31 de mayo de 2026

ESTUDIO Y OPINIÓN. De la economía en K y del papel de la confianza. Y de las implicaciones en la forma de vida de la ciudadanía.

Cuando la pandemia interrumpió la vida económica en 2020, el debate público buscó metáforas para describir lo que vendría después. 
La imaginación colectiva se dividió entre trayectorias: una en L —caída prolongada y estancamiento—, una V —recuperación rápida— o una W —rebrote seguido de nueva recesión—. 
Sin embargo, Peter Atwater, profesor de Economía en William & Mary, propuso y popularizó una figura distinta: la “economía en forma de K”. La idea no es solo que el PIB caiga y luego se recupere, sino que el proceso genera una bifurcación estructural de las trayectorias sociales: ciertos grupos progresan y amplían su ventaja, mientras otros no solo se rezagan, sino que enfrentan empeoramientos relativos respecto a 2019.

El corazón del argumento de Atwater es contundente: una recuperación no implica una recuperación para todos. La letra K expresa precisamente eso: dos mundos que se separan con el tiempo, y cuya distancia se vuelve cada vez más insalvable.

1. ¿Qué significa realmente “economía en K”?

La metáfora funciona porque no describe únicamente indicadores agregados (como el crecimiento del PIB), sino la experiencia cotidiana. Para Atwater, una economía en K se manifiesta en que los de arriba viven cambios que los favorecen en ámbitos como sanidad, educación, acceso a tecnología e incluso derechos judiciales, mientras que los de abajo ven cómo esos mismos sistemas, lejos de cerrarse, se abren hacia una desigualdad creciente. La K no es una simple diferencia de ingresos: es una diferencia de condiciones de vida y de oportunidades.

En ese sentido, la economía en K se parecería menos a un “bache” y más a una transformación de la estructura social: lo que ocurre durante la crisis (y su gestión) no reparte beneficios de forma simétrica; al contrario, consolida ventajas previas. Atwater incluso sugiere que la inteligencia artificial —en el marco actual— refuerza esa dinámica al acercar el futuro a una lógica de suma cero, donde los intereses de unos y otros tienden a volverse contrapuestos.

2. Desigualdad vs. economía en K: no basta con mejorar “por encima de cero”

El debate sobre desigualdad suele caer en una trampa conceptual: sostener que mientras la vida material de los grupos vulnerables mejore en términos absolutos, el problema sería menor. Atwater rechaza esa visión al señalar que la desigualdad puede crecer aunque las condiciones mejoren para algunos, si lo que ocurre es que los que ya estaban arriba avanzan más rápido, y sobre todo si el margen de movilidad social se estrecha.

Aquí aparece una distinción clave: en una economía en K no solo hay “brecha”, hay pérdida de puente. Las clases bajas pueden experimentar mejoras parciales, pero si las oportunidades para ascender se reducen, la sociedad se convierte en un sistema con mayor rigidez, y eso tiene consecuencias psicosociales y políticas.

Atwater formula ese punto de modo especialmente relevante: la pobreza no es solo una situación económica, sino también de desesperanza y desconfianza. Y esas emociones —cuando se normalizan— erosionan los vínculos con la democracia, el contrato social y la confianza en la justicia. En sus palabras, esto conduce a la violencia: no como destino inevitable, pero sí como posibilidad cuando la frustración deja de encontrar canales institucionales.

3. La red de seguridad como diferencia entre continentes

Uno de los aspectos más prácticos del argumento es la comparación entre Estados Unidos y Europa. Para Atwater, Europa —al menos en términos generales— habría gestionado mejor parte del shock al evitar que la gente cayera en la desesperanza mediante mecanismos de protección y red de seguridad.

Esta observación no es menor: una economía en K no depende solo del mercado, sino del modo en que los Estados traducen (o corrigen) el shock. La existencia de amortiguadores sociales puede no eliminar la bifurcación, pero sí limitar sus efectos más corrosivos: el tránsito hacia una forma de vida donde el futuro deja de parecer alcanzable.

