Aumentan mucho las compras de crudo a Libia y México, rebasando a EE.UU. como principales proveedores.
Reconfiguración de proveedores del petróleo con guerra de Irán y su reflejo en España
La guerra en Irán no solo altera el tablero político
de Oriente Próximo: también desordena una de las arterias económicas más
sensibles del planeta, el transporte y la compra de petróleo. Cuando el
conflicto tensiona rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, el impacto
deja de ser “regional” y se vuelve global.
España, que tradicionalmente no había dependido de
manera decisiva del crudo procedente de esa zona, está viviendo una
reorientación acelerada de sus flujos de abastecimiento. Los datos que se
desprenden del informe de marzo de la Corporación de Reservas Estratégicas de
Productos Petrolíferos (Cores) permiten leer, con claridad, cómo la geopolítica
redefine la logística energética, altera los precios y obliga a los Estados a
gestionar la incertidumbre.
1. De Oriente Próximo al “reordenamiento” de los
proveedores: el golpe a las rutas
El primer rasgo del fenómeno es cuantitativo y
contundente: las compras españolas de petróleo de Oriente Próximo se desploman
un 54,6% durante el primer mes de guerra respecto al mismo periodo del año
anterior. Esa caída no es menor ni puede atribuirse a fluctuaciones normales de
mercado, sino que responde al bloqueo o, en cualquier caso, a la dificultad
extrema de navegación asociada al conflicto. En ese nuevo escenario, Oriente
Próximo pasa a representar apenas el 4,8% del total, frente al 9,2% registrado
doce meses antes.
El mecanismo del descenso resulta especialmente
revelador: en el periodo analizado, las compras a Irak pasan de 266.000
toneladas en marzo de 2025 a cero este año. Es decir, no se trata de una simple
reducción gradual, sino de un corte operativo. En cambio, las importaciones
desde Arabia Saudí se mantienen casi intactas, lo que apunta a una diferencia
decisiva en la capacidad de sortear, aunque sea parcialmente, las restricciones
mediante rutas alternativas, como la vía del mar Rojo. Dicho de otro modo: la guerra
no castiga a todos los proveedores por igual; castiga sobre todo a quienes
quedan más expuestos a los “cuellos de botella” marítimos.
2. La adaptación española: Libia y Méjico como
ganadores de la reorientación
Cuando una región pierde capacidad de suministrar o
transportar, el sistema busca sustitutos. España no queda al margen de esa
lógica y, en su caso, el ajuste se traduce en un cambio notable en el ranking
de proveedores.
En primer lugar, el aumento de las compras a Libia
destaca por su intensidad: crecen un 47,3%, hasta convertir a este país en el
principal suministrador individual. Este crecimiento implica que casi uno de
cada seis barriles adquiridos por España proviene de Libia. No es solo un
cambio estadístico: es un ejemplo de cómo la dependencia —que parecía estar
relativamente “controlada”— puede desplazarse rápidamente hacia otros orígenes
en función de la viabilidad logística.
En segundo lugar, Méjico recupera protagonismo y
asciende al segundo puesto entre los países que abastecen a España, con un
incremento de las entregas del 12,8%. Además, el podio lo cierra Brasil, que
aporta cerca del 15% del petróleo comprado por España, aunque con una ligera
caída en volumen. La foto final muestra un patrón: el crudo tiende a
“reubicarse” hacia fuentes que, por razones de transporte, disponibilidad o
acuerdos, logran sostener la continuidad del suministro.
Así, el dato que subyace a todo el proceso es claro:
el riesgo no se gestiona únicamente con contratos y capacidad de compra, sino
con rutas. En energía, la geografía logística es casi tan importante como la
geografía productiva.
3. ¿Se evita el fantasma de la escasez… pero no el
encarecimiento?
Uno de los elementos más llamativos del informe es
que España no estaba, ni siquiera antes de la guerra, entre los países que
dependían fuertemente de Oriente Próximo como principal origen del crudo. Esa
menor dependencia relativa ha contribuido a espantar el temor a una escasez
puntual, muy presente en regiones como el sudeste asiático, que tienden a
depender más del crudo del golfo Pérsico.
