25 de marzo de 2026

El golpe más inesperado de la guerra de Irán no es el precio del petróleo, sino el de los chips.

La conexión entre un conflicto en Oriente Medio y el precio de una GPU es totalmente real.

El conflicto en torno a Irán ha revelado una de las paradojas más inquietantes de la economía global contemporánea: en un mundo hiperconectado, los efectos más devastadores de una guerra no siempre recaen sobre los recursos más visibles. 

Lejos de limitarse al encarecimiento del petróleo, el verdadero impacto estratégico se está desplazando hacia un terreno más silencioso pero decisivo: el de los semiconductores y GPU.

La inteligencia artificial actúa como catalizador de esta vulnerabilidad. Su desarrollo exige cantidades masivas de capacidad computacional, lo que se traduce en una demanda sin precedentes de chips avanzados. Estos, a su vez, requieren procesos de fabricación extremadamente complejos y energéticamente intensivos. Así, la producción de tecnología punta depende no solo de innovación, sino de una infraestructura energética estable y continua. En este contexto, la interrupción de flujos energéticos globales adquiere una dimensión crítica.

El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz desde el 4 de marzo ilustra esta interdependencia. Aunque esta vía marítima no produce semiconductores ni alberga centros de datos, constituye una arteria vital para el transporte de energía mundial. Por ella transita habitualmente una cuarta parte del petróleo global y una quinta parte del gas natural. Su bloqueo no solo altera los mercados energéticos, sino que amenaza con desestabilizar el núcleo de la economía tecnológica.

El caso de Taiwán es paradigmático. La isla, sede de TSMC, produce aproximadamente el 90% de los chips más avanzados del mundo. Sin embargo, su fortaleza industrial descansa sobre una base frágil: la dependencia energética externa. Gran parte de esa energía, especialmente en forma de gas natural licuado (GNL), proviene de Oriente Medio y atraviesa el Estrecho de Ormuz. Con reservas limitadas —apenas 11 días sin importaciones—, cualquier interrupción prolongada pone en riesgo la continuidad de su producción.

Este escenario se agrava al considerar la situación de otros actores clave como Corea del Sur y Japón, cuyas reservas energéticas también son finitas. La competencia global por recursos energéticos escasos podría intensificarse, generando tensiones adicionales en la cadena de suministro tecnológica.

Más allá del GNL, existe otro recurso aún más crítico y menos visible: el helio (*). Este gas es indispensable en los procesos de fotolitografía utilizados en la fabricación de semiconductores. A diferencia de otros insumos, el helio carece de sustitutos viables, lo que lo convierte en un cuello de botella potencial. Su escasez podría paralizar líneas de producción enteras, independientemente de la disponibilidad de otros recursos.

El conflicto, que Donald Trump describió inicialmente como una “excursión menor”, ha evolucionado rápidamente hacia una crisis con implicaciones globales. La conexión entre una intervención militar en Oriente Medio y el precio de una GPU ya no es una abstracción teórica, sino una realidad tangible.

En definitiva, esta situación pone de manifiesto una verdad incómoda: la economía digital, aparentemente etérea, está profundamente anclada en infraestructuras físicas vulnerables. La guerra en Irán no solo redefine equilibrios geopolíticos, sino que expone las fragilidades estructurales de un sistema que depende, más que nunca, de recursos invisibles pero imprescindibles.

(*) Helio.- El helio se utiliza en etapas clave de la fabricación de chips, incluyendo la refrigeración, la detección de fugas y los procesos de fabricación de precisión, y sus precios se han disparado desde que comenzó la crisis de Oriente Medio.

Fuente: Xataka

EEUU cree que asfixiará a Irán tomando la isla de Kharg, pero en verdad, ¿es cierto que esta isla puede decidir esta guerra?

Kharg y la ilusión del “botón de apagado” es  el error estratégico de Washington.


En los círculos de poder de Washington se ha instalado una idea tan seductora como simplista: quien controla la isla de Kharg controla el desenlace de la guerra contra Irán. 
Figuras influyentes como el senador Lindsey Graham han contribuido a consolidar esta visión, según la cual esta pequeña isla del Golfo Pérsico funcionaría como un auténtico “botón de apagado” del régimen iraní. Sin embargo, esta narrativa choca con una realidad mucho más compleja. La aparente centralidad de Kharg oculta un entramado estratégico, logístico y económico que la República Islámica lleva décadas construyendo precisamente para resistir escenarios como este.

La importancia de Kharg es, sin duda, innegable. Situada a unos 25 kilómetros de la costa iraní, esta isla de apenas 20 kilómetros cuadrados constituye el principal nodo de exportación petrolera del país. Sus aguas profundas permiten la carga de superpetroleros, algo que el litoral continental no facilita, y por ella transita aproximadamente el 90% del crudo iraní destinado a los mercados internacionales. Los ingresos derivados —estimados en decenas de miles de millones de dólares anuales— sostienen buena parte del aparato estatal, incluyendo su capacidad militar. No es de extrañar, por tanto, que estrategas estadounidenses la consideren un objetivo prioritario.

Sin embargo, incluso en el contexto de una escalada militar iniciada a finales de febrero de 2026, la infraestructura de Kharg ha permanecido en gran medida intacta. Esta aparente contradicción tiene una explicación clara: su destrucción no solo afectaría a Irán, sino que podría desencadenar un shock global. Analistas de entidades como JPMorgan Chase o Chatham House han advertido que un ataque directo contra Kharg podría disparar el precio del petróleo a niveles extremos, con consecuencias devastadoras para la economía mundial.

Es en este punto donde emerge el verdadero problema de la estrategia estadounidense: su carácter reduccionista. La premisa de que neutralizar Kharg equivale a asfixiar económicamente a Irán ignora la existencia de un elaborado “Plan B”. Tal como ha señalado el analista energético Javier Blas, la dependencia iraní de una única infraestructura es, en el mejor de los casos, una ilusión.

Irán ha diversificado sus capacidades de exportación en los últimos años. Terminales como Jask, ubicada en el Mar Arábigo, permiten evitar el estratégico Estrecho de Ormuz, reduciendo la vulnerabilidad ante bloqueos navales. Otras instalaciones en islas como Lavan, Sirri y Qeshm complementan esta red con una capacidad adicional significativa. A ello se suma la exportación de productos derivados del gas y del petróleo —desde nafta hasta gas licuado— a través de complejos como Assaluyeh o Abadan, lo que amplía aún más las fuentes de ingresos del régimen.

En consecuencia, una operación centrada exclusivamente en Kharg difícilmente lograría el objetivo de colapsar la economía iraní. Para ello, sería necesario un control simultáneo de múltiples infraestructuras dispersas, algo logísticamente complejo y políticamente arriesgado. Mientras tanto, incluso un flujo reducido de exportaciones podría ser suficiente para sostener el esfuerzo bélico de Teherán.