4. Confianza, impotencia y el giro político

Atwater conecta la economía en K con su línea de investigación: la confianza y la forma en que la información influye en las decisiones. Según él, el mundo atravesó dos fases:

  1. Incertidumbre intensa (la fase pandémica).
  2. Una etapa posterior donde se instala un sentido de impotencia.

La pandemia, paradójicamente, permitió creatividad y agencia: durante ese periodo, muchas personas sintieron que podían recuperar control mediante soluciones adaptativas y redes de apoyo. Pero ahora —afirma— hay gente que se percibe más vulnerable que durante el propio confinamiento.

La recuperación de la confianza, entonces, no se lograría solo con discursos o con optimismo técnico, sino con experiencias colectivas que devuelvan control: mejores salarios, huelgas, organización, acciones donde el individuo o los grupos sientan que pueden influir en su destino.

En este punto, sugiere que esa acumulación de impotencia puede alimentar rechazo a figuras autoritarias, como ocurrió con la reacción política que menciona en Hungría. La confianza, para Atwater, se recupera cuando el poder percibido aumenta: cuando las personas vuelven a sentir que “pueden”.

5. Trump, mercados y el “empoderamiento” de los ricos

La economía en K no es una abstracción: tiene concreciones políticas. Atwater vincula su expresión a la segunda administración de Donald Trump en Estados Unidos. Señala que el segundo mandato habría empoderado particularmente a los más ricos, reflejado incluso en el simbolismo de la ceremonia de toma de posesión: probablemente más millonarios presentes que nunca.

A ello suma medidas como la desregulación, el auge de mercados financieros y la creencia de que el gobierno acabará acomodándose a los intereses de los mercados. Para Atwater, esa etapa reforzaría un escenario que define como “edad de oro” para los ricos.

Pero también lee una señal inversa: la elección de un alcalde socialista y populista como Zoran Mamdani en Nueva York sería un indicador de que quienes no pertenecen a las élites están cada vez más frustrados. La K, en su lectura, no solo crea ganadores: también genera una energía política de corrección, a veces canalizada por opciones populistas.

6. Energía, alimentación y la fragilidad del establishment

La dimensión europea de la economía en K reaparece en el análisis del precio de la energía, afectada por dos “choques” en pocos años: la invasión rusa de Ucrania y el conflicto en Oriente Próximo. Atwater advierte que, si no bajan la energía y con ella los alimentos, podría producirse un cambio de tono político hacia el populismo.

Esto introduce una tesis de fondo: una economía en K es desestabilizadora para quienes sostienen el orden existente. No necesariamente porque destruya el sistema de inmediato, sino porque amplifica tensiones y hace más probable que el público demande soluciones distintas a las habituales.

7. Consumo, lujo y la “ceguera” de los de arriba

Finalmente, Atwater observa el mundo del consumo y la adaptación empresarial. Aunque el lujo existía, la novedad sería su mayor visibilidad y aislamiento. Propone que en sectores como las aerolíneas, la rentabilidad depende fuertemente del extremo alto: quienes pagan precios “exorbitantes” por viajar pueden permitir que el negocio sobreviva o incluso crezca.

Para describir la estructura de riesgo utiliza una imagen: una torre Jenga. Si el apoyo de abajo se quita y el peso recae en la parte alta, la torre puede parecer sólida, pero se vuelve más frágil. La prosperidad del lujo puede esconder vulnerabilidad sistémica: el negocio depende de un “segmento” que sufre menos el golpe en el corto plazo, pero que también está más expuesto a cambios abruptos del contexto.

Además, apunta a un efecto social: los de arriba terminan viendo “solo su propio reflejo”. La multiplicación de vuelos privados, accesos diferenciados en estadios y espacios segregados reduce la interacción con el resto. En paralelo, los de abajo sí observan ese estilo de vida a través de redes sociales: allí se produce un choque cultural que intensifica la sensación de desigualdad, no solo como dato, sino como realidad emocional.

