6 de marzo de 2026

POLITICA ESPAÑOLA. Feijóo diseña su estrategia en política internacional con mismos asesores de Aznar en la guerra de Irak, y así nos va.

 En el día internacional de la mujer, hemos pasado del “me gusta la fruta” de PP y Vox, al “me gusta la guerra, los bulos y la violencia de género (ver abajo Anexo I)” de Aznar, Ayuso, Feijóo y Abascal.

Del eco del “No a la guerra”: memoria política y debates actuales

El lema “No a la guerra” se convirtió en uno de los símbolos más potentes de la movilización social en España a comienzos del siglo XXI. 

En 2003, millones de ciudadanos salieron a las calles para protestar contra la invasión de Irak liderada por Estados Unidos y apoyada por el Gobierno español de José María Aznar. Aquellas protestas no solo cuestionaban la legitimidad de la intervención militar, sino también las razones que la justificaban, especialmente la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en Irak, que con el tiempo se demostró que no existían. Dos décadas después, ese mismo lema ha sido recuperado en el debate político español, evidenciando cómo ciertos episodios del pasado siguen influyendo en la política internacional y nacional.

En este contexto, el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha vuelto a invocar el mensaje “No a la guerra” para expresar su rechazo a un posible ataque contra Irán. Su postura surge en respuesta a las advertencias del presidente estadounidense, Donald Trump, dirigidas a los países que no respalden una eventual intervención. Sánchez ha dejado claro que está dispuesto a mantener su posición frente a Washington si lo considera necesario, apelando a la experiencia histórica y a la necesidad de evitar errores del pasado.

Para comprender el peso simbólico de esta discusión es imprescindible recordar el episodio conocido como la “foto de las Azores”. El 16 de marzo de 2003, Aznar se reunió con el presidente estadounidense George W. Bush y el primer ministro británico Tony Blair en la base aérea de Lajes, en el archipiélago portugués de las Azores, con la presencia del entonces primer ministro portugués José Manuel Durão Barroso como anfitrión. De aquella reunión surgió un ultimátum dirigido al presidente iraquí Sadam Husein: si Irak no procedía a su desarme, una coalición internacional intervendría militarmente. Apenas cuatro días después comenzó la ofensiva conocida como “Operación Libertad Iraquí”.

La reunión simbolizó la alineación de España con la estrategia de Washington y Londres, una decisión que generó una profunda división tanto en la sociedad española como en el ámbito internacional. Algunos aliados occidentales relevantes, como Francia, se opusieron a la intervención. Sin embargo, Aznar defendía que la acción militar contaba con respaldo en resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas y que España debía asumir un papel más relevante en el escenario global, una ambición que él mismo describía como la necesidad de sacar al país del “rincón de la historia”.

El papel de los asesores y diplomáticos también fue clave en la configuración de aquella política exterior. Entre ellos destacaron Ramón Gil-Casares e Ildefonso Castro, quienes ocuparon posiciones relevantes en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Gil-Casares, asesor principal de Aznar en política exterior y posteriormente secretario de Estado de Asuntos Exteriores, defendió públicamente la tesis de las armas de destrucción masiva que sirvió para justificar la invasión. Años después, sería nombrado embajador de España en Estados Unidos durante el Gobierno de Mariano Rajoy y más tarde recuperado como asesor en asuntos internacionales por el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Por su parte, Castro ejercía como jefe de gabinete en la Secretaría de Estado de Asuntos Exteriores durante el conflicto.

La invasión de Irak se desarrolló con rapidez en sus primeras fases. El régimen de Sadam Husein cayó en pocas semanas, aunque el líder iraquí permaneció oculto durante meses hasta su captura en diciembre de 2003. Tres años más tarde sería ejecutado. Sin embargo, el conflicto no terminó con la caída del régimen, sino que dio paso a un prolongado periodo de inestabilidad política y violencia en el país.

