Los días 30 y 31 de julio de 2021 marcaron un hito sin precedentes en las relaciones hispano-marroquíes: mientras más de 70.000 inmigrantes irrumpían en Ceuta a través de la frontera terrestre, la Marina Real de Marruecos ejecutaba simultáneamente incursiones en aguas territoriales españolas con buques de guerra.
Este episodio trasciende la narrativa tradicional de las crisis
migratorias en el Mediterráneo occidental, revelando una dimensión de
confrontación estatal que obliga a replantearse la naturaleza misma del
conflicto y sus implicaciones geopolíticas para la seguridad nacional española.
IRRUPCIÓN.
Una crisis multidimensional
La
invasión de Ceuta no fue un fenómeno unidimensional. Mientras la opinión
pública se concentraba en las imágenes de miles de personas cruzando a pie y a
nado el Tarajal, movilizadas presuntamente mediante bulos en redes sociales,
las autoridades militares españolas detectaban una amenaza de magnitud muy
diferente: la navegación deliberada e intencional de buques de guerra
marroquíes en aguas de soberanía española.
Esta
simultaneidad no es un dato menor. A diferencia de las vulneraciones
fronterizas protagonizadas por civiles desarmados —cuyo origen podría
atribuirse a la movilización viral y la desinformación—, la presencia de una
fragata y varias patrulleras de la Marina Real operaba conforme a órdenes
superiores. Aquí no se trataba de civiles desesperados, sino de fuerzas
estatales en misión coordinada. Aunque las fuentes oficiales evitaron especular
sobre una conexión intencionada entre ambos incidentes, la proximidad temporal
y la escala coordinada sugieren una estrategia más compleja que la mera
coincidencia.
ESCENARIO
MARÍTIMO. Una Vulneración Repetida
Lo
ocurrido en el espacio marítimo de Ceuta durante los primeros días de agosto no
fue un simple accidente de navegación. Las fuentes militares consultadas
enfatizaron que se trataba de una "vulneración intencionada y
repetida" del mar territorial español, de la que existen pocos
precedentes. Las incursiones no cesaron de manera espontánea, sino que fueron
interrumpidas únicamente después de que la Armada española desplegara recursos
disuasorios significativos y el Ministerio de Defensa ejerciera una "gestión
de alto nivel" con las autoridades de Rabat.
La
tensión alcanzó cotas críticas: los registros históricos indican que estuvo a
punto de ocurrir una colisión entre buques militares de ambas naciones, un
escenario que habría podido escalar rápidamente hacia un conflicto armado. Este
riesgo inminente transformó una crisis migratoria en un asunto de seguridad
nacional de primer orden.
RESPUESTA
ESPAÑOLA. Movilización Disuasoria
Ante la
vulneración sostenida de sus aguas territoriales, España activó un despliegue
militar sin precedentes en la zona. El Buque de Acción Marítima Rayo,
procedente de Las Palmas de Gran Canaria, llegó a Ceuta el 3 de agosto con el
objetivo de reforzar la vigilancia. Sin embargo, esta medida resultó
insuficiente ante la persistencia de las incursiones marroquíes.
Posteriormente,
se movilizaron recursos más significativos: la fragata Santa María,
procedente de Rota, fue enviada a realizar patrullas constantes. Cuando sufrió
una avería, fue sustituida expeditivamente por la fragata Navarra, ambas
pertenecientes a la 41 Escuadrilla de Buques de Escolta. El nivel de
movilización—que incluyó el trasvasamiento de material y personal entre
fragatas— evidencia la gravedad con que España tomó estas incursiones.
DILEMA
GEOPOLÍTICO. Entre soberanía y reconocimiento
La
fragilidad de la situación radica en una realidad geopolítica fundamental:
Marruecos no reconoce la soberanía española sobre Ceuta y Melilla,
denominándolas despectivamente "presidios", ni tampoco reconoce sus
aguas territoriales. A diferencia de otros espacios marítimos españoles
delimitados internacionalmente, las 12 millas náuticas que España reclama como
aguas territoriales en torno a Ceuta carecen de reconocimiento marroquí formal.
Este
vacío legal crea un caldo de cultivo para los roces bilaterales. Mientras que
incursiones rutinarias de embarcaciones de la Gendarmería marroquí persiguiendo
narcolanchas son relativamente comunes, la aparición de buques de guerra
operando bajo órdenes estatales representa una escalada cualitativa que desafía
directamente la posición española.
Marruecos,
además, ha modernizado recientemente su capacidad naval. La base militar de
Ksar Sghir, ubicada a tan solo 35 kilómetros al oeste de Ceuta, se erige como
la instalación naval más importante del norte marroquí. En ella atracan buques
de guerra como la fragata Mohamed VI, de fabricación francesa, y las
modernas patrulleras tipo Sigma. Algunos análisis sugieren que Marruecos ha
incluso ofrecido esta base a Estados Unidos como alternativa a la española de
Rota, evidenciando sus ambiciones de convertirse en potencia naval regional.
