Butusov).- Mencionan
70.000 muertos y 35.000 desaparecidos confirmados hasta finales de 2024, cifra
que ha aumentado significativamente en los últimos meses de combate intenso.
Comparativa
de Pérdidas de Equipo (Rusia)
Según
el Ministerio de Defensa de Ucrania, las pérdidas materiales
rusas hasta marzo de 2026 incluyen:
- Tanques.- 11.734 unidades.
- Sistemas de artillería.- más
de 37.800.
- Aeronaves.- 435 aviones y 348 helicópteros.
- Drones (UAV).- Más de 154.000 unidades derribadas
BAJAS CIVILES
EN RUSIA
Determinar con exactitud
las bajas civiles rusas es extremadamente complejo debido a la falta de
informes oficiales exhaustivos por parte del Kremlin y la naturaleza del
conflicto. Sin embargo, se pueden identificar tres categorías principales de
víctimas civiles rusas o residentes en territorios controlados por Rusia:
1. Civiles en
regiones fronterizas de Rusia
Las regiones rusas
limítrofes con Ucrania (como Bélgorod, Briansk y Kursk)
han sufrido ataques frecuentes con drones, artillería y misiles.
- Víctimas recientes.- Tan recientemente como ayer, 10 de
marzo de 2026, se reportaron 6 civiles muertos en la región de Briansk
tras un ataque con misiles.
- Incursiones
terrestres.- La
ofensiva ucraniana en la región de Kursk iniciada en 2024 también ha
provocado muertes civiles y el desplazamiento de decenas de miles de personas,
aunque las cifras totales de fallecidos en esta zona no se publican
regularmente de forma consolidada.
2. Civiles en
territorios ocupados (Donbás y otros)
La mayoría de las bajas
civiles en el bando prorruso ocurren en las zonas de Ucrania bajo control ruso
(como Donetsk y Lugansk).
- Dificultad de conteo.-
Aunque la ONU realiza
un seguimiento de las bajas civiles en Ucrania, a menudo tiene un acceso
limitado para verificar de forma independiente las muertes en las áreas
ocupadas por Rusia.
- Impacto.- Las ciudades en estas regiones sufren
bombardeos constantes que afectan a la población local que Rusia considera como
propia tras las anexiones de 2022.
3. Contexto
comparativo y limitaciones
- Bajas militares vs. Civiles.-
La inmensa mayoría de
las pérdidas humanas rusas en este conflicto son militares. Las estimaciones de
bajas militares rusas (muertos y heridos) superan ya los 1,2 millones según
informes de inteligencia occidental de principios de 2026.
- Opacidad oficial.- El gobierno ruso rara vez publica
cifras actualizadas de sus propios civiles fallecidos, utilizándolas
principalmente de forma propagandística para denunciar ataques ucranianos sin
ofrecer un registro civil centralizado y público
BAJAS CIVILES EN UCRANIA POR REGIONES
A
marzo de 2026, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos (ACNUDH) ha verificado 15,172 civiles fallecidos y 41,378
heridos desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022. El
87% de estas bajas se han producido en territorio controlado por el
gobierno ucranian.
Es
importante destacar que la ONU reconoce que las cifras reales son considerablemente
mayores, especialmente en zonas de acceso restringido bajo ocupación rusa
donde no se han podido verificar los datos de manera independiente.
Bajas
Civiles por Regiones (Óblasts)
La
violencia del conflicto ha afectado a 26 de las 27 regiones administrativas de
Ucrania. Las zonas con mayor número de víctimas se concentran en el este y sur
del país debido a la proximidad de la línea del frente y la intensidad de los
bombardeos:
- Donetsk.- Es la región con más bajas
documentadas. Hasta marzo de 2026, se han registrado oficialmente 4.081
muertos y 9.018 heridos (estas cifras excluyen a Mariúpol y
Volnovaja, donde se estiman decenas de miles de víctimas adicionales aún no
verificadas por la ONU).