Sin embargo, el alivio no significa inmunidad. Aunque
el ajuste evite un “corte” inmediato del suministro, la menor oferta disponible
en el mercado global empuja los precios internacionales del barril. Y el alza
se traslada rápido al consumo: llega a las gasolineras, evidenciando la
transmisión casi automática de la volatilidad internacional hacia el precio
final del combustible.
Ante ello, el Estado interviene con una rebaja
impositiva para contener el encarecimiento del carburante. Aquí se observa otra
dimensión del impacto: la guerra no solo reconfigura proveedores, sino que
obliga a gestionar el coste político y social de la energía. El mercado puede
adaptarse logísticamente, pero el precio —por su propia naturaleza— tiende a
convertirse en un problema interno.
4. El mapa más amplio: África, Norteamérica y
América Central/Sur concentran el 90% del petróleo
Si se amplía el foco geográfico, la reorientación se
vuelve más comprensible: el 90% del total de las compras españolas se concentra
en tres grandes áreas. En marzo, África copa el 38% de las importaciones
gracias al impulso de Libia, Nigeria y Argelia. Norteamérica representa el
31,5%, sustentado en México y Estados Unidos (aunque en menor medida por la
contribución de Canadá). América Central y del Sur alcanza el 22,1%, impulsada
principalmente por Brasil, con referencias adicionales a Venezuela y Guyana.
Este nivel de concentración no es necesariamente
negativo por sí mismo, pero sí revela una vulnerabilidad estructural: si el
sistema se “mueve” y España termina dependiendo en mayor medida de regiones con
tensiones propias, el margen de respuesta podría reducirse en el futuro. La
diversificación, por tanto, debe entenderse como un proceso dinámico: no basta
con tener varios proveedores, sino que importa cuán estables sean y cuán
resistentes resulten ante nuevos bloqueos o crisis.
5. El pulso político-económico: Cores, reservas y la
incertidumbre como variable permanente
En total, España reduce en marzo sus importaciones de
petróleo un 13,8%, según Cores, entidad tutelada por el Ministerio para la
Transición Ecológica, responsable del mantenimiento de reservas de productos
petrolíferos y del control de existencias de gases licuados y gas natural.
Ese detalle resulta clave para comprender el
“contrapeso institucional” frente a la volatilidad. No se trata únicamente de
comprar mejor o más barato: se trata de sostener la continuidad energética
cuando la logística global se vuelve impredecible. En la práctica, las reservas
estratégicas funcionan como amortiguadores que permiten alinear decisiones de
mercado con necesidades de estabilidad.
6. La crisis de la OPEP: cambio de asociados y
aumentos “condicionados” por la guerra.
Los datos sobre importaciones llegan en paralelo a
movimientos dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.
Primero, Emiratos Árabes Unidos anuncia su salida del cartel. Después, la
versión ampliada del grupo comunicó un aumento de bombeos de 188.000 barriles
diarios desde junio, con un matiz decisivo: el anuncio parece simbólico en la
medida en que solo podría cumplirse plenamente si fuese posible volver a
navegar por el estrecho de Ormuz.
Aquí emerge una conclusión de fondo: incluso cuando
hay voluntad de producción, la guerra puede convertir el petróleo en un bien
“producido pero no transportable”. Es decir, el control del mercado del crudo
no depende únicamente de cuánto se extrae, sino de si puede moverse hacia donde
se consume. Por eso, tras la salida de Emiratos Árabes Unidos, la capacidad de
la OPEP para seguir marcando el precio queda en entredicho: de los 10 mayores
productores del mundo, solo cuatro serían miembros de pleno derecho de la
organización (Arabia Saudí, Irak, Irán y Kuwait).
Para España, además, esto refuerza su dependencia
creciente de fuera del cartel (en marzo, el 56% del petróleo importado proviene
de países no miembros). Se trata de un dato que “cierra el círculo”: la guerra
debilita el papel de los grandes actores coordinados, y eso empuja a los
consumidores a diversificar hacia mercados menos ligados a los equilibrios
internos de la OPEP.
CONCLUSIÓN. Lección sobre energía, logística y
poder
La reorientación de los flujos petrolíferos provocada
por la guerra en Irán ofrece una enseñanza profunda: la energía contemporánea
no se gobierna solo desde la producción, sino desde la logística. El estrecho
de Ormuz funciona como un símbolo y, a la vez, como un punto de presión real.
