26 de febrero de 2026

DERECHOS HUMANOS. De la parodia del alto el fuego de Israel en GAZA y Cisjordania, a la triste realidad


La  ONU alerta del peligro de "limpieza étnica" de Israel en Palestina.   
 
La reciente publicación de un informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos vuelve a situar el conflicto entre Israel y Palestina en el centro del debate jurídico y moral internacional. 

El documento, que analiza el período comprendido entre noviembre de 2024 y octubre de 2025, no solo describe una intensificación de la violencia en Gaza y Cisjordania, sino que plantea interrogantes de extrema gravedad: la posible comisión de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad e incluso actos constitutivos de genocidio. A partir de este diagnóstico, el informe interpela a la comunidad internacional y exige una reflexión profunda sobre la responsabilidad, la justicia y las condiciones necesarias para una paz duradera.

Uno de los ejes centrales del informe es la denuncia de una destrucción sistemática en la Franja de Gaza que, según la Oficina, parece orientada a provocar un cambio demográfico permanente. La devastación de barrios enteros, el bloqueo de ayuda humanitaria y los traslados forzosos de población son descritos como prácticas que no solo agravan el sufrimiento inmediato de la población civil, sino que alteran de forma estructural las condiciones de vida del pueblo palestino. La referencia a la hambrunacon cientos de muertes por inanición, incluidos numerosos niños— introduce un elemento particularmente alarmante: el uso del hambre como método de guerra, tipificado como crimen de guerra por el derecho internacional humanitario.

El informe también subraya que estas conductas podrían alcanzar la categoría de crímenes de lesa humanidad si se comprueba que forman parte de un ataque sistemático o generalizado contra la población civil. Más aún, advierte que, si existiera intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, podrían configurarse elementos del crimen de genocidio. En este punto, el documento enlaza con conclusiones previas de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado, establecida por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que ya había señalado la posible comisión de actos de genocidio.

En Cisjordania, incluida Jerusalén Este, el patrón descrito es diferente pero igualmente preocupante. El informe documenta demoliciones de viviendas, detenciones arbitrarias, tortura y muertes bajo custodia. Estas prácticas, afirma, no serían hechos aislados, sino parte de una lógica de control, dominación y discriminación sistemática. La acusación implícita es que el marco de ocupación se ha transformado en un sistema que vulnera de manera estructural los derechos fundamentales de la población palestina.

La dimensión internacional del problema adquiere especial relevancia cuando se aborda la cuestión de la impunidad. El informe sostiene que el sistema judicial israelí no ha dado pasos significativos para exigir responsabilidades por las violaciones denunciadas. En este contexto, la intervención de la Corte Penal Internacional, que emitió órdenes de arresto contra el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad, representa un hito jurídico de gran trascendencia. Sin embargo, la eficacia de estas medidas depende de la cooperación de los Estados y del compromiso real con el derecho internacional.

El informe no omite las violaciones cometidas por Hamás y otros grupos armados palestinos. Se documenta la retención de rehenes capturados durante el ataque del 7 de octubre de 2023, así como testimonios de tortura, violencia sexual y tratos inhumanos. Estos hechos también constituyen graves infracciones del derecho internacional y subrayan que la protección de los civiles debe ser una obligación incondicional para todas las partes en conflicto.

En definitiva, el texto de la Oficina del Alto Comisionado plantea una conclusión contundente, la justicia no es un elemento accesorio, sino la base indispensable para la reconstrucción y la paz. La impunidad perpetúa la violencia; la rendición de cuentas abre la posibilidad de reconciliación. La historia del conflicto, que se remonta a la creación del Estado de Israel en 1948 y al desplazamiento masivo de palestinos conocido como la Nakba, demuestra que las heridas no resueltas tienden a reproducirse en ciclos de violencia cada vez más destructivos.

Así, el informe no solo describe una tragedia humanitaria en curso, sino que formula una advertencia ética y política a la comunidad internacional: sin responsabilidad jurídica, sin reparación para las víctimas y sin garantías de no repetición, cualquier alto el fuego será frágil

La paz duradera entre israelíes y palestinos exige algo más que acuerdos temporales; requiere de un compromiso firme, con el derecho, la dignidad humana y la igualdad de derechos para ambos pueblos.

De los fines, obscenos y repulsivos, que esconde la creación de resort para millonarios en Gaza, sobre restos humanos de palestinos allí asesinados, y donde aún no fueron localizados muchos de sus cuerpos.

El Presidente Trump, propone una tesis incómoda. Pero lo verdaderamente obsceno no es solo la devastación material y humana de Gaza, sino la representación farisea de un supuesto futuro bajo un llamado “Plan Maestro”.

 El proyecto, presentado con la ligereza de un ejercicio escolar y la estética simplificada de un PowerPoint, se convierte en símbolo de burla. No es únicamente un plan urbanístico cuestionable; es, sobre todo, una operación de ilusionismo político que pretende superponer colores brillantes sobre una geografía de escombros y cadáveres.

El proyecto es absolutamente censurable, donde la crítica se puede desplegar a dos niveles. Donde en el primero, se desmonta la viabilidad práctica del plan. Pues dada la magnitud de la destrucción millones de toneladas de hormigón, miles de cuerpos aún bajo las ruinas convierte cualquier promesa inmediata de reconstrucción en una quimera. Incluso estimaciones de organismos internacionales como Naciones Unidas apuntan a que el desescombro podría prolongarse durante años antes de que se coloque “la primera baldosa”. La comparación con la limpieza tras el atentado contra el World Trade Center en Nueva York —que requirió meses con todos los recursos de Estados Unidos— subraya el abismo entre la retórica optimista y la realidad física.

En el segundo nivel, destaca la lógica económica. Proyectos como Ras El Hekma, impulsados en la costa mediterránea egipcia, cuentan con estabilidad estatal, infraestructuras básicas y un horizonte de inversión relativamente claro. 

En cambio, Gaza, carece de agua suficiente, de energía estable y de seguridad jurídica. 

Y la pregunta consecuente sería no solo moral sino estructural, ¿que capital privado asumiría una apuesta a tan largo plazo en un territorio devastado, políticamente inestable y jurídicamente incierto? 

Por supuesto que ninguno. Dado que el gran capital no actúa movido por la compasión ni por fantasías coloridas, sino por rentabilidad y garantías.

Luego, mirado el asunto desde un punto de vista  ético y simbólico, el plan no sería tanto un error de cálculo como una puesta en escena deliberada. La participación en el proyecto de figuras tales como  Donald Trump y Jared Kushner (yerno del anterior)  encuadra el proyecto en un estilo político caracterizado por la espectacularización, presentando gráficos simples como si fueran soluciones complejas, convirtiendo la devastación en oportunidad inmobiliaria y transformando el dolor colectivo en maqueta de resort

Esta exposición acusa a sus promotores no de ingenuidad, sino de cinismo, "saben que el proyecto es inviable y, precisamente por eso mismo, lo exhiben".

