Rusia podría estar aportando inteligencia a Irán. Mientras China podría estar esperando, para conseguir ventajas geopolíticas de la demostración de fuerza de Trump en Oriente Medio.
Más allá del enfrentamiento directo entre Washington y Teherán, el conflicto se ha convertido en un escenario donde otras potencias, como Rusia y China, observan y actúan en función de sus propios intereses estratégicos.
Informaciones de inteligencia citadas por The Washington Post sugieren que Moscú estaría proporcionando a Irán información sobre la ubicación de activos militares estadounidenses, mientras que Pekín adopta una postura más prudente, evitando una implicación directa.
Sin embargo, la aparente neutralidad china no
implica pasividad: el nuevo conflicto puede ofrecerle oportunidades estratégicas
importantes. En este contexto, la guerra no solo refleja una confrontación
regional, sino también un episodio más de la competencia global entre grandes
potencias.
En
primer lugar, la posible cooperación entre Rusia e Irán refleja la convergencia
de intereses entre ambos países frente a Estados Unidos. Según funcionarios
familiarizados con información de inteligencia, Moscú habría compartido con
Teherán datos sobre la ubicación de buques y aeronaves estadounidenses desde el
inicio de la guerra. Aunque el alcance exacto de esta asistencia no está claro,
el simple hecho de que exista sugiere un intento de Rusia por debilitar la
capacidad operativa estadounidense sin implicarse directamente en el conflicto.
Este comportamiento encaja dentro de la lógica de la guerra indirecta o de
poder por delegación, en la cual las potencias evitan enfrentamientos directos
pero apoyan a actores que desafían a su rival estratégico.
La
postura rusa también debe entenderse en el marco de su rivalidad más amplia con
Occidente. Desde el inicio de la ofensiva, Moscú ha condenado las acciones de
Estados Unidos e Israel y ha solicitado el cese de las hostilidades. No
obstante, más allá de la retórica diplomática, la ayuda de inteligencia a Irán
permitiría a Rusia erosionar la influencia estadounidense en la región y
aumentar el coste militar de la intervención estadounidense. En otras palabras,
Moscú podría estar utilizando el conflicto como una forma de desgastar a su
principal adversario geopolítico sin asumir riesgos directos.
Por
otro lado, la estrategia de China parece ser mucho más cautelosa. A diferencia
de Rusia, Pekín no ha mostrado señales claras de apoyar militarmente a Irán,
pese a la estrecha relación entre ambos países. La postura oficial china se ha
limitado a condenar los ataques y pedir un alto el fuego, una reacción que
encaja con la narrativa habitual de China como defensora de la estabilidad
internacional y del respeto al derecho internacional. Sin embargo, esta
retórica también oculta un cálculo estratégico más profundo.
El
conflicto ofrece a China una oportunidad geopolítica importante: mientras
Estados Unidos concentra recursos militares, políticos y económicos en Oriente
Medio, disminuye su capacidad para proyectar poder en Asia. Este desplazamiento
de prioridades podría beneficiar especialmente a Pekín en cuestiones clave como
Taiwán, cuya relevancia estratégica podría descender en la agenda
estadounidense. En este sentido, la guerra contribuye a dispersar la atención
estratégica de Washington, lo que reduce la presión sobre China en su propio
entorno regional.
Además,
el conflicto tiene implicaciones significativas para la competencia tecnológica
y militar entre ambas potencias. La ofensiva estadounidense consume grandes
cantidades de armamento avanzado, incluidos sistemas de defensa antimisiles
Patriot y THAAD, así como aviones de combate F-35. Estos sistemas dependen en
gran medida de semiconductores y materiales estratégicos como el galio, un
mineral cuyo suministro global está dominado por China. En consecuencia, cada
despliegue militar estadounidense no solo implica un gasto económico
considerable, sino también un desgaste de recursos cuya reposición depende, en
parte, de cadenas de suministro controladas por Pekín.
Desde
esta perspectiva, la guerra puede reforzar la posición estratégica de China en
la competencia industrial y tecnológica con Estados Unidos. Si Washington se ve
obligado a aumentar la producción de armamento mientras continúa dependiendo de
minerales críticos controlados por su rival, la capacidad de negociación de
Pekín se fortalece. Esta dinámica ya quedó patente durante la guerra
arancelaria entre ambos países, cuando China restringió la exportación de
galio, provocando tensiones en las cadenas de suministro globales.
