26 de marzo de 2022

RUSIA. Centrará sus objetivos militares en la región de Donbás

 Tras empantanarse su ofensiva, el Estado Mayor asegura ahora, que su meta principal es esa zona del este de Ucrania, aunque no excluye asaltar sus ciudades.

Vladímir Putin ordenó el 24 de febrero invadir Ucrania por tres frentes “para desmilitarizar y desnazificar” el país. Un mes después, su ejército da un giro de consecuencias imprevisibles y asegura que el objetivo principal es algo mucho más tangible para un posible acuerdo de paz futuro: tomar solo la región de Donbás, que los separatistas controlaban ya en parte desde 2014. “A medida que las agrupaciones individuales completan con éxito las tareas asignadas, nuestras fuerzas y medios se concentrarán en lo principal: la liberación completa de Donbás”, ha señalado este viernes en una sesión informativa el primer subjefe del Estado Mayor, el general Serguéi Rudskói.

Un tridente asaltó Ucrania a finales de febrero en una campaña denominada “operación militar especial para la protección de las repúblicas de Donetsk y Lugansk”. Una parte de las fuerzas armadas rusas intentó llegar a Kiev desde el norte, partiendo incluso desde un tercer país, Bielorrusia, en un ataque relámpago por la vía más rápida, Chernóbil. En el este se abrió otro frente con el apoyo de las milicias y los contratistas privados que operaban en el territorio separatista. Y al sur, desde la anexionada república de Crimea, otro asalto ha buscado unir la península del mar Negro con Donbás, dando lugar a una de las batallas más cruentas del conflicto: el asedio de Mariupol.

Pese a acotar supuestamente su ofensiva a Donbás, las fuerzas armadas rusas se guardan la carta de proseguir a continuación hacia el interior de Ucrania e intentar ocupar ciudades como Kiev y Járkov, bombardeadas desde hace semanas. “Inicialmente, no planeamos asaltar ciudades, para evitar su destrucción y minimizar las pérdidas entre el personal y los civiles, pero no excluimos esa posibilidad”, añadió Rudskói.

El objetivo de esta campaña ha variado de una fase a otra de la guerra. El pasado 18 de marzo, el presidente Putin pronunció un discurso en un mitin-concierto celebrado en el estadio de la final del Mundial de Rusia, que estaba a reventar con su aforo de 81.300 plazas. Coreado por el público, el mandatario aseguró que “el objetivo principal de la operación militar en Donbás y Ucrania ha sido liberar a la población del genocidio”. Sin embargo, el 25 de febrero, segundo día de la guerra, instaba al ejército ucranio a dar un golpe de Estado porque sería más fácil negociar con él que con “un Gobierno de drogadictos y neonazis”. Otros pretextos empleados por el Kremlin han sido la hipotética amenaza que supondría para Crimea la entrada de Ucrania en la OTAN, y ya avanzado el conflicto, un supuesto desarrollo de armas biológicas financiado por Estados Unidos con la etnia eslava como objetivo. Washington lo desmintió categóricamente, asegurando que sus laboratorios solo se dedicaban a la detección temprana de brotes potencialmente pandémicos, como sucedió en Ucrania en 2012 y 2018 con la fiebre porcina africana.

Durante las negociaciones mantenidas estas semanas entre ambas partes, la delegación rusa ha insistido en tres exigencias clave: Ucrania debe asumir un estatus de neutralidad que la aleje de Occidente y de la OTAN; debe reconocer la integración de Crimea como parte de Rusia; y debe asumir la independencia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk.

El Ministerio de Defensa ruso anunció también este viernes su segundo recuento de bajas en lo que va de guerra: 1.351 muertos y 3.825 heridos, según las cifras oficiales ofrecidas por Rudskói. El general aseguró que los ucranios “ya no tienen reservas y cubren sus pérdidas con personal sin capacidad de las defensas territoriales”.

Según el Estado Mayor ruso, sus rivales habrían perdido en total 30.000 de sus 260.000 combatientes, entre 14.000 fallecidos y 16.000 heridos, lo que habría obligado a Kiev a movilizar más tropas. Rusia, pese a asegurar tener muchas menos bajas, ha anunciado sin embargo que también movilizará hasta 16.000 mercenarios traídos de Oriente Medio. A estos se suman otras unidades procedentes de territorios tan dispares como el lejano oriente ruso, Chechenia y Abjasia, según la inteligencia británica.

El subjefe del Estado Mayor ruso aseguró que la supuesta “desmilitarización” de Ucrania “se está logrando con ataques de alta precisión contra instalaciones militares y los despliegues de las unidades, así como contra aeródromos, puestos de mando, arsenales y depósitos de armas”.

Los datos de Naciones Unidas contradicen que se trate de una operación quirúrgica. Según el recuento del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, 977 civiles han muerto y 1.594 han resultado heridos hasta la madrugada del 24 de marzo, aunque la cifra puede ser mayor.

Asimismo, sus datos tampoco confirman el supuesto “genocidio” con el que Putin justificó su casus belli contra el Gobierno de Volodímir Zelenski. Naciones Unidas señala que en las regiones de Donetsk y Lugansk han muerto 279 civiles en lo que va de conflicto: 224 en la zona controlada por el Gobierno y 55 en territorio separatista.

En su valoración de los progresos del ejército ruso, Rudskói recalcó además que sus tropas podrían haber sufrido contratiempos por el sabotaje ucranio. “127 puentes fueron volados por los nacionalistas ucranios para frenar nuestra ofensiva”, dijo el coronel, quien aseguró además que disponen de una superioridad total en el cielo porque “la aviación y el sistema de defensa aérea de Ucrania fueron destruidos casi por completo”.

Fuente: El Pais.com

RUSIA. Se resiste a abandonar el G-20 para no convertirse en un paria internacional

 China respalda a su socio preferente ruso, frente a las pretensiones de los países occidentales para aislarle.


Moscú bien vale, sino una misa, si aguantar unas cuantas presiones, a cambio de repartirse el botín ruso obtenido de Ucrania (minerales del Donbás) junto al petróleo y el gas de Rusia.

Las grandes potencias occidentales están tratando de que Rusia deje de participar en el G-20. La UE y EE UU quieren que Moscú se retire temporal y voluntariamente de ese foro que adquirió un papel protagonista a raíz de la última crisis financiera y en el que están, además de los siete países más ricos del mundo, otros como China, Argentina, Brasil, México, Indonesia (que ostenta la presidencia este año), Sudáfrica, Arabia Saudí o la India, y en el que España suele participar como uno de los Estados invitados. La ofensiva para aislar al presidente ruso, Vladímir Putin, busca convertir a Rusia en un paria internacional, al margen de los organismos que velan por el orden internacional. Pero en el caso del G-20, los occidentales se han topado con la oposición de China, que defiende la presencia de su aliado ruso, según apuntan fuentes europeas. “He planteado esta opción”, ha confirmado el presidente de Estados Unidos, Joseph R. Biden, tras acabar la reunión del G-7, el club de los siete países más ricos del mundo.

