23 de abril de 2026

ECONOMÍA. El economista jefe del BCE ve con buenos ojos, que la UE vuelva a emitir eurobonos.

Philip Lane considera que hay argumentos fiscales para que la UE, capte más dinero con deuda mutualizada

 

El debate sobre la emisión de deuda conjunta en la zona euro —los llamados eurobonos— ha resurgido con fuerza en un contexto marcado por nuevas necesidades estratégicas, especialmente en materia de defensa y estabilidad económica. 

Las recientes declaraciones de Philip Lane y Olli Rehn reflejan un cambio relevante en el tono de la discusión: lo que antes era una propuesta controvertida ahora empieza a consolidarse como una opción viable dentro del marco de la integración europea.

Desde una perspectiva fiscal, Lane plantea un argumento clave: la financiación de bienes públicos europeos debería alinearse con los beneficios que estos generan. En otras palabras, si ciertas políticas —como la defensa común o la estabilidad financiera— benefician a toda la zona euro, resulta lógico que su financiación se realice mediante instrumentos compartidos, como la deuda conjunta. Este enfoque no solo responde a criterios de eficiencia económica, sino también a una lógica de equidad entre los Estados miembros.

Sin embargo, Lane subraya que este tipo de iniciativas requiere un elemento fundamental: la confianza mutua entre países. La emisión de eurobonos implica compartir riesgos, lo que exige disciplina fiscal y compromiso político por parte de todos los participantes. Este punto ha sido históricamente uno de los principales obstáculos, ya que existen diferencias significativas en las políticas fiscales y niveles de deuda entre los países de la eurozona.

La experiencia reciente ofrece, no obstante, un precedente importante. Durante la pandemia, la Unión Europea logró emitir deuda conjunta para financiar programas de estímulo, demostrando que la cooperación en este ámbito es posible en momentos de crisis. Aunque iniciativas anteriores, como la propuesta de un activo seguro europeo presentada por Lane en 2018, no prosperaron, el contexto actual parece más favorable para retomar estas ideas.

Por su parte, Rehn refuerza el argumento desde una perspectiva monetaria y financiera. Un activo seguro europeo no solo facilitaría la financiación pública, sino que también fortalecería el papel internacional del euro. Para que una moneda sea verdaderamente global, necesita mercados financieros profundos, líquidos y respaldados por activos de referencia fiables. En este sentido, los eurobonos podrían desempeñar un papel similar al de los bonos del Tesoro estadounidense, que son un pilar fundamental del sistema financiero global.

Además, la creación de un activo seguro común podría tener efectos positivos sobre la inversión privada. Al proporcionar una referencia estable y líquida, se reduciría la incertidumbre en los mercados financieros, lo que incentivaría tanto la emisión como la adquisición de activos corporativos. Esto, a su vez, contribuiría al crecimiento económico y a la competitividad de las empresas europeas.

El Banco Central Europeo ha reconocido estos beneficios en sus propuestas recientes a los líderes de la Unión Europea, abogando por la creación de un activo seguro de referencia común. Según la institución, este instrumento no solo mejoraría la disponibilidad de garantías de alta calidad, sino que también podría diseñarse de manera que preserve los incentivos para mantener políticas fiscales responsables.

En conclusión, la emisión de deuda conjunta en la zona euro se presenta como una herramienta con un potencial significativo para fortalecer la integración económica, mejorar la estabilidad financiera y reforzar el papel global del euro. No obstante, su implementación dependerá en gran medida de la capacidad de los Estados miembros para construir y mantener la confianza necesaria. En un entorno internacional cada vez más incierto, avanzar hacia soluciones compartidas podría ser no solo deseable, sino imprescindible para el futuro de Europa.

Fuente: El País.com