9 de marzo de 2026

Irán, bajo presión externa, entre la resiliencia histórica y los límites de la estrategia del cambio de régimen

Según el profesor Arshin Adib-Moghaddam, Irán está preparado para un conflicto de larga duración, Estados Unidos e Israel no.

El académico iraní Arshin Adib-Moghaddam se ha consolidado como una de las voces más críticas frente a los ataques y la presión estratégica ejercida por Israel y Estados Unidos sobre Irán.

Catedrático de Pensamiento Global en la School of Oriental and African Studies de la Universidad de Londres, es considerado uno de los principales especialistas en política iraní y geopolítica de Asia occidental. Su trayectoria académica incluye siete libros publicados por Cambridge University Press y frecuentes análisis en medios internacionales como CNN y BBC. Su propia historia familiar también conecta con la tradición política persa, ya que su linaje materno está vinculado a Karim Khan-e Zand, gobernante del siglo XVIII que logró unificar el país durante el período de la dinastía Zand.

En una entrevista reciente concedida al diario La Razón mediante intercambio de correos electrónicos, Adib-Moghaddam ofreció un análisis contundente sobre el conflicto y las perspectivas estratégicas de la región. Sus respuestas plantean una visión crítica sobre las expectativas occidentales respecto al debilitamiento del sistema político iraní y auguran, en cambio, dificultades para la coalición israelí-estadounidense.

Uno de los temas centrales abordados en la entrevista fue el impacto que tendría la muerte del líder supremo iraní, Ali Jamenei, sobre la influencia de la Guardia Revolucionaria en la estrategia militar del país. Según el profesor, la estructura de mando iraní es mucho más compleja de lo que suele percibirse desde el exterior. Tanto el Artesh —las fuerzas armadas regulares— como el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica poseen cadenas de mando diferenciadas. Aunque el Líder Supremo establece las grandes líneas estratégicas, el sistema de gobernanza iraní se caracteriza por una estructura amplia, intrincada y profundamente institucionalizada. Esto implica que la continuidad estratégica no depende exclusivamente de una sola figura política.

Otro punto relevante de la conversación fue la posibilidad de que la guerra generara una oportunidad de cambio interno en Irán. Frente a esa hipótesis, Adib-Moghaddam rechazó tajantemente la idea de que los conflictos armados puedan servir como mecanismo de transformación política legítima. A su juicio, la premisa del “cambio de régimen” defendida por líderes como Benjamin Netanyahu o Donald Trump se basa en una interpretación errónea de la historia. Según el académico, pretender que un pueblo modifique su sistema político bajo la presión de la violencia externa no solo carece de precedentes sólidos, sino que también ignora un factor fundamental: la fuerte resiliencia histórica de la sociedad iraní frente a las agresiones extranjeras.

En la misma línea, el profesor analizó la posibilidad de que el sistema clerical iraní colapsara tras los ataques y que surgiera un golpe de Estado interno. Para comprender esta cuestión, explicó que el sistema religioso-político de Irán no es una estructura aislada. Por el contrario, forma parte de una red transnacional que conecta seminarios y autoridades religiosas chiíes en distintas regiones del mundo musulmán, especialmente en el sur de Irak. Estas redes se han desarrollado durante siglos y mantienen vínculos ideológicos y políticos que trascienden las fronteras nacionales. De acuerdo con esta perspectiva, las manifestaciones de apoyo a Irán en países como Pakistán, así como la participación de aliados regionales como Hezbolá o el movimiento Ansar Allah en Yemen, reflejan precisamente esa dimensión transnacional. Para Adib-Moghaddam, la insistencia occidental en el cambio de régimen evidencia una profunda desinformación sobre la naturaleza del sistema iraní.

El profesor también abordó la posibilidad de que, tras el conflicto, surgiera en Irán un liderazgo más dispuesto a negociar con Washington. En su respuesta subrayó que la diplomacia entre ambos países ha sido históricamente frágil y vulnerable a presiones externas. Recordó que Irán llegó a firmar el acuerdo nuclear conocido como Plan de Acción Integral Conjunto durante la presidencia de Barack Obama, acuerdo que limitaba el programa nuclear iraní y sometía sus instalaciones al control del Organismo Internacional de Energía Atómica. Sin embargo, la decisión posterior de Donald Trump de abandonar el pacto —según el académico— estuvo influida tanto por la presión política de Netanyahu como por cálculos políticos internos en Estados Unidos. Desde esta perspectiva, cualquier futuro líder iraní podría optar nuevamente por la diplomacia si existiera un compromiso real por parte de Washington para resolver la cuestión nuclear.

En cuanto a la posibilidad de un conflicto prolongado, Adib-Moghaddam sostuvo que Irán posee tanto la moral nacional como las capacidades militares necesarias para sostener una guerra de larga duración. En su opinión, esa preparación estratégica podría no estar igualmente presente en las sociedades de Estados Unidos o Israel, donde el apoyo social a conflictos prolongados suele ser más limitado.

Finalmente, el académico rechazó la hipótesis de una guerra civil en Irán tras el conflicto. A diferencia de casos como los de Irak o Siria, sostiene que Irán posee una identidad nacional profundamente arraigada que actúa como factor de cohesión en momentos de crisis. Esa psicología colectiva, argumenta, se vincula con una continuidad histórica excepcional: el país ha logrado preservar el núcleo territorial y cultural del antiguo imperio persa durante más de 5.000 años.

En conjunto, las reflexiones de Arshin Adib-Moghaddam ofrecen una perspectiva crítica sobre las estrategias occidentales en Oriente Medio. Su análisis subraya que las dinámicas internas de Irán, su red de alianzas regionales y su fuerte identidad histórica hacen improbable que la presión militar externa conduzca al colapso del sistema político. Por el contrario, según su visión, dichas presiones podrían reforzar la cohesión interna y prolongar un conflicto cuyas consecuencias estratégicas serían inciertas para quienes lo impulsan.

Fuente: La Razón.com