Desde que Vladímir Putin ordenó la invasión de Ucrania, los países occidentales han tratado de castigar a Rusia en todos los ámbitos posibles sin llegar a la guerra abierta con una potencia nuclear. La primera línea de ataque han sido unas sanciones económicas sin precedentes contra una de las grandes potencias militares del mundo: cortar el acceso a sus bancos al sistema de pagos internacionales, congelación de los activos del banco central fuera de su país, prohibición y congelación de propiedades de los oligarcas que sostienen el régimen ruso y de sus propios líderes, como Putin. La otra consiste en apoyar el esfuerzo bélico de Ucrania enviando armas y dinero. La tercera se despliega en el campo diplomático y foros internacionales.

El primer paso fue una resolución en la Asamblea General de Naciones Unidas condenando la invasión que logró un apoyo muy amplio. La condena se aprobó con el voto a favor de 141 de los 193 miembros de la Asamblea y con solo cinco votos en contra (Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea, Rusia y Siria). Pero nada menos que 35 países se abstuvieron, incluidos tres miembros del G-20: China, la India y Sudáfrica.

Pekín mantiene desde el momento de la invasión una actitud ambigua que inquieta cada vez más a los occidentales. La abstención en la ONU (tanto en el Consejo de Seguridad como en la Asamblea) se interpretó como un gesto de distanciamiento y a favor Moscú. Pero el Gobierno chino se ha negado después a calificar como guerra o invasión la agresión del ejército ruso contra Ucrania, ha responsabilizado del conflicto en parte a los occidentales y ha dado pábulo a los bulos propagados por Putin sobre un supuesto armamento químico en manos del Gobierno del presidente ucranio, Volodímir Zelenski.

Ante esa posición del gigante asiático, uno de los países europeos partidarios de expulsar a Moscú casi se resignaba y explicaba esta semana que la postura de Pekín convierte esta pretensión en algo muy difícil. Además, tampoco Rusia está por abandonar el foro. De hecho, la agencia Reuters apuntaba estos días que Putin mantiene su intención de acudir a Indonesia a finales de este año, donde se celebrará la reunión.

Hasta ahora, explican desde uno de los países miembros por derecho del G-20, el funcionamiento y el liderazgo de este grupo suele corresponder a los países del G-7 (Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Alemania, Italia, Canadá y Japón). Ellos se convertirían en el motor de un colectivo más grande —y representativo de todo el mundo— en que hay otros 13 países, Rusia entre ellos, y, además, otros invitados. En esta ocasión, el engranaje habitual se habría puesto en marcha, es decir, la proposición por parte de los países más ricos del mundo, pero habría chocado con la posición de China.

Tampoco parece que vaya a resultar fácil el castigo a Moscú en el FMI y en el Banco Mundial, como anunciaron los países occidentales hace dos semanas, al acabar la cumbre europea en Versalles. “Nos aseguraremos de que Rusia no puede obtener créditos u otros beneficios de estas organizaciones”, advirtió entonces la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Pero el régimen de Vladímir Putin se encuentra al corriente de pago con estos organismos y eso dificultaría mucho dar el paso anunciado.

Fuente: El Pais.com

BANCOS. Aconsejan a los rusos no actualizar programas ante la amenaza del "protestware"

 Un código malicioso ha sido añadido a un programa de software de código con el objetivo de atacar ordenadores rusos y bielorrusos


El banco más grande de Rusia ha advertido a sus usuarios que dejen de actualizar el software debido a la amenaza del "protestware": programas de software abierto cuyos autores han alterado su código en oposición a la invasión rusa de Ucrania.

Cuando se ejecuta el protestware muestra mensajes contra la guerra a favor de los ucranianos. Al menos había un proyecto de código malicioso con el objetivo de atacar ordenadores ubicados en Rusia y Bielorrusia, provocando indignación y algunos daños colaterales no previstos.

En respuesta a la amenaza, Sberbank, el banco estatal ruso y el más grande del país, ha aconsejado a los rusos que temporalmente no actualicen ningún software debido al riesgo y que verifiquen manualmente el código fuente del software si es necesario (un nivel de control que no es realista para la mayoría de los usuarios).

"Instamos a los usuarios que dejen de actualizar el software por ahora y a los desarrolladores que refuercen el control sobre el uso de código fuente externo", resaltó Sberbank en un comunicado publicado por los medios rusos y las empresas de ciberseguridad.

Con la invasión rusa de Ucrania, algunos sugirieron que las tecnológicas deberían dejar de enviar actualizaciones a los usuarios rusos para imponer mayores costes a Moscú. Ninguna empresa de tecnología ha llegado tan lejos, pero según observadores que siguen el movimiento de protestware, se han detectado alrededor 24 programas de software de código abierto que agregaban código en protesta por la guerra. El software de código abierto es un software que cualquiera puede modificar e inspeccionar, volviéndolo más transparente y, al menos en este caso, más abierto al sabotaje.

¿Daños colaterales?

El ejemplo más grave de protestware hasta el momento ocurrió con el popular programa de código abierto node.ipc, que ayuda a construir redes neuronales y que se descarga más de un millón de veces por semana.

El desarrollador de node-ipc, RIAEvangelist, había escrito el código en protesta por la guerra PeaceNotWar. El código añadía un "mensaje de paz" en las pantallas de los usuarios, explicaron en GitHub.

"Este código sirve como un ejemplo no destructivo de por qué resulta importante controlar los módulos de nodo", escribió el autor. "También es una protesta no violenta contra la agresión de Rusia que actualmente amenaza al mundo… Para ser claros, esto es protestware".

Pero a node.ipc también se le agregó un código que geolocalizaba a los usuarios y, si se encontraban dentro de Rusia o Bielorrusia, borraba sus archivos.

El código malicioso es del 15 de marzo, según el investigador de la empresa de ciberseguridad Snyk Liran Tal. El nuevo código estaba oculto en datos codificados de base64 lo que dificultan su detección.

Poco después de la descarga del código, una publicación de GitHub se volvió viral afirmando que el código afectó a los servidores operados por una organización no gubernamental estadounidense en Bielorrusia y que el sabotaje fue el "resultado de ejecutar su código que borró más de 30.000 mensajes y archivos que detallaban los crímenes de guerra cometidos en Ucrania por el ejército y el gobierno rusos".