No
obstante, el conflicto también plantea riesgos para China, especialmente en el
ámbito energético. El país asiático es el principal comprador de petróleo iraní
transportado por vía marítima, adquiriendo aproximadamente el 80% de esas
exportaciones. En términos generales, el crudo iraní representa alrededor del
13% de las importaciones marítimas de petróleo de China. Una interrupción
prolongada de este suministro podría obligar a Pekín a recurrir a fuentes más
caras, lo que complicaría su estrategia económica en un momento en que la
demanda energética aumenta, impulsada en parte por la expansión de los centros
de datos y la inteligencia artificial.
Aun
así, China ha intentado anticiparse a posibles crisis energéticas acumulando
reservas estratégicas de petróleo. Según datos recientes, más del 80% del
incremento de las importaciones de crudo del país en 2025 se destinó a
almacenamiento. Esta política permite a Pekín resistir temporalmente
interrupciones en el suministro y amortiguar los efectos de una subida de
precios. De hecho, algunos analistas sostienen que un aumento significativo del
precio del petróleo podría afectar más a Estados Unidos, especialmente si
alimenta la inflación en un contexto político marcado por elecciones de mitad
de mandato.
En conjunto, la situación actual revela cómo los conflictos regionales se integran en una dinámica global de competencia entre grandes potencias.
Rusia busca aprovechar la guerra para debilitar indirectamente a Estados Unidos, mientras que China adopta una postura más calculada, evitando implicarse directamente pero beneficiándose de las consecuencias estratégicas del conflicto.
Al mismo
tiempo, Washington corre el riesgo de dispersar sus recursos militares en
múltiples frentes, lo que podría reducir su capacidad para responder a desafíos
en otras regiones clave.
En conclusión, la guerra en Oriente Medio no solo representa un episodio de confrontación regional, sino también un escenario donde se manifiestan las tensiones estructurales del sistema internacional contemporáneo. Rusia intenta erosionar la influencia estadounidense mediante apoyo indirecto a Irán, mientras que China observa y calcula, consciente de que cada recurso estadounidense gastado lejos de Asia puede reforzar su propia posición estratégica.
En este complejo tablero geopolítico, el conflicto demuestra cómo
las guerras locales pueden convertirse en piezas de una competencia global
mucho más amplia.
POSDATA
Según The New York Times, el ejército de Estados Unidos podría ser responsable de la muerte de cerca de 180 niñas y niños, tras el bombardeo de la escuela donde estaban el primer día de la guerra, lo cual de confirmarse, sería un crimen de guerra.
De
acuerdo con investigaciones recientes del The New York Times, se ha determinado que las fuerzas de
Estados Unidos son probablemente responsables del bombardeo a la escuela
primaria de niñas hajarah Tayyebeh en Minab, al sur de Irán,
ocurrido el 28 de febrero de 2026.
Los
puntos clave sobre este incidente son:
- Víctimas.- El ataque causó la muerte de entre 175 y 180 personas, la gran mayoría niñas de entre 7 y 12 años que se encontraban en clase en el momento del impacto.
- Investigación de NYT- Mediante el análisis de imágenes satelitales y videos verificados, el diario concluyó que el ataque se produjo de manera simultánea, a operación estadounidense contra base naval adyacente, de la Guardia Revolucionaria.
- Postura de EE. UU.- El Secretario de Guerra, Pete Hegseth, confirmó que el Departamento de Defensa está investigando el suceso, aunque inicialmente se había sugerido que las fuerzas israelíes podrían haber sido las responsables.
- Implicaciones legales.- La ONU y diversos expertos en derecho internacional han solicitado investigación exhaustiva, señalando que, de confirmarse la incorrecta verificación del estatus civil del edificio, el ataque podría constituir un crimen de guerra.
Este evento es considerado, como uno de los ataques aéreos más letales
contra menores en la historia reciente, y ha generado una condena internacional
generalizada.
Fuente: El Diario.es
