Jonathan Brill, ‘futurólogo’ de IA, que ha asesorado a grandes multinacionales y al Departamento de Estado de EE UU, defiende que “todavía no estamos entendiendo el impacto que va a tener la robótica y otros avances tecnológicos en los siguientes años”
A su
juicio, la sociedad aún no comprende totalmente la magnitud del impacto que la
robótica y la inteligencia artificial tendrán en los próximos años. Lo que hoy
parece una innovación llamativa podría convertirse pronto en parte del tejido laboral y cotidiano en la vida urbana, del trabajo y de la economía global.
Brill
se dedica precisamente a anticipar ese futuro, ofreciendo en Estados Unidos, conferencias
a empresas y organizaciones para ayudarles a entender cómo podría ser el mundo
dentro de cinco años y cómo posicionarse estratégicamente ante ese escenario.
La
rapidez de los cambios tecnológicos ha generado un contexto empresarial
completamente nuevo, donde adaptarse se ha vuelto una cuestión de
supervivencia. Con esta idea en mente, Brill ha escrito junto a Stephen Wunker
el libro La IA y la organización pulpo, una obra que explora cómo las empresas
deben transformarse para operar en un entorno donde la inteligencia artificial
será omnipresente. Además, ya trabaja en un nuevo volumen centrado en cómo las
organizaciones pueden adaptarse a esta revolución tecnológica.
Aunque
para gran parte del público la inteligencia artificial se hizo visible con el
lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022, Brill recuerda que en realidad se
trata de una tecnología con más de setenta años de desarrollo. Según su visión,
lo que ocurre ahora es que finalmente ha alcanzado un punto de madurez que
permite su expansión a gran escala. Sin embargo, el verdadero salto aún está
por venir. El futurólogo anticipa que el siguiente paso será la capacidad de la
inteligencia artificial para programarse a sí misma sin intervención humana. Ya
existen indicios de esta tendencia. En 2024, por ejemplo, un sistema conocido
como The AI Scientist, desarrollado por la empresa japonesa Sakana AI,
consiguió modificar su propio código para superar restricciones impuestas por
sus creadores. Un año después, investigadores de la Universidad de Fudan, en
Shanghái, lograron que dos modelos de lenguaje se replicaran a sí mismos con
tasas de éxito de entre el 50 % y el 90 %.
Estos
avances han alimentado temores sobre el futuro del empleo. Sin embargo, Brill
se muestra sorprendentemente optimista. Para él, el hecho de que la
inteligencia artificial pueda realizar más tareas no significa necesariamente
que vaya a destruir puestos de trabajo. Más bien cree que transformará la
naturaleza del trabajo humano. Los empleados, sostiene, dedicarán menos tiempo
a tareas repetitivas y podrán concentrarse en labores más creativas y de mayor
valor añadido. En su visión, la inteligencia artificial actuará como una
ampliación de la capacidad intelectual humana. Llega incluso a afirmar que en
los próximos años cualquier trabajador podría ser “treinta veces más
inteligente que Einstein” gracias a la asistencia de estas herramientas.
Los
datos actuales parecen respaldar parcialmente esta interpretación
transformadora más que destructiva. Un estudio del Instituto Universitario
Valenciano de Investigación en Inteligencia Artificial (VRAIN), de la
Universidad Politécnica de Valencia, estima que alrededor del 20 % de los
empleos en España ya están expuestos a la inteligencia artificial. Sin embargo,
los investigadores subrayan que esta exposición no implica necesariamente
sustitución laboral, sino cambios en las tareas y en la forma de desempeñar el
trabajo.
Más
allá de la inteligencia artificial, Brill identifica otra revolución
tecnológica emergente: la computación espacial. Aunque todavía suena a ciencia
ficción, esta tecnología consiste en integrar el mundo físico y el digital
mediante sistemas capaces de procesar información espacial en tiempo real.
Dispositivos como las gafas de realidad virtual o aumentada desarrolladas por
grandes empresas tecnológicas son un primer paso en esa dirección. En el
futuro, esta convergencia podría transformar la manera en que interactuamos con
la información, el entorno y otras personas.