El desarrollo reciente de los acontecimientos refuerza esta idea. La estrategia de Donald Trump ha oscilado entre la presión militar y la negociación. El despliegue de fuerzas en la región, incluyendo unidades anfibias y miles de marines, apuntaba hacia una posible ocupación de Kharg como herramienta de presión. Sin embargo, el ultimátum de 48 horas para reabrir el Estrecho de Ormuz terminó diluyéndose en una pausa negociadora de última hora, evidenciando las dudas dentro de la propia administración estadounidense.

Este titubeo no es casual. Irán ha dejado claro que cualquier ataque directo contra su infraestructura energética desencadenaría una respuesta regional de gran escala. La amenaza de minar el Golfo Pérsico y atacar instalaciones críticas en países aliados de Estados Unidos introduce un elemento de disuasión basado en la destrucción mutua a nivel regional. En este contexto, la toma de Kharg podría convertirse en el detonante de una escalada incontrolable.

Además, la experiencia histórica cuestiona la eficacia de la presión económica extrema. Durante la campaña de “máxima presión” impulsada por Washington entre 2020 y 2022, las exportaciones iraníes se desplomaron, pero el régimen no colapsó. Hoy, con niveles de producción significativamente más altos, resulta aún menos probable que una estrategia basada en la asfixia económica logre resultados decisivos.

En última instancia, la obsesión de Washington con Kharg revela un error de cálculo más profundo: la subestimación de la resiliencia iraní. Lejos de ser un sistema frágil dependiente de un único punto crítico, Irán ha demostrado una notable capacidad de adaptación frente al aislamiento y la presión externa. Capturar Kharg podría tener un alto valor simbólico, pero difícilmente supondría el golpe definitivo que algunos anticipan.

Por el contrario, el riesgo real es que esta fijación estratégica conduzca a una escalada regional con consecuencias imprevisibles. En un mundo interconectado, donde los mercados energéticos reaccionan con extrema sensibilidad, una intervención mal calibrada podría no solo fracasar en su objetivo, sino también desencadenar una crisis global. En ese escenario, el tiempo —lejos de favorecer a quienes emiten ultimátums— podría terminar jugando del lado de Teherán.

Fuente: Xataka

China lleva años preparándose para una gran crisis energética global y ahora llega el momento de recoger beneficios

La Tercera Guerra del Golfo ya está aquí y el mercado global del crudo se asoma al abismo.

China y la nueva geopolítica energética: del caos fósil al orden electroestratégico

La historia de la energía ha estado marcada por crisis que redefinen el equilibrio global. 

Desde el embargo petrolero de 1973 hasta las tensiones contemporáneas en Oriente Medio, cada disrupción ha reconfigurado tanto economías como jerarquías geopolíticas. Sin embargo, la actual crisis derivada del bloqueo del estrecho de Ormuz —en el contexto de lo que algunos ya denominan la Tercera Guerra del Golfo— no solo representa otro episodio de volatilidad energética, sino el punto de inflexión hacia un nuevo orden mundial. En este escenario, mientras gran parte del planeta reacciona con urgencia y nerviosismo, China emerge como el actor que mejor ha anticipado el colapso del sistema fósil tradicional.

El pánico global es tangible. El encarecimiento del petróleo por encima de los 100 dólares por barril ha obligado a países asiáticos a adoptar medidas desesperadas: reducción de jornadas laborales, intervención de precios y cambios en los modelos de trabajo. Estas respuestas reflejan una dependencia estructural de los combustibles fósiles y de rutas marítimas vulnerables. Frente a este caos, la actitud de China destaca por su aparente frialdad. No se trata de suerte ni de improvisación, sino del resultado de una estrategia planificada durante más de una década.

El punto de partida de esta transformación puede situarse en 2021, cuando el presidente Xi Jinping introdujo la idea del “cuenco de arroz energético”, trasladando un concepto tradicional de autosuficiencia alimentaria al ámbito energético. Esta metáfora encapsula una doctrina clara: garantizar el suministro interno bajo cualquier circunstancia. A partir de ahí, China articuló una política que combinaba pragmatismo económico, previsión geopolítica y control estatal.

Uno de los pilares de esta estrategia ha sido la electrificación masiva. Lejos de responder únicamente a preocupaciones medioambientales, esta transición ha sido concebida como una cuestión de seguridad nacional. Al reducir la dependencia del petróleo y el gas importados, China ha mitigado su principal vulnerabilidad estratégica. Hoy, con más de una cuarta parte de su electricidad generada a partir de fuentes renovables, el país no solo avanza hacia la autosuficiencia, sino que también redefine el equilibrio global entre “petroestados” y “electroestados”.

Sin embargo, la política energética china no se ha limitado a apostar por el futuro; también ha reforzado su posición en el presente. Durante periodos de precios bajos, Pekín acumuló enormes reservas estratégicas de petróleo, alcanzando entre 900 y 1.400 millones de barriles. Este colchón le permite cubrir meses de demanda interna sin necesidad de importar crudo, otorgándole una capacidad de resistencia que contrasta con la fragilidad de otras economías.

La eficacia de esta preparación se evidencia en las medidas adoptadas tras el estallido del conflicto en el Golfo. China ha priorizado el abastecimiento interno, suspendiendo exportaciones de combustibles refinados y asegurando el flujo de petróleo mediante rutas alternativas. Incluso en un contexto de sanciones y bloqueos, ha mantenido importaciones a través de redes paralelas, como la llamada “flota en la sombra”. Paralelamente, la expansión de infraestructuras terrestres y el desarrollo de energías renovables refuerzan su autonomía frente a las rutas marítimas en riesgo.

El componente renovable constituye, sin duda, el núcleo más sólido de este sistema. La rápida expansión de la energía solar y eólica, junto con el auge de los vehículos eléctricos, ha reducido la exposición del país a las fluctuaciones del mercado petrolero. A diferencia de los combustibles fósiles, estas tecnologías no están sujetas a interrupciones geopolíticas inmediatas, lo que las convierte en un escudo estructural frente a crisis externas.

No obstante, este modelo no está exento de contradicciones. El carbón sigue desempeñando un papel central en la matriz energética china, proporcionando más de la mitad de su energía primaria. Esta dependencia revela una tensión entre sostenibilidad y seguridad: aunque contaminante, el carbón ofrece una fuente abundante y controlable que actúa como red de respaldo en situaciones críticas.

Además, la autosuficiencia energética está estrechamente vinculada a la soberanía tecnológica. La producción de semiconductores, esencial para la electrificación y digitalización, continúa siendo un terreno de disputa. A pesar de los avances en la fabricación de chips, China aún depende de tecnologías y materiales extranjeros, lo que introduce un nuevo tipo de vulnerabilidad. Sin embargo, las restricciones externas parecen haber acelerado la innovación interna, reforzando la determinación del país de cerrar estas brechas.