Este plan, además de tener la consideración de deleznable para cualquier persona de bien, también obliga a hacer autocrítica a cada lector, y a quienes observan desde fuera. La indignación, aunque justa, puede convertirse en un mecanismo reactivo que nos hace bailar al son de la provocación. Y si el plan es una ilusión, oponerse a él como si fuera real podría equivaler a actuar dentro del mismo teatro. Esta reflexión es especialmente potente: la política contemporánea no solo se libra en el terreno de los hechos, sino en el de las escenificaciones. El trampantojo puede capturar tanto a sus defensores como a sus detractores. 

Entonces, repentinamente surge una difícil pregunta: si el “Gaza Resort” es repulsivo e inviable, ¿cuál sería el futuro alternativo? 

Aquí aparecería el núcleo más honesto y desesperanzado de la respuesta a dicho proyecto inmobiliario. No basta con impugnar moralmente; es necesario imaginar condiciones de vida viables

Pero esa imaginación tropieza con una realidad devastada y con décadas de bloqueo, destrucción de infraestructuras y dependencia forzada. 

Por ello la reconstrucción no puede basarse únicamente en términos de macroproyectos turísticos, ni en la lógica del capital especulativo, pero tampoco puede eludirse la cuestión económica. Negar el plan no equivale a construir esperanza.

Al final, centrándose en el gobierno de Benjamin Netanyahu, la hipótesis sería que, el verdadero “plan maestro” no consiste en levantar una ciudad sostenible, sino en, hacer la vida tan inviable que la población termine por marcharse

La destrucción de infraestructuras básicas aeropuerto, plantas eléctricas, sistemas de saneamiento no sería accidental sino coherente con la anterior estrategia a largo plazo. 

La aparente complicidad o benevolencia ante propuestas externas funcionaría como cortina de humo frente a un objetivo más profundo: la desposesión progresiva.

En conjunto, poniendo en perspectiva, denuncia moral, análisis material y reflexión autocrítica, se concluye, que la mayor virtud reside en señalar la obscenidad de convertir una catástrofe humanitaria en colorida maqueta inmobiliaria. Así como recordar que la mera indignación no basta. Si la burla es intolerable, la respuesta no puede limitarse a gritar contra ella; debe consistir en articular alternativas concretas, aunque sean imperfectas y parciales.

Al final queda una inquietud abierta, ¿como imaginar un futuro digno cuando el presente parece diseñado para impedirlo? 

Tal vez la respuesta no resida en grandes planes espectaculares ni en resorts utópicos, sino en reconstrucciones modestas, con garantías de derechos básicos, como devolver la libertad y el territorio a quienes vivían antes allí, es decir a los palestinos.  

Frente al ilusionismo político, la tarea sería devolver peso y espesor a la realidad, sustituir el color superficial por cimientos sólidos, porque no basta con denunciar la oscuridad: es necesario aprender a producir luz sin crear nuevos espejismos.

 

De propósitos ocultos, tras la Junta de Paz de Trump, que evidencian clara estrategia para subyugar a los palestinos

La irrupción de una nueva arquitectura internacional bajo el nombre de “Junta de Paz” marca un punto de inflexión en la diplomacia contemporánea.

 Impulsada por el presidente estadounidense, Donald Trump y presentada inicialmente en la ciudad suiza de Davos, la iniciativa ha sido descrita por su promotor de manera grandilocuente, como “uno de los organismos más trascendentales jamás creados en la historia del mundo”. Sin embargo, más allá de la retórica, la propuesta abre interrogantes profundos sobre el futuro del multilateralismo, el papel de Naciones Unidas y, sobre todo, el destino de la población palestina en la Franja de Gaza.

La escenografía de la presentación no fue casual. En el marco de una cumbre internacional y rodeado de aliados políticos e ideológicos —entre ellos el presidente argentino Javier Milei y el primer ministro húngaro Viktor Orbán— Trump convirtió el anuncio en un acto de afirmación personal y política. El mensaje fue claro: la Junta de Paz no será un foro técnico limitado a la reconstrucción de Gaza, sino una plataforma alternativa de gobernanza global

La exclusión —o intento de relegación— de organismos como la Organización de las Naciones Unidas y la UNRWA revela la ambición de crear un sistema paralelo que supervise, e incluso condicione, el funcionamiento de las instituciones multilaterales tradicionales.

El contexto geopolítico refuerza la controversia. Países europeos clave como Francia, Alemania, Reino Unido o España han rechazado su participación formal, alegando el riesgo de socavar el orden multilateral vigente. En contraste, Estados como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto o Bielorrusia han confirmado su adhesión, junto a Israel, representado por su primer ministro Benjamin Netanyahu, cuya situación internacional se ha visto tensionada por la orden de detención emitida por la Tribunal Penal Internacional. Esta composición heterogénea anticipa una gobernanza marcada más por afinidades estratégicas que por consensos universales.

En términos financieros, la Junta nace con un músculo considerable, donde nueve países han comprometido 7.000 millones de dólares, a los que Washington sumará otros 10.000 millones. La promesa de reconstrucción se acompaña de un ambicioso rediseño institucional de Gaza: desmilitarización, creación de una policía transitoria palestina, despliegue de 20.000 soldados de estabilización aportados por países como Indonesia, Marruecos o Kosovo, y la formación de 12.000 agentes en Egipto y Jordania

La narrativa oficial insiste en que “reconstruiremos Gaza no como era, sino como debe ser”, en palabras del ex primer ministro británico Tony Blair, miembro del comité ejecutivo de la Junta.

No obstante, esta promesa encierra tensiones profundas. ¿Puede hablarse de reconstrucción cuando el proceso está condicionado por la desmilitarización forzada y por la tutela de fuerzas extranjeras? ¿Hasta qué punto la creación de una “nueva policía” y un “gobierno autónomo” responde a la autodeterminación palestina o a un rediseño impuesto desde el exterior?

 La insistencia en supervisar a Naciones Unidas y en convertir la Junta en foro principal de resolución de conflictos globales sugiere un desplazamiento del multilateralismo clásico hacia una diplomacia de clubes selectivos con capacidad financiera y militar.

El discurso de Trump, cargado de referencias a su capacidad para “acabar con guerras” y salvar vidas, combina pragmatismo financiero con ambición simbólica. La evocación implícita del Premio Nobel de la Paz, que no le fue concedido en el pasado, añade una dimensión personal a la iniciativa. La paz entonces aparece no solo como objetivo geopolítico, sino como capital político.

Sin embargo, la cuestión central permanece, ¿que significa la paz para la población gazatí? 

Si la reconstrucción se concibe prioritariamente como apertura a la inversión extranjera, transformación tecnológica y reconfiguración institucional, bajo tutela internacional, el riesgo es que la dimensión humanael sufrimiento acumulado, la pérdida, el desplazamiento— quede subordinada a un proyecto de ingeniería política

Los documentos filtrados por medios estadounidenses, que aluden a planes para asfixiar económica y administrativamente a la población palestina, intensifican la sospecha de que la Junta podría convertirse en instrumento de control más que de emancipación.

