19 de marzo de 2026

Feijóo muestra en Bruselas su perfil más antidemócrata tildando al Presidente del Gobierno de ilegitimo y acusándole de ser un "obstáculo" para la UE.

 Acusa a Sánchez de "alejar a España de las democracias occidentales" al no participar  del ataque ilegal contra Irán y también tildando a su Gobierno de "zombi" por no presentar los presupuestos, cosa que, donde gobierna el Partido Popular, lleva haciéndolo muchos años. Hipocresía pura y dura.

En el actual contexto político europeo, marcado por tensiones internacionales y desafíos económicos derivados de conflictos como la guerra en Irán, el discurso político adquiere una dimensión que trasciende lo puramente nacional.

En este escenario, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha articulado un ataque furibundo contra el Gobierno de Pedro Sánchez, situando su argumentación no solo en el plano interno, sino también en el marco de la Unión Europea.

Feijóo ha aprovechado su presencia en Bruselas, en el seno del Partido Popular Europeo, para proyectar una imagen de España diferenciada de la de su actual Ejecutivo. En este sentido, presenta a España como un socio fiable, en contraste con un Ejecutivo que, a su juicio, es ilegítimo, que incumple compromisos y se aleja de las democracias occidentales.

Uno de los ejes centrales de su discurso es la política exterior. Ante la guerra en Irán, Feijóo reivindica la necesidad de firmeza frente a las “tiranías”, así como unidad y ambición en la acción europea. Sin embargo, acusa al Gobierno de Sánchez de actuar en dirección contraria, convirtiéndose —según sus palabras— en un obstáculo para la coherencia y eficacia de la Unión Europea. Esta crítica se refuerza con la idea de que determinadas decisiones del Ejecutivo español generan preocupación en el ámbito comunitario, tanto por su posicionamiento internacional como por sus políticas migratorias y su relación con aliados clave como Estados Unidos. Pero olvida comentar que el crecimiento de la economía española de los últimos años es debido a los migrantes, reconocido hasta por el FMI.

El líder del PP también introduce un componente económico en su crítica, especialmente en lo relativo a la gestión de la crisis derivada del conflicto internacional. Su acusación de que el Gobierno “hace caja con la guerra” apunta a una supuesta incoherencia entre el discurso político y la práctica fiscal. Feijóo plantea alternativas basadas en la reducción de impuestos energéticos y en medidas de apoyo a sectores estratégicos, defendiendo que estas políticas permitirían contener la inflación y aliviar la carga sobre ciudadanos y empresas. Pero oculta que PP y Vox, votan en el Congreso de Diputados en contra de decretos que incluyen medidas económicas, que favorecen a toda la ciudadanía.

Asimismo, su discurso incorpora una fuerte deslegitimación institucional del Gobierno, al que califica de “zombi político” por la falta de aprobación de presupuestos y la ausencia de mayoría parlamentaria. Esta crítica no solo cuestiona la eficacia del Ejecutivo, sino también su legitimidad para gobernar, al considerar que incumple obligaciones constitucionales básicas y carece de respaldo suficiente para desarrollar políticas coherentes en ámbitos clave como la defensa o la política exterior.

Por último, Feijóo rechaza las acusaciones que vinculan a su partido con movimientos internos en otras formaciones políticas, como Vox, subrayando la importancia de delimitar responsabilidades y evitar atribuciones infundadas. Este aspecto revela la complejidad del panorama político español, donde las relaciones entre partidos no solo se definen por la confrontación ideológica, sino también por la necesidad de acuerdos en determinados niveles de gobierno.

En conclusión, el discurso de Feijóo se configura como una crítica integral al Gobierno de Sánchez, que combina falsos argumentos de política exterior, económica e institucional. 

Más allá de su contenido concreto, este posicionamiento refleja una estrategia política orientada a reforzar su inexistente liderazgo en el ámbito europeo y a proyectarse como una alternativa al gobierno actual, supuestamente basada, en estabilidad, credibilidad internacional y gestión económica, justo lo contrario que define al partido popular.

 En un contexto de incertidumbre global, intenta que su relato influya en sentido negativo tanto en percepción internacional de España como en el debate político interno.

EDITORIAL

El perfil antidemócrata y fascista del actual líder de la oposición, no viene de ahora, sino que más bien procede de los 7 ministros franquistas, fundadores de Alianza Popular, partido político primigenio del actual Partido Popular, así que de casta le viene algo. 

Además esa postura, no solo demuestra su cobardía, yéndose al extranjero para hablar mal de España, sino también,  al no decir a toda la ciudadanía en el Congreso de Diputados, que el PP está en contra del "no a la guerra" y a favor de ir a una  guerra ilegal con Trump en el conflicto con Irán, así como también, del genocidio en Gaza, Líbano y Cisjordania —como cualquier fascista que se precie de serlo— al tiempo de no respetar los derechos humanos ni el derecho internacional. 

Que con esos mimbres, ya veremos en las siguientes elecciones, cuantos van a votar a la coalición fascista de PP y Vox.

 Y eso en el caso que los líderes de ambos partidos, no terminen sentados en la banquillo de acusados, por asuntos relacionados con los dineros de sus respectivos partidos políticos. 