El código permaneció como parte del paquete menos de un día, señala Snyk. El supuesto mensaje de la ONG estadounidense no ha sido verificado y ninguna organización ha hecho declaración pública sobre los daños.

"Aunque se trata de un ataque motivado por las protestas, muestra un problema mayor al que se enfrenta la cadena de suministro de software: las dependencias transitivas en el código pueden tener un gran impacto en la seguridad", escribió Tal.

No es la primera vez que los desarrolladores de código abierto sabotean sus propios programas. En enero, el autor de otro proyecto popular llamado colors agregó un bucle infinito a su código que volvía inútil cualquier servidor que lo ejecutara hasta que el problema fue solucionado.

El nuevo movimiento

Protestware es solo el último de varios intentos de activistas por usar tecnología que supera la censura rusa y enviar mensajes contra la guerra. Los activistas han estado utilizando publicidad dirigida para llevar noticias sobre la guerra en Ucrania a los rusos que, de lo contrario, están a merced de la creciente censura y la omnipresente propaganda estatal. Los resúmenes colaborativos y los mensajes emergentes contra la guerra son tácticas que se han empleado desde que las tropas rusas comenzaron su invasión.

En general, protestware es una prueba más de que mucho de lo que podemos ver públicamente de la ciberguerra que se desarrolla en Ucrania está directamente relacionado, ante todo, con la guerra de la información y de la propaganda.

Protestware puede seguir enviando mensajes similares contra la guerra, pero dentro de la comunidad de código abierto existe la preocupación ante la posibilidad de sabotaje. Especialmente si va más allá de simples mensajes contra la invasión y empieza a destruir datos, ya que podría socavar el ecosistema de código abierto. Aunque es menos conocido que el software comercial, el software de código abierto es enormemente importante para ejecutar todos los aspectos de internet.

"La caja de Pandora ya está abierta y, a partir de este momento, TODOS los que utilizan código abierto experimentarán más xenofobia que nunca", escribió el usuario de GitHub NM17. "El factor de confianza en el código abierto, basado en la buena voluntad de los desarrolladores, prácticamente ha desaparecido, y ahora, cada vez más personas se dan cuenta de que algún día, su biblioteca/aplicación podría acabar explotada para hacer/decir lo que sea que algún desarrollador aleatorio pensaba que era 'lo correcto'. No salió nada bueno de esta 'protesta'".

Fuente: MIT 

INTERNET. Los riesgos irreversibles de que Rusia se aísle telemáticamente del resto del mundo.

 Si Rusia se desconecta del internet global, o acaba expulsada del mismo, puede que la red nunca vuelva a ser la misma para nadie


La desconexión rusa de los servicios online occidentales ha sido tan abrupta y extensa como su desvinculación de las rutas comerciales globales.

Las autoridades rusas han bloqueado Facebook, mientras que Twitter está casi desactivado del todo. Por otro lado, muchas empresas como Apple, Microsoft, TikTok o Netflix se han retirado del mercado ruso voluntariamente. Rusia cada vez está más cerca de la situación que tiene Irán como un estado paria digital.

La Unión Europea, a su vez, ha intentado eliminar ciertos medios rusos de internet. No sólo sugiere el bloqueo de las webs como ha hecho con RT (anteriormente Russia Today) y Sputnik; si no que también recomienda la eliminación en motores de búsqueda y redes sociales de cualquier publicación que repita el contenido de dichos sitios.

Pero todos estos casos son servicios que utilizan internet, y no tecnologías o acuerdos que lo impulsan. El bloqueo de Facebook en un país no es diferente a que Facebook se vaya del país, o que simplemente quiebre o cierre.

Pero se avecinan divisiones más profundas, provocadas por la acción en ambas partes. Rusia ha declarado que Meta (propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp) es una "organización extremista" y se está retirando de organismos internacionales como el Consejo de Europa. Asimismo, Rusia ha sido suspendida de la Unión Europea de Radiodifusión. Si estas acciones se replicaran en la estructura de Internet, los resultados podrían ser catastróficos.

De hecho, todo esto ha generado miedo a un "Internet dividido" (o balcanizado), donde en lugar de una única red de internet global como la que tenemos hoy en día, habría una serie de redes nacionales o regionales que no se comunicarían entre sí y tal vez incluso operarían utilizando tecnologías incompatibles.

Eso significaría el fin de internet como una única tecnología de comunicación global, y quizás no solo temporalmente. China e Irán aún utilizan la misma tecnología de internet que EE UU y Europa, aunque solo tienen acceso a algunos de sus servicios. Si esos países establecieran órganos de gobierno rivales y otra red paralela, solo el acuerdo mutuo de todas las naciones más importantes del mundo podría reconstruirlo. La era de un mundo conectado habría terminado.

Ya se han dado algunos pasos hacia este fin. El mes pasado, el Gobierno ucraniano pidió a la ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers) que supervisa el sistema de nombres de dominio de internet, que suspendiera el acceso de Rusia al sistema, eliminando al efecto los dominos ".ru" de internet.

La ICANN, que antes había sido una rama del Departamento de Comercio estadounidense pero que actualmente opera como organización no gubernamental, rechazó rotundamente la propuesta.

"Internet es un sistema descentralizado. Ningún actor tiene la capacidad de controlarlo o apagarlo", escribió el CEO Gorän Marby en su respuesta a la propuesta. "Esencialmente, la ICANN se creó para garantizar que internet funcione, no para que su capacidad coordinadora se utilice precisamente para lo contrario".

La precaución de Marby está justificada. ICANN no tiene ningún poder legal o de estatuto sobre el sistema de nombres de dominio; sus decisiones son aceptadas voluntariamente por todos los operadores de internet. Eso hace que la toma de decisiones sea muy lenta (todo se debe acordar por consenso), pero es eficaz de cara a mantener internet unificado.

Los otros órganos rectores de internet funcionan de manera muy similar: son organismos internacionales independientes que operan según acuerdos, no por la fuerza. Casi todo el mundo coincide en que esta es una forma extraña y torpe de gestionar una parte de la infraestructura global vital, pero no se ponen de acuerdo sobre una alternativa mejor.

Para acordar una nueva gobernanza de internet se requeriría el pacto de todas las naciones, algo tan excepcional que casi nunca se consigue hoy en día. Eso explica que internet se esté manteniendo unido por poco más que un acuerdo voluntario mutuo.

Entonces, ¿cómo sería un Internet dividido en la práctica? ¿Estamos cerca de su creación?

Según el profesor de la Escuela de Políticas Públicas del Instituto de Tecnología de Georgia (EE UU) Milton Mueller, en lugar de que cada país utilizase su propia plataforma partiendo de una tecnología común, la fragmentación real de internet podría adoptar alguna de las dos formas siguientes.