Mientras tanto, la crisis energética actual también pone de manifiesto la fragilidad de otros actores clave. Economías altamente dependientes del gas natural licuado o de rutas específicas de suministro enfrentan riesgos sistémicos que trascienden el ámbito energético, afectando a industrias estratégicas como la producción de semiconductores. Esta interdependencia revela que la energía no solo impulsa economías, sino que sustenta toda la arquitectura tecnológica global.

En este contexto, el conflicto en torno a infraestructuras críticas como la isla iraní de Kharg ilustra la persistencia de una lógica geopolítica centrada en el control de recursos fósiles. Sin embargo, esta visión contrasta con la estrategia china, que apunta hacia un modelo menos vulnerable a este tipo de puntos de estrangulamiento. La diferencia es fundamental: mientras algunos actores siguen compitiendo por dominar nodos clave del sistema antiguo, China ha apostado por construir uno nuevo.

En conclusión, la actual crisis energética no solo confirma la vigencia del petróleo como arma geopolítica, sino que también anuncia su progresivo declive como eje central del poder global. China, mediante una combinación de planificación a largo plazo, diversificación energética y control estratégico, ha logrado posicionarse como el primer gran “electroestado” del mundo. Su ventaja no reside únicamente en los recursos acumulados, sino en haber comprendido antes que otros que la verdadera seguridad energética del siglo XXI no depende de controlar el flujo del petróleo, sino de trascenderlo.

Fuente: Xataka

19 de marzo de 2026

Feijóo muestra en Bruselas su perfil más antidemócrata tildando al Presidente del Gobierno de ilegitimo y acusándole de ser un "obstáculo" para la UE.

 Acusa a Sánchez de "alejar a España de las democracias occidentales" al no participar  del ataque ilegal contra Irán y también tildando a su Gobierno de "zombi" por no presentar los presupuestos, cosa que, donde gobierna el Partido Popular, lleva haciéndolo muchos años. Hipocresía pura y dura.

En el actual contexto político europeo, marcado por tensiones internacionales y desafíos económicos derivados de conflictos como la guerra en Irán, el discurso político adquiere una dimensión que trasciende lo puramente nacional.

En este escenario, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, ha articulado un ataque furibundo contra el Gobierno de Pedro Sánchez, situando su argumentación no solo en el plano interno, sino también en el marco de la Unión Europea.

Feijóo ha aprovechado su presencia en Bruselas, en el seno del Partido Popular Europeo, para proyectar una imagen de España diferenciada de la de su actual Ejecutivo. En este sentido, presenta a España como un socio fiable, en contraste con un Ejecutivo que, a su juicio, es ilegítimo, que incumple compromisos y se aleja de las democracias occidentales.

Uno de los ejes centrales de su discurso es la política exterior. Ante la guerra en Irán, Feijóo reivindica la necesidad de firmeza frente a las “tiranías”, así como unidad y ambición en la acción europea. Sin embargo, acusa al Gobierno de Sánchez de actuar en dirección contraria, convirtiéndose —según sus palabras— en un obstáculo para la coherencia y eficacia de la Unión Europea. Esta crítica se refuerza con la idea de que determinadas decisiones del Ejecutivo español generan preocupación en el ámbito comunitario, tanto por su posicionamiento internacional como por sus políticas migratorias y su relación con aliados clave como Estados Unidos. Pero olvida comentar que el crecimiento de la economía española de los últimos años es debido a los migrantes, reconocido hasta por el FMI.

El líder del PP también introduce un componente económico en su crítica, especialmente en lo relativo a la gestión de la crisis derivada del conflicto internacional. Su acusación de que el Gobierno “hace caja con la guerra” apunta a una supuesta incoherencia entre el discurso político y la práctica fiscal. Feijóo plantea alternativas basadas en la reducción de impuestos energéticos y en medidas de apoyo a sectores estratégicos, defendiendo que estas políticas permitirían contener la inflación y aliviar la carga sobre ciudadanos y empresas. Pero oculta que PP y Vox, votan en el Congreso de Diputados en contra de decretos que incluyen medidas económicas, que favorecen a toda la ciudadanía.

Asimismo, su discurso incorpora una fuerte deslegitimación institucional del Gobierno, al que califica de “zombi político” por la falta de aprobación de presupuestos y la ausencia de mayoría parlamentaria. Esta crítica no solo cuestiona la eficacia del Ejecutivo, sino también su legitimidad para gobernar, al considerar que incumple obligaciones constitucionales básicas y carece de respaldo suficiente para desarrollar políticas coherentes en ámbitos clave como la defensa o la política exterior.

Por último, Feijóo rechaza las acusaciones que vinculan a su partido con movimientos internos en otras formaciones políticas, como Vox, subrayando la importancia de delimitar responsabilidades y evitar atribuciones infundadas. Este aspecto revela la complejidad del panorama político español, donde las relaciones entre partidos no solo se definen por la confrontación ideológica, sino también por la necesidad de acuerdos en determinados niveles de gobierno.

En conclusión, el discurso de Feijóo se configura como una crítica integral al Gobierno de Sánchez, que combina falsos argumentos de política exterior, económica e institucional. 

Más allá de su contenido concreto, este posicionamiento refleja una estrategia política orientada a reforzar su inexistente liderazgo en el ámbito europeo y a proyectarse como una alternativa al gobierno actual, supuestamente basada, en estabilidad, credibilidad internacional y gestión económica, justo lo contrario que define al partido popular.

 En un contexto de incertidumbre global, intenta que su relato influya en sentido negativo tanto en percepción internacional de España como en el debate político interno.

EDITORIAL

El perfil antidemócrata y fascista del actual líder de la oposición, no viene de ahora, sino que más bien procede de los 7 ministros franquistas, fundadores de Alianza Popular, partido político primigenio del actual Partido Popular, así que de casta le viene algo. 

Además esa postura, no solo demuestra su cobardía, yéndose al extranjero para hablar mal de España, sino también,  al no decir a toda la ciudadanía en el Congreso de Diputados, que el PP está en contra del "no a la guerra" y a favor de ir a una  guerra ilegal con Trump en el conflicto con Irán, así como también, del genocidio en Gaza, Líbano y Cisjordania —como cualquier fascista que se precie de serlo— al tiempo de no respetar los derechos humanos ni el derecho internacional. 

Que con esos mimbres, ya veremos en las siguientes elecciones, cuantos van a votar a la coalición fascista de PP y Vox.

 Y eso en el caso que los líderes de ambos partidos, no terminen sentados en la banquillo de acusados, por asuntos relacionados con los dineros de sus respectivos partidos políticos. 

