3 de mayo de 2026

GUERRA DE TRUMP EN IRÁN. De la reactivación de la guerra arancelaria para tapar la flagrante violación del Derecho, tanto Internacional, como Constitucional de EE.UU..

TRUMP SOLO RINDE CUENTAS ANTE SÍ MISMO.

La Casa Blanca llega a este domingo, 3 de mayo, sin la aprobación del Congreso a su guerra tras haber superado el plazo de 60 días que comenzó a correr el 2 de marzo, cuando Trump notificó formalmente al legislativo sus bombardeos contra Irán.

Introducción

La escalada militar desencadenada por la administración Trump contra Irán a partir del 28 de febrero representa un punto de inflexión crítico en la política exterior estadounidense y en el respeto del derecho internacional. Lejos de ser una acción defensiva justificada, se trata de una ofensiva que viola tanto los principios fundamentales del derecho internacional como los mecanismos constitucionales estadounidenses diseñados para prevenir guerras unilaterales. Este artículo analiza cómo la administración Trump ha ejecutado una operación militar sin precedentes legales ni parlamentarios, mientras intenta justificarla mediante interpretaciones creativas de leyes existentes y narrativas convenientes.

La Violación del Derecho Internacional

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, fue claro en su condena del 28 de febrero: la guerra de Trump contra Irán viola los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas. Su declaración no fue una opinión política, sino una lectura rigurosa del derecho internacional: "El uso de la fuerza por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán, y la posterior represalia de Irán en toda la región, socavan la paz y la seguridad internacionales".

Esta condena es particularmente relevante porque Estados Unidos no puede justificar su acción bajo ninguno de los supuestos legales internacionales permitidos. La guerra no fue precedida por un ataque previo de Irán contra territorio estadounidense ni fue autorizada por el Consejo de Seguridad de la ONU. Por tanto, se trata de una acción unilateral que contradice directamente el ordenamiento jurídico internacional que los propios Estados Unidos ayudaron a construir tras la Segunda Guerra Mundial.

El Incumplimiento de la Autorización Constitucional

Pero el problema legal se extiende más allá de las fronteras internacionales. La Constitución estadounidense es inequívoca: solo el Congreso tiene la autoridad para declarar la guerra. Sin embargo, la administración Trump ha iniciado un conflicto militar de gran envergadura sin buscar ni obtener dicha autorización. Esta decisión representa una violación directa de los mecanismos democráticos que los Padres Fundadores establecieron precisamente para evitar que un presidente decidiera unilateralmente llevar a la nación a la guerra.

La Resolución sobre los Poderes de Guerra de 1973, aprobada en respuesta a los abusos presidenciales durante la Guerra de Vietnam, establece límites temporales claros para la acción militar sin autorización del Congreso: 60 días desde la notificación formal, más un período de prórroga de 30 días si el presidente certifica una "necesidad militar inevitable". Estos 90 días máximos representan un período de gracia constitucional durante el cual el presidente puede actuar en emergencias, pero después del cual debe obtener el consentimiento del Congreso.

Según expertos jurídicos consultados, especialmente Erwin Chemerinsky, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Berkeley en California, la guerra de Trump contra Irán es "claramente ilegal" al haber superado este plazo. Chemerinsky es categórico: "es obligación de los tribunales federales" tomar cartas en el asunto.

Las Maniobras Legales de la Administración Trump

Frente a esta realidad jurídica inconveniente, la administración Trump ha recurrido a lo que podría caracterizarse como acrobacias legales para evitar la rendición de cuentas constitucional. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, introdujo una interpretación novedosa y cuestionable: argumentó ante el Senado que el "alto el fuego" con Irán detiene el reloj del plazo de 60 días establecido por la Resolución sobre los Poderes de Guerra.

Esta interpretación es problemática por varias razones. En primer lugar, confunde la naturaleza temporal de un alto el fuego con la suspensión de requisitos legales. El derecho constitucional no contempla cláusulas de pausa que permitan a un presidente extender indefinidamente su autoridad temporal. En segundo lugar, como señala Chemerinsky, "la resolución sobre los poderes de guerra no incluye una casilla de verificación para excluirse de ella". Los mecanismos legales no son sugerencias que pueden ignorarse con creatividad interpretativa; son límites establecidos por el pueblo a través de sus representantes.

