El ataque conjunto de EE.UU. e Israel contra Irán entre febrero y marzo de 2026 no habría respondido a amenaza inminente.
De la premisa
anterior se deriva una crítica en cuatro ejes, 1) disimulo político; 2) desprecio
al derecho internacional; 3) lógica de guerras interestatales; 4) dimensión
ideológica
En
primer lugar, en el argumento del disimulo apunta a la contradicción
entre discurso y hechos. Mientras se hablaba de negociación, se desplegaba el
mayor contingente militar estadounidense en la región desde la invasión de Irak
en 2003, ordenada por George W. Bush. Dos grupos de combate aeronaval,
centenares de aeronaves y decenas de miles de efectivos no encajan fácilmente
con una mera estrategia de presión diplomática. La alusión a la mediación de
Omán, cuyo ministro de Exteriores habría afirmado que el acuerdo estaba
prácticamente cerrado, refuerza la idea de que la vía negociadora pudo haber
sido instrumentalizada como cobertura para una decisión ya tomada. De ser así,
la negociación no habría sido un camino hacia la paz, sino un recurso táctico
dentro de una estrategia belicista previamente definida.
En
segundo lugar, está el problema jurídico. Desde la creación de la
Organización de las Naciones Unidas, el uso legítimo de la fuerza se restringe
a la legítima defensa o a la autorización expresa del Consejo de Seguridad. La
doctrina del “ataque preventivo” no ha sido reconocida como tercera vía válida,
pese a intentos anteriores como el de la invasión de Irak. En consecuencia, el
ataque a Irán quedaría fuera del marco normativo internacional. La crítica no
ignora el carácter represivo del régimen iraní, pero insiste en que la
naturaleza de un gobierno no habilita por sí sola una intervención armada. La
erosión de estas reglas, contribuye al colapso del orden internacional surgido
tras la Segunda Guerra Mundial.
En el
tercer eje sería el analítico que nos remite a la tipología de las guerras.
Donde se distinguen las guerras existenciales —aquellas libradas ante amenazas
graves e inminentes a la supervivencia del Estado— de las guerras por elección,
decididas sin que estén en juego intereses vitales inmediatos. Según esta diferenciación,
Irán, liderado por figuras como Alí Jamenei y Masud Pezeshkian, actuaría en
clave defensiva, buscando garantizar su supervivencia mediante estrategias de
disuasión asimétrica: programa nuclear y alianzas con actores regionales como
Hizbulá, Hamás o Ansar Allah. Desde esta óptica, Teherán estaría en “modo
supervivencia”, compensando su inferioridad frente a potencias superiores
Por el
contrario, para Washington y Tel Aviv la guerra sería opcional. La percepción
de un Irán debilitado —por sanciones, malestar social interno y el desgaste de
sus aliados regionales— habría alimentado la convicción de que era el momento
oportuno para asestar un golpe definitivo. A ello se añadirían incentivos
políticos internos: la necesidad de reforzar liderazgos cuestionados y
movilizar bases electorales mediante una demostración de firmeza.
Además,
incluso puede sugerirse una dimensión ideológica en la política exterior
estadounidense, marcada por una selectividad interesada frente a regímenes
autoritarios con recursos estratégicos, como el petróleo, que también tiene
incidencia en aislar a otros actores políticos como Rusia, China, e incluso, indirectamente,
a Europa también.
En
suma, es posible sostener que el ataque no se explica por el temor a una
agresión inminente, sino por la oportunidad estratégica de golpear a un
adversario percibido como vulnerable. Esta interpretación lleva cuestionarse
tanto la coherencia moral como la legalidad de la acción, y alerta sobre un
patrón histórico: cuando las grandes potencias emprenden guerras por elección,
el orden internacional se resiente y la lógica de la fuerza desplaza a la del
derecho.
El
caso de Irán, tal y como aquí se expone, sería una nueva manifestación de esa
tendencia, en la que la percepción de debilidad del adversario se convierte en
el verdadero detonante del conflicto.
