26 de septiembre de 2026

OPINIÓN. Plan de los partidos ultras para asaltar las instituciones de la UE.

 INTRODUCCIÓN    
En los últimos años, Europa ha experimentado un crecimiento significativo de las fuerzas políticas de extrema derecha. 
Este fenómeno no se limita a un único país, sino que se extiende por diferentes Estados miembros de la Unión Europea y plantea interrogantes sobre el futuro del proyecto europeo. Partidos nacionalistas y contrarios a determinadas políticas de integración europea han conseguido aumentar su presencia electoral y política, hasta el punto de aspirar no solo a gobernar sus respectivos países, sino también a influir directamente en las instituciones de la Unión Europea.

Entre las figuras más destacadas de este fenómeno se encuentran Marine Le Pen en Francia, Alice Weidel en Alemania y Giorgia Meloni en Italia. Aunque sus partidos y sus propuestas no son idénticos, comparten determinados planteamientos relacionados con el nacionalismo, el control de la inmigración, la seguridad y el rechazo o cuestionamiento de algunas políticas europeas, especialmente las relacionadas con la transición ecológica. Su crecimiento puede tener consecuencias importantes para el futuro de la Unión, particularmente en ámbitos como la defensa, la economía, la energía y la política exterior.

El cambio de estrategia de la extrema derecha europea

Uno de los aspectos más relevantes del fenómeno actual es que algunas fuerzas de extrema derecha ya no plantean necesariamente la salida de sus países de la Unión Europea. En lugar de abandonar el proyecto europeo, pretenden modificarlo desde dentro y devolver una mayor capacidad de decisión a los Estados nacionales.

Esta estrategia supone un cambio respecto a posiciones anteriores, caracterizadas por propuestas como la salida del euro o de la propia Unión Europea. El objetivo de determinados partidos es transformar la Unión en una organización con una integración política menor y centrada principalmente en el funcionamiento del mercado común. Desde esta perspectiva, la soberanía nacional debería recuperar parte del protagonismo perdido durante el proceso de integración europea.

Sin embargo, esta corriente política no constituye un bloque completamente homogéneo. Existen importantes diferencias entre sus principales representantes. Giorgia Meloni, por ejemplo, ha adoptado desde su llegada al Gobierno italiano una posición más pragmática en cuestiones europeas y ha mantenido el apoyo a Ucrania. Marine Le Pen, por su parte, ha moderado algunas de sus posiciones anteriores y ha abandonado la defensa explícita de una salida francesa de la Unión, aunque continúa defendiendo una Europa basada en la soberanía de las naciones.

El caso alemán presenta diferencias todavía mayores. Alternativa para Alemania (AfD), liderada por Alice Weidel, mantiene posiciones mucho más radicales respecto a la Unión Europea, el euro, la inmigración y la política exterior. El partido ha defendido propuestas como el desmantelamiento de la moneda única, un mayor control de las fronteras y el levantamiento de las sanciones contra Rusia. Estas posiciones han generado un aislamiento político considerable dentro del sistema alemán.

Tres líderes, tres realidades distintas

Marine Le Pen, Alice Weidel y Giorgia Meloni representan tres expresiones diferentes de la derecha radical europea. Aunque sus discursos presentan elementos comunes, las circunstancias políticas de Francia, Alemania e Italia condicionan sus estrategias.

En Francia, Le Pen ha desarrollado durante los últimos años una estrategia de normalización de su partido, conocida como “desdemonización”. Esta estrategia pretende alejar al Reagrupamiento Nacional de algunas de las posiciones más extremas asociadas históricamente a su fundador, Jean-Marie Le Pen, y convertirlo en una opción más aceptable para una parte amplia del electorado francés.

En Italia, Meloni ha mostrado una actitud más pragmática desde su llegada al Gobierno. A pesar de su discurso nacionalista y conservador, su actuación ha estado marcada por la colaboración con las instituciones europeas y por el mantenimiento del apoyo italiano a Ucrania. Esto demuestra que la llegada de un partido de derecha radical al Gobierno no implica necesariamente una ruptura inmediata con las estructuras políticas europeas.

Alemania constituye un caso especialmente sensible debido a su historia del siglo XX. La presencia de AfD ha generado un fuerte rechazo entre otras fuerzas políticas, que tradicionalmente han mantenido un cordón sanitario para impedir que el partido participe en gobiernos. No obstante, el crecimiento electoral de AfD ha aumentado la presión sobre los partidos tradicionales y ha complicado el sistema político alemán.

La influencia de la extrema derecha en las instituciones europeas

El avance de estas fuerzas no se limita a los gobiernos nacionales. También tiene una dimensión europea. En el Parlamento Europeo, los partidos de derecha radical se encuentran divididos en diferentes grupos políticos. Entre ellos se encuentran los Patriotas, los Conservadores y Reformistas Europeos y Europa de las Naciones Soberanas.

