9 de abril de 2026

El FMI, ante la guerra en Oriente Próximo, insta a gobiernos de todo el mundo a “prepararse para lo impensable”

 

La directora del organismo pide a los países prepararse para escenarios extremos en un contexto cada vez más inestable

El contexto económico internacional actual se caracteriza por una creciente incertidumbre, en la que confluyen factores geopolíticos, energéticos y financieros que desafían la estabilidad global. Las recientes declaraciones de Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, ponen de relieve la necesidad urgente de que los gobiernos adopten una visión estratégica capaz de anticipar escenarios extremos. Su advertencia, “pensar en lo impensable”, no solo refleja la gravedad del momento, sino también la transformación estructural del sistema económico internacional.

En primer lugar, el entorno geopolítico actual constituye una de las principales fuentes de riesgo. Conflictos como los que afectan a Oriente Próximo generan efectos que trascienden lo regional y repercuten directamente en la economía global. La interrupción potencial de rutas clave como el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo y del gas natural licuado mundial, pone en evidencia la fragilidad de los sistemas energéticos. Este tipo de tensiones no solo incrementa los precios de la energía, sino que también alimenta presiones inflacionarias y desacelera el crecimiento económico.

Además, estas amenazas se suman a una cadena reciente de crisis que han erosionado la resiliencia global, como la pandemia de COVID-19 o la guerra en Ucrania. La acumulación de estos eventos ha configurado un escenario en el que las economías ya no enfrentan crisis aisladas, sino una sucesión continua de perturbaciones. En este sentido, la advertencia del FMI subraya un cambio de paradigma: la inestabilidad se ha convertido en una constante, no en una excepción.

Desde una perspectiva económica, el impacto de los shocks energéticos resulta especialmente relevante. Un aumento sostenido en los precios del petróleo, aunque aparentemente moderado, puede traducirse en un incremento significativo de la inflación global y en una reducción del crecimiento. Esto evidencia la interdependencia de los mercados y la sensibilidad de la economía mundial ante alteraciones en sectores estratégicos.

Frente a este panorama, las recomendaciones de Georgieva apuntan hacia la necesidad de fortalecer la capacidad de respuesta de los Estados. Reforzar las instituciones económicas, mantener disciplina fiscal y mejorar la flexibilidad ante imprevistos son pilares fundamentales para mitigar los efectos de futuras crisis. Más allá de medidas coyunturales, se trata de construir sistemas económicos más robustos y adaptativos.

Sin embargo, a pesar del aumento de los riesgos, la economía global ha demostrado una notable capacidad de resistencia. Las previsiones de crecimiento del FMI, aunque moderadas, reflejan que el sistema internacional aún conserva cierto dinamismo. Esta resiliencia sugiere que, si bien los desafíos son significativos, también existen herramientas y mecanismos para afrontarlos con eficacia.

En conclusión, el mensaje central del FMI no es únicamente una advertencia, sino una invitación a la acción. En un mundo marcado por la incertidumbre y la volatilidad, la anticipación, la cooperación internacional y la solidez institucional se convierten en elementos esenciales para garantizar la estabilidad económica. Prepararse para lo impensable ya no es una opción, sino una necesidad imperativa en la gestión de la economía global contemporánea.

Fuente: Fondo Monetario Internacional 


Del desorden global en tiempos de guerra y de las consecuencias en la geoeconomía estratégica y en la geopolítica.

La directora del FMI, avisa que el golpe económico de las guerras es más “profundo y duradero” que el de una crisis financiera.

Las tensiones geopolíticas contemporáneas han puesto de manifiesto la fragilidad del orden internacional y la estrecha interdependencia entre política y economía. 

En este contexto, la figura de Donald Trump emerge como un actor disruptivo cuyas decisiones han contribuido a intensificar la incertidumbre global. La reciente escalada bélica en Oriente Próximo, particularmente el conflicto con Irán, no solo ha alterado el equilibrio regional, sino que ha tenido profundas repercusiones económicas a escala mundial.

La ofensiva iniciada a finales de febrero, percibida como carente de una justificación clara, ha generado un clima de inestabilidad que impacta directamente en las expectativas de crecimiento global. Según Fondo Monetario Internacional (FMI), las perspectivas económicas han debido revisarse a la baja. Su directora gerente, Kristalina Georgieva, advirtió que el conflicto ha truncado una tendencia previa de recuperación, obligando a recalibrar las previsiones para 2026. Este giro evidencia cómo los conflictos armados, incluso cuando son regionales, pueden desencadenar efectos sistémicos en la economía global.

Uno de los factores más críticos en esta crisis ha sido la amenaza sobre el estrecho de Ormuz, una arteria clave para el transporte de petróleo mundial. La posibilidad de su cierre elevó la tensión internacional y puso en alerta a los mercados energéticos. Aunque el anuncio de un alto el fuego temporal alivió momentáneamente la situación, la incertidumbre persiste, reflejando la volatilidad inherente a los conflictos geopolíticos.