La presencia de observadores de la Unión Europea, pese al rechazo formal de varios Estados miembros, evidencia la complejidad del momento. Bruselas parece debatirse entre mantenerse al margen de un sistema que considera paralelo y estar “en la mesa” para influir desde dentro. Esa ambivalencia refleja la tensión más amplia entre el orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial y las nuevas fórmulas de poder que emergen en un mundo fragmentado.

En última instancia, la Junta de Paz simboliza un experimento de gobernanza global impulsado desde la potencia hegemónica, con fuertes apoyos financieros y militares, pero con legitimidad cuestionada. Si logra estabilizar Gaza y mejorar efectivamente la vida de sus habitantes, podría consolidarse como modelo alternativo. 

Si, por el contrario, se percibe como una imposición que margina a los actores locales y debilita el sistema multilateral, podría profundizar la desconfianza internacional y agravar fracturas existentes.

La historia juzgará si esta iniciativa fue un genuino intento de pacificación o un episodio más de competencia por la arquitectura del poder global. 

Entre la promesa de prosperidad y el temor a la asfixia, el futuro de Gaza vuelve a situarse en el centro de una disputa que trasciende sus fronteras.

Fuente: ONU; Desinformando.org; 20minutos.es

POSDATA

En España algo sabemos de que las derechas (extremas y radicales) llenen de mierda y  mentiras a la opinión pública, con la esperanza que el falso relato que difunden tenga más éxito que la verdad.

Y en ese contexto, en este momento se está produciendo una votación en el Congreso de Diputados, donde la suma de esas derechas va a tumbar la renovación del escudo social, del que dependen 12 millones de españoles y españolas. Y desde aquí les digo, que eso de aceptar cualquier relato se acabó y que cada palo aguante su vela. 

Si quieren joder la vida a 12 millones de personas y poner en peligro a millones de niños en riesgo de exclusión social, comprendería que bien harían y para nada lamentaría, que nadie de esos 12 millones de ciudadanos y muchos del resto de españoles y españolas, nunca votasen a PP, Vox y Junts, que bien que se lo merecen mientras no se aprobase en el Congreso el escudo social, porque la excusa que ponen de perjudicar a los pequeños propietarios que alquilan sus viviendas, simplemente es MENTIRA, y lo pongo en mayúsculas  para que sus limitadas inteligencias fascistas lo pillen. 

Y por otra parte, de no aprobarse el decreto que hasta ahora permitía la vigencia del escudo social, las autonomías, mayoritariamente gobernadas  por el PP con el soporte de Vox, a ver que hacen entonces, pues todas ellas tienen transferidas  las competencias respecto de proteger los derechos de los más desfavorecidos, que precisamente no son los propietarios, sino los que no tienen donde vivir, ni que comer.

Por cierto y cambiando de tema, sabido es, que el Rey Emérito siempre ha tenido libertad para ir y venir donde le plazca, pues si se marchó de España, no fue por el golpe de Estado del 23F, sino porque tenía cuentas pendientes con el fisco, y Hacienda le pedía una regularización tras otra. Y además, porque se descubrió que tenía cuentas en el extranjero con elevadas sumas de dinero sin declarar. Y comprendo que el señor Feijóo y la señora Ayuso, resten importancia a esto último, dado que es de suponer tienen las mismas aspiraciones económicas. 

En mi modesta opinión, los reyes, siempre debieran tener las mismas obligaciones fiscales que el resto de los mortales, incluidos protegidos de los justicia como Feijóo  y Ayuso, con sus respectivos allegados. Y además, si se incumplen dichas obligaciones fiscales, recibir mismo castigo que el resto de la ciudadanía. 

Fuente: Redacción

24 de febrero de 2026

INVASION RUSA. Ucrania en el umbral del quinto aniversario de la invasión rusa, se debate entre la resistencia y el desgaste de hoy, y la incertidumbre del mañana

Ucrania conmemora el cuarto aniversario de la invasión rusa tras un año marcado por el aumento de las víctimas de civiles, las negociaciones infructuosas con una Rusia que no cede en sus exigencias, el incremento de las críticas al Gobierno y el impacto de los drones  y en el frente.

 

En las calles de Járkov, cada mañana a las nueve en punto, un metrónomo interrumpe la vida cotidiana.

 Durante sesenta segundos, el murmullo de las cafeterías se apaga, las manos se detienen, las miradas se inclinan. Al final, una voz pronuncia “Slava Ukraini” y el país vuelve a ponerse en marcha. 

Ese minuto de silencio resume con precisión la paradoja que define a Ucrania tras cuatro años de invasión rusa: una vida que parece congelarse a diario, pero que continúa, obstinada, en medio del dolor y la incertidumbre.

Desde el 24 de febrero de 2022, cuando Vladímir Putin ordenó la invasión a gran escala, Ucrania ha transitado de la conmoción inicial a una resistencia prolongada. Lo que Moscú imaginó como una campaña relámpago se transformó en una guerra de desgaste. Hoy, al borde del quinto año, el país no solo enfrenta la presión militar rusa, sino también el agotamiento interno, la erosión social y una compleja reconfiguración del apoyo internacional.

La transformación de la guerra

El conflicto ha mutado profundamente. Si en los primeros meses predominaban las columnas de tanques y la artillería masiva, hoy el campo de batalla está dominado por drones, guerra electrónica y ataques de precisión. El frente ya no es una línea clara, sino una “zona de aniquilación” extendida kilómetros atrás. Soldados que antes combatían cuerpo a cuerpo ahora observan pantallas desde búnkeres subterráneos. La tecnología ha ampliado el alcance del peligro y ha difuminado la frontera entre retaguardia y combate.

Las cifras de bajas, aunque imprecisas, son estremecedoras. Estimaciones del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales hablan de cientos de miles de muertos y hasta 1,8 millones de bajas combinadas entre muertos, heridos y desaparecidos en ambos bandos. A ello se suma el impacto devastador sobre la población civil: más de 15.000 fallecidos confirmados por Naciones Unidas y decenas de miles de heridos. Cada número es una biografía truncada, una familia rota, una ciudad que pierde parte de sí misma.

En regiones como Jersón, los drones de corto alcance han convertido calles y hogares en espacios vulnerables. La guerra tecnológica no distingue claramente entre combatientes y civiles, y la sensación de amenaza constante erosiona la estabilidad psicológica de la sociedad.

Sin victorias decisivas

Territorialmente, Rusia controla alrededor del 20% del país si se suman Crimea y partes del Donbás. Sin embargo, sus avances han sido graduales y costosos. Ciudades como Pokrovsk o Kupiansk simbolizan una lucha persistente sin cambios estratégicos definitivos. Ucrania ha logrado frenar ofensivas mayores, pero ha perdido la capacidad de lanzar contraataques decisivos como los de 2022.