También pudiese ocurrir que en el Congreso de Diputados, dichos partidos votasen en contra de consolidar el decreto-ley, que incluye un escudo social y otras medidas adyacentes al respecto,  a los efectos de paliar la crisis energética ocasionada por la guerra, decayendo en consecuencia dicho decreto.

 Si se diese este último supuesto, no sería mala idea, convocar elecciones generales, así veríamos si la ciudadanía, votan fascismo o les echan al mar, porque la naturaleza es sabia, y cuando algo no sirve para nada, lo elimina.

Fuente: rtve.es

Organismos internacionales plasman el desmantelamiento sin precedentes de la democracia en Estados Unidos. Y constata, que España, a pesar de PP y Vox, es una democracia estable.

 Informe realizado por V-Dem Institute, encargado de conceptualizar y medir la democracia, alerta que EEUU pierde estatus de “democracia liberal” por primera vez en 50 años.

Democracia, discurso político y realidad empírica, mirados desde el informe V-Dem 2026

En los últimos meses, el concepto de democracia ha adquirido una centralidad indiscutible en el discurso político contemporáneo. 

En el caso de España, su uso ha sido especialmente intenso y, en ocasiones, profundamente polémico. Diversos actores políticos han recurrido a este término no solo como ideal normativo, sino como herramienta retórica para deslegitimar al adversario. Así, figuras como Isabel Díaz Ayuso o representantes de Vox han acusado al Ejecutivo liderado por Pedro Sánchez de conducir al país hacia una supuesta deriva autoritaria, llegando incluso a establecer paralelismos con regímenes opresivos de América Latina.

Sin embargo, más allá de la confrontación política, resulta pertinente contrastar estas afirmaciones con análisis sistemáticos y comparados sobre el estado de la democracia en el mundo. En este sentido, el trabajo del politólogo sueco Staffan Lindberg y el V-Dem Institute se presenta como una referencia fundamental. Desde su fundación en 2014, esta institución ha desarrollado una de las bases de datos más completas para medir la calidad democrática a nivel global.

El informe V-Dem Democracy Report 2026 ofrece un panorama preocupante: aproximadamente el 74% de la población mundial vive bajo algún tipo de autocracia, mientras que cerca de una cuarta parte de los países experimenta procesos de retroceso democrático. Además, el nivel global de democracia ha descendido hasta cifras comparables a finales de los años setenta, lo que sugiere una tendencia regresiva sostenida en las últimas décadas.

En este contexto, España aparece implícitamente integrada dentro del grupo de democracias europeas estables. Este dato resulta especialmente relevante, ya que contrasta de manera significativa con el discurso político que denuncia una supuesta crisis sistémica del modelo democrático español. Si bien toda democracia es susceptible de mejora y enfrenta desafíos constantes, los indicadores internacionales no avalan la idea de una deriva autoritaria en el caso español.

En cambio, el informe sí identifica con claridad focos de preocupación en otras democracias consolidadas, siendo el caso de Estados Unidos particularmente significativo. Según el análisis del V-Dem Institute, el país ha dejado de ser considerado una “democracia liberal”, categoría que implica no solo la celebración de elecciones, sino también la garantía efectiva de derechos civiles, la separación de poderes y la existencia de controles institucionales robustos. Este cambio supone una ruptura histórica tras más de medio siglo de estabilidad en esa clasificación.

El deterioro democrático en Estados Unidos destaca no solo por su magnitud, sino también por su rapidez

En apenas un año, el índice de democracia liberal ha sufrido un retroceso del 24%, provocando una caída en el ranking global del puesto 20 al 51. Este fenómeno ha sido calificado como un caso de “autocratización acelerada”, una dinámica poco habitual en democracias consolidadas.

Entre los factores que explican este proceso, el informe señala una creciente concentración de poder en el Ejecutivo, acompañada de un debilitamiento del poder Legislativo. Asimismo, se observa una erosión de los mecanismos de control institucional, incluyendo tribunales y organismos independientes. A esto se añade una creciente politización de la administración pública, donde la lealtad política comienza a primar sobre la profesionalidad, comprometiendo la neutralidad del Estado.

Otro elemento especialmente crítico es el deterioro de la integridad del sistema electoral. Aunque las elecciones continúan celebrándose, las presiones sobre actores clave del proceso generan dudas sobre su equidad y transparencia. En conjunto, estos factores configuran un escenario en el que Estados Unidos se aproxima a lo que el informe denomina una “democracia electoral degradada”.

En conclusión, el contraste entre el discurso político y los datos empíricos pone de manifiesto la importancia de recurrir a análisis rigurosos en el debate público. 

Mientras que en España la retórica política tiende a dramatizar la situación democrática, los indicadores internacionales sitúan al país dentro de parámetros de estabilidad en ese sentido. 

Por el contrario, el caso estadounidense evidencia que incluso las democracias más consolidadas no son inmunes al deterioro

En un contexto global de retroceso democrático, resulta más necesario que nunca preservar el rigor analítico y evitar la banalización de conceptos fundamentales como la democracia.

Fuente: El Plural.com