El FMI ha subrayado que el mundo enfrenta esta nueva crisis tras haber atravesado recientemente dos grandes perturbaciones: la pandemia de COVID-19 y la guerra en Ucrania. Ambas obligaron a los gobiernos a implementar políticas fiscales expansivas que incrementaron significativamente la deuda pública. En consecuencia, el margen de maniobra actual es limitado, lo que agrava el impacto económico de nuevos conflictos.

Más allá de su coste humano, las guerras generan efectos económicos profundos y duraderos. Las economías afectadas sufren caídas pronunciadas en la producción, con pérdidas que superan incluso las provocadas por crisis financieras o desastres naturales. Además, surgen tensiones presupuestarias, desequilibrios externos e incrementos en la inflación, configurando un escenario complejo para la estabilidad macroeconómica. En un mundo globalizado, estos efectos trascienden fronteras, afectando a socios comerciales y regiones vecinas a través de mecanismos de contagio.

El incremento del gasto en defensa constituye otro elemento clave de análisis. Desde la crisis financiera de 2008, se ha observado una tendencia creciente en los presupuestos militares, especialmente en economías emergentes. Aunque este gasto puede estimular la actividad económica a corto plazo, también conlleva un deterioro de las cuentas fiscales y un aumento de la deuda pública. El clásico dilema entre “cañones y mantequilla” vuelve a cobrar relevancia: los recursos destinados a defensa suelen implicar recortes en gasto social.

En este contexto, organismos como la OTAN han impulsado incrementos significativos en el gasto militar, lo que plantea desafíos adicionales para países ya presionados por altos niveles de deuda, envejecimiento poblacional y necesidades de inversión en infraestructura y transición energética. Así, el equilibrio entre seguridad y bienestar social se convierte en cuestión central para las políticas públicas.

A pesar de este panorama sombrío, el FMI señala que la recuperación económica tras los conflictos es posible, aunque lenta e incierta. La estabilidad política y una paz duradera son condiciones indispensables para restablecer el crecimiento y reconstruir el tejido productivo. En los casos más exitosos, la reducción del gasto militar tras la guerra ha permitido fortalecer el Estado de bienestar, generando lo que se denomina un “dividendo de la paz”.

En conclusión, la actual coyuntura internacional refleja un aumento preocupante de los conflictos armados y sus consecuencias geoeconómicas. Las decisiones políticas, especialmente cuando son percibidas como arbitrarias o impredecibles, pueden desencadenar dinámicas de inestabilidad con efectos globales. En un mundo interconectado, la paz no es solo un ideal moral, sino una condición esencial para la prosperidad económica y la estabilidad internacional.

Fuente: Fondo Monetario Internacional 


ANEXO I

Las prolongadas guerras actuales, han transformado la geoeconomía estratégica global hacia un modelo de fragmentación y competencia, donde la seguridad nacional ahora prima sobre la eficiencia del mercado.

Con datos actualizados a abril de 2026, seguidamente se presenta resumen de las principales consecuencias:

1. Reordenamiento de rutas y bloqueos logísticos

  • Crisis en puntos de estrangulamiento.- El bloqueo del Estrecho de Ormuz y la inestabilidad en el Mar Rojo han forzado la reconfiguración de las rutas marítimas globales, elevando los costos de flete y reduciendo la previsibilidad del comercio internacional.
  • Encarecimiento del transporte.- Los conflictos en Oriente Medio y Ucrania han mantenido la energía y los seguros de carga a precios elevados, lo que impacta directamente en la inflación global.

2. Fragmentación Geoeconómica

  • Multipolaridad.- Un 68% de los analistas prevé un orden mundial fragmentado para finales de esta década. Se observa una tendencia hacia el friend-shoring (comerciar solo con aliados) y la creación de nuevos bloques económicos fuera del marco de la OMC.
  • Uso de la economía como arma.- Las sanciones y aranceles "recíprocos" se han convertido en herramientas estándar de combate estratégico, afectando sectores críticos como minerales de tierras raras, metales y semiconductores.

3. Impacto en Mercados Estratégicos (Datos 2022-2026)

Los conflictos bélicos han generado una alta volatilidad en activos refugio y materias primas,

  • Energía y Alimentos.- Los precios del Petróleo Crudo y el Trigo han experimentado picos históricos tras invasiones y bloqueos, contribuyendo a escenarios de estanflación (bajo crecimiento con alta inflación).
  • Activos Refugio.- Oro y plata, han mantenido tendencia al alza ante la incertidumbre bélica prolongada.

4. Militarización de la Innovación y Gasto Público

  • Prioridad en Defensa.- El aumento masivo en los presupuestos militares está desplazando la inversión en industrias civiles y el gasto social, forzando a los gobiernos a tomar decisiones fiscales difíciles para el cierre de 2026.
  • Carrera Tecnológica.- La competencia por la soberanía en Inteligencia Artificial y capacidades cibernéticas se ha acelerado, siendo ahora una prioridad de seguridad nacional y económica.

5. Costos Económicos a Largo Plazo

  • Caída del PIB.-  En promedio, el PIB real de las naciones en conflicto cae un 13% y rara vez se recupera totalmente, incluso después de una década.
  • Pérdida de Capital Humano.- El desplazamiento masivo de personas y la destrucción de infraestructura educativa reducen la capacidad productiva futura a nivel global.
Fuente: FMI