El resultado es un equilibrio inestable: Rusia no consigue imponer sus condiciones por la fuerza, y Ucrania no logra recuperar de forma significativa el territorio ocupado. La guerra se ha convertido en un pulso de resistencia, donde el tiempo es un arma más.

El desgaste interno

Si el frente militar es estático, el frente social es dinámico y complejo. La movilización prolongada ha generado tensiones. Bajo la ley marcial, millones de hombres están sujetos al servicio obligatorio; algunos han huido, otros se esconden, otros buscan exenciones. El discurso de unidad nacional que marcó los primeros años ha dado paso a conversaciones más crudas sobre el cansancio, la corrupción y los abusos en el reclutamiento.

En Kiev, la vida intenta continuar: teatros abiertos, tráfico intenso, niños jugando en la nieve. Pero la normalidad es frágil. Los ataques rusos contra la infraestructura energética han dejado a millones sin calefacción en pleno invierno. Las carpas de emergencia y las aplicaciones para consultar horarios de electricidad forman parte de la nueva rutina. La resiliencia convive con la precariedad.

A nivel político, el presidente Volodímir Zelenski ha debido enfrentar críticas internas y escándalos de corrupción. Aunque mantiene respaldo popular, la cohesión inicial se ha erosionado. La guerra prolongada pone a prueba no solo la capacidad militar del Estado, sino también su legitimidad y transparencia.

La dimensión internacional: Trump y Europa

El conflicto ya no puede entenderse sin la figura de Donald Trump. Su retorno a la Casa Blanca alteró el equilibrio diplomático. La retórica dura hacia Kiev, la paralización parcial del apoyo militar estadounidense en 2025 y la presión para alcanzar un acuerdo rápido han incrementado la sensación de vulnerabilidad ucraniana.

Trump ha impulsado negociaciones que, hasta ahora, no han producido un alto el fuego. Moscú mantiene demandas maximalistas, incluyendo el control total del Donbás y la neutralidad permanente de Ucrania. Kiev, por su parte, se niega a reconocer la anexión de territorios y exige garantías de seguridad sólidas, especialmente ante la imposibilidad actual de ingresar en la OTAN.

Ante la reducción del respaldo estadounidense, Europa ha intentado llenar el vacío. Sin embargo, la unidad del bloque se ha visto tensionada por el veto de Viktor Orbán a un préstamo de 90.000 millones de euros, generando fricciones dentro de la Unión Europea. Figuras como Kaja Kallas y Emmanuel Macron han defendido la necesidad de respetar los compromisos colectivos, subrayando que la credibilidad europea está en juego.

La disputa energética en torno al oleoducto Druzhba evidencia cómo la guerra se entrelaza con intereses económicos y políticos más amplios. Ucrania no solo combate en el frente oriental, sino también en los laberintos diplomáticos de Bruselas y Washington.

Esperanza escasa, resistencia persistente

Las encuestas muestran una sociedad dividida entre el rechazo a ceder territorio y el pragmatismo de aceptar un congelamiento del conflicto con garantías de seguridad. Pero el escepticismo domina. Para muchos ucranianos, las negociaciones parecen una representación sin desenlace real. La desconfianza hacia Rusia es profunda y estructural.

Historias como la de Anna, originaria de Bajmut, reflejan la dimensión íntima de la guerra. Ver su ciudad ocupada, recorrer virtualmente calles que ya no le pertenecen, asumir que no volverá, son heridas que no se miden en kilómetros cuadrados ni en estadísticas militares. El Donbás no es solo una región estratégica; es memoria, identidad y pertenencia.

CONCLUSIÓN

Al entrar en su quinto año, Ucrania encarna la resistencia de un Estado que, pese al agotamiento, se niega a desaparecer. Sin victorias decisivas ni perspectivas claras de paz, el país vive suspendido entre la rabia y la desesperanza, entre la rutina y el duelo. La guerra ha redefinido su territorio, su política y su tejido social, pero no ha quebrado su voluntad colectiva.

El metrónomo que marca cada mañana en Járkov no solo recuerda a los muertos; también simboliza el pulso de una nación que, aun exhausta, sigue latiendo. Mientras las negociaciones avanzan y retroceden, mientras las potencias calculan sus intereses, Ucrania continúa existiendo en ese minuto suspendido entre el silencio y la vida que vuelve a empezar.

Gloria a los caídos ucranianos y mis mejores deseos para el resto.

Fuente: El diario.es   ; Euronews

23 de febrero de 2026

El Gobierno, 45 años después del intento de golpe de Estado, anuncia la desclasificación de los documentos del 23-F

 “La memoria no puede estar bajo llave. Las democracias deben conocer su pasado para construir un futuro más libre”, afirmó el Presidente del Gobierno. 

La decisión del Presidente, de desclasificar los documentos relativos al 23-F, cuarenta y cinco años después del intento de golpe de Estado en dicha fecha, no es únicamente un gesto político coyuntural, sino un acto cargado de significado histórico, democrático y simbólico.

 “La memoria no puede estar bajo llave”, manifestó el Presidente, Pedro Sánchez, subrayando una idea esencial: las democracias sólidas no temen a su pasado, sino que lo examinan con rigor para fortalecer su futuro.

El anuncio se produce en un contexto político tenso, donde la reacción del Partido Popular (PP) no se hizo esperar, calificando la medida como una “cortina de humo”. También Vox expresó su rechazo. Sin embargo, reducir la desclasificación a una maniobra de distracción, implica ignorar a propósito, la dimensión histórica del acontecimiento y el derecho ciudadano a conocer en profundidad uno de los episodios más delicados de la democracia española.

El 23 de febrero de 1981, España vivió 18 horas de incertidumbre que pusieron en jaque el sistema constitucional nacido tras la dictadura franquista. La irrupción armada en el Congreso liderada por el teniente coronel Antonio Tejero no fue un acto aislado ni improvisado. Las declaraciones recogidas en el sumario judicial revelan una compleja red de contactos y expectativas que involucraban a figuras militares de alto rango como el exteniente General, Jaime Milans del Bosch y el general Alfonso Armada. El llamado “golpe blando” pretendía, según los testimonios, articular un gobierno alternativo que, bajo apariencia constitucional, alterara profundamente el rumbo político del país.

La sentencia judicial descartó la implicación del entonces monarca Juan Carlos I, cuyo mensaje televisado fue determinante para desactivar la intentona golpista. Aquella intervención consolidó la imagen del Rey como garante del orden constitucional. No obstante, con el paso del tiempo han persistido interrogantes sobre los contactos previos, las expectativas de los golpistas y el alcance real de las conversaciones mantenidas en los días y semanas anteriores al asalto.

Es precisamente en ese terreno donde la desclasificación cobra relevancia. La democracia no se debilita por revelar información; al contrario, se fortalece cuando afronta las zonas grises de su historia. El hecho de que todavía esté vigente una ley de secretos oficiales heredada del franquismo refuerza la necesidad de actualizar los mecanismos de transparencia. Diversos grupos parlamentarios, como el Partido Nacionalista Vasco (PNV), han reclamado en repetidas ocasiones la reforma de dicha normativa, sin éxito hasta ahora.

