La Aemet estrenará a finales de mayo un supercomputador que permitirá multiplicar por 10 la potencia de cálculo del actual.
El
meteorólogo británico Lewis Fry Richardson tardó seis semanas en hacer la
primera predicción del tiempo con cálculos numéricos (sin computadores). El
nuevo supercomputador que acaba de adquirir la Agencia Estatal de Meteorología
(Aemet) es capaz de hacerlo él solito en apenas una hora.
Actual supercomputador "Nimbus" que data del 2014
¿Para qué
va a servir?
“Reforzará
y ampliará las capacidades de Aemet en predicción, especialmente la de
fenómenos meteorológicos adversos y el oleaje, permitirá hacer proyecciones
climáticas de alta resolución para el estudio del cambio climático, aumentará
la colaboración con organismos internacionales y optimizará los grandes
volúmenes de información disponibles”, detalla el organismo. Para empezar,
seguirá haciendo todo lo que hace el aparato actual, pero en menor tiempo:
ejecutar el modelo determinista Harmonie, el de composición de la atmósfera
Mocage y el de oleaje Wam. Y se irán “incorporando nuevos sistemas de
predicción como el gSREPS para predecir fenómenos adversos y/o extremos como
gotas frías en el Mediterráneo, cuya frecuencia e intensidad se ve incrementada
a causa del cambio climático”, precisa su responsable.
Además,
permitirá hacer “predicciones con mayor antelación, más precisas y detalladas
en menos tiempo” y mejorar la resolución, es decir, las dimensiones en
kilómetros de los fenómenos que es capaz de reproducir. Así, se logrará llegar
a 2,5 kilómetros de resolución para la Península y Baleares y a 1,3 para
Canarias. También se incorporará un sistema de nowcasting o predicción a muy
corto plazo con partes a solo 12 horas vista y actualizaciones horarias, y se
mejorará la escala para hacer los pronósticos más locales. “Ya no será el
tiempo de Madrid, sino el de tu barrio de Madrid”, precisa Hilara.
Más
precisión y detalle
Estos datos
más precisos y con mayor resolución se traducirán en cambios en el sistema de
avisos, que pueden hacerse a más largo plazo y pasar de tres a cinco días
vista, y en nuevos formatos informativos. “En particular, se mejorarán las
labores en la web para avanzar en la presentación georreferenciada de
información meteorológica que ya se inició el año pasado”, indica Hilara, quien
añade que se tratará de “integrar la observación y la predicción y nuevos
canales de difusión de los avisos e información meteorológica basados en
servicios de notificaciones”.
La costosa
inversión, ¿saldrá rentable? “Aemet es un organismo de gasto, por lo que su
rentabilidad no se puede expresar en términos económicos sino en sociales. Las
mejoras ayudarán a sectores clave como la agricultura, la aeronáutica o el
turismo; facilitarán las labores de otros organismos como Protección Civil; y
permitirán la creación de oportunidades laborales”, asegura Hilara, a quien uno
de los aspectos que más le ha sorprendido del nuevo aparato es el poco calor
que genera gracias a las mejoras en acondicionamiento y refrigeración.
En el Top
500 mundial
Cirrus, que
está en fase de montaje, ocupará nueve racks o estantes metálicos dentro de una
habitación propia de 20,75 metros cuadrados en el Centro de Proceso de Datos de
Aemet. Cuando esté operativo, a finales de mayo, se convertirá en el segundo
megaordenador más potente de España tras el MareNostrum del Barcelona
Supercomputing Center (BSC) y se stuará en el puesto 325 del Top 500 mundial,
que lidera Japón. El Marenostrum está en el 42 del ranking. Respecto a los
servicios meteorológicos europeos, colocará a España “tras Reino Unido,
Alemania y Francia”.
La
capacidad de estos gigantescos cerebros se mide con varios parámetros y en
todos se logra “una mejora cuantitativa importante”. Uno de ellos es el
almacenamiento, que será 16 veces mayor que el actual al pasar de 380 terabytes
―un tera equivale a ocho smartphones de 128 gigas― a 5,9 petabytes ―en un
petabyte se pueden guardar 500.000 millones de páginas de un archivo de texto o
6,7 millones de discos de música en MP3―.
Otro es la
capacidad de cómputo, que se expresa en flops (operaciones de punto flotante
por segundo, las más complejas). “Ahora mismo, en la primera fase, serán 1.350
teraflops, que se incrementarán a 1.680 en la segunda, en 2023, frente a los
168 actuales, lo que supone un incremento de ocho veces al principio y 10 veces
después”, detalla Hilara. Un PC puede hacer 100 millones de operaciones por
segundo (y muchas de ellas simples). Un solo teraflop tiene una capacidad 10
millones de veces mayor.
El nuevo
superordenador se ha dividido en dos clústeres, u ordenadores gigantes gemelos,
que pueden trabajar en conjunto o por separado. Estos estarán equipados con
35.840 núcleos en la primera fase y 48.128 en la segunda. Hoy por hoy, se
dispone de 7.778 núcleos, por lo que el incremento es “brutal”. “Un PC de casa
solo tiene uno o dos núcleos”, pone en contexto Hilara. “En uno de los clústeres
vamos a tener la cadena operativa, de modo que si falla el primero se puede
usar el segundo, que también se usa para pruebas de nuevos modelos y proyectos
de investigación”, explica el ingeniero de Telecomunicaciones.
¿Cual es su consumo?
“El consumo energético es información considerada
confidencial por el adjudicatario, al indicar características claves respecto a
la competencia con otros fabricantes”, responde Hilara que, eso sí, asegura que
la “eficiencia energética ha mejorado una barbaridad”. Solo puede apuntar que
cada clúster tiene un consumo inferior a 210 kW, mientras que el consumo del
modelo actual, que tiene un único clúster, está un poco por encima dicha cota.
No obstante, este no fue el criterio que más pesó a la hora de elegir aparato,
sino su rendimiento y rapidez.
Cirrus
contará con cinco cuidadores de la propia agencia, a los que se sumará el
servicio de soporte externo de la adjudicataria, mientras que sus beneficiarios
directos serán los grupos de telemática, modelización y predicción de Aemet,
unos 50 usuarios. “Al ser un equipamiento destinado específicamente a la
producción, no forma parte de la Red Española de Supercomputación, destinada
principalmente a investigación”, aclara Hilara, que apunta, no obstante, que
está abierta la posibilidad de firmar convenios para su uso académico.
Fuente: El
Pais.com