Dentro del propio Gobierno español también surgieron discrepancias. El entonces vicepresidente económico, Rodrigo Rato, expresó su desacuerdo con el envío de tropas españolas a Irak, lo que evidenciaba que la decisión no contaba con unanimidad incluso en el seno del Ejecutivo. Estas tensiones reflejaban el intenso debate político que generó la participación española en la guerra.

Con el paso del tiempo, la guerra de Irak se ha convertido en un referente histórico para evaluar decisiones de política exterior y el papel de España en los conflictos internacionales. La ausencia de las armas de destrucción masiva que justificaron la intervención dañó la credibilidad de los argumentos iniciales y reforzó el recuerdo de las movilizaciones ciudadanas de 2003.

Hoy, cuando el lema “No a la guerra” vuelve a aparecer en el debate público, no se trata solo de una consigna pacifista. Es también un recordatorio de las consecuencias políticas y humanas de decisiones tomadas en contextos de tensión internacional. La memoria de la guerra de Irak continúa influyendo en la forma en que España aborda los conflictos globales y en cómo la sociedad evalúa el papel de sus dirigentes en la escena internacional

Fuente: El Plural.com

España, Chipre y la defensa europea en el Mediterráneo oriental

España enviará la fragata ‘Cristóbal Colón’ a Chipre ante los ataques de Irán, que llegará el 10 de marzo como escolta del portaviones francés ‘Charles de Gaulle’

La decisión de España de enviar la fragata Cristóbal Colón al Mediterráneo oriental marca un movimiento significativo dentro de la política de seguridad europea. El despliegue del buque español, que operará junto al portaaviones francés Charles de Gaulle y unidades navales griegas, responde a la petición de apoyo realizada por Chipre tras los ataques que ha sufrido por parte de Irán y la milicia libanesa Hezbolá. Según el Ministerio de Defensa, esta operación demuestra el compromiso de España con la defensa de la Unión Europea y, en particular, con la protección de su frontera oriental.

La decisión española se produce en un contexto de creciente tensión en Oriente Próximo. Chipre se ha visto afectado por ataques con drones, como el que impactó en la base británica de Akrotiri y obligó a cancelar una reunión de ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea prevista en la isla. Ante esta situación, el Gobierno chipriota solicitó apoyo a sus socios europeos, generando una respuesta coordinada de varios países. Grecia ha enviado fragatas y cazas F-16, Francia ha desplegado el portaaviones Charles de Gaulle, y el Reino Unido ha reforzado su presencia militar. España se suma ahora a esta movilización con el envío de su fragata más moderna.

El Gobierno español ha querido subrayar la diferencia entre este despliegue y otros escenarios militares recientes. Fuentes gubernamentales han explicado que la negativa de España a apoyar la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán —y a permitir el uso de las bases de Morón y Rota para esa operación— no contradice la decisión de ayudar a Chipre. Según esta interpretación, la intervención contra Irán constituiría un acto de agresión sin cobertura jurídica clara en el derecho internacional, mientras que el apoyo a Chipre se enmarca en un acto de solidaridad con un socio europeo que solicita ayuda ante un ataque exterior. De este modo, el Gobierno defiende que una acción debilita el orden internacional y la otra refuerza la cohesión y la seguridad europeas.

La fragata Cristóbal Colón se encontraba inicialmente participando en ejercicios navales junto al grupo aeronaval francés, realizando tareas de escolta y adiestramiento avanzado. En principio no estaba previsto que acompañara al Charles de Gaulle en su despliegue hacia el Mediterráneo oriental. Sin embargo, tras conversaciones entre la ministra de Defensa española, Margarita Robles, y su homóloga francesa, Catherine Vautrin, el Gobierno español decidió que el buque se integrara en el grupo naval que se dirige hacia las costas de Creta. Durante su tránsito, el buque de aprovisionamiento Cantabria suministrará combustible a las unidades desplegadas.

La misión de la fragata española será principalmente defensiva. Su tarea consistirá en ofrecer protección y defensa aérea, complementando las capacidades de otras fuerzas desplegadas en la región, como la batería de misiles Patriot que el Ejército español mantiene en Turquía. Además, el buque estará preparado para colaborar en la evacuación de civiles si el conflicto se intensifica y pone en riesgo a ciudadanos europeos en la zona.

