15 de marzo de 2026

IA. Revolución silenciosa: Tecnología y Poder, en el nuevo orden mundial.

 Jonathan Brill, ‘futurólogo’ de IA, que ha asesorado a grandes multinacionales y al Departamento de Estado de EE UU, defiende que “todavía no estamos entendiendo el impacto que va a tener la robótica y otros avances tecnológicos en los siguientes años”

Para este futurólogo de Boston, de 52 años, la colaboración discontinua entre IA y trabadores o empresas, son señales tempranas del cambio profundo que está por venir.

A su juicio, la sociedad aún no comprende totalmente la magnitud del impacto que la robótica y la inteligencia artificial tendrán en los próximos años. Lo que hoy parece una innovación llamativa podría convertirse pronto en parte del tejido laboral y cotidiano en la vida urbana, del trabajo y de la economía global.

Brill se dedica precisamente a anticipar ese futuro, ofreciendo en Estados Unidos, conferencias a empresas y organizaciones para ayudarles a entender cómo podría ser el mundo dentro de cinco años y cómo posicionarse estratégicamente ante ese escenario.

La rapidez de los cambios tecnológicos ha generado un contexto empresarial completamente nuevo, donde adaptarse se ha vuelto una cuestión de supervivencia. Con esta idea en mente, Brill ha escrito junto a Stephen Wunker el libro La IA y la organización pulpo, una obra que explora cómo las empresas deben transformarse para operar en un entorno donde la inteligencia artificial será omnipresente. Además, ya trabaja en un nuevo volumen centrado en cómo las organizaciones pueden adaptarse a esta revolución tecnológica.

Aunque para gran parte del público la inteligencia artificial se hizo visible con el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022, Brill recuerda que en realidad se trata de una tecnología con más de setenta años de desarrollo. Según su visión, lo que ocurre ahora es que finalmente ha alcanzado un punto de madurez que permite su expansión a gran escala. Sin embargo, el verdadero salto aún está por venir. El futurólogo anticipa que el siguiente paso será la capacidad de la inteligencia artificial para programarse a sí misma sin intervención humana. Ya existen indicios de esta tendencia. En 2024, por ejemplo, un sistema conocido como The AI Scientist, desarrollado por la empresa japonesa Sakana AI, consiguió modificar su propio código para superar restricciones impuestas por sus creadores. Un año después, investigadores de la Universidad de Fudan, en Shanghái, lograron que dos modelos de lenguaje se replicaran a sí mismos con tasas de éxito de entre el 50 % y el 90 %.

Estos avances han alimentado temores sobre el futuro del empleo. Sin embargo, Brill se muestra sorprendentemente optimista. Para él, el hecho de que la inteligencia artificial pueda realizar más tareas no significa necesariamente que vaya a destruir puestos de trabajo. Más bien cree que transformará la naturaleza del trabajo humano. Los empleados, sostiene, dedicarán menos tiempo a tareas repetitivas y podrán concentrarse en labores más creativas y de mayor valor añadido. En su visión, la inteligencia artificial actuará como una ampliación de la capacidad intelectual humana. Llega incluso a afirmar que en los próximos años cualquier trabajador podría ser “treinta veces más inteligente que Einstein” gracias a la asistencia de estas herramientas.

Los datos actuales parecen respaldar parcialmente esta interpretación transformadora más que destructiva. Un estudio del Instituto Universitario Valenciano de Investigación en Inteligencia Artificial (VRAIN), de la Universidad Politécnica de Valencia, estima que alrededor del 20 % de los empleos en España ya están expuestos a la inteligencia artificial. Sin embargo, los investigadores subrayan que esta exposición no implica necesariamente sustitución laboral, sino cambios en las tareas y en la forma de desempeñar el trabajo.

Más allá de la inteligencia artificial, Brill identifica otra revolución tecnológica emergente: la computación espacial. Aunque todavía suena a ciencia ficción, esta tecnología consiste en integrar el mundo físico y el digital mediante sistemas capaces de procesar información espacial en tiempo real. Dispositivos como las gafas de realidad virtual o aumentada desarrolladas por grandes empresas tecnológicas son un primer paso en esa dirección. En el futuro, esta convergencia podría transformar la manera en que interactuamos con la información, el entorno y otras personas.