Cuando se bloquea, el sistema reacomoda rutas y proveedores casi de forma
inmediata; pero esa adaptación tiene costes, especialmente en forma de precios.
España logra evitar una escasez inmediata en parte
por su menor dependencia previa de Oriente Próximo, y aun así afronta el
encarecimiento del barril y su impacto en el consumidor final, gestionado
mediante intervención fiscal. Al mismo tiempo, el país concentra su
abastecimiento en África, Norteamérica y América Central/Sudamérica, lo que
muestra una flexibilidad de mercado, pero también plantea el desafío de
mantener esa estabilidad a medida que nuevas tensiones globales aparezcan.
En suma, la guerra actúa como catalizador de cambios
que van más allá del conflicto mismo: redefine el mapa geográfico de las
importaciones, reorganiza el papel de grandes organizaciones y obliga a los
Estados a combinar herramientas de mercado con instrumentos de seguridad
energética. En un mundo donde las rutas son tan estratégicas como las reservas,
la política internacional se traduce, inevitablemente, en el precio y en la
procedencia del combustible que termina en la vida cotidiana.
Fuente: El Pais.com
El Gobierno aprueba 27.232 nuevas plazas de empleo público para la
Administración central, una oferta similar a la de 2025
Los
sindicatos consideran insuficiente la oferta para las plantillas estatales y
acusan al Ejecutivo de no haber negociado el incremento
La
Oferta de Empleo Público de 2026: entre la continuidad y el conflicto
La
aprobación de la Oferta de Empleo Público (OEP) de 2026 por parte del Gobierno
marca una nueva etapa en la planificación del empleo dentro de la
Administración General del Estado (AGE), aunque no exenta de controversia. Con
un total que supera ligeramente las 37.000 plazas, incluyendo cuerpos de
seguridad, esta oferta mantiene una línea continuista respecto al año anterior,
pero se sitúa por debajo del máximo alcanzado en 2024. Esta aparente
estabilidad, sin embargo, ha sido interpretada de forma crítica por los
sindicatos, evidenciando tensiones persistentes entre la Administración y los
representantes de los trabajadores públicos.
Uno
de los elementos más destacados de la OEP de 2026 es su clara apuesta por la
digitalización. La incorporación de 1.700 plazas para especialistas en
tecnologías de la información, con un incremento del 42% respecto al año
anterior, refleja una estrategia orientada a modernizar los servicios públicos.
Asimismo, la introducción de pruebas de acceso por especialidades en el ámbito
TIC pretende atraer perfiles altamente cualificados en áreas clave como la
inteligencia artificial, la ciberseguridad y la ciencia de datos. Esta
orientación responde a un contexto en el que España presenta niveles de uso de
servicios digitales públicos superiores a la media europea, lo que refuerza la
necesidad de consolidar y ampliar esta ventaja competitiva.
No
obstante, esta transformación digital convive con críticas relativas a la
insuficiencia de la oferta en términos de empleo neto. Aunque el Gobierno
defiende la creación de 6.200 nuevos puestos netos, los sindicatos consideran
que esta cifra es insuficiente para compensar la elevada tasa de vacantes
existente en la Administración. Además, señalan que el crecimiento respecto al
año anterior es marginal, lo que pone en duda la capacidad real de la OEP para
fortalecer los servicios públicos.
El
conflicto no se limita al contenido de la oferta, sino también a su proceso de
elaboración. Las organizaciones sindicales han denunciado la falta de
transparencia y negociación previa, al conocer los detalles de la OEP el mismo
día de su aprobación. Este hecho ha generado un profundo malestar y ha
reforzado la percepción de que el Gobierno no está dispuesto a establecer un
diálogo efectivo con los representantes de los empleados públicos.
Otro
aspecto relevante es la inclusión de 346 plazas destinadas a hacer frente a la
emergencia climática, lo que evidencia una creciente sensibilidad hacia los
desafíos medioambientales. Sin embargo, esta medida ha sido considerada
insuficiente en comparación con otras necesidades urgentes, como la gestión de
los procesos de regularización de inmigrantes, donde los sindicatos advierten
de importantes deficiencias estructurales por falta de personal.