La polémica política actual, sin embargo, parece desplazarse hacia el terreno de la oportunidad del anuncio. ¿Es pertinente hablar de un acontecimiento de hace 45 años en medio de los desafíos contemporáneos? La respuesta, desde una perspectiva democrática, es afirmativa. Conocer con precisión qué ocurrió, quiénes participaron, qué responsabilidades existieron y qué decisiones se tomaron no es ejercicio nostálgico, sino preventivo. Como señala la conocida máxima, los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.

El 23-F no fue simplemente un episodio militar; fue una prueba de resistencia institucional. Desde los disparos en el hemiciclo hasta las negociaciones fallidas y la rendición final, el país contempló cómo su joven democracia podía quebrarse en cuestión de horas. La desclasificación puede arrojar luz sobre las motivaciones, las complicidades y los límites reales del sistema en aquel momento crítico.

Las críticas que tildan la medida de “cortina de humo” plantean una cuestión legítima sobre la instrumentalización política de la memoria. Sin embargo, incluso si el anuncio tuviese un componente estratégico, ello no invalida la importancia objetiva de la transparencia. La memoria histórica no pertenece a un partido ni a un gobierno; pertenece a la ciudadanía.

En última instancia, desclasificar los documentos del 23-F supone reconocer que la madurez democrática se mide también por la capacidad de revisar el pasado sin miedo. España, cuatro décadas después de aquel intento de ruptura constitucional, tiene derecho a comprender con mayor profundidad lo sucedido. No se trata de reabrir heridas, sino de cerrar interrogantes.

La democracia se construye cada día, pero también se protege recordando los momentos en que estuvo a punto de perderse. 

Si la transparencia contribuye a fortalecer la confianza pública y a consolidar una cultura política basada en la responsabilidad y el conocimiento histórico, entonces la desclasificación no es una distracción: es un acto de salud democrática.

Fuente: El Pais.com

OPINIÓN. ¿Salvó el rey la democracia en España, en el golpe de Estado del 23F?

 Se cumplen 45 años del intento golpista de 1981, capitaneado por el ex-guardia civil que llegó a teniente coronel, Antonio Tejero, un suceso del que aún desconocemos toda la verdad a pesar de la versión oficial fijada definitivamente por la sentencia que enjuició a los autores.

Transcurridos 45 años del 23 de febrero de 1981, el llamado 23F continúa siendo uno de los episodios más controvertidos de la historia reciente de España. 

La imagen fijada en la memoria colectiva —la de un monarca decidido que, con un mensaje televisado, salvó la joven democracia— ha sido durante décadas el relato predominante. Sin embargo, la persistencia de zonas oscuras, las contradicciones testimoniales y las revelaciones posteriores obligan a replantear críticamente esa versión. La pregunta sigue vigente: ¿salvó realmente el rey de España la democracia durante el golpe de Estado del 23F?

El asalto al Congreso de los Diputados por fuerzas de la Guardia Civil al mando del teniente coronel Antonio Tejero y la simultánea sublevación en Valencia encabezada por el teniente general Jaime Milans del Bosch constituyeron el mayor desafío al orden constitucional desde la aprobación de la Constitución de 1978. Según la sentencia del Consejo Supremo de Justicia Militar, el golpe fue obra de un grupo reducido de militares que fracasó gracias a la firme intervención de Juan Carlos I y a la lealtad mayoritaria de las Fuerzas Armadas. Esta interpretación consolidó una narrativa heroica: el rey, como garante de la Constitución, habría neutralizado la amenaza golpista y asegurado la continuidad democrática.

Sin embargo, la construcción de ese relato oficial presenta fisuras. La justicia militar no recabó el testimonio del propio monarca durante la instrucción del sumario, lo que privó al proceso judicial de una pieza central para esclarecer los hechos. Décadas después, en sus memorias tituladas Reconciliación (2025), Juan Carlos I reivindica un papel decisivo y personalísimo en la desactivación del golpe. Se presenta como el eje de las decisiones cruciales, consciente de que “su proyecto político” estaba en juego y decidido a salvar la democracia. No obstante, esta versión autobiográfica choca con declaraciones judiciales previas y con otros testimonios relevantes.

Especialmente significativa resulta la discrepancia en torno al papel del general Alfonso Armada, figura clave en la denominada “solución Armada”, que proponía un gobierno de concentración presidido por él mismo. El rey afirma haberle negado autorización para actuar en su nombre ante los golpistas. Sin embargo, el general Sabino Fernández Campo, entonces secretario general de la Casa del Rey, declaró ante el juez instructor que transmitió a Armada, por orden expresa del monarca, que cualquier acción debía realizarla a título personal y sin invocar el nombre del rey. Más aún, dejó claro que no partió de él la iniciativa de que Armada acudiera al Congreso, sino que actuó siguiendo instrucciones reales. Esta contradicción no es menor: afecta al núcleo mismo de la cuestión sobre si la Corona fue un dique inequívoco frente al golpe o si, al menos en una fase inicial, contempló una salida política alternativa dentro del marco de la asonada.

El fracaso del golpe no se produjo exclusivamente por el mensaje televisado del rey en uniforme militar, aunque ese gesto tuviera un enorme valor simbólico. Fue también decisiva la negativa de Tejero a aceptar la propuesta de Armada, a la que calificó de “chapuza”, pues aspiraba a una junta militar y no a un gobierno de concentración con presencia de partidos políticos. En este punto, la historia contrafactual resulta inquietante: si Tejero hubiese aceptado la fórmula Armada, ¿habría podido consolidarse una solución de compromiso bajo apariencia constitucional? La negativa del propio golpista fue, paradójicamente, uno de los factores que precipitaron el fracaso de la intentona.

Además, la supuesta unanimidad leal de las Fuerzas Armadas ha sido cuestionada por documentos y declaraciones posteriores. El entonces ministro de Defensa, Alberto Oliart, habló de un 99,40% de fidelidad constitucional. Sin embargo, estimaciones posteriores del propio Juan Carlos I y documentos conservados por el jefe del Estado Mayor del Ejército, José Gabeiras, sugieren que el apoyo al orden constitucional fue mucho menos sólido y que numerosos capitanes generales permanecieron expectantes, aguardando la evolución de los acontecimientos antes de posicionarse. Incluso Armada reconocería años más tarde que muchos mandos no preguntaban qué opinaba el rey, sino si el golpe tenía visos de prosperar.

Este conjunto de elementos apunta a una realidad más compleja que la versión oficial. No se trata de negar la importancia de la intervención del monarca —su mensaje fue determinante para fijar una posición institucional clara y frenar adhesiones adicionales al golpe—, sino de matizar la narrativa simplificada que lo presenta como único salvador de la democracia. El 23F fue el resultado de tensiones acumuladas: el malestar militar por la legalización del PCE, el desarrollo autonómico y el terrorismo de ETA, así como la fragilidad política del momento. En ese contexto, la Corona jugó un papel decisivo, pero también ambiguo en ciertos compases iniciales, al menos según algunos testimonios.