También pudiese ocurrir que en el Congreso de Diputados, dichos partidos votasen en contra de consolidar el decreto-ley, que incluye un escudo social y otras medidas adyacentes al respecto,  a los efectos de paliar la crisis energética ocasionada por la guerra, decayendo en consecuencia dicho decreto.

 Si se diese este último supuesto, no sería mala idea, convocar elecciones generales, así veríamos si la ciudadanía, votan fascismo o les echan al mar, porque la naturaleza es sabia, y cuando algo no sirve para nada, lo elimina.

Fuente: rtve.es

Organismos internacionales plasman el desmantelamiento sin precedentes de la democracia en Estados Unidos. Y constata, que España, a pesar de PP y Vox, es una democracia estable.

 Informe realizado por V-Dem Institute, encargado de conceptualizar y medir la democracia, alerta que EEUU pierde estatus de “democracia liberal” por primera vez en 50 años.

Democracia, discurso político y realidad empírica, mirados desde el informe V-Dem 2026

En los últimos meses, el concepto de democracia ha adquirido una centralidad indiscutible en el discurso político contemporáneo. 

En el caso de España, su uso ha sido especialmente intenso y, en ocasiones, profundamente polémico. Diversos actores políticos han recurrido a este término no solo como ideal normativo, sino como herramienta retórica para deslegitimar al adversario. Así, figuras como Isabel Díaz Ayuso o representantes de Vox han acusado al Ejecutivo liderado por Pedro Sánchez de conducir al país hacia una supuesta deriva autoritaria, llegando incluso a establecer paralelismos con regímenes opresivos de América Latina.

Sin embargo, más allá de la confrontación política, resulta pertinente contrastar estas afirmaciones con análisis sistemáticos y comparados sobre el estado de la democracia en el mundo. En este sentido, el trabajo del politólogo sueco Staffan Lindberg y el V-Dem Institute se presenta como una referencia fundamental. Desde su fundación en 2014, esta institución ha desarrollado una de las bases de datos más completas para medir la calidad democrática a nivel global.

El informe V-Dem Democracy Report 2026 ofrece un panorama preocupante: aproximadamente el 74% de la población mundial vive bajo algún tipo de autocracia, mientras que cerca de una cuarta parte de los países experimenta procesos de retroceso democrático. Además, el nivel global de democracia ha descendido hasta cifras comparables a finales de los años setenta, lo que sugiere una tendencia regresiva sostenida en las últimas décadas.

En este contexto, España aparece implícitamente integrada dentro del grupo de democracias europeas estables. Este dato resulta especialmente relevante, ya que contrasta de manera significativa con el discurso político que denuncia una supuesta crisis sistémica del modelo democrático español. Si bien toda democracia es susceptible de mejora y enfrenta desafíos constantes, los indicadores internacionales no avalan la idea de una deriva autoritaria en el caso español.

En cambio, el informe sí identifica con claridad focos de preocupación en otras democracias consolidadas, siendo el caso de Estados Unidos particularmente significativo. Según el análisis del V-Dem Institute, el país ha dejado de ser considerado una “democracia liberal”, categoría que implica no solo la celebración de elecciones, sino también la garantía efectiva de derechos civiles, la separación de poderes y la existencia de controles institucionales robustos. Este cambio supone una ruptura histórica tras más de medio siglo de estabilidad en esa clasificación.

El deterioro democrático en Estados Unidos destaca no solo por su magnitud, sino también por su rapidez. 

En apenas un año, el índice de democracia liberal ha sufrido un retroceso del 24%, provocando una caída en el ranking global del puesto 20 al 51. Este fenómeno ha sido calificado como un caso de “autocratización acelerada”, una dinámica poco habitual en democracias consolidadas.

Entre los factores que explican este proceso, el informe señala una creciente concentración de poder en el Ejecutivo, acompañada de un debilitamiento del poder Legislativo. Asimismo, se observa una erosión de los mecanismos de control institucional, incluyendo tribunales y organismos independientes. A esto se añade una creciente politización de la administración pública, donde la lealtad política comienza a primar sobre la profesionalidad, comprometiendo la neutralidad del Estado.

Otro elemento especialmente crítico es el deterioro de la integridad del sistema electoral. Aunque las elecciones continúan celebrándose, las presiones sobre actores clave del proceso generan dudas sobre su equidad y transparencia. En conjunto, estos factores configuran un escenario en el que Estados Unidos se aproxima a lo que el informe denomina una “democracia electoral degradada”.

En conclusión, el contraste entre el discurso político y los datos empíricos pone de manifiesto la importancia de recurrir a análisis rigurosos en el debate público. 

Mientras que en España la retórica política tiende a dramatizar la situación democrática, los indicadores internacionales sitúan al país dentro de parámetros de estabilidad en ese sentido. 

Por el contrario, el caso estadounidense evidencia que incluso las democracias más consolidadas no son inmunes al deterioro. 

En un contexto global de retroceso democrático, resulta más necesario que nunca preservar el rigor analítico y evitar la banalización de conceptos fundamentales como la democracia.

Fuente: El Plural.com

18 de marzo de 2026

DE LA FRAGILIDAD DEL DERECHO INTERNACIONAL EN TIEMPOS DE GUERRA

Investigación de Amnistía Internacional concluye que Trump podría ser culpable de crímenes de guerra.

Amnistía Internacional acusa a EEUU de "no tomar todas las precauciones" y violar el derecho internacional en su ataque contra un colegio infantil en Irán

El 28 de febrero de 2026 marca una fecha especialmente oscura en el escenario geopolítico contemporáneo. 

Ese día, Estados Unidos e Israel iniciaron ofensiva militar contra Irán que, además de ir por objetivos estratégicos, derivó en ataques salvajes contra población civil. El bombardeo de una escuela infantil en la ciudad de Minab, en el sur del país, se convirtió en el símbolo más crudo de una intervención que ha sido ampliamente cuestionada por su legalidad y su ética.

La magnitud de la tragedia es difícil de asimilar: al menos 168 personas murieron, entre ellas más de 100 niños. La escuela Shajareh Tayyebeh, un espacio concebido para la educación y protección de menores, fue reducida a escombros en cuestión de segundos. Este hecho no solo representa una pérdida irreparable de vidas humanas, sino que también plantea interrogantes fundamentales sobre el respeto al derecho internacional humanitario por parte de las potencias implicadas.

Estados Unidos reconoció la autoría del ataque, alegando que se trató de un error de inteligencia. Según su versión, el objetivo era un edificio adyacente perteneciente a la Guardia Revolucionaria Islámica. Sin embargo, las investigaciones realizadas por Amnistía Internacional ponen en duda esta justificación. El análisis de imágenes satelitales, restos de munición, testimonios y declaraciones oficiales revela que la escuela estaba claramente diferenciada del complejo militar desde al menos 2016, separada por muros y accesos independientes.

