En este mundo que nos ha tocado vivir, todo se hace deprisa y no hay espera posible. Sin embargo, en política, los tiempos existen y debieran ser respetados, pero en demasiadas ocasiones, esto no ocurre.
A mi
entender, en ese contexto incluyo juicios como el del procés catalán y las investigaciones abiertas por la policía patriótica del PP de los gobiernos de Rajoy, contra Podemos, los juicios contra Begoña Gómez y David Sánchez (esposa y
hermano del Presidente del gobierno,
respectivamente), el juicio contra el exfiscal
general del Estado, Álvaro García Ortiz, y recientemente, el que se sigue
contra el expresidente Zapatero (en fase de instrucción) donde todos estos procesos
judiciales tienen en común que son auténticas cacerías políticas-judiciales y prospectivas
(prohibidos por ley) y que además, a base de retorcer la ley, son capaces de conseguir
dar apariencia de verdad, no desde las pruebas físicas sino de los razonamientos
lógicos. Pero ya decía Jaimito en un famoso chiste, donde hacía esta reflexión
al respecto: señores, la lógica no existe porque yo toco los timbres de los
portales, y no me llaman toca-timbres, me llaman “hijo puta”. Algo así
le está pasando al Presidente del Gobierno, cuando toca el timbre de la
conciencia ciudadana, avisando de la llegada del fascismo.
Después
de esta larga introducción quiero ir al meollo de la cuestión que sería determinar
el por qué, en una democracia hay que respetar los tiempos que marcan la
Constitución, pues sino ya no sería una democracia. No sé si me explico.
Bueno, vamos
a ver si poniendo un ejemplo me entienden. Si la Constitución Española dice
que una legislatura debe durar 4 años desde su inicio, y que el único que tiene
el privilegio para acortar su duración es el Presidente del gobierno, eso es así
porque lo dice la Carta Magna. El resto de congresistas y senadores (a no ser que los primeros pongan una moción de censura en el Congreso de Diputados) solo les
queda el recurso del pataleo, o dar un golpe de Estado judicial (que es lo que
está ocurriendo) porque el líder de la oposición tiene claro que es la última bala que le queda, antes que
le jubilen en su partido, y para su consuelo le diré al señor Feijóo, que estando jubilado no se
vive tan mal. Y fíjese le diría más, que se vive aún mejor que trabajando, y si
me apuran incluso le diría, que es mejor que optar a ganar unas elecciones
generales (la erótica del poder está sobrevalorada) pues siempre existe la posibilidad que pierda, y entonces pasaría a la
posteridad como otro candidato fracasado del PP que casi gobierna España.
CONCLUSIÓN
Pero lo peor lo he dejado para el final. Ya que concluyo este escrito reflexionando sobre el futuro del Partido Popular, muy necesario para la democracia española en modo centro-derecha, pero en la versión de extrema derecha actual, solo puede conducir a una alianza entre PP y Vox (ya anticipada por el líder del partido popular) que conlleva la posterior desaparición del partido popular al integrarse todos ellos en el partido ultra, que bien pudiera derivar en un futuro "frente populista y/o fascista" que está por venir.
Quedando entonces el centro político, huérfano y desprotegido, que el PSOE bien pudiera aprovechar para intentar captar esos valiosos votos, pues caso contrario, si se diese dicha situación, pobablemente la mayoría de estos votantes optarían por la abstención.
Fuente:
Editorial.