La pervivencia de secretos de Estado y la ausencia de una desclasificación completa de documentos impiden cerrar definitivamente el debate. La democracia española salió reforzada del fracaso del golpe, pero el conocimiento histórico permanece incompleto. Quizá la verdadera lección del 23F no sea la mitificación de un individuo, sino la constatación de que las instituciones democráticas dependen de equilibrios frágiles, de decisiones colectivas y de la conducta —a veces contradictoria— de sus protagonistas.

En conclusión, afirmar categóricamente que el rey salvó la democracia simplifica en exceso un episodio lleno de matices, incertidumbres y zonas grises. 

La intervención del rey emérito, Don Juan Carlos I, fue relevante y probablemente crucial en el desenlace final. 

Pero el fracaso del golpe obedeció a una combinación de factores: divisiones internas entre los golpistas, la falta de consenso militar, la resistencia institucional, y la propia dinámica de los acontecimientos

Cuarenta y cinco años después, el 23F sigue siendo no solo un hito histórico, sino también un espejo en el que se reflejan las tensiones entre memoria, verdad y poder.

Fuente: El Diario.es

ESPAÑA. La Guerra Civil no acabó como nos contaron. "Franco tapó que hubo muchos contactos con los vencidos"

 "Querían que pareciera una victoria militar aplastante", apunta el historiador Gutmaro Gómez Bravo, autor de "Cómo terminó la Guerra Civil española"

La reciente investigación del historiador Gutmaro Gómez Bravo, plasmada en su obra "Cómo terminó la Guerra Civil española" invita a revisar de manera profunda el relato tradicional sobre el final de la Guerra Civil Española. 

Durante décadas, la versión dominante sostuvo que el conflicto concluyó como resultado de una victoria militar aplastante del bando sublevado encabezado por Francisco Franco. Sin embargo, la documentación recientemente estudiada revela un desenlace mucho más complejo, en el que la inteligencia, la diplomacia encubierta y la manipulación psicológica desempeñaron un papel tan decisivo como las operaciones militares en el frente.

El relato oficial, construido por los vencedores, consolidó la imagen de una derrota republicana fruto exclusivo del caos interno, las divisiones políticas y la superioridad bélica franquista. Sin negar esta superioridad, Gómez Bravo demuestra que el final de la guerra fue cuidadosamente planificado desde el Cuartel General del Generalísimo, a través del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM). Este organismo no solo recopiló información estratégica, sino que intervino comunicaciones, promovió la descomposición interna del enemigo y dirigió una operación destinada a asegurar que la rendición se produjera en los términos que Franco deseaba: sin negociación política visible y con apariencia de sometimiento absoluto.

Uno de los aspectos más reveladores de esta investigación es la existencia de múltiples contactos entre ambos bandos en los meses finales del conflicto. Lejos de la imagen de una resistencia hasta el último hombre seguida de una caída inevitable, hubo intentos de mediación internacional —incluyendo gestiones del Vaticano con el beneplácito de potencias como Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos— que pudieron haber adelantado el fin de la contienda. No obstante, Franco evitó sistemáticamente cualquier salida que pudiera interpretarse como un pacto político. La prioridad era preservar la narrativa de una victoria total, sin concesiones ni reconocimiento del adversario como interlocutor legítimo.

La guerra, por tanto, pudo haber concluido antes del 1 de abril de 1939. Sin embargo, se prolongó hasta que las condiciones psicológicas y materiales garantizaron una rendición sin matices. La población republicana, exhausta tras casi mil días de conflicto, hambre y bombardeos, fue objeto de una estrategia de desgaste cuidadosamente calculada. La propaganda franquista transmitía mensajes de inminente final y promesas de clemencia, minando la moral y fomentando la resignación. En paralelo, se obstaculizaban los contactos diplomáticos que ofrecían garantías jurídicas internacionales a los republicanos, como el respeto a la Convención de Ginebra.

Este uso sistemático de la inteligencia y la información constituye uno de los aportes centrales del libro. Tradicionalmente se ha destacado la ayuda militar de la Alemania nazi y la Italia fascista en términos de armamento y aviación. No obstante, la investigación subraya la importancia del apoyo logístico y tecnológico alemán, especialmente en materia de cifrado, contraespionaje y tácticas policiales avanzadas. Gracias a estas herramientas, el bando sublevado logró interceptar comunicaciones republicanas y anticipar movimientos estratégicos, operando con una ventaja informativa que convirtió el desenlace en un proceso dirigido más que en un simple colapso militar.

La consecuencia de esta estrategia no fue solo la victoria en el campo de batalla, sino la construcción de un relato histórico funcional a la legitimación del nuevo régimen. Al ocultar los contactos, las negociaciones y las operaciones de manipulación, el franquismo consolidó la imagen de un líder magnánimo que “concedía el perdón” tras imponerse sin discusión. En realidad, como señala Gómez Bravo, la posguerra también fue planificada con la misma meticulosidad que el final del conflicto. La represión, lejos de ser una reacción improvisada, formó parte de un proyecto político previamente diseñado.

Este replanteamiento historiográfico tiene implicaciones profundas. En primer lugar, cuestiona la simplificación maniquea del desenlace bélico y obliga a reconsiderar el papel de la diplomacia, la inteligencia y la propaganda en los conflictos modernos. En segundo lugar, demuestra cómo el control del relato posterior es tan importante como la victoria militar misma. La memoria colectiva fue moldeada por la documentación que se conservó y, sobre todo, por la que se ocultó.

En definitiva, la obra de Gómez Bravo nos recuerda que la historia no es un relato cerrado, sino una construcción sujeta a revisión constante conforme emergen nuevas fuentes. El final de la Guerra Civil española no fue únicamente el resultado de una superioridad militar incontestable, sino también de una estrategia política e informativa diseñada para asegurar no solo la derrota del adversario, sino su deslegitimación absoluta ante la posteridad. Comprender estos matices no implica reescribir el pasado por capricho, sino acercarse con mayor rigor a la complejidad de uno de los episodios más decisivos del siglo XX en España, pero también de los más oscuros.

Fuente: Infolibre.es

20 de febrero de 2026

El Tribunal Supremo anula la mayoría de los aranceles de Trump, que desmonta su agenda política y económica.

El fallo, principalmente, se centra en los aranceles impuestos en virtud de una ley de poderes reservada para emergencia  nacional, que el presidente impuso a casi todos los países del mundo, y donde los jueces consideran, que se hizo un uso inapropiado de dicha ley por parte del Presidente de EE. UU. 

La reciente decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de anular los llamados “aranceles recíprocos” impuestos por Donald Trump constituye uno de los episodios más significativos en la tensión contemporánea entre el poder ejecutivo y los límites constitucionales en Estados Unidos. 

Más allá de su impacto económico inmediato, el fallo —de 170 páginas— representa una reafirmación del principio de separación de poderes y un recordatorio de que incluso en contextos de emergencia, la autoridad presidencial no es ilimitada.