Este contexto convierte el “error” en una posible negligencia grave. El derecho internacional humanitario establece de manera inequívoca la obligación de distinguir entre objetivos militares y civiles. Las escuelas, como bienes civiles, están explícitamente protegidas. Además, incluso en el caso de proximidad a un objetivo militar, las fuerzas atacantes deben tomar todas las precauciones posibles para minimizar daños a la población civil. Entre estas medidas se incluyen la elección de horarios que reduzcan la presencia de personas o la emisión de advertencias previas. Ninguna de estas precauciones parece haberse aplicado en Minab.

El momento del ataque agrava aún más la responsabilidad. Ocurrió a las 9:45 de la mañana, cuando la escuela estaba en pleno funcionamiento. De hecho, según testimonios recogidos, el centro había pedido a las familias que recogieran a sus hijos debido a la escalada de tensiones. Muchas de ellas se encontraban en camino cuando el bombardeo tuvo lugar. La escena descrita por los testigos —vecinos intentando rescatar a niños, profesores permaneciendo en el edificio hasta el final— refleja no solo el horror del momento, sino también la absoluta falta de previsión por parte de los atacantes.

Amnistía Internacional ha concluido que Estados Unidos violó el derecho internacional humanitario al no adoptar las medidas necesarias para proteger a la población civil. La organización plantea dos escenarios igualmente preocupantes: o bien no se identificó correctamente el objetivo, lo que evidenciaría un fallo grave de inteligencia, o bien se conocía la presencia de civiles y se decidió atacar igualmente, lo que constituiría un acto imprudente e indiscriminado. En ambos casos, el resultado es el mismo: una posible comisión de un crimen de guerra.

Este episodio no puede analizarse de forma aislada. Se inscribe en un contexto más amplio de cuestionamientos sobre el uso de la fuerza y la impunidad de los actores internacionales. La repetición de patrones —ataques a zonas densamente pobladas, justificaciones basadas en errores técnicos, ausencia de consecuencias claras— erosiona la credibilidad del sistema internacional y debilita los mecanismos diseñados para proteger a los más vulnerables.

En definitiva, el ataque a la escuela de Minab no solo representa una tragedia humanitaria, sino también un desafío directo al orden jurídico internacional. 

La exigencia de una investigación transparente y la rendición de cuentas no son meros formalismos, sino condiciones indispensables para preservar los principios básicos de humanidad en tiempos de guerra. Sin ellas, el riesgo es claro: que la excepción se convierta en norma y que la vida civil pierda definitivamente su carácter inviolable.

Fuente: El Plural.com

Respecto la situación jurídica del Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.

En términos legales estrictos, Benjamín Netanyahu no ha sido declarado culpable ni condenado como criminal de guerra hasta la fecha de marzo de 2026. Sin embargo, se encuentra en una situación jurídica sin precedentes que lo sitúa bajo esa acusación formal ante la comunidad internacional.

A continuación, se detalla su situación actual:

  • Orden de arresto vigente.- En noviembre de 2024, la Corte Penal Internacional (CPI) emitió una orden de detención contra él por presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad cometidos en la Franja de Gaza.
  • Cargos específicos.- La CPI determinó que existen "motivos razonables" para creer que es responsable de delitos como el uso del hambre como método de guerra, asesinato, persecución y ataques directos contra la población civil.
  • Implicaciones internacionales.- Aunque no hay una sentencia firme, la orden de arresto obliga legalmente a los más de 120 países miembros de la CPI (como los de la Unión Europea) a detenerlo si entra en su territorio. Países como Noruega han confirmado recientemente (marzo de 2026) que cumplirían con esta obligación.
  • Postura de Israel y aliados.- Netanyahu y su gobierno rechazan tajantemente la jurisdicción de la CPI, calificando las acusaciones de "antisemitas" y políticamente motivadas. Estados Unidos tampoco reconoce la autoridad de este tribunal sobre líderes israelíes.

En resumen. Netanyahu es un sospechoso legal con orden de captura internacional por crímenes de guerra, pero no ha sido sentenciado ni declarado criminal de guerra en juicio formal.

Fuente: ONU

Pronóstico del presidente de Gad3 si en España hubiese elecciones generales ahora. Y de si habrá acuerdo entre PP y Vox, y cuando será.

 El análisis político en España tras las recientes elecciones autonómicas en Extremadura, Aragón y Castilla y León revela un escenario complejo, marcado por la fragmentación del voto y la necesidad de pactos entre fuerzas ideológicamente afines.

Desde de la interpretación del demóscopo Narciso Michavila, presidente de Gad3, se puede trazar un diagnóstico claro: 

El cambio político a nivel nacional es posible, pero no está garantizado, ya que depende fundamentalmente de la capacidad de entendimiento entre el Partido Popular y Vox.

En primer lugar, los resultados electorales en estas tres comunidades muestran un patrón consistente: el Partido Popular ha sido la fuerza más votada con amplitud, lo que refleja un respaldo significativo por parte del electorado. Sin embargo, esta victoria no se traduce automáticamente en capacidad de gobierno. La aritmética parlamentaria obliga al PP a buscar el apoyo de Vox, una circunstancia que pone de manifiesto la importancia de las coaliciones en el actual sistema político español. La negativa o reticencia de Vox a facilitar gobiernos sin acuerdos concretos introduce un elemento de incertidumbre que dificulta la formación de ejecutivos estables.

Michavila interpreta este escenario como un mensaje claro del electorado. A su juicio, los votantes han “hecho sus deberes” al configurar mayorías que requieren cooperación entre ambas formaciones. Es decir, la responsabilidad de desbloquear la situación recae ahora en los partidos, no en los ciudadanos. Esta idea subraya una tensión habitual en sistemas multipartidistas: la voluntad popular puede quedar parcialmente frustrada si los actores políticos no logran alcanzar acuerdos.

La consecuencia más relevante de esta falta de entendimiento podría ser su proyección a nivel nacional. Según el experto, si los resultados autonómicos se replicaran en unas elecciones generales, el cambio de gobierno sería factible. No obstante, advierte que dicho cambio depende de un factor crucial: la coordinación entre PP y Vox. En ausencia de pactos, el actual presidente podría mantenerse en el poder independientemente del momento en que se celebren los comicios. Así, la clave del futuro político de España no reside únicamente en los resultados electorales, sino en la capacidad de negociación posterior.

Por otro lado, Michavila rechaza la idea de que Vox haya obtenido malos resultados. Considera que esta percepción responde más a expectativas infladas que a la realidad de los datos. En este sentido, establece un paralelismo con otros líderes políticos del pasado, como Albert Rivera o Pablo Iglesias, quienes también se vieron impulsados por expectativas poco realistas que posteriormente no se materializaron. Este fenómeno pone de relieve el papel que juegan las narrativas mediáticas y las encuestas en la construcción de percepciones políticas.