En
conjunto, la OEP de 2026 refleja una estrategia que combina modernización y
continuidad, pero que no logra satisfacer plenamente las demandas de los
agentes sociales. La apuesta por la digitalización es coherente con las
tendencias actuales, pero plantea interrogantes sobre el equilibrio entre
innovación tecnológica y atención directa al ciudadano. Al mismo tiempo, la
falta de consenso con los sindicatos pone de manifiesto la necesidad de सुधारar los mecanismos de
diálogo social en la función pública.
En
definitiva, la Oferta de Empleo Público de 2026 no solo es un instrumento de
planificación laboral, sino también un reflejo de las prioridades políticas y
administrativas del momento. Su éxito dependerá no solo de su ejecución, sino
también de la capacidad del Gobierno para integrar las demandas de los
trabajadores y garantizar un servicio público eficaz, accesible y adaptado a
los retos del siglo XXI.
Fuente:
El Diario.es
España supera por primera vez los 22 millones de ocupados y el paro cae a registros de junio de 2008.
El Ministerio de Trabajo detalla que el paro
registrado bajó en 62.668 personas en abril hasta dejar el total en 2.357.044,
por debajo de los 2,4 millones por primera vez desde junio de 2008.
RESUMEN
ESTRUCTURADO DEL MES DE ABRIL
1)
Ocupación y afiliación: récords históricos
- España supera
por primera vez los 22 millones de ocupados.
- Paro registrado cae a un nivel no
visto desde junio de 2008.
- En abril el mercado
laboral suma 223.685 afiliados de media, hasta superar la barrera
de los 22,1 millones, con nuevo récord.
- El tercer
mayor aumento en un mes de abril desde que existen registros (según el
Ministerio).
2)
Desempleo: caída del paro registrado
- El paro
registrado baja en 62.668 personas en abril, hasta 2.357.044, por
debajo de 2,4 millones.
- Es la primera
vez desde junio de 2008 que se queda por debajo de ese
umbral.
3)
Evolución interanual (vs. abril de 2025)
- La Seguridad
Social gana 517.192 afiliados (+2,4%).
- El desempleo
baja 155.674 personas (-6,2%).
4)
Afiliación por sexo
- Mujeres: +116.550,
hasta 10,48 millones.
- Hombres: +107.134,
hasta 11,61 millones.
- Conclusión del
informe: el crecimiento avanza más entre las mujeres.
5)
Impulso sectorial del empleo
- El empleo se
crea sobre todo en hostelería, por la Semana Santa:
- +111.335
ocupados.
- También crecen
varios sectores, con aumentos relevantes:
- Actividades
administrativas
y comercio: más de 13.000 afiliados cada uno.
- Transporte y
almacenamiento:
más de 12.000 afiliados.
- Autónomos:
- Cifra total en 3.444.973,
- con +15.439
en abril.
6)
Extranjeros afiliados (Seguridad Social)
- Hay cerca de
3.250.000 afiliados extranjeros.
- En el último año
se sumaron 251.000.
7)
Paro por sectores y perfiles
- Descenso del
paro especialmente en:
- Servicios: -46.156.
- Industria: -3.680.
- Construcción: -3.603.
- Agricultura: -2.272.
- También cae el
paro en personas que no habían trabajado antes: -6.957.
8)
Desempleo por sexo (nivel y mínimo reciente)
- Desempleo
femenino:
1.424.426, mínimo desde septiembre de 2008, con -34.146.
- Desempleo
masculino:
932.618, con -28.522.
9)
Paro juvenil: mínimo histórico
- Baja por primera
vez de 170.000:
- 169.693 desempleados,
- -19.284 respecto al
mes anterior.
10)
Contratación y calidad del empleo (según Yolanda Díaz)
- Contratos
registrados en abril: 1.258.296.
- Indefinidos: 543.543
(43,2% del total).
- Mensaje político
sobre mejora: antes de la reforma laboral, solo 10% eran
indefinidos; ahora, uno de cada dos contratos serían indefinidos
(según se afirma en el texto).
- Díaz recalca
que, aunque los datos son positivos, no se “bajan los brazos” y se
trabajará por:
- subida de
salarios,
- pago de horas
extra,
- garantía de
derechos.
Fuente: Publico.es