Pero
el futurólogo no limita su análisis al ámbito tecnológico. También observa cómo
estos avances están reconfigurando el equilibrio geopolítico mundial. En su
opinión, el control de recursos estratégicos será uno de los grandes motores de
conflicto en el futuro próximo. Brill señala, por ejemplo, que el canal de
Panamá podría convertirse en un nuevo punto de tensión geopolítica. Las
declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre recuperar la
influencia estadounidense en esa infraestructura reflejan, según él, la
creciente rivalidad entre Estados Unidos y China por las rutas comerciales y el
control logístico global.
Desde
esta perspectiva, algunas decisiones geopolíticas recientes pueden
interpretarse como movimientos estratégicos en una partida global por los
recursos energéticos y la influencia económica. Restricciones energéticas en
determinados países, ataques a infraestructuras energéticas o sanciones
internacionales forman parte de una lógica de competencia entre grandes
potencias. Estados Unidos, China e India aparecen en este tablero como actores
principales.
A
largo plazo, Brill prevé que China e India experimentarán un crecimiento
económico muy fuerte, lo que aumentará su demanda de materias primas y recursos
naturales. Este fenómeno podría desencadenar lo que él denomina una “guerra por
los recursos”, en la que el acceso a minerales, energía y materiales
estratégicos se convertirá en un factor decisivo de poder. El desafío
fundamental del siglo XXI, según su análisis, será lograr que estas potencias
convivan pacíficamente mientras compiten por esos recursos.
En
este escenario, el papel de Europa resulta incierto. Brill considera que la
Unión Europea deberá avanzar hacia una mayor integración política y fortalecer
su capacidad industrial si quiere mantener relevancia en el nuevo orden
tecnológico y geopolítico. También sugiere seguir las recomendaciones de
informes recientes que abogan por grandes inversiones estratégicas y por
reducir dependencias críticas en sectores clave.
En
definitiva, el mundo que describe Jonathan Brill se parece a una compleja
partida de ajedrez global donde tecnología, economía y política se entrelazan.
En sus palabras, Estados Unidos ya ha realizado su primer gran movimiento;
China moverá su torre; India su alfil. La pregunta que queda abierta es si
Europa podrá participar activamente en esa partida o si se limitará a observar
desde la periferia mientras se define el futuro del orden mundial.
Fuente:
El País.com
ANEXO I
Para 2030, la inteligencia artificial (IA) será una tecnología omnipresente y transversal que automatizará hasta el 30% de las horas laborales actuales, transformando radicalmente el mercado de trabajo y la economía global.
Se
espera una integración profunda de la IA en la vida cotidiana, con el potencial
de adoptar formas físicas como robots humanoides y requerir un enfoque humano
en la creatividad y habilidades emocionales.
Aquí
se detallan donde impactará la IA en el horizonte 2030:
- Revolución Laboral y
Automatización.- La
IA generativa y la automatización inteligente realizarán tareas tanto
repetitivas como creativas, impactando en la mayoría de los sectores, lo que
plantea una necesidad urgente de adaptación ante posibles niveles elevados de
desempleo o reubicación laboral. Algunos expertos, como el investigador Roman
Yampolskiy, sugieren riesgos de desplazamiento laboral a gran escala.
- IA de Propósito
General y Robots.- Para
2030, la IA no será solo software, sino que podría materializarse en robots
humanoides. Los sistemas de IA serán capaces de resolver problemas complejos de
forma autónoma.
- Impacto Económico.- Se estima que la IA
impulse la economía mundial en miles de millones de dólares, aumentando la
eficiencia y productividad.
- Sostenibilidad y
Agenda 2030.- La
IA actuará como un catalizador para los Objetivos de Desarrollo Sostenible
(ODS), optimizando el consumo energético, impulsando la economía circular y
mitigando el cambio climático.
- Ética y Gobernanza.- Será fundamental
desarrollar marcos regulatorios para asegurar una IA ética, transparente y sin
sesgos, protegiendo los derechos humanos