"Una división importante de internet implicaría un protocolo técnicamente incompatible utilizado por una masa crítica de la población mundial", explica Mueller.

Este primer tipo de separación no sería tan catastrófico. "Los tecnólogos probablemente encontrarían una manera de unir los dos protocolos en poco tiempo", considera Mueller.

La segunda forma de fragmentación consistiría en seguir usando protocolos técnicamente compatibles, pero con órganos de gobierno diferentes para gestionar esos servicios, lo cual podría resultar más difícil de revocar.

Si Rusia, China u otros países crearan rivales de los organismos que gestionan direcciones IP y sistemas de dominio (DNS, en inglés) y los establecieran, podría ser incluso más difícil volver a unir internet que si se construyeran protocolos tecnológicos diferentes. Se formarían distintas preferencias entre una u otra alternativa, y la política de reconexión se volvería casi imposible.

El problema de volver a conectar estas redes distintas en un internet global sería, por lo tanto, político, no técnico, pero normalmente son los problemas políticos los más difíciles de resolver.

También hay medidas que, sin llegar a la fragmentación total de Internet, podrían tener un efecto significativo en obstaculizar el flujo global de información, o en mantener el buen funcionamiento de Internet en un estado paria.

Debido a la naturaleza de internet para crear monopolios, algunos servicios tienen un estatus de casi infraestructura. Amazon Web Services, por ejemplo, gestiona gran parte del back-end de internet así que prohibirle el acceso a un territorio concreto supondría consecuencias desastrosas. Del mismo modo, cortar el acceso a los repositorios de GitHub paralizaría muchos servicios, al menos temporalmente.

Rusia ha intentado mitigar este riesgo pidiéndoles a sus webs oficiales y públicas que repatrien sus datos, usen dominios .ru y minimicen el uso de proveedores de servicios en el extranjero. Durante la semana pasada, hubo pánico porque se malinterpretó que estas instrucciones iban dirigidas a todos los sitios web rusos. Además, se llegaron a publicar artículos alarmistas (hasta ahora sin pruebas) que sugerían que Rusia planeaba desconectarse por completo de internet.

Otros países y grupos han buscado mitigar la naturaleza global de internet, y no solo las autocracias. La UE, por ejemplo, intentó exigir que todos los datos sobre sus ciudadanos se procesen dentro de sus fronteras, algo a lo que los gigantes tecnológicos de EE UU se han resistido ferozmente.

Mientras tanto, Irán ha ido generando conexiones nacionales entre sus principales instituciones online, lo que le permite operar en una especie de red de internet funcional exclusiva para Irán que podría usar en caso de que necesite aislarse de la red global o si un adversario lo expulsase de la misma.

Pero China es quizá la que tiene la relación más compleja con internet. Si bien las empresas de tecnología nacidas en China a menudo prosperan en Occidente, como TikTok, casi todos los servicios online utilizados por personas dentro de China son de empresas chinas. Este país también tiene un enorme sistema de censura online conocido como el 'Gran Cortafuegos de China'.

Charlie Smith (un seudónimo debido a que trabaja revisando las políticas de censura en China) de GreatFire, asegura que la relación del internet chino con la red global ha cambiado con el tiempo.

"Al principio, el bloqueo estaba impulsado por puras necesidades de censura. Por la necesidad de ocultar alguna información sobre Xi Jinping, o encubrir algún gran desastre que se podría atribuir directamente al Gobierno", señala. "Pero a medida que se bloqueaban esos sitios web extranjeros, los empresarios chinos se dieron cuenta de que había vacíos en el mercado que se podían llenar".

"No solo llenaron esos vacíos, sino que apoyaron en la creación de empresas digitales chinas que son tan valiosas como sus equivalentes occidentales, aunque estas empresas no estén bien consolidadas fuera del país asiático".

Gracias a estas instituciones independiente con trayectoria, Smith argumenta que China podría manejar bien la situación de estar desconectada de internet, pero no le conviene hacerlo.

"Creo que China podría aislarse del internet principal y probablemente lo haría si hubiera una crisis local suficientemente importante… Pero también considero que China seguirá dependiendo de este internet global. La diáspora china está en todo el mundo. Nadie quiere que se corten las conexiones con su familia y las empresas seguirán dependiendo de la venta de sus productos en el extranjero".

Sin embargo, China está ocupando puestos de responsabilidad en diversos órganos de gobierno de internet -como corresponde a un país con más de mil millones de usuarios- e intenta, por ahora, cambiar poco a poco los estándares, las reglas y los protocolos para adaptarlos a sus necesidades.

Es muy posible que se produzca una ruptura de Internet impulsada por la política más que por la tecnología, pero por ahora todos parecen dispuestos mantener el frágil status quo a su favor, sobre todo porque parece que, si se permite que internet se rompa, sería muy difícil de reparar.

Fuente: MIT

LAPSUS$. Grupo de hackers que tiene en vilo a las grandes tecnológicas. ¿Quien es?

 Las investigaciones apuntan a un joven de 16 años del Reino Unido como el cerebro de la banda, que ha atacado a empresas como Microsoft, Nvidia, Ubisoft, Samsung o Vodafone. La policía de Londres detuvo y soltó ayer a siete adolescentes sospechosos

En los últimos días los expertos en ciberseguridad no dejan de hablar de Lapsus$, un grupo de ciberdelincuentes que se ha ganado su reciente y siniestra fama a golpe de robo de datos en algunas de las más importantes empresas tecnológicas del mundo. Entre sus víctimas están Nvidia, Ubisoft, Vodafone, Samsung, Mercado Libre y Microsoft. Esta última confirmaba este martes que la banda, especializada en ciberataques con ransomware, le había robado 37 GB con código fuente de su navegador Bing y su asistente digital Cortana.

Sus acciones delictivas también han tenido como blanco a Okta, una empresa que ofrece servicios de verificación de identidad a terceras compañías, a uno de los mayores grupos de medios de comunicación de Portugal y al Ministerio de Salud de Brasil.

Aunque aún no está clara la motivación que hay detrás de sus ataques, todos de alto perfil, los expertos en ciberseguridad sospechan que se mueven por dinero y notoriedad. Su principal modus operandi es hackear grandes empresas, robar sus datos y amenazarles con publicarlos a menos que se les pague un rescate. Pero no siempre. A Nvidia, por ejemplo, no le pidieron dinero sino liberar el código fuente de los drivers de sus tarjetas gráficas y eliminar las restricciones que ha impuesto a la hora de usarlas para minar criptomonedas.

