23 de abril de 2026

ECONOMÍA. La deuda pública en la zona euro crece al 87,4% por la presión del gasto en defensa y el coste de los intereses

 La entrada en vigor de las nuevas reglas fiscales no contiene el aumento del pasivo de los Estados en 2025.


La persistencia de altos niveles de deuda pública en Europa se ha convertido en uno de los rasgos más reveladores de la etapa económica posterior a las grandes crisis del siglo XXI. 

En el seno de la Unión Europea, donde la estabilidad fiscal ha sido tradicionalmente un pilar normativo, la reducción del endeudamiento estatal avanza con dificultad pese a un contexto de inflación controlada. Los datos recientes muestran que, lejos de disminuir, la ratio de deuda sobre el PIB sigue una tendencia ascendente moderada, lo que pone de relieve las tensiones estructurales que enfrentan las economías europeas.

Las cifras publicadas por Eurostat indican que en 2025 la deuda pública aumentó por segundo año consecutivo tanto en la zona euro como en el conjunto de la UE. En la primera, pasó del 86,5% al 87,4% del PIB, mientras que en el total de la Unión subió del 80,5% al 81,7%. 

Este comportamiento contrasta con la evolución del déficit público, que sí logró situarse por debajo del umbral del 3% del PIB establecido en los tratados. Esta divergencia sugiere que, aunque los Estados han contenido parcialmente sus desequilibrios presupuestarios, el volumen acumulado de deuda sigue siendo difícil de reducir.

Una de las razones principales de esta dinámica es el impacto de las crisis sucesivas entre 2008 y 2023: la crisis financiera y de deuda soberana, la pandemia y la crisis energética derivada de la invasión de Ucrania por Rusia. Estas perturbaciones obligaron a los gobiernos a incrementar el gasto público de manera extraordinaria, generando un legado de endeudamiento que ahora pesa sobre las cuentas públicas. Las nuevas reglas fiscales aprobadas en 2024 pretendían corregir esta situación, pero sus efectos iniciales han sido limitados.

En los últimos años, además, ha emergido un nuevo factor determinante: el aumento del gasto en defensa. En un contexto geopolítico más incierto, la seguridad ha pasado a ocupar un lugar prioritario en las agendas nacionales. La propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso flexibilizar las reglas fiscales para permitir este incremento, una medida que fue adoptada por numerosos Estados miembros. Este cambio facilitó el compromiso adquirido en el marco de la OTAN de elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB en 2035. Aunque el promedio europeo aún se sitúa en torno al 2%, países como Polonia o las repúblicas bálticas ya superan ampliamente esa cifra, reflejando la desigual exposición a las amenazas externas.

Otro elemento clave es el encarecimiento de la financiación. La respuesta del Banco Central Europeo a la inflación provocó un aumento de los tipos de interés, lo que ha incrementado el coste de emisión y refinanciación de la deuda. Según la OCDE, los inversores exigen mayores rentabilidades para los bonos a largo plazo, lo que dificulta aún más la reducción del pasivo. Así, incluso en un escenario de consolidación fiscal, el peso de los intereses limita el margen de maniobra de los gobiernos.

La debilidad del crecimiento económico europeo también contribuye a este problema. Dado que la deuda se mide en relación con el PIB nominal, un crecimiento lento —o una inflación moderada— reduce la capacidad de “diluir” el endeudamiento. Este fenómeno se observa claramente al comparar distintos países. España, por ejemplo, ha logrado reducir significativamente su ratio de deuda gracias a un crecimiento económico robusto, pasando del 109,3% al 100,7% del PIB en cuatro años. En contraste, Alemania apenas ha conseguido disminuir su deuda debido al estancamiento económico.

Sin embargo, las divergencias entre países siguen siendo notables. Francia e Italia presentan niveles de deuda muy elevados, superiores al 115% y 137% del PIB respectivamente, condicionados por déficits persistentes y dificultades políticas para implementar ajustes. Grecia, aunque mantiene la ratio más alta, ha logrado una reducción significativa en los últimos años, lo que demuestra que la consolidación fiscal es posible bajo determinadas condiciones.

En conclusión, la resistencia de la deuda europea a disminuir responde a una combinación de factores estructurales y coyunturales: el legado de crisis pasadas, el aumento del gasto en defensa, el encarecimiento de la financiación y el débil crecimiento económico. Estos elementos configuran un escenario en el que la disciplina fiscal, por sí sola, resulta insuficiente. La sostenibilidad de la deuda en Europa dependerá, en última instancia, de su capacidad para reactivar el crecimiento y equilibrar las nuevas prioridades estratégicas con la estabilidad presupuestaria.

Fuente: El País.com