Los diputados de PP, Vox, Junts y UPN, votan en contra de la ciudadanía al oponerse al "decreto ómnibus" en el que iban, la prórroga de las ayudas sociales y la subida de las pensiones, demostrando con ello el modo tan particular de entender la justicia social que tienen.
Este decreto, que incluía medidas tan
relevantes como la revalorización de las pensiones, la prórroga de ayudas
sociales y la prohibición de desahucios para personas en situación de
vulnerabilidad, se convirtió en un campo de batalla ideológico, donde las
prioridades políticas de cada partido quedaron claramente expuestas.
El Gobierno defendió
el carácter urgente y social del paquete de medidas, subrayando que afectaba
positivamente a más de 13 millones de personas, entre pensionistas, familias
vulnerables y damnificados por catástrofes naturales como la dana o los incendios.
La revalorización de las pensiones, la ampliación del bono energético y la
protección frente a desahucios no solo pretendían garantizar derechos básicos,
sino también evitar un deterioro del nivel de vida de los sectores más frágiles
de la población. Desde esta perspectiva, votar a favor del decreto
significaba asumir una responsabilidad social acorde con la función
representativa del Parlamento.
Sin embargo, derechas y ultraderechas, justificaron su voto en contra alegando que el Gobierno utilizó un “decreto ómnibus” para mezclar cuestiones heterogéneas y forzar apoyos, lo que calificaron como una falta de respeto al Parlamento.
Especialmente controvertida fue la prórroga de la suspensión de
desahucios, presentada por la derecha como una medida que perjudica a los
propietarios. No obstante, tal argumento fue duramente rebatido por
los grupos de izquierda, que recordaron que la medida solo afecta a grandes
tenedores de vivienda y que incluye mecanismos de compensación económica
financiados por el Estado.
La incoherencia
política se convirtió en uno de los ejes centrales del debate. Varios
portavoces del Gobierno y de la izquierda señalaron que estos mismos
partidos ya habían votado a favor de decretos similares en el pasado, incluso
con contenidos prácticamente idénticos. Este hecho
plantea dudas sobre si el rechazo responde realmente a razones técnicas o
parlamentarias, o por el contrario, se trata de una estrategia
política orientada a desgastar al Ejecutivo, aun a costa de bloquear medidas
sociales muy necesarias y ampliamente respaldadas por la ciudadanía.
El debate también
evidenció tensiones dentro del propio bloque de investidura, con críticas al
Gobierno por no negociar las medidas por separado. Aun así, la mayoría de
estos grupos optaron por apoyar el decreto para no dejar desprotegidas a miles
de familias. Frente a esto, la decisión de PP, Vox, Junts y UPN, tuvo consecuencias inmediatas: la paralización de ayudas
energéticas, la incertidumbre para pensionistas y el debilitamiento del llamado
“escudo social”.
En resumen, el
rechazo del decreto ómnibus no solo refleja una confrontación política sobre la convalidación del decreto, sino que además, pone de manifiesto dos concepciones opuestas de
la justicia social y de la responsabilidad institucional.
Mientras
unos (conservadores
y ultraconservadores) priorizan la negociación
fragmentada y el enfrentamiento político, otros (el centro y
la izquierda) defienden la urgencia de garantizar derechos básicos a los
sectores más vulnerables.
CONCLUSIÓN
El episodio demuestra que, más allá de
los discursos, las decisiones parlamentarias tienen un impacto directo en la
vida de millones de personas y que la coherencia política es un elemento clave
para sostener la credibilidad democrática.
También parece indicar, que derechas u ultraderechas, han perdido la poca credibilidad democrática que les quedaba, y que además, tienen una manera muy peculiar de entender la justicia social,
pues los intereses de estos partidos, es seguro que no están alineados con las
necesidades de la ciudadanía.
Lo cual, entiendo, debiera ser
tenido en cuenta por los votantes cuando lleguen las elecciones, porque está
claro que prefieren defender los intereses de la clase alta, dejando tirados a pensionistas, trabajadoras/es y a desfavorecidas/os.
Y a las derechas y las ultraderechas también les recuerdo,
que las personas que han abandonado a su suerte, también votan, y no solo eso,
sino que además forman el grueso del padrón de electores.
Y si Dios existe, habrá justicia (aunque sea divina) y no permitirá nunca, que ninguno de estos negacionistas de los derechos humanos, vuelva a gobernar el país.
Fuente: Redacción
POSDATA
La injusticia social, que predican y fomentan estos vulneradores de los derechos humanos, más conocidos por sus siglas políticas, PP y Vox, también alcanza a la próxima regularización en España de unos 500.000 migrantes, donde los populares que en 2024 votaron la ILP (Iniciativa Legislativa Popular) a favor de su tramitación, anuncian ahora recurso ante el Tribunal Supremo — que no me creo, sea solo por pactos a futuro del partido popular con Vox— porque dicen tiene efecto llamada y es ilegal, cuando casi todos los Presidentes de Gobierno anteriores también las hicieron. Y los de Vox se atreven a decir, que "esa invasión mata (que así llaman a la migración)" sin comentarios al respecto, porque ese mensaje se comenta por sí mismo. Además los ultras, amenazan con recurrir ante el Tribunal Supremo, dicha regularización de migrantes. Ahí lo dejo.
Fuente: Redacción
