23 de abril de 2026

FISCALIDAD. La OCDE advierte de nueva subida del IRPF en España al no adaptarse el impuesto a la inflación

Progresividad en frío, entre el silencioso aumento de la carga Fiscal sobre los trabajadores y las necesidades de financiación del estado de bienestar

INTRODUCCIÓN

La presión fiscal sobre los trabajadores volvió a incrementarse en la mayoría de las economías avanzadas del globo durante el año pasado. 

Lo hizo, en gran medida, de forma automática y silenciosa, al calor del aumento de los precios. Así lo constata la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su informe Taxing Wages 2025, publicado este miércoles.

Este fenómeno, conocido técnicamente como progresividad en frío, aparece cuando los salarios nominales suben para intentar compensar o aliviar el encarecimiento de la vida. En esos casos, cuando los tramos del impuesto y las deducciones se mantienen inalterados, el trabajador termina saltando a un escalón impositivo superior o pagando un porcentaje mayor de su sueldo sin que su poder adquisitivo real mejore en la misma proporción.

En tiempos de inflación, existe una paradoja económica que afecta profundamente a millones de trabajadores: mientras que los salarios nominales aumentan para compensar el encarecimiento de la vida, la presión fiscal se incrementa de manera automática y casi imperceptible. Los datos recientemente publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su informe Taxing Wages 2025 revelan que España no escapa de esta tendencia preocupante, que afecta a la mayoría de las economías avanzadas del mundo.

La Progresividad en Frío: Definición y Mecanismo

  La progresividad en frío constituye una distorsión del sistema tributario que ocurre cuando los tramos impositivos y las deducciones no se ajustan al ritmo de la inflación. 

En principio, cualquier sistema tributario progresivo debería mantener constante la carga fiscal relativa incluso cuando los salarios nominales aumentan para compensar la inflación. Sin embargo, cuando esta actualización no se produce, sucede algo paradójico: el trabajador salta automáticamente a escalones impositivos superiores sin que su poder adquisitivo real haya mejorado proporcionalmente.

En el caso español durante 2025, este mecanismo operó con precisión. Aunque los salarios brutos aumentaron un 3,8% —superando la inflación del 2,6%— en apariencia mejorando el poder de compra en 1,2 puntos porcentuales, el tipo impositivo medio se incrementó un 1,5%, absorbiendo casi completamente esta ganancia. El trabajador español, entonces, ganó la batalla nominal contra la inflación pero perdió la batalla real en términos de poder adquisitivo después de impuestos.

La Cuña Fiscal: Un Indicador Revelador

 El concepto de "cuña fiscal" proporciona una medida precisa para cuantificar la magnitud del problema. 

Este indicador representa la diferencia entre lo que cuesta al empleador contratar un trabajador (salario bruto más cotizaciones empresariales) y lo que el empleado recibe realmente (salario neto tras impuestos y cotizaciones). Expresado como porcentaje de los costes laborales totales, este indicador revela el impacto real de la fiscalidad sobre el trabajo.

En España, la cuña fiscal para un trabajador soltero con salario medio alcanzó el 41,4% en 2025, un aumento de 0,3 puntos respecto al año anterior. Esta cifra es especialmente significativa cuando se compara con la media de la OCDE, situada en el 35,1%. Esta brecha de 6,3 puntos porcentuales posiciona a España entre los países desarrollados con mayor presión fiscal sobre el trabajo, lo que plantea preguntas pertinentes sobre la competitividad del mercado laboral español y sobre la equidad del sistema tributario.

Dentro de este incremento de 0,3 puntos, el IRPF contribuyó con 0,25 puntos, mientras que las cotizaciones sociales a cargo de la empresa añadieron 0,05 puntos. Este último componente incluye el impacto del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), una cotización adicional destinada a sostener las pensiones, que el informe de la OCDE identifica específicamente como factor de encarecimiento laboral. Así pues, la solución a problemas de sostenibilidad pensional termina siendo trasladada, al menos parcialmente, a través de mayores costes laborales.

Una Tendencia Global con Variantes Locales

España no constituye una excepción aislada. La OCDE constata que en 24 de los 38 países miembros la carga impositiva aumentó durante 2025, marcando el cuarto año consecutivo de esta tendencia. Sin embargo, las magnitudes varían considerablemente según la jurisdicción.

El Reino Unido experimentó el incremento más drástico dentro del bloque de la OCDE, con 2,45 puntos porcentuales adicionales. Este aumento se explica, precisamente, por la congelación de los umbrales del impuesto sobre la renta mientras los salarios nominales continuaban creciendo. Estonia registró un incremento de 1,94 puntos, mientras que Alemania experimentó un aumento de 1,34 puntos. En contraste, la media de la OCDE se mantuvo más moderada, con incrementos de tan solo 0,15 puntos.