- Járkov.- Sufre un impacto severo por su
cercanía a la frontera rusa; se han reportado ataques sistemáticos contra
infraestructuras civiles y hospitales durante 2025 y principios de 2026.
- Jersón.- Solo en ataques recientes (marzo de
2026), se han reportado víctimas diarias debido a drones y artillería que
cruzan el río Dniéper.
- Zaporiyia.- Registra cientos de ataques diarios
(más de 700 en una sola jornada de marzo de 2026) que afectan a decenas de
asentamientos civiles.
- Otras regiones
afectadas.- Dnipropetrovsk
(especialmente Kryvyi Rih y Dnipro), Sumy y Odesa han experimentado un aumento
de bajas civiles durante 2025 y el inicio de 2026 debido a campañas de
bombardeos contra la infraestructura energética.
Factores
del Aumento de Bajas en 2025-2026
Durante
el último año, la letalidad para los civiles ha aumentado un 31% respecto a
2024 debido a:
- Armamento de área
amplia.- El uso de bombas planeadoras, misiles
y artillería pesada en zonas densamente pobladas.
- Ataques con drones.- Un incremento sustancial en el uso de
municiones merodeadoras (drones suicidas) contra objetivos civiles.
- Infraestructura
energética.- Los
ataques sistemáticos han dejado a millones de personas sin calefacción ni
electricidad en invierno, exacerbando la vulnerabilidad de la población
CONSECUENCIAS ECONOMICAS PARA EL RESTO DEL MUNDO DE LA GUERRA DE UCRANIA Y DE LA ACTUAL GUERRA DE IRÁN (SIMILITUDES
Y DIFERENCIAS)
Tanto
la guerra en Ucrania como el conflicto actual con Irán (marzo de 2026) han
generado ondas de choque en la economía global, aunque sus mecanismos de
impacto presentan matices distintivos.
Similitudes:
El Choque Inflacionario Global
- Aumento de los Precios de la Energía- Ambos conflictos han disparado los
precios del petróleo. En marzo de 2026, el crudo ha superado los 100
USD por barril, un nivel de volatilidad similar al visto tras la invasión
de Ucrania en 2022.
- Presión Inflacionaria.- El encarecimiento del combustible se
traslada directamente a los costes de transporte y producción, elevando
el precio de los alimentos y otros bienes básicos.
- Incertidumbre en los Mercados.- Ambas crisis han provocado caídas en
las bolsas internacionales y un refugio de los inversores en activos seguros
como el dólar o el oro.
- Dilema de los Bancos Centrales.- La inflación persistente obliga a las
instituciones financieras a retrasar las bajadas de tipos de interés o
incluso considerar nuevas subidas para frenar el consumo.
Diferencias:
Puntos Críticos y Ganadores Geopolíticos
- El Estrecho de Ormuz
vs. Graneros de Europa:
- Ucrania.- El impacto principal fue en la seguridad
alimentaria (trigo, maíz) y los fertilizantes, además del gas natural hacia
Europa.
- Irán.- El riesgo crítico es el Estrecho
de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial. Un cierre o
bloqueo aquí tendría consecuencias "devastadoras" para el suministro
global, especialmente hacia Asia.
- Impacto Regional vs.
Sectorial:
- La guerra de Ucrania rompió
formalmente los lazos comerciales entre Europa y Rusia.
- El conflicto iraní afecta de manera
desproporcionada a los costes de flete de los supertanquers, cuyos
precios de transporte a China se han disparado hasta los 480.000 $/diarios,
en marzo de 2026.
- Rusia como "Ganador"
Económico.- Irónicamente,
el conflicto en Irán ha beneficiado a Rusia. Al reducirse la oferta global,
Moscú ha pasado de vender su petróleo con descuento a hacerlo con prima de entre
4 a 5 $ por barril, oxigenando su presupuesto federal.
- Dependencia del Gas.- Mientras que la crisis de Ucrania
forzó a Europa a buscar alternativas al gas ruso, el conflicto con Irán ha
vuelto a duplicar los precios del gas en mercados como el de Reino Unido en
apenas una semana.