25 de septiembre de 2026

INTERNACIONAL. Diplomacia y Amenazas, en el conflicto Irán-EE.UU. en base a la reapertura del Estrecho de Ormuz

Irán envía a Estados Unidos un plan para  reabrir el estrecho de Ormuz en siete días. 


INTRODUCCIÓN

El conflicto entre Irán y Estados Unidos ha alcanzado un punto de inflexión crítico que combina gestos diplomáticos con advertencias militares. 

La propuesta iraní de siete puntos para la reapertura del estrecho de Ormuz en una semana representa un intento de encontrar una salida negociada a una escalada que amenaza la estabilidad energética mundial. Este ensayo analiza las complejidades de esta iniciativa, los obstáculos que enfrenta y el equilibrio precario entre la diplomacia y la amenaza militar que caracteriza las relaciones entre ambas potencias.

El Estrecho de Ormuz: Una Vía Crítica para la Economía Global

El estrecho de Ormuz no es simplemente una ruta marítima más. Antes de la guerra iniciada en febrero, aproximadamente el 20% del petróleo y gas mundial circulaba por sus aguas, lo que lo convierte en una arteria vital de la economía global. Su bloqueo o restricción tiene implicaciones inmediatas en los precios de los hidrocarburos y, por tanto, en la estabilidad económica de decenas de países. Irán, al controlar el acceso a este estrecho, posee una herramienta de presión geopolítica de primera magnitud. La propuesta iraní de reabrirlo en siete días debe entenderse en este contexto: no es un acto de generosidad, sino una jugada estratégica que busca negociar desde una posición de fuerza.

La Propuesta Iraní: Recuperar el Espíritu de Junio

La propuesta de Irán, presentada por el ministro de Exteriores Abbas Araqchi ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, no propone nuevas condiciones, sino que recupera los compromisos del memorando de junio firmado entre los presidentes Trump y Pezeshkián. Este documento de 14 puntos incluía el levantamiento del bloqueo estadounidense sobre puertos iraníes, el fin de la guerra en todos los frentes (incluido Líbano), el establecimiento de un nuevo régimen de tránsito marítimo en cooperación con Omán, y el levantamiento de sanciones económicas.

La estrategia iraní es clara: no pide lo imposible, sino que apela a compromisos ya asumidos previamente. Al hacerlo, busca presentarse como el actor razonable que honra sus acuerdos, mientras sugiere que Estados Unidos es quien ha incumplido. Esta táctica tiene un valor narrativo importante en el escenario internacional, especialmente ante audiencias que valoran la coherencia y el cumplimiento de compromisos.

El Dilema del Primer Paso: Desconfianza Mutua

Uno de los obstáculos más significativos para alcanzar un acuerdo radica en el orden progresivo de implementación. Según reportes de la prensa iraní, tanto Teherán como Washington se niegan a dar el primer paso por temor a perder capacidad de presión sobre su adversario. Este dilema refleja una desconfianza fundamental que caractiza las relaciones entre ambas naciones.

Esta situación reproduce el clásico problema del "dilema del prisionero" en teoría de juegos: ambas partes podrían beneficiarse de la cooperación, pero cada una teme ser traicionada si actúa de buena fe primero. Irán desconfía de que Estados Unidos mantenga sus compromisos; Estados Unidos desconfía de las intenciones iraníes. Esta desconfianza mutua, aunque comprensible dado el historial de ambos países, es precisamente lo que impide avances significativos. La intermediación de Pakistán y Qatar intenta resolver este impase, pero hasta ahora sin éxito.

Divergencias Internas: Gradualismo vs. Cumplimiento Simultáneo

Una tensión interesante emerge dentro de la propia posición iraní. Abbas Araqchi describe un proceso gradual de cumplimiento de compromisos hasta llegar a la reapertura del estrecho, mientras que el general Mohsen Rezaí, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, exige el cumplimiento simultáneo de las siete condiciones. Esta divergencia sugiere divisiones internas en Irán sobre la estrategia a seguir.

Rezaí establece un plazo de "cuatro o cinco días" para que Estados Unidos cumpla, y advierte que el incumplimiento resultará en que Irán determine su "siguiente paso"—una frase que por su vaguedad resulta amenazante. Esta postura más dura del sector militar iraní contrasta con el tono más cauteloso de la diplomacia oficial, reflejando las diferentes perspectivas dentro del establishment iraní sobre cómo proceder.