En lo que sí parecen avanzar las investigaciones es sobre quién o quienes están detrás de Lapsus$ y otros detalles acerca de su manera de operar. Este jueves Bloomberg informó de que cuatro expertos en ciberseguridad que investigan al grupo en nombre de las empresas atacadas estaban convencidos de que un adolescente de 16 años que vive con su madre cerca de Oxford (Inglaterra) es el cerebro detrás de Lapsus$. Y ello pese a que no le han podido vincular de manera concluyente con todos los hackeos reclamados por el grupo.

Los investigadores habían utilizado evidencias forenses de los ataques, así como información pública disponible para relacionar al joven, que se hace llamar “White” y “Breachbase” en la red, con la banda. Pero sospechaban que otro adolescente que reside en Brasil pertenece también al grupo, y daban por hecho que había más personas involucradas pues habían llegado a identificar siete cuentas únicas asociadas con Lapsus$.

Ayer por la tarde, la policía de Londres detuvo a siete adolescentes tras descubrir presuntas conexiones con este grupo. Según la BBC, que avanzó la noticia, los arrestados, con edades entre 16 y 21 años, fueron después puestos en libertad bajo investigación. La policía continúa con sus pesquisas.

El joven al que se acusa de ser el cerebro presuntamente ha amasado una fortuna de 14 millones de dólares. Según los investigadores que citaba Bloomberg, es tan rápido actuando que inicialmente pensaron que la actividad delictiva que estaban observando estaba automatizada.

Sin embargo, y pese a las habilidades demostradas por el grupo, parece que dar con estos jóvenes no ha sido demasiado complicado debido a que cuentan con una seguridad operativa deficiente. La propia Microsoft aseguró en su blog que a diferencia de la mayoría de los grupos [de ciberdelincuentes] que permanecen bajo el radar, Lapsus$ no parece esconder sus huellas.

Así, además de utilizar técnicas tradicionales de ingeniería social (tratando, por ejemplo, de engañar a empleados de empresas con llamadas telefónicas), “van tan lejos que incluso llegan a anunciar sus ataques en las redes sociales y a publicitar su intención de comprar credenciales de empleados de las organizaciones objetivo [para utilizarlas como puerta de entrada a los servidores de las compañías]”, dijo el gigante de Redmond.

Bloomberg también detalló que el hacker jefe adolescente ha tenido información personal, incluida su dirección e información sobre sus padres, publicada en la red. Mucha de esa información desvelada por hackers rivales. Además, el grupo de ciberdelincuentes compartía sus objetivos en un canal de Telegram que tiene más de 45.000 seguidores. Microsoft reconoció, de hecho, que pudo interrumpir la descarga de su código porque Lapsus$ habló de ello públicamente en Telegram antes de completar la descarga.

Esta falta de discreción que ha ayudado a acelerar en la investigación podría ser el fin de la banda. O no, pues el prolífico grupo de hackers tras Laspus$ parece tener su sede en América Latina. Y se desconoce cuántas personas lo componen. De momento, este miércoles el grupo informaba a través de su canal en Telegram que algunos de sus miembros tienen “vacaciones hasta el 30/3/22”. “Gracias por entendernos. Intentaremos filtrar cosas lo antes posible”, decía el mensaje.

El padre del joven cerebro del grupo le dijo a la BBC que su familia estaba muy preocupada y estaban tratando de mantenerle alejado de los ordenadores. El adolescente, cuyo nombre no ha sido desvelado por ser menor de edad, asiste a una escuela de educación especial en Oxford, pues según la cadena británica es autista. "Nunca había oído hablar de nada de esto hasta hace poco. Nunca ha hablado el de ningún hackeo, pero es muy bueno con los ordenadores y se pasa mucho tiempo con ellos. Siempre pensé que estaba jugando", añadió el padre.

MÚLTIPLES TÉCNICAS PARA LOGRAR EL BOTÍN

Soborno. Las técnicas utilizadas por los miembros de Lapsus$ para atacar sus objetivos son múltiples. Además de usar la ingeniería social, sobornando o engañando a los empleados de las organizaciones objetivo o de los socios de estas, también pagan a empleados o personas que tengan información privilegiada de las empresas para que les sirvan de puerta de entrada a los sistemas informáticos de las mismas.

Redes. Fuentes consultadas por krebsOnSecurity aseguran que este grupo de ciberdelincuentes ha estado reclutando personas con información privilegiada de las empresas a las que querían atacar a través de múltiples redes sociales desde al menos noviembre de 2021. El año pasado, en Reddit ofrecían a los empleados de AT&T, T-Mobile y Verizon hasta 20.000 dólares por semana para realizar “trabajos internos”.

Tarjeta SIM. Precisamente, el grupo ha utilizado en ocasiones la técnica de SIM swapping para obtener acceso a cuentas clave en las organizaciones objetivo. Esta consiste en robar la identidad de una persona duplicando su tarjeta SIM del móvil. Otras veces han instalado el malware de robo de contraseñas Redline o han recurrido a la búsqueda de credenciales expuestas en repositorios de código público.

Extorsión. Se cree que uno de los miembros de Lapsus$ estuvo involucrado en un ataque a Electronic Arts el año pasado. Los extorsionadores le exigieron un pago a cambio de no publicar 780 GB de código fuente.

Fuente: cincodias.elpais.com

MECANICA CUANTICA. Con un portátil, vulnera contraseña propuesta para evitar ataque por computación cuántica

 Los institutos tecnológicos buscan fórmulas para garantizar la seguridad ante el avance de los nuevos sistemas de procesamiento

La seguridad ante la próxima irrupción de la computación cuántica —Jian-Wei Pan, el mayor experto en esta ciencia de China, cree que “los mayores avances llegarán en solo cinco años”— es una de las grandes preocupaciones de todos los sistemas de protección del mundo. El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de los Estados Unidos (NIST, por sus siglas en inglés) ha querido poner a prueba siete fórmulas de cifrado para averiguar su vulnerabilidad ante los nuevos sistemas de procesamiento. Ward Beullens, del centro de investigación IBM de Zúrich (Suiza), ha conseguido desvelar una clave encriptada en solo 53 horas y con un simple ordenador portátil.

El desafío llevó a siete modelos de encriptación al banco de pruebas. Se trataba de crear una técnica impenetrable para desarrollar fórmulas de transmisión invulnerables. El NIST recibió 69 propuestas, de las que solo llegaron a la final cuatro fórmulas de cifrado y tres de firma segura para la identificación y realización de transacciones financieras.

Uno de estos últimos tres modelos fue Rainbow, un sistema de firma que conlleva una clave secreta solo conocida por el usuario y que puede ser verificada por el destinatario. Ward Beullens descifró el sistema de acceso en poco más de un fin de semana y utilizando tan solo un ordenador portátil. Y es la segunda vez que Beullens lo consigue. Según afirma, “el ataque anterior también fue bastante severo y ya estaba claro que Rainbow no se estandarizaría”.