La expansión del poder ejecutivo y sus límites

El núcleo del conflicto reside en el uso que el presidente hizo de la Ley de Poderes de Emergencia Económica Internacional de 1977 (IEEPA), promulgada durante el mandato de Jimmy Carter tras los excesos ejecutivos asociados a la presidencia de Richard Nixon. Paradójicamente, una norma diseñada para contener abusos terminó siendo el instrumento elegido para justificar una política arancelaria de amplio alcance.

Trump anunció estas medidas el 2 de abril de 2025, en un acto simbólicamente denominado “Día de la Liberación”, imponiendo gravámenes a más de un centenar de países. Los aranceles oscilaban entre el 15% y el 50%, afectando desde grandes bloques comerciales hasta sectores específicos como el acero, el aluminio y la industria automotriz. Sin embargo, la IEEPA nunca mencionó explícitamente la facultad de establecer aranceles, ni había sido utilizada en cinco décadas para ese fin. Su aplicación histórica se había limitado al régimen de sanciones económicas, no al diseño estructural de la política comercial.

El Supremo concluyó que el presidente hizo un uso generalizado e indebido de los poderes de emergencia. La opinión mayoritaria, redactada por el presidente del tribunal, John Roberts, reunió a magistrados liberales y conservadores en una inusual coalición (6-3), entre ellos jueces nombrados por el propio Trump. Esta configuración rompe, al menos en este caso, la narrativa de una Corte sistemáticamente alineada con la ampliación del poder ejecutivo.

El debate constitucional: Congreso vs. Presidencia

Uno de los argumentos centrales de los demandantes fue que la potestad de imponer impuestos y gravámenes corresponde al Congreso, tal como establecieron los padres fundadores. El abogado Neal K. Katyal subrayó que la IEEPA no menciona términos como “aranceles” o “derechos aduaneros” y que jamás había sido utilizada para establecer política arancelaria. De esta manera, la decisión del Supremo reafirma un principio básico del constitucionalismo estadounidense: la política fiscal y comercial estructural no puede depender de la discrecionalidad unilateral del Ejecutivo.

Las demandas que dieron lugar al fallo —impulsadas por pequeñas y medianas empresas afectadas por los sobrecostes— ilustran además cómo la política comercial tiene consecuencias directas sobre el tejido productivo. Los aranceles, aunque formalmente dirigidos a gobiernos extranjeros, son pagados en la práctica por importadores nacionales y, con frecuencia, trasladados a los consumidores.

Impacto económico e incertidumbre

El alcance económico del fallo es potencialmente enorme. Economistas del Penn-Wharton Budget Model estiman que el Gobierno podría enfrentarse a devoluciones de hasta 175.000 millones de dólares por gravámenes cobrados inconstitucionalmente. No obstante, la sentencia no especifica cómo se articularían esos reembolsos, lo que abre un escenario de complejidad administrativa y litigios adicionales.

En su opinión disidente, el juez Brett Kavanaugh advirtió de un posible “desastre” económico derivado del proceso de devolución, especialmente si los importadores ya trasladaron los costes a los consumidores. Este argumento revela la otra dimensión del conflicto: el equilibrio entre la seguridad jurídica y la estabilidad económica. Invalidar una política de amplio alcance puede generar turbulencias, pero mantenerla pese a su inconstitucionalidad erosionaría principios fundamentales del Estado de derecho.

Un punto de inflexión político

La decisión llega en un momento políticamente sensible, apenas días antes del discurso sobre el Estado de la Unión del presidente. Trump calificó el fallo como una “desgracia” y su Administración ya ha anticipado que buscará vías legales alternativas para restablecer los aranceles. Este pulso institucional sugiere que la batalla por el alcance del poder ejecutivo no ha concluido.

Durante los últimos años, el Supremo ha mostrado en numerosas ocasiones una tendencia favorable a la expansión de la autoridad presidencial en distintas materias. Sin embargo, este caso demuestra que incluso una Corte con supermayoría conservadora mantiene límites cuando percibe una extralimitación clara. En ese sentido, el fallo puede interpretarse como un freno a la consolidación de un modelo presidencialista más fuerte y como una reivindicación del equilibrio constitucional.

Conclusión

La anulación de los aranceles recíprocos no es solo una cuestión técnica de política comercial. Es, ante todo, una decisión sobre la arquitectura del poder en Estados Unidos. El Tribunal Supremo ha recordado que las emergencias no suspenden la Constitución y que el diseño de la política fiscal y comercial pertenece al Congreso.

En un contexto global de creciente proteccionismo y tensiones geopolíticas, el fallo reafirma que la legitimidad de las decisiones económicas depende tanto de su eficacia como de su conformidad con el orden constitucional. Más allá de sus consecuencias financieras, la sentencia representa un hito en la defensa del equilibrio institucional y en la delimitación del alcance del poder presidencial en la democracia estadounidense.

Fuente: El Pais.com

RESUMEN. Del fallo judicial sobre los aranceles de Donald Trump y de las consecuencias políticas y económicas  del mismo.

1. Decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos

  • Fallo de 6 votos en contra, por 3 a favor de Donald Trump.
  • Determina que la Constitución otorga al Congreso, y no al Ejecutivo, la facultad de imponer impuestos y aranceles.
  • El presidente del Tribunal, John Roberts, afirmó que el poder tributario no fue concedido al Poder Ejecutivo.
  • Votos disidentes.- Samuel Alito, Clarence Thomas y Brett Kavanaugh, quienes sostienen que los aranceles eran legales según el texto y los precedentes.

2. Argumentos de las partes

Administración Trump

  • El Departamento de Justicia defendió que la ley de 1977 sobre emergencias económicas permite al presidente regular importaciones, incluyendo aranceles.

Demandantes

  • Alegaron que la ley no menciona aranceles.
  • Sostuvieron que el uso de esa norma no supera precedentes judiciales, incluido el fallo que bloqueó el plan de condonación de préstamos estudiantiles de Joe Biden.

3. Aranceles declarados ilegales

Se anulan los impuestos impuestos bajo la:

  • International Emergency Economic Powers Act (IEEPA).

Incluyen:

  • Arancel mínimo general del 10%.
  • Aranceles unilaterales entre 10% y 41% a países sin acuerdos comerciales.
  • Gravámenes adicionales a importaciones de México, China y Canadá, vinculados a la crisis del fentanilo.

4. Aranceles que no se ven afectados

El fallo no afecta a los aranceles basados en:

  • Trade Expansion Act of 1962 (Sección 232), usados para imponer gravámenes sobre acero, aluminio, automóviles, cobre y madera por motivos de seguridad nacional.
  • Otras disposiciones como:
    • Artículo 122 de la Ley de Comercio de 1974 (aranceles temporales hasta 15% por 150 días).
    • Artículos 201 y 301 de la misma ley (investigaciones comerciales).