Desde el punto de vista militar, la Cristóbal Colón (F-105) representa uno de los activos más avanzados de la Armada española. Entregada en 2012, mide 146,7 metros de eslora y desplaza más de 6.000 toneladas. Está equipada con el sistema de combate Aegis y con misiles SM-2 y ESSM, capaces de interceptar aviones y misiles a gran distancia. Su dotación habitual supera los 200 tripulantes y puede reforzarse con equipos especializados para operaciones complejas. Estas capacidades la convierten en una plataforma adecuada para misiones de defensa aérea y protección de flotas.

La decisión de enviar este buque refleja también la dimensión política del conflicto. Chipre no pertenece a la OTAN, pero sí a la Unión Europea, lo que convierte su seguridad en una cuestión relevante para la política exterior y de defensa europea. Además, el país ocupa actualmente la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea, lo que añade un elemento simbólico a la respuesta de los socios comunitarios.

En definitiva, el despliegue de la fragata Cristóbal Colón ilustra cómo España intenta equilibrar sus principios de política exterior con sus compromisos europeos. Al rechazar participar en una ofensiva militar que considera contraria al derecho internacional, pero al mismo tiempo responder a la petición de ayuda de un Estado miembro de la UE, el Gobierno busca proyectar una imagen de defensa del multilateralismo y de la seguridad colectiva europea. En un escenario internacional cada vez más inestable, este tipo de decisiones muestran cómo la política de defensa se convierte también en un instrumento de posicionamiento diplomático y estratégico dentro de Europa.

Fuente: El País.com

Manipulación informativa y tensión política en la política exterior española

El PP manipula un vídeo de Margarita Robles para acusar al Gobierno de apoyar a Trump

En los últimos años, el debate político en España se ha visto cada vez más condicionado por la difusión de informaciones manipuladas y la instrumentalización de fragmentos de vídeo o declaraciones fuera de contexto. Un ejemplo reciente de esta dinámica ha surgido a raíz del encuentro entre la ministra de Defensa, Margarita Robles, y el embajador de Estados Unidos en España, Benjamín León Jr. Lo que inicialmente era una reunión diplomática rutinaria terminó convirtiéndose en objeto de controversia política tras la difusión de un vídeo editado que, según el Gobierno, tergiversa las palabras de la ministra.

La reunión tuvo lugar en la tarde de un miércoles y estaba programada con anterioridad a unas declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, en las que amenazaba a España. Como es habitual en este tipo de encuentros, la cita se celebró a puerta cerrada, aunque durante los momentos previos se permitió a los medios tomar imágenes de recurso. Fue precisamente durante ese breve lapso de tiempo cuando se grabaron unas palabras informales de Robles dirigidas al embajador y a su equipo, preguntándoles si deseaban tomar algo y si la calefacción de la sala estaba a su gusto. La ministra, que se definió a sí misma como “muy friolera”, incluso ofreció apagarla si resultaba incómoda.

Sin embargo, la polémica surgió cuando algunos medios de orientación conservadora y dirigentes del Partido Popular difundieron un fragmento alterado de ese momento. En la versión difundida, el vídeo se corta en medio de una frase de Robles, lo que permite interpretar de manera interesada sus palabras. Además, según denuncian desde el Gobierno, se añadieron subtítulos que sugerían que la ministra había afirmado: “no, no, yo estoy con Trump, lo que pasa que a veces aquí la gente”. Desde el Ministerio de Defensa y desde Moncloa se ha negado rotundamente esta interpretación, señalando que lo que realmente decía Robles era que ella estaba “cómoda” en la sala, en referencia al ambiente y la temperatura.

El Ejecutivo ha calificado el episodio como una “manipulación interesada” de una conversación trivial y de cortesía. Según fuentes gubernamentales, convertir una charla circunstancial sobre bebidas o calefacción en una declaración política constituye una distorsión deliberada de la realidad. Para Moncloa, este tipo de prácticas no solo representan una mentira, sino que además evidencian la falta de argumentos políticos sólidos por parte de quienes recurren a ellas.