Fuente: El Diario.es
ANEXO I
Consecuencias económicas de
dicha guerra a nivel global
El
reciente ataque conjunto de Israel y Estados Unidos contra Irán (febrero-marzo
de 2026) ha generado una sacudida inmediata en la economía global, centrada en
la energía y los mercados financieros.
Estas
son las consecuencias principales:
1. Crisis Energética y Precios del Petróleo
· Subida inmediata.- El precio del crudo
se disparó más de un 8% tras el inicio de las hostilidades.
· Estrecho de Ormuz.- El cierre o bloqueo
de este paso estratégico, por donde circula el 20% del petróleo mundial, ha
llevado a analistas de Reuters y Goldman Sachs a predecir que el barril podría
superar los 100 dólares si la interrupción se prolonga.
· Impacto en gas.- Los precios del gas
natural amenazan con registrar aumentos de hasta el 50%.
2. Mercados Financieros y "Refugios Seguros"
· Caídas en Bolsas.- Los principales
índices europeos (Milán, Frankfurt, París) abrieron con pérdidas de entre el 1,9%
y el 2,2%. En EE. UU., los futuros del S&P 500 y el Nasdaq cayeron más
del 1%.
· Activos refugio.- El valor del oro subió
casi un 3% mientras los inversores buscan seguridad ante la
incertidumbre bélica. El dólar estadounidense también se ha fortalecido
frente a otras divisas.
3. Comercio Global y Logística
· Suspensión de rutas.-
Navieras
globales como MSC y Maersk ya han anunciado la suspensión de operaciones en el
Estrecho de Ormuz, lo que anticipa retrasos masivos y un aumento en los costes
de transporte.
· Inflación.- Se estima que cada
aumento del 10% en el petróleo añade un 0.4% a los precios al consumo a
nivel global en el año siguiente, agravando las presiones inflacionarias
actuales.
4. Costes Directos para los Beligerantes
· Israel.- El gasto militar
diario se estima en 200 millones de dólares, con costes de intercepción
de misiles que oscilan entre 0.7 y 4 millones de dólares por unidad.
· Irán.- Además de la
destrucción de infraestructura crítica (refinerías y centros científicos), el
país enfrenta una devaluación acelerada de su moneda y la pérdida total de
ingresos petroleros por el bloqueo
5. Otros Factores
Algunos medios han alertado
de otras consecuencias del ataque.
· Las desalinizadoras.- "La mayor
vulnerabilidad de los árabes no es el petróleo, son las desalinizadoras de las
que dependen las fuentes de agua de los países del golfo", ha señalado
alertando que un ataque contra ellas pondría en jaque el agua potable en toda
la región.
· Los fertilizantes.- Dado que "Irán
tiene un papel muy importante en la exportación de fertilizantes". Aunque
muchos de ellos pasan después por Turquía antes de ser enviados a diferentes
puntos, como España, ha alertado de que este conflicto "va a tener efectos
sobre la producción agrícola".
ANEXO II
Posibilidades, que ataque a Irán derive en crisis inflacionaria mundial.
El
ataque militar contra Irán podría derivar, indirectamente, en una crisis
inflacionaria mundial, por sus efectos en los mercados de energía y en la
economía mundial en general.
Estas
serían, las razones principales
1. Subida
de los precios del petróleo y energía
- El conflicto
—especialmente si afecta al estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca
del 20 % del petróleo mundial— está presionando al alza los precios del
crudo, que han subido ya alrededor de un 10-13 % tras los primeros
ataques.
- Analistas
señalan que si la guerra se prolonga y el suministro se interrumpe, el
precio del petróleo podría llegar a los 80$ o 100$ USA por barril o más,
un nivel que históricamente se asocia con tensiones inflacionarias.
2. El
encarecimiento de la energía impulsa la inflación
- Los precios del
petróleo son un factor clave de los índices de precios al consumo porque
afectan directamente los costos de electricidad, transporte, producción
industrial y bienes básicos.
- Un aumento
sostenido de los precios energéticos se traduce en mayores costes para
empresas y consumidores, lo que puede arrastrar al alza la inflación
generalizada en muchos países.