Este fenómeno global refuerza una conclusión importante: la progresividad en frío no es resultado de decisiones tributarias deliberadas e inmediatas de los gobiernos, sino más bien el resultado de la inercia institucional o de la falta de voluntad política, de no actualizar regularmente los parámetros del sistema tributario. Es un impuesto escondido, pero no menos efectivo.

La Estructura Tributaria Española: Pesos y Contrapesos

Un análisis más detallado del sistema tributario español revela una estructura compleja, donde diferentes componentes contribuyen de manera desigual a la cuña fiscal. Las cotizaciones de la Seguridad Social pagadas por la empresa representan el 23,4% de los costes laborales totales, una cifra significativamente superior a la media de la OCDE del 13,5%. Esta diferencia de casi 10 puntos porcentuales refleja una característica estructural del modelo español: la financiación del sistema de bienestar social descansa proporcionalmente más en las cotizaciones empresariales que en otros países desarrollados.

El IRPF, con un peso del 13,1% en España, se sitúa ligeramente por debajo de la media de la OCDE (13,4%), lo que sugiere que el mayor diferencial en la cuña fiscal obedece principalmente a las cotizaciones empresariales más que al impuesto sobre la renta personal. Finalmente, las cotizaciones del propio trabajador representan el 5% en España, cifra inferior a la media de la OCDE (8,1%), indicando que una menor proporción de la financiación del sistema recae directamente sobre los empleados.

El Impacto Redistributivo Debilitado en Rentas Altas

Una característica particularmente distintiva del sistema español es el tratamiento diferenciado de las rentas altas a través del efecto de los topes de cotización. Mientras que en muchos países las aportaciones a la Seguridad Social crecen indefinidamente con el salario, en España existe un techo máximo fijado en 58.914 euros anuales para 2025. A partir de este umbral, el tipo marginal de las cotizaciones cae repentinamente.

Esta disposición tiene consecuencias redistributivas importantes: el sistema pierde fuerza progresiva precisamente donde más podría contribuir a la redistribución de rentas. Mientras que un trabajador con salario medio soporta una cuña fiscal del 41,4%, la progresión se ralentiza significativamente para rentas por encima del tope de cotización. Aunque el aumento hasta el 46,2% para el 167% del salario medio sugiere que la progresividad del IRPF compensa parcialmente, la estructura general tiende a debilitar la capacidad redistributiva del sistema en su extremo superior.

CONCLUSIÓN

La progresividad en frío representa un desafío silencioso pero sustancial para las democracias fiscales modernas. En el caso español, el informe de la OCDE 2025 revela que el sistema tributario no logró adaptarse al ritmo de la inflación, resultando en un aumento automático de la carga fiscal sobre los trabajadores. Mientras que un trabajador español que obtuvo un aumento salarial del 3,8% en 2025 podría haber esperado una mejora del poder adquisitivo de 1,2 puntos respecto a la inflación del 2,6%, el incremento del 1,5% en el tipo impositivo medio erosionó prácticamente completamente esa ganancia.

La cuña fiscal española del 41,4%, significativamente superior a la media de la OCDE, refleja una presión tributaria estructuralmente elevada sobre el trabajo, en la cual las cotizaciones empresariales de la Seguridad Social juegan un papel determinante. Aunque el sistema incorpora mecanismos para proteger a los trabajadores con rentas bajas y promueve la progresividad en los primeros escalones, también genera acantilados fiscales perjudiciales y debilita su capacidad redistributiva en las rentas altas debido a los topes de cotización, que quizás sea una forma de compensar los topes de cotización para los trabajadores que superan los 58.914 euros anuales para 2025. Es decir un trabajador que ingrese al año un millón de euros solo cotiza como si hubiese ingresado el tope de cotización citado de 58.914,00 €

Para abordar estos desafíos, los legisladores españoles deberían considerar actualizaciones regulares de los parámetros tributarios para prevenir la progresividad en frío, revisiones de los acantilados fiscales que penalizan el aumento de ingresos, y un análisis crítico del equilibrio entre la presión fiscal sobre el trabajo y la sostenibilidad de los sistemas de bienestar social. Solo mediante intervenciones deliberadas y trasparentes en materia tributaria pueden evitarse estos aumentos fiscales implícitos que debilitan tanto el consenso fiscal como la equidad del sistema.

Fuente: El Economista.es