Asimismo, el analista minimiza la influencia de factores como el discurso del “no a la guerra” en los resultados electorales recientes, calificándolo como un enfoque excesivamente centrado en la política nacional y madrileña. Esto sugiere que los votantes en elecciones autonómicas tienden a priorizar cuestiones más cercanas o específicas de su territorio, en lugar de debates de carácter internacional o estatal.

Finalmente, Michavila plantea una reflexión sobre el legado político del actual gobierno. Señala que el presidente podría dejar tras de sí un partido socialista hegemónico en la izquierda, con sus competidores debilitados. Sin embargo, esta hegemonía no sería necesariamente resultado de una fortaleza propia absoluta, sino también de la incapacidad del bloque de derechas para articular una alternativa viable. De este modo, el equilibrio político en España se presenta como una combinación de fuerzas: la consolidación de un bloque y la descoordinación del otro.

En conclusión, el panorama político español atraviesa un momento decisivo en el que los resultados electorales, por sí solos, no determinan el rumbo del país. La clave reside en la política de pactos, especialmente entre el Partido Popular y Vox. La capacidad de ambas formaciones para superar sus diferencias y construir una alternativa conjunta será determinante para el futuro gobierno de España. Mientras tanto, la falta de acuerdos podría perpetuar la situación actual, evidenciando que, en política, ganar no siempre es suficiente para gobernar.

Fuente: Huffington

POSDATA

Jesús Cintora, pregunta a Ernesto Ekaizer, si Feijóo "está suplicando" a Abascal y éste no deja lugar a dudas.

El escenario político que se dibuja tras las elecciones autonómicas en Castilla y León refleja, una vez más, la compleja dinámica de dependencias entre el Partido Popular y Vox. En este contexto, las declaraciones cruzadas y las interpretaciones mediáticas ponen de relieve no solo una negociación coyuntural, sino también una tensión estratégica más profunda que afecta al equilibrio de la derecha española.

El intercambio entre Jesús Cintora y Ernesto Ekaizer sitúa el foco en la actitud de Alberto Núñez Feijóo frente a Santiago Abascal. La pregunta de si Feijóo “está suplicando” no es meramente retórica, sino que apunta a una percepción creciente: la urgencia del líder popular por cerrar acuerdos revela una posición de debilidad relativa, condicionada por la aritmética parlamentaria.

Tras los comicios, Vox vuelve a erigirse como actor imprescindible para la formación de gobiernos en varias comunidades autónomas. Esta situación otorga a Abascal una capacidad de presión que trasciende lo regional, proyectándose sobre la estrategia nacional del PP. Feijóo, consciente de que el tiempo juega en su contra, intensifica su discurso apelando a la responsabilidad democrática y a la necesidad de respetar los resultados electorales. Sin embargo, esta apelación encierra una paradoja: quien obtuvo más votos se ve obligado a negociar desde una posición en la que no puede imponer sus tiempos ni sus condiciones.

Ekaizer interpreta esta urgencia como un intento claro de evitar una repetición electoral, escenario que podría erosionar aún más la posición del Partido Popular. Pero introduce, además, una variable clave: el calendario político. La cercanía de futuras elecciones, como las andaluzas, condiciona la estrategia de Vox, que podría optar por dilatar los acuerdos para maximizar su rédito electoral. En este sentido, la negativa o demora de Abascal no sería una simple cuestión de negociación, sino una táctica política calculada dentro de una lógica de crecimiento político.

Más allá de la táctica, el análisis de Ekaizer introduce un elemento ideológico que amplía el debate. Al señalar coincidencias en política internacional, sugiere que las diferencias entre ambos líderes podrían ser menos significativas de lo que aparentan en el plano discursivo. 

Esta perspectiva desplaza la discusión desde el terreno de las formas —si hay súplica o urgencia— hacia el fondo: la convergencia programática y sus implicaciones para el sistema político español.

En definitiva, la situación descrita evidencia una relación asimétrica, donde el Partido Popular necesita a Vox más de lo que Vox necesita al Partido Popular en este momento concreto. La urgencia de Feijóo, interpretada por algunos como una forma de presión y por otros como una señal de debilidad, refleja las limitaciones de un liderazgo condicionado por la fragmentación del voto y la necesidad de pactos. Mientras tanto, Abascal mantiene una posición expectante, consciente de que cada día sin acuerdo puede reforzar su capacidad negociadora.

Este episodio no solo ilustra una negociación política puntual, sino que también pone de manifiesto una tendencia estructural: la consolidación de un sistema en el que las mayorías absolutas son cada vez más difíciles y donde los equilibrios dependen de alianzas que, lejos de ser automáticas, caracterizadas por intereses estratégicos, tiempos electorales y afinidades ideológicas.

Fuente: El Plural.com

TUNGSTENO O WOLFRAMIO. Recurso invisible que sostiene el poder global

 El tungsteno o wolframio, es una materia prima que normalmente pasa inadvertida, pero que es clave, para industrias y ejércitos, de todo el mundo.

En el entramado de materias primas que sostienen la economía y la seguridad mundial, pocas resultan tan decisivas y, al mismo tiempo, tan desconocidas como el tungsteno —también llamado wolframio—. 

Lejos de captar la atención pública como el petróleo o el litio, este metal pesado se ha convertido en un pilar silencioso de la industria moderna y, especialmente, de la capacidad militar de los Estados. Su relevancia no solo radica en sus propiedades físicas excepcionales, sino también en su creciente valor estratégico en un contexto de tensiones geopolíticas y reconfiguración de las cadenas de suministro.

El tungsteno posee características únicas que lo sitúan en una categoría singular dentro de los elementos de la naturaleza. Destaca por tener el punto de fusión más alto de todos los metales, una extraordinaria resistencia a la tracción y una presión de vapor extremadamente baja. Estas cualidades lo convierten en un material idóneo para entornos extremos, donde otros metales fallarían. Además, su elevada densidad lo hace especialmente útil en aplicaciones que requieren resistencia a altas presiones, protección contra la radiación y durabilidad frente a la corrosión. No es casualidad que su uso se extienda desde la industria nuclear y médica hasta la fabricación de componentes de alta precisión.

Sin embargo, es en el ámbito militar donde el tungsteno adquiere una dimensión crítica. Su capacidad para sustituir al plomo en municiones lo ha convertido en un elemento clave en la evolución del armamento moderno. Actualmente, se emplea en proyectiles de tanques, aeronaves y sistemas de artillería, así como en misiles, blindajes y motores de cazas de combate. Esta creciente dependencia ha llevado a que organismos como la Unión Europea y el Departamento de Defensa de Estados Unidos lo incluyan en sus listas de minerales críticos, reconociendo su importancia para la seguridad nacional y la autonomía estratégica.