3. Efectos
secundarios en materias primas y mercados
- El conflicto ha
generado ya volatilidad en los mercados bursátiles, aumento de precios
de materias primas (gas, metales) y movimientos hacia activos refugio como
el oro.
- Estos
movimientos reflejan que los mercados temen no solo un choque inmediato
del petróleo, sino una incertidumbre más prolongada que puede alimentar
presiones inflacionarias más amplias.
4. Impacto
en política monetaria
- Si la inflación
sube por un choque energético, los bancos centrales podrían verse
obligados a frenar o incluso aumentar tipos de interés, complicando la
recuperación económica post-pandemia y elevando los costes de
financiación.
- Ese escenario es
lo que algunos economistas describen como “estanflación”
(crecimiento lento + inflación alta), un fenómeno peligroso para economías
avanzadas y emergentes.
5. Condiciones
necesarias para que se convierta en crisis inflacionaria
El riesgo aumenta
sustancialmente si:
- La guerra se
extiende y afecta la producción y transporte de energía desde Oriente
Medio.
- El estrecho de
Ormuz queda bloqueado o inseguro durante semanas o más.
- Se desatan
represalias que perjudican a otros productores de petróleo o
interrupciones de suministro.
RESUMEN
Un
ataque a Irán puede desencadenar un aumento de los precios del petróleo y la
energía, que a su vez puede alimentar la inflación global y presionar a bancos
centrales. Que esto se transforme en una crisis inflacionaria realizada
dependerá de la duración y la escala del conflicto, y cómo afecte a los
suministros globales de energía y a la confianza económica.
ANEXO III
Posibilidades del escalado a nivel global, del ataque contra Irán.
El ataque contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel, si que podría escalar, pero que llegue a convertirse en una guerra mundial
dependería de varios factores políticos y estratégicos.
Actores
clave involucrados
- Irán
- Estados Unidos
- Israel
- Rusia
- China
CAUSAS POSIBLES DEL ESCALADO
- Alianzas
internacionales
- Irán mantiene
cooperación militar y estratégica con Rusia.
- China tiene
fuertes intereses económicos y energéticos en Irán.
- Israel es
aliado estratégico clave de Estados Unidos.
Si Rusia o China
decidieran intervenir militarmente (no solo diplomáticamente), el conflicto
podría ampliarse.
- Ubicación
estratégica
- Irán controla
el acceso al Estrecho de Ormuz, por donde pasa una gran parte del
petróleo mundial.
- Un cierre del
estrecho podría provocar crisis energética global y presiones militares
internacionales.
- Grupos aliados en la región
Irán tiene influencia sobre actores como: - Hezbolá en
Líbano
- Milicias en
Irak
- Hutíes en Yemen
Esto podría convertir
el conflicto en una guerra regional amplia en Medio Oriente.
- Riesgo nuclear
- Israel posee
capacidad nuclear no declarada oficialmente.
- Irán ha
desarrollado su programa nuclear con fines civiles según declara, pero
Occidente sospecha intenciones militares.
Una escalada nuclear
cambiaría totalmente el escenario.
FACTORES QUE LIMITAN LA ESCALADA
- Ninguna gran
potencia quiere una guerra directa entre potencias nucleares.
- El costo
económico global sería enorme.
- Las guerras
modernas suelen mantenerse en el ámbito regional o mediante conflictos
indirectos (guerra proxy).
ESCENARIOS POSIBLES
- Escalada
limitada
→ ataques
puntuales, represalias controladas.
- Guerra regional
amplia
→ participación
de actores en Líbano, Siria, Irak y Yemen.
- Conflicto global
indirecto
→ tensiones entre
bloques (EE.UU.-Israel vs. Irán con apoyo
ruso/chino), pero sin enfrentamiento directo entre superpotencias.
- Escenario
extremo (menos probable) → enfrentamiento directo entre potencias
nucleares.
CONCLUSIÓN
Existe
riesgo real de escalada, pero una guerra mundial, aunque posible, es poco
probable, porque las grandes potencias tienden a evitar enfrentamientos
directos que puedan derivar en destrucción masiva.