El investigador, autor de un estudio presentado en la Asociación Internacional para la Investigación Criptológica, explica: “Ambos ataques reducen el nivel de seguridad de la propuesta de Rainbow por debajo de los requisitos establecidos por el NIST. Sin embargo, nuestros ataques siguen siendo exponenciales y Rainbow se puede salvar aumentando los tamaños de los parámetros en una cantidad relativamente pequeña”.

En el análisis coinciden Ray Perlner y Daniel Smith-Tone, dos investigadores matemáticos involucrados en el proceso de estandarización del NIST, que analiza los sistemas candidatos para proporcionar seguridad contra la amenaza avanzada de las computadoras cuánticas. Según afirmaron ambos científicos en el NIST, antes del proceso de selección actual, “ninguno de los parámetros de Rainbow alcanza el nivel de seguridad reclamado”, pero admiten que son posibles pequeños cambios para que pueda cumplirlos.

No obstante, Dustin Moody, también del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, cree que “el asalto a Rainbow ha sido probado y, ahora, es poco probable que el método sea elegido como el algoritmo de firma final”.

La computación cuántica es una carrera en paralelo a los problemas de seguridad que generará. Por un lado, esta ciencia presenta un enorme potencial. Según el físico de la Universidad de Sevilla Adán Cabello, “permitirá comprobar la física cuántica en regiones que eran inaccesibles hasta ahora”. Pero también suponen un riesgo. Para Mark Webber, de la Universidad de Sussex y autor principal de una investigación en AVS Quantum Science, “las computadoras cuánticas son exponencialmente más poderosas para romper muchas técnicas de cifrado que las computadoras clásicas”.

Webber advierte que los cifrados que utiliza Bitcoin (algoritmo de firma digital de curva elíptica) algún día serán vulnerables a un ataque de computación cuántica, aunque matiza: “Hoy en día, incluso la supercomputadora más grande nunca podría representar una amenaza seria”.

Un ordenador convencional actual utiliza como unidad básica de información el bit (que puede tomar dos valores). En un ordenador cuántico, la unidad básica es el bit cuántico, o qubit, que posee un número infinito de estados. Según explica Webber, hoy en día solo las computadoras cuánticas de última generación tienen entre 50 y 100 qubits y, de acuerdo con la investigación de su equipo, se precisarían hasta 300 millones de qubits físicos para vulnerar la seguridad de Bitcoin.

Aunque parezca inalcanzable, el investigador cuántico de Sussex advierte que los avances futuros pueden reducir aún más los requisitos por las mejoras tanto de los algoritmos cuánticos como de los protocolos de corrección de errores: “Hace cuatro años, estimamos que un dispositivo de iones atrapados necesitaría 1.000 millones de qubits físicos para romper el cifrado RSA [la encriptación utilizada para la mayoría de comunicaciones seguras], lo que requeriría un dispositivo de 100 por 100 metros. Ahora, con mejoras en todos los ámbitos, esto podría ver una reducción dramática a un área de solo 2,5 por 2,5 metros”.

Y para Bitcoin también será un problema. Según Webber, “la red Bitcoin podría realizar técnicas de cifrado cuánticas seguras, pero esto puede resultar en problemas de escalado de la red debido a un mayor requisito de memoria”.

Para Jian-Wei Pan, la seguridad tiene que ser un aspecto significativo del desarrollo de la computación cuántica, pero cree que esta última debe ser la prioridad: “Construir un ordenador cuántico prácticamente útil y tolerante a los fallos es uno de los grandes desafíos para el ser humano. Me preocupa más cómo y cuándo construiremos uno. El desafío más formidable para construir una computadora cuántica universal a gran escala es la presencia de ruido e imperfecciones. Necesitamos usar la corrección de errores cuánticos y operaciones tolerantes a fallos para superar el ruido y escalar el sistema”.

Fuente: El Pais.com

IA. La última frontera. Inteligencia Artificial frente a Redes neuronales. ¿Puede aprender la IA algo de su propia historia?

 El superordenador de ajedrez Deep Blue fue eclipsado por la revolución de las redes neuronales, pero, 25 años después, quizá no haya dicho su última palabra.

Para los interesados en la inteligencia artificial (IA), la derrota en 1997 del gran maestro, Garri Kasparov, sonó como una campana. Newsweek lo describió como "La última batalla del cerebro", otro titular se refirió a Kasparov como "el defensor de la humanidad". Si la IA lograba vencer al ajedrecista con la mejor mente del mundo, los ordenadores, con IBM a la cabeza, podrían derrotarnos en todo.

Eso no sucedió, por supuesto. De hecho, 25 años después, cuando miramos hacia atrás podemos contemplar que la victoria de Deep Blue no fue tanto un triunfo de la IA sino una especie de sentencia de muerte. Fue un punto culminante para la inteligencia informática de la vieja escuela, la ardua elaboración manual de interminables líneas de código, que pronto iba a ser eclipsada por una forma rival de IA: la red neuronal, y en especial, la técnica conocida como "aprendizaje profundo".

Cuando IBM empezó a trabajar para crear Deep Blue en 1989, la IA no estaba en su mejor momento. Esta disciplina había pasado por varios ciclos de altibajos: del ascenso vertiginoso al colapso humillante.

La razón por la que fallaban, lo sabemos ahora, es que los creadores de IA intentaban manejar el desorden de la vida cotidiana utilizando la lógica pura.  Se imaginaban que así lo hacían los seres humanos. Y por eso, los ingenieros escribían con suma paciencia una regla para cada decisión que su IA tenía que tomar.

La IA construida a través de las reglas hechas a mano era "frágil". Cuando se encontraba en una situación extraña, se rompía. A principios de la década de 1990, los problemas con los sistemas expertos provocaron otro invierno de la IA.

La victoria de Deep Blue fue el momento que mostró lo limitados que pueden ser los sistemas codificados a mano. IBM había gastado años y millones de euros desarrollando un ordenador para jugar al ajedrez. Pero que no podía hacer otra cosa.

"Esta IA no trajo avances que tuvieran un gran impacto en el mundo", señala Campbell. Realmente no descubrieron ningún principio de inteligencia, porque el mundo real no se parece al ajedrez. "Hay muy pocos problemas en los que, como en el ajedrez, toda la información necesaria para tomar la decisión correcta esté disponible. La mayoría de las veces hay incógnitas y aleatoriedad", añade Campbell.

Pero mientras Deep Blue hacía morder el polvo a Kasparov, un puñado de  brillantes investigadores rudimentarios jugaban en sus garajes con una forma de IA mucho más prometedora: la red neuronal.

