23 de febrero de 2026

ESPAÑA. La Guerra Civil no acabó como nos contaron. "Franco tapó que hubo muchos contactos con los vencidos"

 "Querían que pareciera una victoria militar aplastante", apunta el historiador Gutmaro Gómez Bravo, autor de "Cómo terminó la Guerra Civil española"

La reciente investigación del historiador Gutmaro Gómez Bravo, plasmada en su obra "Cómo terminó la Guerra Civil española" invita a revisar de manera profunda el relato tradicional sobre el final de la Guerra Civil Española. 

Durante décadas, la versión dominante sostuvo que el conflicto concluyó como resultado de una victoria militar aplastante del bando sublevado encabezado por Francisco Franco. Sin embargo, la documentación recientemente estudiada revela un desenlace mucho más complejo, en el que la inteligencia, la diplomacia encubierta y la manipulación psicológica desempeñaron un papel tan decisivo como las operaciones militares en el frente.

El relato oficial, construido por los vencedores, consolidó la imagen de una derrota republicana fruto exclusivo del caos interno, las divisiones políticas y la superioridad bélica franquista. Sin negar esta superioridad, Gómez Bravo demuestra que el final de la guerra fue cuidadosamente planificado desde el Cuartel General del Generalísimo, a través del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM). Este organismo no solo recopiló información estratégica, sino que intervino comunicaciones, promovió la descomposición interna del enemigo y dirigió una operación destinada a asegurar que la rendición se produjera en los términos que Franco deseaba: sin negociación política visible y con apariencia de sometimiento absoluto.

Uno de los aspectos más reveladores de esta investigación es la existencia de múltiples contactos entre ambos bandos en los meses finales del conflicto. Lejos de la imagen de una resistencia hasta el último hombre seguida de una caída inevitable, hubo intentos de mediación internacional —incluyendo gestiones del Vaticano con el beneplácito de potencias como Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos— que pudieron haber adelantado el fin de la contienda. No obstante, Franco evitó sistemáticamente cualquier salida que pudiera interpretarse como un pacto político. La prioridad era preservar la narrativa de una victoria total, sin concesiones ni reconocimiento del adversario como interlocutor legítimo.

La guerra, por tanto, pudo haber concluido antes del 1 de abril de 1939. Sin embargo, se prolongó hasta que las condiciones psicológicas y materiales garantizaron una rendición sin matices. La población republicana, exhausta tras casi mil días de conflicto, hambre y bombardeos, fue objeto de una estrategia de desgaste cuidadosamente calculada. La propaganda franquista transmitía mensajes de inminente final y promesas de clemencia, minando la moral y fomentando la resignación. En paralelo, se obstaculizaban los contactos diplomáticos que ofrecían garantías jurídicas internacionales a los republicanos, como el respeto a la Convención de Ginebra.

Este uso sistemático de la inteligencia y la información constituye uno de los aportes centrales del libro. Tradicionalmente se ha destacado la ayuda militar de la Alemania nazi y la Italia fascista en términos de armamento y aviación. No obstante, la investigación subraya la importancia del apoyo logístico y tecnológico alemán, especialmente en materia de cifrado, contraespionaje y tácticas policiales avanzadas. Gracias a estas herramientas, el bando sublevado logró interceptar comunicaciones republicanas y anticipar movimientos estratégicos, operando con una ventaja informativa que convirtió el desenlace en un proceso dirigido más que en un simple colapso militar.

La consecuencia de esta estrategia no fue solo la victoria en el campo de batalla, sino la construcción de un relato histórico funcional a la legitimación del nuevo régimen. Al ocultar los contactos, las negociaciones y las operaciones de manipulación, el franquismo consolidó la imagen de un líder magnánimo que “concedía el perdón” tras imponerse sin discusión. En realidad, como señala Gómez Bravo, la posguerra también fue planificada con la misma meticulosidad que el final del conflicto. La represión, lejos de ser una reacción improvisada, formó parte de un proyecto político previamente diseñado.

Este replanteamiento historiográfico tiene implicaciones profundas. En primer lugar, cuestiona la simplificación maniquea del desenlace bélico y obliga a reconsiderar el papel de la diplomacia, la inteligencia y la propaganda en los conflictos modernos. En segundo lugar, demuestra cómo el control del relato posterior es tan importante como la victoria militar misma. La memoria colectiva fue moldeada por la documentación que se conservó y, sobre todo, por la que se ocultó.

En definitiva, la obra de Gómez Bravo nos recuerda que la historia no es un relato cerrado, sino una construcción sujeta a revisión constante conforme emergen nuevas fuentes. El final de la Guerra Civil española no fue únicamente el resultado de una superioridad militar incontestable, sino también de una estrategia política e informativa diseñada para asegurar no solo la derrota del adversario, sino su deslegitimación absoluta ante la posteridad. Comprender estos matices no implica reescribir el pasado por capricho, sino acercarse con mayor rigor a la complejidad de uno de los episodios más decisivos del siglo XX en España.

Fuente: Infolibre.es