Este episodio se enmarca en un contexto de fuerte confrontación política. El líder del Partido Popular ha reiterado en diversas ocasiones que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, “siempre miente”, una acusación que forma parte de una estrategia discursiva basada en la deslegitimación personal del adversario político, propia de la extrema derecha. Paralelamente, el propio líder popular ha criticado la supuesta incoherencia del Ejecutivo al defender públicamente una posición de “no a la guerra” mientras España mantiene compromisos militares con aliados internacionales.

La controversia se ha intensificado en relación con la posible participación española en misiones de apoyo en el Mediterráneo oriental, particularmente en torno a Chipre. Ante estas críticas, Margarita Robles explicó en una entrevista que existe una diferencia fundamental entre una misión de ataque y una misión de defensa. Según la ministra, España mantendrá siempre su compromiso con la Unión Europea y con los principios de paz y seguridad colectiva. En caso de que socios europeos soliciten apoyo, el Gobierno estudiará la situación y tomará las decisiones oportunas dentro del marco de sus obligaciones internacionales.

En la misma línea, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, subrayó que cualquier posible apoyo militar a Chipre sería una cuestión a valorar en el contexto de la solidaridad entre socios de la Unión Europea. No obstante, insistió en que este tipo de cooperación defensiva no debe confundirse con la participación en una agresión militar, como el conflicto iniciado por Estados Unidos e Israel contra Irán.

El aumento de la tensión regional ha tenido ya repercusiones en el ámbito de la OTAN. Recientemente se interceptó un misil dirigido hacia el espacio aéreo de Turquía, país miembro de la Alianza Atlántica. Aunque Irán ha negado ser responsable del lanzamiento, el incidente ha puesto de manifiesto el riesgo de escalada en la zona. Robles confirmó que el misil fue monitorizado por la batería Patriot desplegada por el Ejército español en Adana, en el sur de Turquía, desde hace aproximadamente una década. Según explicó la ministra, la información proporcionada por este sistema permitió que un destructor estadounidense en el Mediterráneo oriental procediera a su interceptación.

En este contexto de creciente tensión internacional, la ministra también aclaró el contenido de su reunión con el embajador estadounidense. Según Robles, transmitió a Benjamín León Jr. un mensaje claro: España sigue siendo un país firmemente comprometido con sus aliados. No obstante, también le comunicó que el Gobierno español no autorizará el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones estadounidenses relacionadas con el conflicto contra Irán.

En definitiva, el episodio refleja cómo, en el actual clima político, incluso una conversación protocolaria puede convertirse en objeto de confrontación y manipulación. La difusión de contenidos editados o sacados de contexto no solo distorsiona el debate público, sino que contribuye a erosionar la confianza ciudadana en la información política. En un momento marcado por tensiones internacionales y decisiones estratégicas complejas, el rigor informativo y la responsabilidad política se vuelven más necesarios que nunca.

Fuente: rtve.es

ENCUESTAS. Los españoles dicen ‘no a la guerra’, aprueban el papel de Sánchez y condenan a Feijóo

El antibelicismo de la sociedad española frente a la deriva de las derechas belicistas que se pierden en su apoyo cerrado a Trump y Netanyahu

La sociedad española ha mostrado históricamente una fuerte inclinación hacia el antibelicismo y hacia la defensa de los pueblos que sufren las consecuencias de conflictos internacionales. Esta actitud hunde sus raíces en la memoria colectiva de un país que conoce bien los efectos devastadores de la guerra y que, por ello, suele posicionarse con firmeza frente a las intervenciones militares que arrasan territorios enteros bajo el pretexto de defender la libertad. En este contexto, amplios sectores de la ciudadanía continúan enarbolando el lema del “no a la guerra” y observan con preocupación cómo determinadas fuerzas políticas se alinean con políticas belicistas en el ámbito internacional.

