La política, en su expresión más noble, debería ser el ejercicio de la gestión basado en la realidad y la responsabilidad.
Este
escrito solo pretende ser, un breve resumen del artículo publicado en el periódico digital El
Plural.com donde se detalla la información adelantada en este blog en anteriores
post, sobre las consecuencias de los recortes de inversión, del gobierno del PP de Rajoy, en la red de
ferrocarriles españoles entre 2012 y Mayo de 2018.
El citado artículo, no es solo una denuncia
contra los actuales dirigentes del Partido Popular —Feijóo, Ayuso o el legado
de Rajoy—, que también, pero además es un testimonio de fiscalización parlamentaria que utiliza la
memoria institucional como antídoto contra el oportunismo tras la tragedia ferroviaria
de Adamuz.
La tesis central es clara.- La ofensiva política de la derecha tras el
accidente no nace de una preocupación legítima por la seguridad, sino de un
cinismo que ignora deliberadamente el deterioro sistémico provocado durante sus
años de mandato.
El autor no habla desde la conjetura, sino desde el registro
oficial del Congreso de los Diputados. La fuerza del argumento reside en que las
pruebas del "abandono" no proceden de la oposición de entonces, sino
de las propias respuestas firmadas por el Gobierno del PP entre 2012 y 2017.
El documento en sí, desgrana una década de gestión ferroviaria
para demostrar que el sistema no solo se estancó, sino que retrocedió.
Y los
datos son demoledores.- El AVE, antaño
orgullo de puntualidad, vio cómo los retrasos graves se triplicaban en apenas
cinco años.
Bajo una supuesta bandera de austeridad, se escondía una
realidad de "vías vacías".- Se invertía en cemento para inaugurar
kilómetros de red mientras se dejaba morir el corazón del sistema, las infraestructuras.
La ausencia total de compra de nuevos trenes para Cercanías y
Media Distancia durante casi un lustro condenó a la flota a la obsolescencia, a la
falta de repuestos y a una estancia perpetua en los talleres.
Ese "minimalismo inversor" llegó a extremos casi
grotescos,
reflejados en la degradación de servicios básicos como la limpieza de los
aseos, demostrando que cuando se recorta en lo pequeño, se termina
comprometiendo lo grande.
En este
escenario, además de Cataluña, Andalucía aparece como la gran damnificada, sufriendo una
desinversión crónica y la pérdida de proyectos estratégicos por pura
incapacidad de gestión.
El autor establece un
contraste necesario con el presente.
Frente a la parálisis de la era Rajoy, se esgrime el giro de 180
grados iniciado en 2018.
El
aumento del gasto en mantenimiento —un 52% más— y la licitación histórica de
345 nuevos trenes,
no se presentan como logros triunfalistas, sino
como una labor de reconstrucción de emergencia para revertir años de dejadez.
La
seguridad, se argumenta, no es un concepto abstracto, sino el resultado directo
de la inversión y la conservación.
CONCLUSIÓN
En resumen, el texto es un alegato contra la demagogia.
Al
recordar la tragedia de Angrois bajo el mandato del PP, el autor no busca el
ataque gratuito, sino exigir un respeto mínimo a las víctimas que pase por el
rigor y la prudencia.
La
política ferroviaria no puede ser un arma arrojadiza cuando quien la empuña
tiene las manos manchadas de recortes, y por tanto de sangre.
Al final, los diarios de sesiones y las respuestas
parlamentarias permanecen.
Como
bien concluye el artículo, frente al bulo y el ruido mediático, la verdad
documentada es la única vía para respetar la inteligencia de los ciudadanos y
la seguridad de nuestro sistema de transporte.
Más información
Artículo que se cita de El Plural.com
Fuente:
Redacción y El
Plural.com