El problema radica en su escasez y en la concentración geográfica de su producción. La extracción de tungsteno es compleja y solo unos pocos yacimientos en el mundo resultan económicamente viables. En este escenario, China domina de forma abrumadora el mercado, con aproximadamente el 80% de la producción global, seguida a gran distancia por países como Rusia o Corea del Norte. Esta concentración otorga a Pekín una poderosa herramienta de influencia geopolítica, como quedó demostrado en febrero de 2025, cuando impuso restricciones a la exportación del metal. La medida provocó un aumento inmediato de los precios, con subidas cercanas al 40% en cuestión de días, y evidenció la vulnerabilidad de las economías occidentales.

Desde entonces, el precio del tungsteno ha experimentado una escalada sin precedentes. En apenas un año, su valor se ha multiplicado más de cinco veces, alcanzando en 2026 los 2.250 euros por tonelada métrica, frente a los poco más de 345 euros del año anterior. Este incremento, impulsado por una combinación de mayor demanda —especialmente por el rearme global tras la guerra de Ucrania— y restricciones en la oferta, ha reconfigurado el mapa de oportunidades y riesgos en torno a este recurso.

En este nuevo contexto, la península ibérica emerge como una alternativa estratégica de primer orden. Aunque España y Portugal producen actualmente cantidades modestas —alrededor de 700 y 500 toneladas anuales, respectivamente—, el verdadero valor reside en el potencial de sus reservas. Estudios recientes sugieren que solo en la provincia de Salamanca podría concentrarse hasta un 10% de las reservas mundiales de tungsteno. Proyectos como la mina de Barruecopardo, con millones de toneladas estimadas, o el yacimiento de El Moto en Ciudad Real, posicionan a España como un actor clave en el futuro suministro europeo.

La relevancia de estos proyectos trasciende lo económico. En un momento en que Estados Unidos, dejó de producir tungsteno en 2016, busca reactivar su extracción, y otros países como Canadá o Corea del Sur intentan diversificar sus fuentes, Europa necesita asegurar su acceso a materias primas críticas. En este sentido, España no solo representa una oportunidad industrial, sino también una pieza fundamental en la autonomía estratégica del continente.

En conclusión, el tungsteno ejemplifica cómo un recurso aparentemente marginal puede convertirse en un elemento central del equilibrio global. Su combinación de propiedades únicas, aplicaciones militares y concentración geográfica lo sitúan en el corazón de las tensiones del siglo XXI. 

A medida que el mundo avanza hacia una nueva era de competencia entre potencias, el control de materiales como el wolframio será tan determinante como el de la energía o la tecnología. 

Y en ese escenario, países como España podrían desempeñar un papel mucho más relevante del que hasta ahora se les ha atribuido.

Fuente: El Economista.es

17 de marzo de 2026

CONFLICTO DE IRÁN. De los sectores más perjudicados con la guerra actual, y de los más beneficiados.

 Más allá de aumento de los beneficios de empresas de energía y armamento, existen efectos negativos  en otros sectores, a consecuencia de la guerra.

Poco más de una semana después del inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, los efectos del conflicto se sienten en la economía mundial.

El 27 de febrero pasado, un día antes del inicio de las hostilidades, el precio del barril del Brent y del WTI se ubicaba en torno a los 70 dólares USA.

En comparación, el 9 de marzo, el precio del barril de petróleo Brent y del WTI, crudos de referencia en el mercado internacional, superó la barrera de los US$100 por primera vez desde 2022, aunque ese mismo día retrocedió hasta ubicarse por debajo de los US$95. Sin embargo, la nueva ola de ataques iraníes contra buques tanqueros de las últimas horas ha vuelto a situar el precio del crudo en US$100.

Este incremento de los precios de los combustibles responde fundamentalmente al cierre virtual del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz, luego de que el gobierno de Irán amenazara a los barcos que intenten cruzar esa vía marítima por la que circula aproximadamente el 20% del petróleo y el gas del mundo.

El actual conflicto en Medio Oriente, más allá de su impacto inmediato en los precios del petróleo y el gaso, está generando una serie de efectos en cadena que amenazan con desestabilizar múltiples sectores de la economía global. Aunque el encarecimiento de la energía era un desenlace previsible debido a la implicación de actores clave y al cierre de rutas estratégicas, las consecuencias más profundas comienzan a manifestarse en áreas menos evidentes pero igualmente críticas: la producción de alimentos, la distribución de medicamentos y la industria tecnológica e industrial.

En primer lugar, la producción mundial de alimentos se encuentra en una situación de riesgo creciente. 

Esto es debido a que varios países involucrados en el conflicto de la región afectada, son importantes exportadores de fertilizantes nitrogenados, esenciales para cultivos que sostienen aproximadamente la mitad de la producción alimentaria global. La interrupción tanto de la producción como, especialmente, de las exportaciones —agravada por el cierre de rutas marítimas clave— está provocando un aumento significativo en los precios de estos insumos. A ello se suma la restricción de exportaciones por parte de grandes productores internacionales, lo que intensifica aún más la escasez. Este escenario resulta particularmente crítico debido a su coincidencia con la temporada de siembra en el hemisferio norte, lo que podría traducirse en cosechas más reducidas en los próximos meses. En consecuencia, es previsible un aumento en los precios de los alimentos y una posible escasez, con efectos especialmente devastadores para las poblaciones más vulnerables, ampliando el riesgo de inseguridad alimentaria a escala global.

En segundo lugar, la cadena de suministro de medicamentos también está siendo gravemente afectada. 

La interrupción de importantes centros logísticos en la región, que funcionan como nodos clave para la distribución global de productos farmacéuticos, ha generado retrasos y encarecimiento en el transporte de medicamentos. Esto resulta especialmente preocupante en el caso de productos que requieren condiciones específicas de conservación, como vacunas o tratamientos sensibles a la temperatura. La dependencia de rutas aéreas rápidas y seguras para este tipo de mercancías hace que cualquier alteración tenga consecuencias inmediatas. Aunque existen rutas alternativas, estas presentan limitaciones en capacidad, mayores costos y tiempos de tránsito más largos, lo que podría traducirse en una menor disponibilidad de medicamentos y un incremento de precios a nivel mundial. Este fenómeno no solo afecta a los sistemas de salud, sino que también pone en riesgo la continuidad de tratamientos en numerosos países.

Por último, el conflicto está repercutiendo en la producción de, metales, sustancias químicas y dispositivos electrónicos. 