En la actualidad, este contraste se refleja especialmente en la postura de los partidos de la derecha española. Mientras que una parte importante de la opinión pública expresa su rechazo a las operaciones militares impulsadas por Estados Unidos e Israel en Oriente Próximo —que han provocado graves consecuencias humanitarias en territorios como Palestina, Líbano o Irán—, los principales partidos conservadores, el Partido Popular (PP) y Vox, han mostrado posiciones más cercanas a dichas actuaciones. Esta distancia entre la dirigencia política y la opinión de la ciudadanía ha generado un debate intenso sobre el papel que España debe desempeñar en el escenario internacional.

El llamado “antisanchismo”, que constituye uno de los ejes del discurso político de la oposición conservadora, ha llevado en muchas ocasiones a atribuir al Gobierno central responsabilidades por problemas de muy distinta índole, desde cuestiones locales hasta decisiones de política internacional. Sin embargo, esta estrategia encuentra límites cuando se enfrenta a la percepción mayoritaria de la ciudadanía en temas de gran trascendencia, como los conflictos armados y el respeto al derecho internacional. Cuando líderes internacionales como Donald Trump o Benjamín Netanyahu adoptan decisiones controvertidas que vulneran normas internacionales, una parte importante de la sociedad española espera que su país mantenga una posición independiente y crítica, en lugar de alinearse automáticamente con esas potencias.

Los datos de opinión pública reflejan claramente esta tendencia. Según una encuesta flash realizada por 40db y publicada por El País y la Cadena SER, el 68,2% de los españoles rechaza la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel, mientras que solo el 23,2% la apoya. El resto de los encuestados opta por no pronunciarse. Aunque el rechazo es especialmente elevado entre quienes se identifican con partidos de izquierda —como PSOE, Podemos o Sumar—, también aparece con fuerza entre votantes de derecha, particularmente entre simpatizantes del PP.

El desglose por preferencias políticas resulta revelador. Entre los electores situados a la izquierda del PSOE, apenas un 4% respalda la ofensiva militar, cifra que aumenta ligeramente hasta el 9% entre votantes socialistas, pero que sigue siendo claramente minoritaria. En el ámbito conservador, el apoyo tampoco alcanza la mayoría: el 36% de los votantes del PP se muestra favorable al ataque. Entre los simpatizantes de Vox existe una división más marcada, ya que el 53% aprueba la actuación militar, lo que implica que casi la mitad de sus votantes tampoco la respalda.

Estas diferencias también se reflejan en la valoración de los líderes políticos españoles. Según el mismo sondeo, las decisiones del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reciben el apoyo del 42,2% de los encuestados, frente al 18,7% que respalda la actuación del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. Llama la atención que el apoyo a Sánchez se extienda incluso más allá de su propio electorado: ocho de cada diez votantes socialistas o situados a su izquierda respaldan su postura, pero también lo hacen dos de cada diez votantes del PP e incluso un 12% de los de Vox.

Por el contrario, Feijóo obtiene su respaldo principal en su propio partido, aunque ni siquiera allí logra un apoyo mayoritario claro: solo la mitad de sus votantes aprueba su actuación. En el resto del espectro político su respaldo es mucho menor, alcanzando un 23% entre votantes de Vox, un 7% entre simpatizantes de Podemos o Sumar y apenas un 4% entre los del PSOE. En cuanto a los líderes internacionales implicados, Donald Trump y Benjamín Netanyahu cuentan con niveles de apoyo muy reducidos en España, del 13% y el 11% respectivamente, concentrados principalmente entre votantes de Vox y, en menor medida, del PP.

Más allá de las valoraciones generales sobre la guerra, la encuesta también analiza el respaldo a decisiones concretas adoptadas por el Gobierno español. Una de las más controvertidas ha sido la negativa a permitir el uso de las bases militares de Rota y Morón como puntos de apoyo logístico para las operaciones militares. Esta decisión ha recibido críticas y presiones desde Washington y Tel Aviv, pero la opinión pública española parece respaldarla: el 53,2% de los encuestados está a favor de no ceder dichas instalaciones, mientras que el 25,8% se muestra en contra.