FACTOR
POLÍTICO-MILITAR. La Respuesta de Estado
La
intervención de las más altas autoridades españolas subraya la gravedad
política de los sucesos. El Rey Felipe VI, en su calidad de Mando Supremo de
las Fuerzas Armadas, presidió una reunión excepcional en la Zarzuela el 8 de
septiembre, convocando a los principales mandos operativos: el Jefe del Estado
Mayor de la Defensa, los jefes del Mando de Operaciones y del Mando Operativo
Terrestre, además del comandante general de Ceuta.
El Rey
asistió uniformado como Capitán General del Ejército de Tierra, gesto
deliberado que buscaba comunicar públicamente su preocupación personal y su
papel como mando supremo. Esta reunión, sin precedentes en su composición y
nivel, no figuraba inicialmente en la agenda pública pero fue revelada
estratégicamente por la Casa Real, indicando que la monarquía deseaba que el
país comprendiera la seriedad con que se tomaba la situación.
La
ministra de Defensa, Margarita Robles, también enfatizó la españolidad de Ceuta
y Melilla, rechazando cualquier duda al respecto y elogiando "el trabajo
impecable" de los militares desplegados, pese a críticas de organizaciones
como Amnistía Internacional sobre presuntos malos tratos a inmigrantes
irregulares.
REFLEXIONES.
Sobre la responsabilidad marroquí
Aunque
las fuentes oficiales se abstuvieron de afirmar explícitamente una coordinación
entre la invasión migratoria y las incursiones navales marroquíes, varios
indicios sugieren una estrategia estatal:
1. La simultaneidad.- Los eventos
ocurrieron en el mismo período, en un contexto de tensiones bilaterales
previas.
2. La naturaleza
deliberada.- No se trató de accidentes, sino de operaciones "repetidas e
intencionadas".
3. La escala coordinada.- Más de 70.000
inmigrantes y múltiples buques de guerra operando simultáneamente sugieren algo
más que coincidencia.
4. El impacto
estratégico.- La combinación maximizó la presión sobre los recursos militares españoles,
obligándolos a dividir su atención.
La
negativa oficial a especular sobre esta conexión probablemente responda a
consideraciones diplomáticas, pero los hechos brutos plantean interrogantes que
no pueden eludirse en un análisis riguroso.
CONCLUSIÓN.
Nuevo Precedente en la Región
La
crisis de Ceuta de julio-agosto de 2021 marca un punto de inflexión en las
dinámicas regionales mediterráneas. No fue simplemente una ola migratoria
más—aunque indudablemente lo fue—, sino una prueba de fuerza donde un actor
estatal utilizó múltiples instrumentos (presión migratoria, incursiones
militares, vulneración de soberanía) de manera coordinada.
España
respondió con firmeza disuasoria, desplegando poder naval y ejerciendo presión
diplomática de nivel superior. La intervención del Rey como mando supremo
comunicó que se trataba de un asunto de Estado. Aunque los incidentes cesaron
tras estas medidas, la crisis reveló fragilidades en la arquitectura de
seguridad en el Mediterráneo occidental y la necesidad de una vigilancia
permanente sobre un adversario que, aunque debilitado diplomáticamente tras
estos eventos, posee capacidades que no pueden subestimarse.
Ceuta,
pequeña ciudad fronteriza, se convirtió temporalmente en el epicentro de una
confrontación que trascendía su geografía, afectando a las concepciones
fundamentales de soberanía, seguridad y control territorial en el espacio
mediterráneo español
POSDATA
Seguro que
si hubieran estado Feijóo y Abascal en el gobierno durante esta crisis, ya estaríamos en guerra con
Marruecos, porque a la guerra híbrida que desde hace tiempo el rey Mohamed VI
de Marruecos está utilizando contra España, no se responde con bombas, a no ser que sean atacados, sino que se
responde como ha hecho Pedro Sánchez, poniendo en conocimiento los
hechos, donde corresponda y a sus aliados europeos, pues para eso España pertenece a la OTAN y a la Unión Europea. Y por ello Ceuta y Melilla son fronteras europeas, además de españolas.
Que Dios nos coja confesados si en una crisis como la de Ceuta, están gobernando estos aprendices de caudillo que son Feijóo y Abascal, ignorantes e incompetentes como ellos solos, mucho más capacitados para ir de vacaciones con narcotraficantes y terroristas a los puticlub, que para gobernar.
Que no sabían nada de la incursión naval de Marruecos en aguas españolas, pues para no saber bien que hablan y visitan Ceuta. Miren, hoy está por ahí Abascal, seguro que estará investigando en algún bar de la zona, para ver lo que se cuece por allí, naturalmente.
Fuente:
El
País.com