La Casa Blanca ha insistido en que "a efectos de la resolución sobre los poderes de guerra, las hostilidades que comenzaron el sábado 28 de febrero han terminado". Sin embargo, esta afirmación carece de fundamento en la realidad factual. Las hostilidades no han cesado; simplemente han adoptado una forma de bloqueo naval y presión diplomática que sigue siendo operativamente hostil. La semántica no puede reemplazar la sustancia jurídica.

La Función Legislativa Debilitada

El rol del Congreso en este drama es profundamente preocupante. Los demócratas han intentado seis veces en lo que va de año presentar resoluciones sobre poderes de guerra para limitar el conflicto hasta que se obtuviera la debida autorización. Las seis veces han fracasado. La última votación, del jueves anterior a este análisis, reflejó la profunda polarización política: 47 votos a favor, 50 en contra. Solo dos republicanos (Susan Collins y Rand Paul) rompieron filas, mientras que un demócrata (John Fetterman) votó con la mayoría republicana.

Esta dinámica revela un Congreso fracturado en su capacidad de ejercer sus funciones de control sobre el poder ejecutivo. La mayoría republicana ha optado por respaldar al presidente de su partido, priorizando la lealtad partidaria sobre la defensa de las prerrogativas constitucionales del legislativo. El resultado es que los mecanismos de pesos y contrapesos que la Constitución estableció han quedado paralizados, que no rotos.

Las Consecuencias Económicas y Geopolíticas

Las implicaciones de esta guerra van más allá de lo legal. El conflicto ha provocado una crisis económica global. El estrecho de Ormuz, por el que transitaba el 20% del comercio mundial de petróleo antes de los ataques estadounidenses, se encuentra doblemente bloqueado. El precio del crudo Brent ha superado los 126 dólares por barril, comparado con aproximadamente 70 dólares antes del inicio de la guerra. Este aumento de más del 80% tiene repercusiones inmediatas en las economías globales y afecta particularmente a los consumidores en forma de mayores precios energéticos.

La administración Trump, incapaz de resolver unilateralmente el problema que ha creado, ahora busca formar una coalición internacional llamada "Maritime Freedom Construct" para que otros países compartan el peso de la gestión del estrecho de Ormuz. Este giro es significativo: revela que Estados Unidos, la potencia militar más poderosa del mundo, no puede resolver por sí solo los conflictos que genera. Debe pedir ayuda a sus aliados para limpiar el desorden que ha causado.

CONCLUSIÓN

La guerra de Donald Trump contra Irán representa un fracaso triple: un fracaso del derecho internacional, un fracaso del orden constitucional estadounidense y un fracaso de la sabiduría política.

En el nivel internacional, Trump ha violado los principios que gobiernan la comunidad de naciones, ignorando la autoridad del Consejo de Seguridad de la ONU y actuando unilateralmente sin provocación que justifique una acción defensiva. En el nivel constitucional, ha eludido los límites que la propia Constitución de Estados Unidos impone al poder presidencial, utilizando interpretaciones legales creativas para evadir la autorización del Congreso. Y en el nivel político, ha generado una crisis que su propia administración es incapaz de resolver, requiriendo ahora la ayuda internacional que debería haber buscado antes de desencadenar el conflicto.

Lo más alarmante es la complicidad del Congreso, que ha permitido que estos abusos prosperen. Los tribunales federales, como sugiere Chemerinsky, tienen la obligación de intervenir para restaurar el imperio de la ley. Sin embargo, mientras eso ocurre, las consecuencias de esta guerra ilegal continuarán afectando a millones de personas en todo el mundo, desde Oriente Medio hasta los hogares estadounidenses que sufren los efectos de una crisis energética global innecesaria.

La historia juzgará a Trump no solo por haber iniciado una guerra, sino por haberlo hecho al margen del derecho, sin autorización democrática y sin capacidad para resolverla.

Fuente: El Diario.es 


Trump retirará cinco mil sodados de Alemania y reactivará la guerra arancelaria contra Europa.

Ojalá ningún Jefe de Estado de este mundo, tenga los ojos cegados por la bandera, porque así podrán mirar al futuro de frente y con claridad.

La reciente escalada de tensiones entre Estados Unidos y sus aliados europeos refleja un giro significativo en la política exterior de Donald Trump, caracterizado por una mezcla de presión económica, repliegue militar y retórica confrontativa. A través del anuncio de nuevos aranceles, la retirada de tropas y acusaciones directas contra países como España e Italia, la administración estadounidense parece redefinir las reglas de su relación con Europa en un contexto global cada vez más competitivo.