En el caso de las redes neuronales, la idea no era, como con los sistemas expertos, escribir con suma paciencia las reglas para cada decisión que una IA tenía que tomar, sino que el entrenamiento y el refuerzo establecieran conexiones internas, en una aproximación a cómo se cree que aprende el cerebro humano.

La idea existía desde la década de 1950. Pero entrenar una gran red neuronal requería ordenadores ultrarrápidos, mucha memoria y una enorme cantidad de datos. Nada de eso estaba disponible entonces. Incluso en la década de 1990, las redes neuronales se consideraban una pérdida de tiempo.

"En esa época, la mayoría de las personas involucradas en la IA pensaban que las redes neuronales eran una tontería", afirma el profesor emérito de Ciencias de la Computación de la Universidad de Toronto (Canadá) y pionero en el campo Geoff Hinton. "Me decían que yo era un verdadero creyente y no como un halago”, añade.

Pero en la década de 2000, la industria informática evolucionó e hizo que las redes neuronales fueran viables. El deseo de los jugadores de videojuegos de tener gráficos cada vez mejores creó una enorme industria de unidades de procesamiento de gráficos ultrarrápidas, que resultaron ser perfectamente adecuadas para las redes neuronales. Al mismo tiempo, se producía la gran explosión de Internet que generó un torrente de imágenes y texto que se podían aprovechar para entrenar los sistemas.

A principios de la década de 2010, estos avances técnicos permitieron que Hinton y su equipo de verdaderos creyentes llevaran las redes neuronales a nuevas alturas. Ya podían crear redes con muchas capas de neuronas (que es a lo que se refiere "profundo" en "aprendizaje profundo"). En 2012, su equipo ganó cómodamente la competición anual Imagenet, donde las IA compiten para reconocer elementos en imágenes, y asombró al mundo de la informática. Las máquinas de autoaprendizaje por fin eran viables.

Diez años después de la revolución del aprendizaje profundo, las redes neuronales y sus habilidades de reconocimiento de patrones han conquistado todos los rincones de la vida cotidiana. Ayudan a Gmail a autocompletar las frases, a los bancos a detectar los fraudes, permiten que las apps de fotos reconozcan automáticamente los rostros y, en el caso de GPT-3 de OpenAI y Gopher de DeepMind, escriben largos ensayos que parecen escritos por personas y resumen textos. Incluso están cambiando la forma en la que se hace ciencia: en 2020, DeepMind presentó su IA AlphaFold2, que puede predecir cómo se plegarán las proteínas, una habilidad sobrehumana que puede ayudar a guiar a los investigadores a desarrollar nuevos medicamentos y tratamientos.

Mientras tanto, Deep Blue desapareció, sin dejar inventos útiles a su paso. Resultó que jugar al ajedrez no era una habilidad informática necesaria en la vida cotidiana. "Lo que al final mostró Deep Blue fueron los límites de intentar hacer todo manualmente", señala el fundador de DeepMind, Hassabis.

IBM intentó remediar la situación con Watson, otro sistema especializado diseñado para abordar un problema más práctico: hacer que una máquina responda a las preguntas. Usaba el análisis estadístico de inmensas cantidades de texto para lograr una comprensión del lenguaje que era, para su época, de vanguardia. Era más que un simple sistema si A, entonces B. Pero Watson apareció en un momento desafortunado: fue eclipsado por la revolución en el aprendizaje profundo, que trajo una generación de modelos de procesamiento de lenguaje mucho más matizados que las técnicas estadísticas de Watson.

El aprendizaje profundo ha derrotado a la IA de la vieja escuela precisamente porque, según indica la exprofesora de la Universidad de Stanford (EE UU) Daphne Koller, "el reconocimiento de patrones es increíblemente poderoso". Koller fundó y dirige Insitro, que utiliza las redes neuronales y otras formas de aprendizaje automático para investigar nuevos tratamientos farmacológicos. La flexibilidad de las redes neuronales, la amplia variedad de maneras en las que se puede usar el reconocimiento de patrones, es la razón por la que todavía no ha habido otro invierno de la IA. "El aprendizaje automático realmente ha aportado valor", según Koller, algo que las anteriores oleadas de auge de la IA nunca habían logrado, en su opinión.

Las fortunas invertidas en Deep Blue y en las redes neuronales muestran que durante mucho tiempo fuimos muy torpes a la hora de juzgar qué era lo difícil y qué era lo valioso en la IA. Durante décadas, se pensó que dominar el ajedrez sería importante porque es verdad que jugar al ajedrez a un alto nivel es complicado para los humanos. Pero el ajedrez resultó ser bastante fácil para los ordenadores, porque es muy lógico.

Lo que para los ordenadores era mucho más difícil de aprender fue el trabajo mental casual e inconsciente que hacen los humanos, como mantener una conversación animada, conducir un coche con mucho tráfico o descubrir el estado emocional de un amigo. Nosotros hacemos estas cosas con tanta facilidad que rara vez nos damos cuenta de lo complicado que es y de la cantidad de criterios confusos y en escala de grises que requieren. La gran utilidad del aprendizaje profundo consiste en captar los pequeños fragmentos de esta inteligencia humana sutil y única.

Aun así, no hay una victoria final en la inteligencia artificial. El aprendizaje profundo puede estar en lo más alto actualmente, pero también va acumulando duras críticas.

"Durante mucho tiempo, existió un entusiasmo tecno-chovinista con la IA y la idea de que resolvería todos los problemas", asegura Meredith Broussard, programadora, profesora de Periodismo de la Universidad de Nueva York y autora de Artificial Unintelligence. Pero, tal como ella y otros críticos han señalado, los sistemas de aprendizaje profundo a menudo se entrenan con datos sesgados y absorben esos sesgos. Las investigadoras Joy Buolamwini y Timnit Gebru descubrieron que tres sistemas de IA visual disponibles comercialmente eran terribles en analizar los rostros de mujeres de piel más oscura. Amazon entrenó una IA para examinar los currículums, para luego descubrir que clasificaba peor a las mujeres.

Aunque los científicos informáticos y muchos ingenieros de IA son conscientes de estos problemas de sesgo en la actualidad, no siempre están seguros de cómo lidiar con ellos. Además, las redes neuronales también son "enormes cajas negras", afirma Daniela Rus, una veterana de IA que actualmente dirige el Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT. Después de entrenar una red neuronal, su mecánica no es fácil de comprender ni siquiera por su propio creador. No está claro cómo llega a sus conclusiones, o cómo podría fallar.