La Dimensión Militar: Amenazas Detrás de la Diplomacia

Paralela a los esfuerzos diplomáticos, existe una clara campaña de mensajes militares destinada a demostrar la capacidad defensiva de Irán. El general Yahya Rahim Safavi advertencia de nuevas capacidades militares que "sorprenderían al mundo" en caso de un nuevo ataque. Tales declaraciones cumplen una doble función: por un lado, pretenden disuadir la intervención militara estadounidense o israelí; por el otro, proporcionan respaldo doméstico a la postura negociadora del gobierno iraní, demostrando que la nación está preparada para cualquier eventualidad.

Las afirmaciones del departamento de Inteligencia de la Guardia Revolucionaria sobre que las operaciones iraníes han forzado al CENTCOM a modificar su despliegue buscan proyectar una imagen de efectividad militar. Independientemente de su veracidad, estas aseveraciones cumplen un propósito narrativo importante: sugieren que Irán puede infligir daño significativo, por lo que la negociación es preferible a la confrontación.

La Presión sobre Terceros: Una Estrategia de Aislamiento

Las nuevas sanciones estadounidenses contra aeropuertos y aerolíneas iraníes, que entraron en vigor hace poco, han resultado en la cancelación de vuelos por parte de varios países vecinos. Irán ha respondido con tono amenazante, instando a sus vecinos a "no involucrarse" y advirtiendo que no puede garantizar el funcionamiento de sus aeropuertos si suspenden los vuelos iraníes.

Este conflicto de carácter secundario ilustra cómo la confrontación entre Irán y Estados Unidos afecta a terceros y cómo ambas potencias utilizan presión sobre actores regionales para fortalecer sus posiciones. Para países como Georgia, Omán, Azerbaiyán y Emiratos Árabes Unidos, esta situación presenta un dilema difícil: complacer a Estados Unidos con riesgo de represalias iraníes, o mantener relaciones normales con Irán y posiblemente enfrentar sanciones estadounidenses.

El Factor Temporal: Las Elecciones de Medio Mandato

Araqchi ha mencionado que sería "mucho mejor" que se llegara a un acuerdo antes de las elecciones de medio mandato estadounidenses, dejando la decisión a la administración estadounidense. Esta referencia es indicativa: los tiempos políticos domésticos en Estados Unidos influyen en la disposición a negociar. Una administración enfocada en procesos electorales puede ser más o menos proclive a llegar a acuerdos con adversarios, dependiendo de cálculos políticos internos.

Optimismo Condicional y Respaldo Externo

A pesar de las tensiones, funcionarios iraníes han expresado optimismo sobre la posibilidad de un acuerdo. El hecho de que Irán haya compartido su propuesta con China, que la habría respaldado, añade dimensiones internacionales al conflicto. El respaldo de China a la posición iraní no es sorprendente, dado que un conflicto abierto en el Golfo Pérsico afectaría negativamente los intereses energéticos chinos y la estabilidad económica global.

CONCLUSIÓN

La propuesta iraní de reapertura del estrecho de Ormuz en siete días representa un momento delicado en las relaciones entre Irán y Estados Unidos. Combina elementos diplomáticos (la invocación del memorando de junio, la mediación internacional) con amenazas militares implícitas y presión sobre terceros. Los obstáculos son considerables: la desconfianza mutua sobre quién dará el primer paso, las divergencias internas en Irán sobre la estrategia a seguir, y las complejidades de los tiempos políticos estadounidenses.

Sin embargo, el hecho mismo de que se presente una propuesta estructurada con plazos definidos sugiere que existe espacio para la negociación. El equilibrio precario entre la diplomacia y la amenaza que caractiza esta fase del conflicto podría inclinar la balanza hacia un acuerdo, si ambas partes logran superar el dilema del primer paso y encontrar un mecanismo creíble de cumplimiento mutuo. La reapertura del estrecho de Ormuz no es solo una cuestión bilateral, sino una preocupación global cuya resolución tiene implicaciones para la estabilidad energética y económica mundial.

Fuente: Publico.es