Pero el futurólogo no limita su análisis al ámbito tecnológico. También observa cómo estos avances están reconfigurando el equilibrio geopolítico mundial. En su opinión, el control de recursos estratégicos será uno de los grandes motores de conflicto en el futuro próximo. Brill señala, por ejemplo, que el canal de Panamá podría convertirse en un nuevo punto de tensión geopolítica. Las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre recuperar la influencia estadounidense en esa infraestructura reflejan, según él, la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China por las rutas comerciales y el control logístico global.

Desde esta perspectiva, algunas decisiones geopolíticas recientes pueden interpretarse como movimientos estratégicos en una partida global por los recursos energéticos y la influencia económica. Restricciones energéticas en determinados países, ataques a infraestructuras energéticas o sanciones internacionales forman parte de una lógica de competencia entre grandes potencias. Estados Unidos, China e India aparecen en este tablero como actores principales.

A largo plazo, Brill prevé que China e India experimentarán un crecimiento económico muy fuerte, lo que aumentará su demanda de materias primas y recursos naturales. Este fenómeno podría desencadenar lo que él denomina una “guerra por los recursos”, en la que el acceso a minerales, energía y materiales estratégicos se convertirá en un factor decisivo de poder. El desafío fundamental del siglo XXI, según su análisis, será lograr que estas potencias convivan pacíficamente mientras compiten por esos recursos.

En este escenario, el papel de Europa resulta incierto. Brill considera que la Unión Europea deberá avanzar hacia una mayor integración política y fortalecer su capacidad industrial si quiere mantener relevancia en el nuevo orden tecnológico y geopolítico. También sugiere seguir las recomendaciones de informes recientes que abogan por grandes inversiones estratégicas y por reducir dependencias críticas en sectores clave.

En definitiva, el mundo que describe Jonathan Brill se parece a una compleja partida de ajedrez global donde tecnología, economía y política se entrelazan. En sus palabras, Estados Unidos ya ha realizado su primer gran movimiento; China moverá su torre; India su alfil. La pregunta que queda abierta es si Europa podrá participar activamente en esa partida o si se limitará a observar desde la periferia mientras se define el futuro del orden mundial.

Fuente: El País.com

ANEXO I

Para 2030, la inteligencia artificial (IA) será una tecnología omnipresente y transversal que automatizará hasta el 30% de las horas laborales actuales, transformando radicalmente el mercado de trabajo y la economía global. 

Se espera una integración profunda de la IA en la vida cotidiana, con el potencial de adoptar formas físicas como robots humanoides y requerir un enfoque humano en la creatividad y habilidades emocionales.

Aquí se detallan donde impactará la IA en el horizonte 2030:

  • Revolución Laboral y Automatización.- La IA generativa y la automatización inteligente realizarán tareas tanto repetitivas como creativas, impactando en la mayoría de los sectores, lo que plantea una necesidad urgente de adaptación ante posibles niveles elevados de desempleo o reubicación laboral. Algunos expertos, como el investigador Roman Yampolskiy, sugieren riesgos de desplazamiento laboral a gran escala.
  • IA de Propósito General y Robots.- Para 2030, la IA no será solo software, sino que podría materializarse en robots humanoides. Los sistemas de IA serán capaces de resolver problemas complejos de forma autónoma.
  • Impacto Económico.- Se estima que la IA impulse la economía mundial en miles de millones de dólares, aumentando la eficiencia y productividad.
  • Sostenibilidad y Agenda 2030.- La IA actuará como un catalizador para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), optimizando el consumo energético, impulsando la economía circular y mitigando el cambio climático.
  • Ética y Gobernanza.- Será fundamental desarrollar marcos regulatorios para asegurar una IA ética, transparente y sin sesgos, protegiendo los derechos humanos