La interrupción en el suministro de materias primas clave, como el azufre, está afectando directamente a industrias fundamentales. Este elemento es esencial no solo para la producción de fertilizantes, sino también para la fabricación de ácido sulfúrico, utilizado en procesos industriales que abarcan desde la minería hasta la producción de semiconductores. La reducción en la disponibilidad de estos insumos está provocando recortes en la producción de metales estratégicos como el níquel y el cobre, indispensables para la fabricación de tecnologías modernas, incluyendo vehículos eléctricos, redes eléctricas y dispositivos electrónicos. Además, el posible impacto en la producción de chips resulta especialmente preocupante en un contexto donde la demanda tecnológica, impulsada por el desarrollo de la inteligencia artificial, se encuentra en niveles históricamente altos. Esto podría generar una nueva crisis de semiconductores similar a la experimentada durante la pandemia, con consecuencias directas en la producción y el precio de numerosos bienes.

En conclusión, el conflicto en Medio Oriente está demostrando cómo la economía global, profundamente interconectada, puede verse afectada por tensiones regionales de manera amplia y compleja. Más allá del impacto energético inicial, las perturbaciones en sectores clave como la agricultura, la salud y la tecnología revelan la fragilidad de las cadenas de suministro internacionales. 

De prolongarse esta situación, el mundo podría enfrentar un escenario caracterizado por inflación, escasez de productos esenciales y un aumento de las desigualdades, lo que subraya la necesidad de estrategias globales que fortalezcan la resiliencia ante este tipo de crisis.

Fuente: BBC


Beneficios por sectores de empresas que más suben en bolsa por la guerra.

 El impacto de la guerra con Irán en la bolsa mundial durante el último mes ha generado resultados muy diferenciados entre los sectores clave, con las empresas energéticas y armamentísticas experimentando ganancias significativas, mientras que las petroleras y gasistas han tenido un comportamiento más volátil, aunque con beneficios potenciales claros.

A continuación, se resume el impacto aproximado en cada sector, basado en las tendencias observadas:

1. Sector Armamentístico (Defensa)

Este sector ha sido uno de los mayores beneficiados por la escalada de tensiones, ya que el conflicto impulsa el gasto militar:

  • Ganancias Notables.- Las acciones de defensa en EE. UU. se han revalorizado cerca de un 50% en los últimos 12 meses, impulsadas por el belicismo del presidente Trump y la inestabilidad global.
  • Ejemplos Específicos:
    • Northrop Grumman.- Ha ganado aproximadamente un 58% en los últimos doce meses.
    • Lockheed Martin.- Ha ganado cerca de un 45% en el mismo período
    • BAE Systems (Europa).- Ha subido cerca de un 64% desde el inicio del año.
  • Tendencia Reciente.- Hubo un rally inicial tras el inicio de la guerra, aunque algunas acciones estadounidenses se frenaron en la segunda semana debido a las presiones de Trump para aumentar la producción, lo que generó incertidumbre sobre los contratos.  A pesar de esto, la perspectiva de reposición de municiones y un posible proyecto de ley de gasto suplementario de $50 mil millones o más es positiva para el sector.

2. Sector Petrolero y Gasista (Energía)

El sector energético se beneficia directamente del riesgo geopolítico que amenaza el tránsito por el Estrecho de Ormuz (por donde pasa cerca del 20% del crudo mundial y el 23% del GNL).

  • Precios del Crudo: Los precios del petróleo han mostrado fuertes subidas, llegando a rozar los $120 por barril en momentos de máxima tensión, con incrementos que rondan el 50% desde el inicio de la escalada.
  • Ganancias de Petroleras (EE. UU.): Las petroleras estadounidenses, con menor exposición directa a Oriente Medio, son las grandes ganadoras. Se estima que podrían obtener un beneficio adicional de más de $63 mil millones en el año si los precios se mantienen en los niveles actuales (alrededor de $100 por barril).
    • Compañías como ExxonMobil y Chevron capturan esta subida gracias a su producción propia en Norteamérica.
  • Impacto en Gasistas: El gas natural también ha registrado subidas superiores al 60%, afectando especialmente a Europa. Las empresas con provisión de gas asegurada son vistas como apuestas sólidas.
  • Volatilidad: Las grandes petroleras internacionales (BP, Shell, TotalEnergies) están más expuestas al riesgo del cierre de Ormuz, lo que genera volatilidad en sus acciones.

Resumen de Rendimientos Aproximados (último Mes)

Sector

Tendencia Principal

Cifras Clave/Ganancia Aproximada

Armamentístico

Fuerte y sostenido al alza

Ganancias de dos dígitos (ej. BAE Systems: +64% en el año; Northrop: +58% en 12 meses). 

Petrolero (EE. UU.)

Ganancias significativas por precio del crudo

Potencial de +$63 mil millones en ganancias adicionales para el sector en el año. 

Gasistas

Fuerte subida por riesgo en GNL



ANEXO I

Cuantificación de beneficios de las empresas más favorecidas  en bolsa por la guerra de Irán

Las grandes petroleras occidentales (ExxonMobil, Shell, Chevron, BP, TotalEnergies, etc.) han ganado ≈ 217.000 millones de dólares en capitalización bursátil en un solo mes

    • Otras estimaciones más conservadoras hablan de +130.000 millones de dólares para las principales compañías
  • En conjunto, el rango realista es:+130.000 a +217.000 millones $ en el último mes.

2) Subidas en acciones de las petroleras

  • Muchas petroleras han subido entre +15% y +23%
  • Ejemplo:
    • Repsol: +21% en semanas

    3) Motivo

  • El petróleo ha superado los 100 $/barril por el conflicto y el riesgo en el estrecho de Ormuz
  • Menor oferta + miedo → precios altos → más beneficios esperados

 Empresas armamentísticas (ganan, pero menos cuantificado)

1) Subidas en bolsa

No hay una cifra global tan clara como en petroleras, pero sí tendencias:

  • Empresas como:
    • Northrop Grumman: +6%
    • RTX (Raytheon): +5%
    • L3Harris, General Dynamics: subidas similares
  • En general:
    • Subidas típicas del sector defensa: +5% a +10% en días/semanas iniciales

2)Motivo

  • Expectativa de:
    • Más gasto militar
    • Reposición de armas
    • Escalada prolongada del conflicto

Comparación rápida

Sector

Ganancia total estimada (1 mes)

Subida típica

️ Petroleras

+130.000 a +217.000 millones $

+15% a +23%

 Defensa

+50.000 millones de dólares

+5% a +10%


CONCLUSIÓN

Las petroleras son, con diferencia, las grandes beneficiadas ganancias masivas y directas por el precio del crudo.

Las armamentísticas también suben, pero de forma más moderada y progresiva (dependen de contratos futuros, no de precios inmediatos).

  • Este patrón es típico en conflictos:
    • Energía → impacto inmediato
    • Defensa → impacto más sostenido en el tiempo.
Fuente: Agencias