"Durante mucho tiempo, existió un entusiasmo tecno-chovinista con la IA y la idea de que resolvería todos los problemas"

Rus cree que puede que no sea un problema confiar en una caja negra para una tarea “que no sea crítica para la seguridad”. Pero, ¿qué pasa con un trabajo de mayor riesgo, como la conducción autónoma? "Es bastante sorprendente que hayamos depositado tanta confianza y fe en ellos", opina Rus.

Aquí es donde Deep Blue tenía una ventaja. El estilo de la vieja escuela de reglas hechas a mano pudo haber sido frágil, pero era comprensible. La máquina era compleja, pero no era un misterio.

Irónicamente, ese viejo estilo de programación podría presenciar una especie de regreso, ya que los ingenieros y los científicos informáticos empiezan a enfrentarse ya a los límites de la coincidencia de patrones.

Los generadores de lenguaje, como GPT-3 de OpenAI o Gopher de DeepMind, pueden tomar algunas frases escritas y continuar escribiendo páginas de prosa convincente. Pero a pesar de esa imitación impresionante, Gopher "todavía no entiende realmente lo que escribe", señala Hassabis. "No en un sentido real".

De manera similar, la IA visual puede cometer terribles errores cuando se encuentra con un caso extremo. Algunos coches sin conductor se han estrellado contra los camiones de bomberos estacionados en las carreteras, porque en los millones de horas de vídeo en los que habían sido entrenados, nunca se habían encontrado con esa situación. Las redes neuronales tienen otra versión del mismo problema de "fragilidad".

Lo que la IA realmente necesita para avanzar, como muchos científicos informáticos indican, es la capacidad de conocer los hechos sobre el mundo y razonar sobre ellos. Un coche autónomo no puede basarse únicamente en la coincidencia de patrones. También debe tener el sentido común: saber qué es un camión de bomberos y por qué ver uno estacionado en una carretera significa peligro.

El problema es que nadie sabe muy bien cómo construir las redes neuronales capaces de razonar o usar el sentido común. El científico cognitivo y coautor de Rebooting AI, Gari Marcus, considera que el futuro de la IA requerirá un enfoque "híbrido": las redes neuronales para aprender los patrones, pero guiadas por una lógica previa codificada manualmente. En cierto sentido, esto fusionaría los aportes de Deep Blue con los del aprendizaje profundo.

Los defensores incondicionales del aprendizaje profundo no están de acuerdo. Hinton cree que las redes neuronales deberían, a largo plazo, ser perfectamente capaces de razonar. Al fin y al cabo, los seres humanos lo hacen, "y el cerebro es una red neuronal". Usar lógica codificada a mano le parece una locura; se encontraría con el problema de todos los sistemas expertos, que es que nunca se puede anticipar todo el sentido común que le queremos dar a una máquina. El camino a seguir, según Hinton, es continuar innovando en las redes neuronales, para explorar nuevas estructuras y nuevos algoritmos de aprendizaje que imiten con mayor precisión cómo funciona el cerebro humano.

Los informáticos están abordando el problema desde distintos enfoques. En IBM, el desarrollador de Deep Blue, Campbell, está trabajando en una IA "neuro-simbólica" que funciona un poco como propone Marcus. El laboratorio de Etzioni está comenzando a intentar desarrollar módulos de sentido común para IA que incluyan tanto las redes neuronales entrenadas como la lógica informática tradicional. El futuro se puede parecer menos a una victoria de uno de los dos modelos (Deep Blue o las redes neuronales), y más a un enfoque Frankenstein: los dos métodos unidos.

Debido a que resulta probable que la IA esté aquí para quedarse, ¿cómo viviremos con ella? ¿Acabaremos derrotados al final, como Kasparov contra Deep Blue, por unas IA mucho mejores en las tareas de pensamiento con las que no podremos competir?

El propio Kasparov no lo cree. Poco después de su derrota ante Deep Blue, decidió que luchar contra una IA no tenía sentido. La máquina "pensaba" de una manera fundamentalmente inhumana, utilizando matemáticas de fuerza bruta. Siempre tendría mejor poder táctico a corto plazo.

Entonces, ¿por qué competir? ¿Por qué no colaborar?

Después de jugar contra Deep Blue, Kasparov inventó el "ajedrez avanzado", donde las personas y el silicio trabajan juntos. Una persona juega contra otra, pero cada una también maneja un ordenador portátil que ejecuta un software de ajedrez, para ayudar en los posibles movimientos del juego.

Cuando Kasparov comenzó a organizar las partidas de ajedrez avanzadas en 1998, descubrió rápidamente algunas diferencias fascinantes en el juego. Curiosamente, los aficionados no profesionales superaban las expectativas con su clasificación. En una partida de jugadores con ordenadores portátiles en 2005, dos de ellos ganaron el primer premio, superando a varios grandes maestros.

¿Cómo pudieron vencer a las mentes superiores del ajedrez? Porque entendieron mejor cómo colaborar con los ordenadores. Sabían cómo explorar opciones rápidamente y cuándo aceptar o no una sugerencia del sistema. Algunas ligas aún organizan estos torneos de ajedrez avanzado.

Kasparov argumenta que así es precisamente cómo debemos abordar el mundo emergente de las redes neuronales.

"El futuro consiste en encontrar las formas de combinar las inteligencias humana y artificial para alcanzar nuevas alturas y lograr cosas que ninguno podría conseguir solo por su cuenta", señala el gran maestro de ajedrez en un correo electrónico.

Las redes neuronales se comportan de manera diferente a los motores de ajedrez, por supuesto, pero muchos expertos están totalmente de acuerdo con la visión de Kasparov de la colaboración entre los humanos y la IA. Hassabis de DeepMind ve a la IA como un camino a seguir para la ciencia, que guiará a las personas hacia nuevos avances. "Creo que vamos a notar un gran florecimiento", asegura. "Empezaremos a ver cómo desafíos científicos a la altura de Premios Nobel caen uno tras otro". La empresa de Koller, Insitro, utiliza la IA de manera similar, como una herramienta de colaboración para los investigadores. "Estamos jugando un juego híbrido entre humanos y máquinas", señala Koller.

¿Llegará el momento en el que podamos construir una IA tan similar a la inteligencia humana en su razonamiento que las personas realmente tendrían menos que ofrecer, y la IA se haría cargo de todo el pensamiento? Quizá. Pero ni siquiera los científicos consultados, en la vanguardia de este campo, se atreven a predecir cuándo ocurrirá eso, si es que sucede.

Así que pensemos en el regalo final de Deep Blue, 25 años después de su famosa partida. Tras su derrota, Kasparov vislumbró cuál será el fin del juego entre la IA y los humanos. "Nos convertiremos en gestores de algoritmos y los utilizaremos cada vez más para impulsar nuestra producción creativa y nuestras almas aventureras", asegura.

Fuente: MIT