La entrada en vigor de las nuevas reglas fiscales no contiene el aumento del pasivo de los Estados en 2025.
En el seno de la Unión Europea, donde la estabilidad
fiscal ha sido tradicionalmente un pilar normativo, la reducción del
endeudamiento estatal avanza con dificultad pese a un contexto de inflación
controlada. Los datos recientes muestran que, lejos de disminuir, la ratio de
deuda sobre el PIB sigue una tendencia ascendente moderada, lo que pone de
relieve las tensiones estructurales que enfrentan las economías europeas.
Este comportamiento contrasta con la evolución
del déficit público, que sí logró situarse por debajo del umbral del 3% del PIB
establecido en los tratados. Esta divergencia sugiere que, aunque los Estados
han contenido parcialmente sus desequilibrios presupuestarios, el volumen
acumulado de deuda sigue siendo difícil de reducir.
Una
de las razones principales de esta dinámica es el impacto de las crisis
sucesivas entre 2008 y 2023: la crisis financiera y de deuda soberana, la
pandemia y la crisis energética derivada de la invasión de Ucrania por Rusia.
Estas perturbaciones obligaron a los gobiernos a incrementar el gasto público
de manera extraordinaria, generando un legado de endeudamiento que ahora pesa
sobre las cuentas públicas. Las nuevas reglas fiscales aprobadas en 2024
pretendían corregir esta situación, pero sus efectos iniciales han sido
limitados.
En
los últimos años, además, ha emergido un nuevo factor determinante: el aumento
del gasto en defensa. En un contexto geopolítico más incierto, la seguridad ha
pasado a ocupar un lugar prioritario en las agendas nacionales. La propia
presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso flexibilizar
las reglas fiscales para permitir este incremento, una medida que fue adoptada
por numerosos Estados miembros. Este cambio facilitó el compromiso adquirido en
el marco de la OTAN de elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB en 2035.
Aunque el promedio europeo aún se sitúa en torno al 2%, países como Polonia o
las repúblicas bálticas ya superan ampliamente esa cifra, reflejando la
desigual exposición a las amenazas externas.
Otro
elemento clave es el encarecimiento de la financiación. La respuesta del Banco
Central Europeo a la inflación provocó un aumento de los tipos de interés, lo
que ha incrementado el coste de emisión y refinanciación de la deuda. Según la
OCDE, los inversores exigen mayores rentabilidades para los bonos a largo
plazo, lo que dificulta aún más la reducción del pasivo. Así, incluso en un
escenario de consolidación fiscal, el peso de los intereses limita el margen de
maniobra de los gobiernos.
La
debilidad del crecimiento económico europeo también contribuye a este problema.
Dado que la deuda se mide en relación con el PIB nominal, un crecimiento lento
—o una inflación moderada— reduce la capacidad de “diluir” el endeudamiento.
Este fenómeno se observa claramente al comparar distintos países. España, por
ejemplo, ha logrado reducir significativamente su ratio de deuda gracias a un
crecimiento económico robusto, pasando del 109,3% al 100,7% del PIB en cuatro
años. En contraste, Alemania apenas ha conseguido disminuir su deuda debido al
estancamiento económico.
Sin
embargo, las divergencias entre países siguen siendo notables. Francia e Italia
presentan niveles de deuda muy elevados, superiores al 115% y 137% del PIB
respectivamente, condicionados por déficits persistentes y dificultades
políticas para implementar ajustes. Grecia, aunque mantiene la ratio más alta,
ha logrado una reducción significativa en los últimos años, lo que demuestra
que la consolidación fiscal es posible bajo determinadas condiciones.
En
conclusión, la resistencia de la deuda europea a disminuir responde a una
combinación de factores estructurales y coyunturales: el legado de crisis
pasadas, el aumento del gasto en defensa, el encarecimiento de la financiación
y el débil crecimiento económico. Estos elementos configuran un escenario en el
que la disciplina fiscal, por sí sola, resulta insuficiente. La sostenibilidad
de la deuda en Europa dependerá, en última instancia, de su capacidad para
reactivar el crecimiento y equilibrar las nuevas prioridades estratégicas con
la estabilidad presupuestaria.
Fuente: El País.com