RESUMEN  

La economía en K como síntoma de una sociedad que bifurca futuros

La economía en forma de K, tal como la plantea Peter Atwater, no es una proyección ingeniosa para hablar de recuperación postcrisis. Es un diagnóstico: la crisis actúa como acelerador de una tendencia previa o latente, y la recuperación no repara la desigualdad de manera automática. Donde muchos veían “salidas” económicas (L, V o W), él subraya que la salida real es social: se abren caminos divergentes que abarcan salud, educación, tecnología y poder judicial.

En el centro del argumento está la confianza. Cuando la sociedad pasa de la incertidumbre a la impotencia, cuando la gente percibe que no puede cruzar el umbral hacia una vida mejor, emergen tanto tensiones políticas como deseos de cambio, a veces canalizados por opciones populistas o por rechazo a autoridades. La K, entonces, no solo describe la distribución de la riqueza: describe la distribución de futuro.

Si la crisis enseña algo, es que la prosperidad de unos no garantiza estabilidad para todos. Y si no se corrigen los mecanismos que hacen más rígida la movilidad social, la letra K puede dejar de ser metáfora y convertirse en destino.

Fuente: El Pais.com 

CONCLUSIÓN (opinión)

Respecto a como va a afectar a España la economía en K.

Depende quien gane las próximas elecciones generales:

  • En el primer escenario, caso gane las elecciones los partidarios de la ideología neocón, impulsores de la economía en K (ver Anexo I).- No solo nada mejorará, sino que todo irá a peor, puesto que quedará demostrado que la “prioridad nacional” servirá, además de para expulsar a extranjeros que viven en España, también valdrá, para que Partido popular y Vox se llenen los bolsillos, más todavía. Puesto que, al rebajar la fiscalidad a la clase alta y a la patronal, indirectamente obligarán a que los impuestos de la clase trabajadora financien casi en exclusiva los Servicios Públicos (Sanidad, Educación, Servicios Sociales y Pensiones)
  • En el segundo escenario, caso gane las elecciones la izquierda y sigan gobernando.-El ascensor social será reparado, y el problema de la vivienda continuará avanzando en una solución, que principalmente favorezca a personas trabajadoras, pensionistas y también a los más desfavorecidos, legislando para obligar a las Comunidades autónomas a aplicar la normativa que existe respecto la compra y el alquiler de vivienda, en el sentido de topar los precios, de manera que permita acceder a la ciudadanía a una vivienda digna, tal y como señala el artículo 47 de la Constitución Española.

ANEXO I

El término neocón es un acortamiento coloquial de neoconservador. Designa a una corriente ideológica nacida en Estados Unidos que defiende el capitalismo de libre mercado, el conservadurismo social y una política exterior fuertemente intervencionista para promover la democracia.

Orígenes y Evolución

  • Década de 1960.- El movimiento surgió en EE. UU. de la mano de intelectuales liberales y de izquierda que se desencantaron con los excesos del estado del bienestar y el giro pacifista de la época.
  • Años 80 en adelante.- Se consolidó como una fuerza impulsora de la derecha tradicional, ganando gran influencia durante los gobiernos de Ronald Reagan y, posteriormente, en la administración de George W. Bush.

Características Principales

  • Política exterior agresiva.- Creen que el país debe usar su poder militar y económico para intervenir en asuntos globales, a menudo bajo la justificación de defender o exportar la democracia.
  • Liberalismo económico.- Fuerte respaldo al libre mercado y al capitalismo, defendiendo la reducción del intervencionismo estatal en la economía doméstica.
  • Conservadurismo cultural.- Defienden los valores morales, cívicos y religiosos tradicionales frente a lo que consideran una degradación provocada por movimientos sociales o contracultural.

Fuente: Medios digitales.