En primer lugar, la imposición de aranceles adicionales del 25% a los automóviles y camiones europeos constituye una medida de fuerte impacto económico. Trump justifica esta decisión alegando que la Unión Europea no está cumpliendo plenamente el acuerdo comercial vigente, aunque no especifica qué disposiciones han sido incumplidas. Este acuerdo, que elimina barreras para numerosos productos estadounidenses mientras mantiene un arancel general del 15% sobre bienes europeos, había sido presentado como un paso hacia la cooperación económica. Sin embargo, la falta de claridad en las acusaciones debilita la legitimidad de la medida y genera incertidumbre en los mercados internacionales.

Este movimiento resulta aún más contradictorio si se considera que apenas una semana antes ambas potencias habían firmado un acuerdo estratégico sobre minerales críticos. Estos recursos, esenciales para la industria tecnológica y de defensa, se han convertido en un elemento central de la competencia geopolítica global, especialmente frente al dominio de China, que controla la mayor parte de la producción y procesamiento mundial. La cooperación entre Estados Unidos y la Unión Europea buscaba precisamente reducir esta dependencia, lo que hace aún más desconcertante la decisión de Trump de intensificar el conflicto comercial en paralelo.

En el ámbito militar, la orden de retirar aproximadamente 5.000 soldados estadounidenses de Alemania supone otro golpe a la tradicional alianza transatlántica. Esta decisión, anunciada por el Departamento de Defensa bajo la dirección de Pete Hegseth, se justifica en términos de adaptación a nuevas condiciones estratégicas. No obstante, también se interpreta como una señal de descontento hacia los aliados europeos por su supuesta falta de compromiso, tanto en el seno de la OTAN como en conflictos recientes como la guerra en Irán. La posibilidad de reasignar estas tropas al Indo-Pacífico evidencia un cambio de prioridades hacia regiones consideradas más críticas para la seguridad estadounidense.

Las tensiones no se limitan a lo económico y militar, sino que también se extienden al terreno diplomático. Trump ha lanzado acusaciones directas contra España e Italia, afirmando erróneamente que apoyan la posibilidad de que Irán desarrolle armas nucleares. Estas declaraciones no solo carecen de fundamento, sino que también deterioran la confianza entre aliados históricos. Además, el presidente estadounidense ha expresado su frustración por la falta de apoyo europeo en su política hacia Irán, sugiriendo que Estados Unidos ha asumido responsabilidades que corresponderían a Europa, especialmente en conflictos como el de Ucrania.

En conjunto, estas acciones dibujan una estrategia basada en la presión unilateral y la redefinición de alianzas tradicionales. Sin embargo, también plantean importantes interrogantes sobre su viabilidad y coherencia. Por un lado, las restricciones impuestas por el Tribunal Supremo de Estados Unidos podrían dificultar la implementación de nuevos aranceles por vía ejecutiva, lo que añade un componente de incertidumbre legal. Por otro, el deterioro de las relaciones con Europa podría debilitar la posición occidental en un contexto global marcado por la competencia con potencias emergentes.

En resumen, la política reciente de la administración Trump hacia Europa refleja una tensión entre cooperación y confrontación que podría tener consecuencias duraderas. La combinación de medidas económicas, decisiones militares y declaraciones polémicas no solo pone en riesgo la estabilidad de la alianza transatlántica, sino que también podría redefinir el equilibrio de poder en el escenario internacional.

En un mundo cada vez más interdependiente, el desafío radica en encontrar un equilibrio entre la defensa de los intereses nacionales y la necesidad de coordinar una estrategia común entre aliados históricos.


CONCLUSIÓN FINAL

 Probablemente, el Presidente de EE.UU. Donal Trump, vaya a emitir órdenes  ejecutivas contra sus aliados europeos, en represalia porque estos no le rindieron pleitesía al negarse a entrar en el conflicto bélico que EE.UU. había iniciado contra Irán, vulnerando el derecho internacional.

 Desde mi opinión, en realidad lo utiliza como cortina de humo  para tapar las consecuencias desastrosas de esa guerra, de la cual parece no saber salir, sin sufrir una humillación que pudiera condicionar las elecciones de medio mandato ("the Midterm elections") de noviembre en EE.UU.
 Además, debe tenerse en cuenta que dicho conflicto, viene derivado de un flagrante incumplimiento del Derecho, tanto Internacional como el de la propia Constitución de EE.UU., lo cual hace menos viable los acuerdos.

Fuente: El Diario.es