Otras medidas relacionadas con la política de defensa también cuentan con un apoyo mayoritario. El envío de una fragata a Chipre para participar en operaciones defensivas coordinadas por países de la Unión Europea es respaldado por el 61,5% de los ciudadanos. Del mismo modo, la negativa del Gobierno español a implicarse militarmente en las operaciones de Estados Unidos e Israel recibe una valoración positiva del 56,9%, frente a solo un 21,4% que se opone.

En conjunto, estos datos sugieren que la sociedad española mantiene una posición claramente crítica frente a las intervenciones militares en el exterior y respalda, en su mayoría, una política exterior basada en la prudencia, el respeto al derecho internacional y la búsqueda de soluciones diplomáticas. Aunque el debate político interno continúa siendo intenso y polarizado, la opinión pública parece coincidir en un punto fundamental: el rechazo a la guerra como herramienta para resolver conflictos y la defensa de una política internacional orientada a la paz.

Fuente: Cadena Ser.

ANEXO I

Respecto la evidente negación de la violencia de género de Vox y PP

Basado en informes de partidos políticos (PSOE) y noticias de seguimiento de la política autonómica en España entre 2024 y principios de 2026, se han identificado diversas medidas en gobiernos autonómicos de coalición PP-Vox (o apoyados por Vox) que han sido señaladas como retrocesos en derechos de las mujeres e igualdad.

Aunque Vox salió de los gobiernos autonómicos en julio de 2024, el PP continúa gobernando en la mayoría de esas comunidades, manteniendo políticas influenciadas por los pactos previos.

Ejemplos destacados de medidas (2024-2026):

  • Cambio de terminología en violencia de género.- Varias comunidades gobernadas por PP y Vox han sustituido el término "violencia de género" o "violencia machista" por "violencia intrafamiliar" o "violencia doméstica" en documentos oficiales y campañas, equiparando la violencia de pareja con otras formas de violencia doméstica, lo que según asociaciones feministas invisibiliza la violencia específica que sufren las mujeres por el hecho de serlo.
  • Reducción de subvenciones a asociaciones feministas.- Se han recortado o eliminado ayudas económicas a asociaciones de mujeres y colectivos feministas que trabajaban en la prevención de violencia machista y la igualdad de género.
  • Eliminación de áreas de Igualdad.- En diversos ayuntamientos y algunas áreas autonómicas, se han suprimido las concejalías o direcciones generales específicas de Igualdad, integrándolas en consejerías de Familia o Políticas Sociales, lo que se interpreta como una pérdida de relevancia institucional de las políticas de género.
  • Modificación de leyes de igualdad autonómicas.- Se han iniciado o planteado procesos para modificar leyes de igualdad previas, buscando eliminar conceptos como la "ideología de género" o reducir la obligatoriedad de los planes de igualdad.
  • Políticas de fomento de la natalidad vs. igualdad laboral.- Fuerte enfoque en ayudas a la natalidad sin medidas complementarias de corresponsabilidad, lo que críticos señalan fomenta un rol tradicional de la mujer.
  • Rechazo a medidas contra la violencia económica.- PP y Vox han rechazado en el Senado (2025) mociones destinadas a luchar contra la violencia económica que se ejerce sobre las mujeres. 

Contexto temporal (2024-2026):

  • 2024.- Consolidación de los pactos PP-Vox tras las elecciones de 2023, con la identificación por parte de la oposición de más de 130 medidas de retroceso en 131 ayuntamientos y varias comunidades.
  • 2025-2026.- A pesar de la salida de Vox de los gobiernos, el PP ha mantenido gran parte de la estructura de estas políticas. En 2025 y principios de 2026, se han seguido solicitando derogaciones de la Ley Trans a nivel autonómico y se acusa al PP de mantener el marco ideológico de Vox en la ruptura de consensos de igualdad. 

Estas acciones son calificadas por el PSOE y movimientos feministas como un "mapa de la vergüenza" que supone un retroceso en derechos consolidados, mientras que PP y Vox defienden estas medidas como una reorientación hacia la "igualdad real" y la protección de la familia

Fuente: Agencias