5. Consecuencias del fallo

  • La Administración ya no puede recaudar aranceles bajo la IEEPA.
  • Posibles reembolsos millonarios a empresas.
  • Se estima que el Tesoro recaudó más de 133.000 millones de dólares bajo esa base legal.
  • El impacto económico de los aranceles se estima en 3 billones de dólares en la próxima década, según la Oficina Presupuestaria del Congreso.
  • Trump aún dispone de herramientas legales, pero con más límites y procedimientos más lentos.

6. Reacción de Donald Trump

  • Calificó el fallo como “una vergüenza”.
  • Considera el caso uno de los más importantes de la historia del país.
  • Advirtió que un fallo en su contra tendría un impacto económico negativo.

7. Posibles devoluciones

  • El fallo no resuelve si el Gobierno deberá devolver lo recaudado.
  • Empresas como Costco ya han solicitado reembolsos.
  • El juez Kavanaugh advirtió que el proceso podría ser complicado y potencialmente caótico.

8. Reacción internacional (UE)

  • La Unión Europea está analizando el fallo.
  • Busca claridad sobre los próximos pasos de Estados Unidos.
  • Defiende estabilidad, previsibilidad y reducción de aranceles.

9. Opinión pública en EE. UU.

  • Aproximadamente 6 de cada 10 estadounidenses desaprobaban la gestión comercial de Trump.
  • Cerca de 4 de cada 10 la aprobaban.
  • La opinión se ha mantenido relativamente estable.

Fuente: El Diario.es

El poder de los Algoritmos en la opinión pública. El experimento político de la red social X (antes Twitter)

Hace más de tres años que Elon Musk adquirió la red social entonces conocida como Twitter, rebautizándola como X.

Pero el cambio de nombre, apenas fue la manifestación visible que ocultaba una transformación más profunda: la reorganización de la experiencia informativa de millones de usuarios a través de un rediseño algorítmico

La introducción de la pestaña “Para ti” en enero de 2023, que prioriza contenidos según criterios algorítmicos en lugar de un orden cronológico, marcó un punto de inflexión en la forma en que se distribuye y consume la información política en la plataforma.

 Un estudio publicado en Nature sugiere que esta modificación no es neutral: el feed algorítmico(*) empuja a los usuarios hacia posturas políticas más conservadoras.

El hallazgo no puede analizarse de manera aislada. Las redes sociales han transformado radicalmente la vida pública contemporánea. Según datos del Pew Research Center, la cuarta parte de los adultos estadounidenses declara que las redes sociales constituyen su principal fuente de noticias y más de la mitad (el 53%) señala que en ocasiones consultan dichas redes.

En una democracia de más de 330 millones de habitantes, esto implica que decenas de millones de ciudadanos construyen su percepción del mundo político a partir de contenidos mediados por algoritmos. En este contexto, la arquitectura digital deja de ser una cuestión técnica para convertirse en un asunto político de primer orden.

El estudio liderado por Ekaterina Zhuravskaya, de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (EHESS), se basó en un experimento de campo con casi cinco mil usuarios estadounidenses activos en 2023. Durante siete semanas, los participantes fueron asignados aleatoriamente a utilizar el feed cronológico(**) o el algorítmico. Los resultados muestran que quienes usaron el sistema algorítmico no solo interactuaron más con la plataforma, sino que también adoptaron prioridades políticas más conservadoras y tendieron a seguir más cuentas de activistas de derecha.

Es significativo que los cambios no supusieran una alteración radical de la identidad partidista —los demócratas siguieron considerándose demócratas y los republicanos, republicanos—, sino un desplazamiento en las prioridades y percepciones dentro de ese marco ideológico. Se observaron variaciones en actitudes hacia investigaciones penales relacionadas con Donald Trump y en opiniones sobre la guerra en Ucrania. El efecto, por tanto, no fue una conversión política abrupta, sino una modulación gradual de la agenda mental de los usuarios.

Uno de los hallazgos más relevantes es que la exposición inicial al algoritmo tiene efectos persistentes. Cambiar posteriormente al feed cronológico apenas modificó las actitudes ya moldeadas. Esto sugiere que los algoritmos no solo organizan la información presente, sino que contribuyen a estructurar marcos interpretativos duraderos

En términos democráticos, la implicación es profunda: la infraestructura digital puede intervenir en la formación de preferencias políticas con una eficacia sostenida y silenciosa.

Además, el impacto de X no se limita a sus usuarios directos. La plataforma funciona como un nodo central donde interactúan periodistas, líderes políticos y responsables institucionales. Lo que se debate en ella se amplifica en medios tradicionales, debates parlamentarios y otras redes. De esta manera, el sesgo algorítmico se proyecta sobre la agenda pública general, incluso entre quienes no utilizan la red social. La influencia es cuantitativa y cualitativa pues afecta a la definición de qué temas importan y cómo se interpretan.

El estudio también apunta a un fenómeno inquietante: el algoritmo tiende a relegar a medios de comunicación tradicionales mientras amplifica voces más activistas y polarizadas

En un contexto de alta crispación política —como el vivido en Estados Unidos en 2023—, este sesgo puede intensificar dinámicas de confrontación. Si las voces más activas y polarizadoras pertenecen a un determinado espectro ideológico, el algoritmo, orientado a maximizar interacción, tenderá a potenciarlas. La lógica comercial de la atención se entrelaza así con la lógica política de la polarización.

No obstante, los propios investigadores advierten que los resultados dependen del contexto específico en que se realizó el experimento. En otros sistemas políticos o en periodos menos polarizados, la dirección del efecto podría variar. Sin embargo, la constante identificada —la capacidad del diseño algorítmico para moldear actitudes y prioridades— parece trascender el caso concreto.

En última instancia, el estudio ofrece una advertencia rigurosa sobre la plasticidad de las actitudes políticas frente a la arquitectura digital. Los algoritmos no son meros intermediarios neutrales pues configuran el entorno informativo en el que se forman las opiniones.

 En la era de las plataformas, el poder no solo reside en quién habla, sino en cómo se distribuyen las voces. Y ese “cómo” —codificado en líneas de programación invisibles para el usuario— puede tener consecuencias políticas de largo alcance.

La transformación de Twitter en X simboliza, así, un cambio más amplio en la ecología de la información pública. El debate ya no se limita a la libertad de expresión o la moderación de contenidos, sino que se extiende al diseño mismo de los sistemas que organizan la conversación colectiva

En ese terreno técnico y aparentemente neutral e inofensivo,  se juega una parte decisiva del futuro democrático.


(*) Un feed algorítmico.- Es un flujo de contenido personalizado que utiliza sistemas de inteligencia artificial para determinar qué publicaciones ves y en qué orden aparecen.

(**) Un feed cronológico.- Muestra el contenido simplemente por hora de publicación, el algorítmico prioriza lo que considera más relevante para ti basándose en miles de señales.

Más información

Ekaterina Zhuravskaya et al. "The political effects of X’s feed algorithm". Nature (2026).

https://www.nature.com/articles/s41586-026-10098-2

Fuente: Publico.es