En los últimos años, los fenómenos meteorológicos extremos, han adquirido una presencia cada vez más habitual en el debate público y científico.
Este fenómeno, lejos de
ser casual, está estrechamente relacionado con la alteración de la corriente en
chorro y con los efectos del cambio climático global.
La corriente en
chorro o "jet stream" es un flujo de aire de gran velocidad que circula
alrededor del hemisferio norte y que, en condiciones normales, actúa como una
especie de autopista atmosférica que guía las borrascas atlánticas hacia el
norte de Europa. Sin embargo, según explican expertos de la Agencia Estatal de
Meteorología (AEMET), esta corriente se encuentra actualmente debilitada y muy
ondulada. Una de las principales razones de este debilitamiento es el
calentamiento acelerado del Ártico, provocado por las elevadas emisiones de dióxido
de carbono y otros gases de efecto invernadero.
El calentamiento
global reduce la diferencia de temperaturas entre el polo norte y el ecuador,
un gradiente térmico esencial para que la corriente en chorro mantenga su
fuerza y estabilidad. Cuando esta diferencia disminuye, la corriente deja de
ser recta y se vuelve más sinuosa, generando grandes ondulaciones. Estas curvas
favorecen la aparición de anticiclones persistentes en zonas inusuales, como el
norte de Europa, que bloquean la circulación habitual de las borrascas y
obligan a éstas, a desplazarse hacia el sur, impactando de lleno en la península
ibérica.
Este bloqueo
atmosférico explica por qué el anticiclón de las Azores no se encuentra en su
posición habitual y por qué España ha recibido una cantidad de precipitaciones
extraordinaria. Las cifras son reveladoras: en enero se registró un 85 % más de
lluvia de lo normal, convirtiéndose en el mes de enero más lluvioso de los
últimos veinticinco años. Además, el calentamiento de los océanos y de la
atmósfera contribuye a que las masas de aire contengan más humedad,
intensificando las lluvias y aumentando el riesgo de fenómenos extremos.
No obstante, estas
situaciones han sido utilizadas por sectores negacionistas para cuestionar la
existencia del cambio climático, argumentando que la presencia de episodios de
frío extremo contradice el calentamiento global. Esta interpretación es errónea.
Como señalan los científicos, las ondulaciones de la corriente en chorro
permiten que masas de aire ártico desciendan hacia latitudes más bajas,
provocando descensos puntuales de temperatura que no invalidan, sino que
confirman, el desequilibrio del sistema climático (ver gráfico abajo)
En conclusión, el tren de borrascas que afecta a España no es un hecho aislado ni fortuito, sino una manifestación clara de la alteración de los patrones atmosféricos como consecuencia del cambio climático.
La modificación de la corriente en chorro, el calentamiento del Ártico y el aumento de la humedad atmosférica forman parte de un mismo problema de fondo: el incremento global de las temperaturas debido a la actividad humana.
Comprender esta relación es fundamental para combatir la desinformación y para afrontar con mayor preparación los desafíos climáticos del presente y del futuro.
Fuente: El Diario.es