Estas agrupaciones mantienen diferencias importantes, especialmente respecto a Rusia, Ucrania y el grado de integración europea que consideran deseable. Mientras Meloni y sus aliados polacos mantienen una posición favorable a la alianza atlántica y al apoyo a Ucrania, otras fuerzas, como las vinculadas a Le Pen o AfD, han defendido posiciones más críticas respecto al apoyo europeo a Kiev.

A pesar de estas diferencias, existe la posibilidad de que determinadas fuerzas de la derecha tradicional colaboren puntualmente con partidos situados más a la derecha en cuestiones concretas. Esta situación puede modificar los equilibrios existentes en el Parlamento Europeo y dificultar la continuidad de la tradicional cooperación entre conservadores, socialdemócratas, liberales y verdes.

El problema no reside únicamente en la existencia de partidos de extrema derecha, sino también en la transformación del sistema político europeo. Si las fuerzas tradicionales pierden capacidad para responder a las preocupaciones de los ciudadanos, los partidos radicales pueden presentarse como la principal alternativa al sistema existente.

Los retos pendientes de la Unión Europea

El debate político se desarrolla además en un momento en el que la Unión Europea debe afrontar importantes desafíos. Entre ellos se encuentran la necesidad de fortalecer la defensa europea, mejorar la coordinación energética, completar la unión bancaria y desarrollar un verdadero mercado europeo de capitales.

La situación internacional también ha incrementado la importancia de la política de defensa. La guerra de Ucrania y las tensiones con Rusia han obligado a los países europeos a replantearse su capacidad militar y su dependencia de aliados externos. Una mayor cooperación europea en materia de defensa se ha convertido, por tanto, en una cuestión estratégica.

Del mismo modo, la economía europea necesita movilizar grandes cantidades de inversión para mantener su competitividad internacional. La fragmentación de los mercados nacionales, especialmente en sectores como las telecomunicaciones y la energía, limita las posibilidades de crecimiento y dificulta la construcción de un mercado verdaderamente integrado.

En este contexto, una Unión Europea políticamente fragmentada podría encontrar mayores dificultades para desarrollar reformas comunes. Las diferencias entre los Estados miembros y entre los distintos grupos políticos pueden hacer más complicado alcanzar acuerdos sobre cuestiones que requieren una actuación conjunta.

El caso de España

España también forma parte de este proceso. Vox representa la principal fuerza de extrema derecha del país y, a diferencia de Francia, Italia o Alemania, su liderazgo no está representado por una mujer. Su crecimiento ha influido en el sistema político español y ha condicionado las relaciones entre el Partido Popular y las fuerzas de izquierda.

Uno de los elementos característicos del caso español es la ausencia de un cordón sanitario comparable al existente en Alemania. El Partido Popular ha alcanzado acuerdos de gobierno con Vox en diferentes instituciones cuando los resultados electorales lo han hecho necesario.

Esta situación muestra que el crecimiento de la extrema derecha no depende únicamente de sus propios resultados electorales. También depende de la estrategia de los partidos tradicionales y de las posibilidades de cooperación entre ellos. Por ello, el futuro político de España estará condicionado tanto por el apoyo que puedan obtener las fuerzas radicales como por la capacidad de los demás partidos para ofrecer respuestas a las demandas sociales que alimentan su crecimiento.

CONCLUSIÓN

El avance de la extrema derecha constituye uno de los principales fenómenos políticos de la Europa contemporánea. Sin embargo, no puede entenderse como un movimiento completamente uniforme. Marine Le Pen, Alice Weidel y Giorgia Meloni comparten determinadas ideas nacionalistas y posiciones críticas hacia algunas políticas europeas, pero presentan diferencias importantes en cuestiones como la relación con la Unión Europea, la política económica y la guerra de Ucrania.

El principal cambio de los últimos años consiste en que una parte de estas fuerzas ya no pretende necesariamente abandonar la Unión Europea, sino modificarla desde dentro. Su objetivo es aumentar la soberanía de los Estados nacionales y reducir el alcance de la integración política europea. Esto podría alterar profundamente el funcionamiento de las instituciones comunitarias si estas fuerzas consiguen aumentar su influencia.

Al mismo tiempo, Europa debe afrontar retos que requieren cooperación entre los Estados: la defensa, la seguridad energética, la competitividad económica, la inversión y la política exterior. El futuro de la Unión dependerá, en buena medida, de su capacidad para responder a estos desafíos y de la evolución de los sistemas políticos nacionales.

Por ello, el crecimiento de la extrema derecha no debe analizarse únicamente desde los resultados electorales. También es necesario observar las causas sociales y políticas que explican su expansión, así como la respuesta de los partidos tradicionales. El futuro de la Unión Europea estará condicionado por la capacidad de sus instituciones y de sus ciudadanos para debatir estas cuestiones y decidir qué modelo de Europa desean construir.

Fuente: El País.com